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La Trainera, pedreñismo de toda la vida

Los STV somos un poco como los musulmanes, ellos tiene su peregrinación a la Meca y nosotros todos los veranos peregrinamos a  Pedreña  para honrar a la  sardina. Es un ritual migratorio que siempre debe incluir el paseo en “pedreñera”,  barco para los castellanos, y cena o comida en uno de sus asadores.

Como ya  os habíamos dado nuestra opinión del  Tronky, en este viaje decidimos pasar por la Trainera, el   asador clásico de Pedreña de toda la vida .

En está visita nos salimos del,  para servidor,  el menú perfecto en la Trainera, sardinas y chipirones encebollados para picar y cualquiera de sus arroces para  cerrar.

Para este viaje  decidimos pedir varios platos para compartir. El primero en salir fue la ensaladilla.  Presentada en bolitas individuales como si fuese un helado, la ensaladilla estaba suave  y bastante buena, si bien es cierto que  preferimos  las patata un poco más grande y que quede más suelta.

ensaladilla-Trainera

A la ensaladilla la siguieron unas rabas, bien fritas y con un buen sabor y textura, aunque quizás un poco sosas.

rabas la trainera

Como no puede faltar en la mesa de un perolista, las croquetas hicieron su aparición en tercer lugar, unas   croquetas de pollo con una bechamel suave y con buen sabor, aunque sin ser una maravilla pasaban sobradamente el corte.

croquetas la trainera

Tras las croquetas llegaron los bocartes, esa joya del cantábrico que podríamos  devorar en cualquiera de sus variedades,  en este caso fueron fritos.  Género de calidad y bien fritos aunque algo sosos.

bocartes-trainera

Por último aterrizaron en nuestra mesa unos chipirones encebollados, un plato rico, con el chipiron en su punto exacto y una salsa para untar pan.

chipirones-trainera

Para rematar y llenar esos huecos que  quedaban  y un poco por glotonería terminamos con una trata de hojaldre que cumplió.

tarta-hojaldre-trainera

Como siempre, de la Trainera sales con la sensación de haber comido bien, aunque  en esta visita no fuese de  sus mejores días. Tendremos que volver para  contaros lo que en nuestra opinión es el menú ideal en la Trainera.

Dirección: Av. Severiano Ballesteros, 134. Pedreña

Cantidad: las raciones son de un tamaño medios, sin exceso.
Calidad: buena aunque este no fue su mejor día.
Presentación: como buen clásico, viejuna.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: el picoteo sobre 16€ por persona.Si te sales de ciertos platos no es barato.

 

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Volviendo a Cadelo

¿Recuerdan esa escena en Vertigo de Hitchcock donde James Stewart vuelve a encontrase con Kim Novak? Esa cara de sorpresa y turbación, ese latigazo en el alma del bueno de James al volver a contemplar la carnal exhuberancia de aquella señorita… pues eso mismo nos ha pasado con nuestra revisita a Cadelo. Hacía largos meses que habíamos pasado por este coqueto rincón del Río de la Pila y lo habíamos bendecido -con razón, nos dijisteis- con alabanzas y premios. Y aunque algunas cosas han cambiado -el peinado en la Novak, la carta en Cadelo- nuestro corazón se ha vuelto a acelerar al volver a sentarnos ante nuestro deseado restaurante.

Dejándonos de digresiones erótico-culinarias (para eso ya está nuestro bienamado Remartínez), centrémonos en la comida, que abordamos con un objetivo claro: no repetir ninguno de los platos de la primera visita para ver que novedades gratas había esta vez, dejando a un lado, con pena, las gloriosas alitas coreanas. Aun así, nos tiramos a por cuatro platos que, por su generoso tamaño, se comparten estupendamente.

Abrimos fuego con una ensalada de brotes, ricotta, anguila ahumado y tomates secos. Gran acierto juntar la cremosidad de la ricotta con el sabor intenso de la anguila y el regusto de los tomates secos -uno de los mejores inventos culinarios de la Historia-, a los que secundaban y daban cobijo los brotes. Buen entrante que abría el apetito y daba buenos presagios.

La ensalada de arenques
La ensalada de anguila, ricotta y tomate seco

Seguimos con las croquetas -sorpresa ¿eh?-, en esta ocasión de cecina. Ovación cerrada para la cocina de Cadelo. Si las de la primera visita tenía una untosidad especial por ser de leche de oveja, estas alcanzan un nivel de fluidez y finura en la masa, casi líquida, impresionante, con un suave regusto a cecina. Y todo ello, milagrosamente encerrado en un empanado, crujiente y dorado sin ninguna imperfección.

Croquetas de cecina

Pasamos al pescado, en la versión tartar de salmón con geleé de gin y pepino encurtido. Quizá fue lo más flojo de la noche. Primero, porque estamos un poco aburridos de tartares -un poco como de las tempuras- y, segundo, porque la gelatina de gintonic, un tanto áspera, no acababa de cuadrar con el sabor delicado del tartar. Prescindiendo de la gelatina, el pescado estaba bueno, fresco, no helado, muy bien cortado y combinado con tomate y el pepino encurtido.

