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Pico Paloma

Encontrar un lugar en el que compaginar familia y comida se ha convertido en una búsqueda tan desesperada como la del PP de aliados para mantener alcaldías.  Alguno de vosotros nos habéis sugerido algún post de “restaurante familiar” y es por ello que hemos estado en Pico Paloma.

Pico Paloma es un bar/restaurante muy conocido por sus especialidades en cachón. Está situado justo enfrente de la entrada principal del Club Parayas en la zona del Alto de Maliaño. Las vistas desde este punto son espectaculares, todo Santander y por supuesto el aeropuerto. Si hubiese nevado, hubiésemos visto hasta un pene dibujado sobre las pistas. Dispone de comedores interiores y una amplísima terraza con jardines para que los enanos corran y nos dejen tranquilos un ratito… “Keep calm and drink beer”

Zona de juego para niños
Zona de juego para niños

Mucha gente de los alrededores se congrega al son de las medias de Mahou y las raciones de rabas, pero lo que nos importa hoy es el menú de fin de semana que por 15 euros promete sensaciones fuertes. Los platos varían cada semana y tiene un punto de innovación interesante. Esta vez, ya acomodados, nos disponemos a darle matarile al dueto con unas buenas medias en la mano.

Alubias con cachón y almejas, muy buenas de sabor, con el cachón en su punto justo de cocción y trabada la salsa. Nos gustó mucho.

Alubias_con_cachon

El otro primero fue una ensalada de aguacate y bacalao, la mar de ilustrada, con un buen mezclum, tomates secos, aguacate, queso fresco, cebolla frita y abundante salsa de mostaza y miel. Una ensalada diferente que entra de maravilla.

ensalada_aguacate

De segundos elegimos una merluza en salsa. Ésta resultó ser una buena tajada de merluza, fresca y en su punto, acompañada de una base de patatas panadera y una rica salsa de marisco que pedía a gritos rebañamiento a muerte.

merluza_en_salsa

El otro segundo fue el pinchazo del día. Sobre el papel pintaba bien, pero las chuletillas de lechal estaban cortadas a machete y el lechal debía ser del tamaño de un dinosaurio de la nueva entrega de Parque Jurásico. Lo acompañaban unas patatas panaderas con setas, buenas pero pelín grasientas. Mal.

chuletilla_lechal

Postres caseros de buen nivel, sólo dio tiempo a sacar la foto a una tarta de queso, fresca, individual que estaba de rechupete. Cafés aparte y GT´s a 4 euros bien preparados hacen que la tarde se alargue hasta la hora de la merienda. Y todo por 15€, perfecto para padres en apuros.

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También hemos disfrutado de una menú arrocero con dos entrantes y un arroz en paella francamente bueno. Ronda los 20€.

Una vez más salimos airosos en la búsqueda de un templo perolero para todos los públicos. Jardín para dejar a los enanos a su aire, buena y abundante comida, sobremesas interminables repletas de copazos y una cuenta ajustada. Si a esto le sumamos un servicio amable y eficiente podemos cantar bingo sin dudarlo.

Os dejamos su FB por si queréis echar un ojo.

Dirección: Avenida Parayas, 69, 39600. Maliaño.

Cantidad: Raciones amplias, tanto en los menús como en las cartas.
Calidad: Mejor de lo que te esperas por el precio que se paga.
Presentación: Se esmeran mucho aunque pecan de usar miles de semillas de amapola, ajónjoli o centeno.
Servicio: Rápido, eficiente y simpatico.
Precio: Menús de 15 o 20€, compensan por la tranquilidad de los niños.

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Casa Cofiño: Berza, Alubia y Rock and Roll

Recordarán nuestros lectores que hace un tiempo, se levantó en la costa levantina una ruta por la que los jóvenes, provistos de ayuda química, se entregaban al disfrute sin freno. Sin embargo, aquí, nuestro carácter atlántico y montañoso nos lleva a sustituir el bacalao como ingrediente principal de la ruta por el cocido montañés. Por la región -perdonen algunos la expresión- encontramos pequeños y recónditos templos de la alubia y la berza a los que peregrinar, que conforman nuestra propia ruta, en la que entregarse al deleite sin fin del paladar y al goce, sin cuidado por el cuerpo y la salud.