Tartar de salmón y demás cosas

Terminamos con la carnaza, en forma de unas sabrosísimas carrilleras en salsa con crema de apionabo. Excepcional salsa, carrilleras gelatinosas y tersas, sobre una base de aquel bulbo suave. Buena combinación de sabores para una guiso más clásico que los demás.

Carrilleras y crema de apionabo
Carrilleras y crema de apionabo

Para rematar, los postres. Si ya salímos dando saltos de alegría con la tarta de queso de la vez anterior, esta vez no ha sido menos. Primero un helado de queso con salsa de frutos rojos. Bien la bola, pero más que muy bien la sopa, que era una delicia. La tarta, esta vez con mermelada de naranja amarga, mantiene su impresionante sabor y textura. Como anécdota y pequeña licencia, remojamos un pedazo de tarta en la sopa. Como para llorar de felicidad coquinaria.

frutos_rojos_cadelo
El helado con la sopa de frutos rojos

Todo ello, más vino, agua y pan, salió a 19 euros por cabeza, entre cuatro personas. Y os juramos que no quedamos con hambre. Por tanto, excelente calidad a un precio más que razonable. Queridos amigos de Cadelo, seguís en nuestro corazón y en nuestras plegarias. Así da gusto dar premios.

Os dejamos su Facebook, Instagram y Twitter.

Dirección: Río de la Pila, 18. Santander.

Cantidad: Bien. Raciones generosas sin ser desmedidas
Calidad: Siguen en lo alto de nuestra lista
Servicio: Agradable, eficiente y buen consejero
Precio: Estupendo para la calidad (unos 20€ cabeza)

Menú de cuchara en el Cañadio

Ahora que ya habéis picado con el título dejadme que os cuente mi última visita al Cañadío. Como antecedente os señalaré que es uno de mis restaurantes favoritos de Cantabria. El lugar en el que suelo celebrar casi todas las cosas celebrables de este mundo: cumpleaños, aniversarios, cierres de contratos….. bueno esto último era en otros tiempos.

Para los que no conocéis el local os diré que es un local de diseño agradable, sin grandes pretensiones, que cuenta con una zona de barra con pinchos muy atractivos y mesas para picar, y otra zona más de restaurante elegante.

Pues bien, la semana pasada nos acercamos a comer allí. Nuestra intención era comer un apetecible cocido montañés que ofrecen los martes por 9 €. Nos sentamos a la mesa y nuestra sorpresa viene cuando nos señalan que se ha terminado pero que nos lo cambian por una ENSALADILLA, un plato que a mí me encanta pero que en un día en que los pingüinos circulaban en libertad por la Plaza de Cañadío no me parecía el plato más adecuado.

Una vez desechada la opción ensaladilla me decanté por un cachón en su tinta con arroz cremoso, un plato que siempre me recuerda a la casa de mis abuelos. El plato en sí estaba bueno pero lejos de lo que es para mi el nivel habitual del Cañadío. Los trozos de cachón variaban entre los que estaban en su punto y alguno más parecido a un chicle cheiw. En cuanto a la cantidad, un punto siempre importante para los triperos que escribimos este blog, es correcta pero sin alardes, vamos que un poquito más sobre todo de arroz que casi tengo que buscarlo con el hubbel, no vendría mal.

Cachón en su tinta con arroz cremoso en el restaurante Cañadio
Cachón en su tinta con arroz cremoso en el restaurante Cañadio

Tras “degustar”, esa bonita palabra tan de moda en Cantabria, el cachón me decidí por tomar de postre su famosa tarta de queso, famosa sobre todo en su local de Madrid. Está tarta es completamente diferente a la habitualmente comemos en la mayoría de los restaurantes, es la “verdadera” receta de cheesecake americana, les queda de muerte. A diferencia de la que hace mi madre desde hace más de 20 años siguiendo la misma receta, en el Cañadío el queso les queda más cremoso y líquido y no por ello empeora. Para los amantes de la tarta de queso este es sin duda su plato si visitan este restaurante.

Tarta de Queso restaurante Cañadio
Tarta de Queso restaurante Cañadio

En general comimos bien aunque por debajo del nivel de otras visitas. El precio fue de 20 € por cabeza sin vino pero con 3 medias.

Lo que me rompe los huevos de comer en la zona de barra del Cañadío es que estás como sardinas en lata. Todas las mesas pegadas y con menos intimidad que cualquier líder mundial espiado por la inteligencia norteamericana.

Su web, en tripadvisor, en foursquare, en Google

Dirección: Calle de Gomez Oreña, 15; Santander

Cantidad: ni frío ni calor.
Calidad: un valor seguro.
Presentación: muy cuqui.
Servicio: gente maja.
Precio: si estas ahorrando no es tu mejor opción