Parada fija en esta ruta debería ser Casa Cofiño en Caviedes, bien cerquita de Cabezón de la Sal, un auténtico templo de nuestra gastronomía popular en un bar de pueblo (con su tiendecita), con detalles bien cuidados, como el estupendo queso que ponen de tapilla con el blanco (¡a 50 céntimos, señora!) . Aunque estábamos allí por el cocido, la carta de Cofiño no se queda allí, y pudimos ver como desfilaban estupendas carnes hacia otras mesas.

croquetas_cofino

Yendo al grano, o mejor, a la leguminosa, empezamos el combate con nuestro bechameloso fetiche. Un surtido de croquetas bastante amplio de diferentes tipos. Nada excelente pero sí más que correctos ejercicios de croqueta casera: muy buenas las de queso picón, bastante sabrosas las de bacalao, menos lúcidas, que no malas, las de carne. Después siguieron las afamadas albóndigas de la casa. Sólo dos por ración, pero de un tamaño descomunal, y excepcionales en cuanto a su calidad: doradas por fuera, tiernas, esponjosas, repletas de sabor, bañadas en una salsa clara y suave, de esas que piden mojar un pan entero.

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Si en estos entrantes Casa Cofiño salió con buena nota, el cocido montañes era hors catégorie. Buena cantidad -de dos raciones comimos bien tres- de un cocido espectacular. La alubia pequeña, se aparta de esa aborrecible moda de usar alubias alargadas y enormes, estaba entera, banda y consistente, sin hollejos; el verde, perfectamente picado en fino, solo hoja. Aparte, el compaño, servido en otro plato era de una nota muy alta. Aunque debido a la espectacularidad de la sopa de cocido casi cómo que se nos olvidó que teníamos que meternos morcilla -de arroz y ahumada-, chorizo y tocino por pecho y espalda. Un notable esfuerzo para rematar la faena.

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Para los valientes todavía quedaba el postre. Un mousse de limón que hacía verdadero honor a su nombre, con un estupendo punto de ácido y una textura real a lo que se sirve. Es decir, ESPONJOSO. Perdón por las mayúsculas, pero es que últimamente en los fogones de los restaurantes, calificaban cómo mousse cualquier engrudo de leche condensada y zumo de limón.

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También pedimos tarta de queso, por no olvidar ese famoso tópico de para bajar la comida”(aunque si luego te tomas 17 gin tonics seguro que echas hasta el desayuno) y expiar nuestra gula. Nos zampamos una ración generosa. Podría parecer por el aspecto que la tarta sería de las que llaman las madres rencorosas de polvos pero todo lo contrario. Untuosa, con galleta triscona y una buena cobertura de mermelada. Remate perfecto.

Tarta_queso_cofino

Acabamos de llegar al nirvana de la comida regional tradicional. Cómo la mousse que habíamos tomado de postre, salimos inflados y no sólo en el estomago. Con la cabeza bien alta y muy satisfechos por el resultado de la experiencia,  a un precio que ningún camello de la Pénelope podría igualar en este viaje sensorial. Podemos dar con total unanimidad el “seal of approval” de El Perolo a esta casa de comidas. No habíamos bajado al Levante, pero estábamos de extasis hasta arriba.

Dirección: Lugar Barrio Caviedes, S/N, 39593 Caviedes (Muy recomendable reservar. Tlfno.: 942 70 80 46)

Cantidad: Raciones para elefantes. Cuidado con pedir 1 ración por persona de cocido.
Calidad: Porno salvaje.
Presentación: Mucho mejor de lo esperado. Es un pueblo pero se lo curran.
Servicio: Muy majos y cercanos. Supieron recomendarnos.
Precio: Todo lo que habéis leído en esta crónica por 19€ por persona. Hasta para tiraduros.

Casi…mira

Aunque en este blog habréis encontrado ejemplos de las tres ‘b’, bueno, bonito y barato, lo cierto es que no es lo habitual. Agradecemos las invitaciones que nos están empezando a llegar para ir aquí o acullá, pero preferimos ir a nuestro aire, sin avisar, y con toda la objetividad que nuestro estado etílico nos permita. Por eso es difícil que un sitio nos convenza al 100%. Siempre hay alguna cosa.

Esta semana os vamos a hablar del Casimira en Santander, situado en la calle Casimiro Sáinz,10.Un bar que ya lo visitamos hace unos meses para comer un buen pincho de tortilla a un precio muy majo.Vaya por delante que en términos generales nos gustó, pero hablemos de los matices que lo alejaron del diez. Y también de sus virtudes, que tiene muchas.

Nos decidimos por compartir cinco de los platos que nos parecieron más sugerentes de su ajustada carta, ni muy grande ni muy pequeña.

Empezamos con una Ensalada de Tomate. De diez. Cuatro rodajotas que troceamos para facilitar su reparto. Muy sabroso, nada de esas bolas de plástico que nos suelen colocar. Bien de carne, y bañado en aceite, con un toque de vinagre de Módena y una discreta pero efectiva cebolla morada que redondeaba el plato. Lo dicho, un diez sin matices.

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Pasamos a las Croquetas de Jamón. Como bien sabéis los que nos seguís con devoción (gracias, gracias) aquí es donde los peroleros no perdonamos una. Si visitamos un sitio y no nos gustan las croquetas tenemos que admitir que perdemos la objetividad.

En este caso hubo debate. No tanto por su interior, delicioso, pero sí por su rebozado. Dos de las 16 (pedimos dos raciones) estaban ‘rotas’ por un rebozado deficiente, producto posiblemente de un punto de calor del aceite más frío de lo debido. Anecdótico, y no las desmerece para ser por méritos del chef en unas croquetas de podio perolero. En lo que sí hubo unanimidad fue en la ración. Eramos cinco personas y nos pusieron 8 croquetas. Vamos a ver, estos detalles hay que cuidarlos. Creemos que en este caso lo correcto es poner 10 y advertir a los clientes de que la ración son 8 por lo que se nos cobrará un pequeño suplemento. Es decir, no pedimos croquetas gratis, sino una ración para que no haya peleas en la mesa, y a fe que entre los peroleros las hubo porque las croquetas estaban muy buenas. Tan es así, que repetimos.

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Seguimos con un Lacón con Queso que fue para los comensales posiblemente la sorpresa más agradable de la noche. El lacón estaba espectacular, tierno, en su punto y el queso fundido era sin duda una pareja de baile ideal, con un toquecito de pimentón que casaba a la perfección. Otro plato que no mereció mayor discusión. De diez.

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Dimos cuenta también de una ración de Cecina y creemos que fue sin duda el pinchazo de la noche. El sabor era correcto pero no entendemos como se pueden cortar lonchas tan finas. Hubiéramos preferido menos cantidad y mayor grosor. No podemos determinar si la cecina era mejor de lo que nos pareció porque con tan poca sustancia nuestras papilas gustativas no acababan de saber si era chicha o limoná.

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Para cerrar el festival nos decantamos por unos sugerentes Tacos de Solomillo.  Un plato con algunos matices. La carne estaba muy sabrosa, ahí no hubo discusión. Una pena que llegara bastante templada. Creemos que con un punto más de calor el resultado hubiera rozado el 10 sin problemas. La cantidad nos pareció escasilla, pero también es cierto que a cinco terneros como los que se concitaron alrededor de la mesa, todo nos parece poco.

A destacar los pimientitos asados que acompañaron a la carne. Deliciosos. Lo dicho, un plato recomendable.

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Para endulzar semejante festival de la sal (no es que la comida estuviera especialmente salada, no es eso) dimos cuenta de tres Tartas de Queso y un Flan.

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Las tartas de queso muy sabrosas, algo empalagosas quizás, un regusto a leche condensada escondido, pero para los amantes del dulce un postre muy recomendable.

El flan no sabía a flan. No estaba mal, pero sabía raro (más parecido a una “Panna Cotta”). Si váis igual nos sacáis de dudas.

La comida la acompañamos con dos botellas de Luis Cañas (había sed) y unas cervezas muy bien tiradas.En conjunto muy bien… pero nos pareció un poco rejoncito la cuenta final. Casi 27 euros por cabeza.

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En definitiva. Os recomendamos el Casimira. En términos generales nos gustó, pero ojito con lo que pedís que igual la cuenta se os va (tampoco vais a tener que pedir un crédito, que conste).

Os dejamos su web y Facebook.

Dirección: Calle Casimiro Sainz, 10. Santander.

Cantidad: Ajustada. Nosotros pondríamos un poco más de todo.
Calidad: Sí, con algunas momentos muy buenos.
Presentación: Suficiente.
Servicio: Correcto.
Precio: 27€, un poco caro.

Coitus interruptus en La Tolva

Situada en un local “maldito” de Casimiro Sáinz, una calle en la que conviven grandes clásicos que resisten el paso del años casi sin inmutarse con otros locales que a pesar de sus intentos no acaban de consolidarse y acaban entregando la cuchara.

Queríamos dar una oportunidad a La Tolva porque teníamos alguna buena referencia, y porque su antecesor (Taberna de Madrid) es de esos sitios que no acabó de cuajar, y tuvo que cerrar.

La primera impresión buena. El sitio es pequeño, muy acogedor, y cuenta con un equipo joven y con buena predisposición. El servicio es rápido y eficiente. Por ahí bien.

Dado que el día elegido era de esos en los que es mejor quedarte bajo el edredón, cerrar puertas y ventanas, y poner la calefacción a tope, los perolistas implicados decidimos que habría plato de cuchara sí o sí.

De todas formas quisimos aprovechar para conocer un poquito más la carta (corta y basada en picoteo) por lo que nos lanzamos a un tartar de atun y unas almejas a la sarten.

El tartar causó el primer gran debate entre los perolistas. Dos debates para más inri. En primer lugar la mitad de la mesa había oído steak tartar y la otra mitad tartar de atún.  Es lo que tiene que la camarera esté esperando a que los señores decidan y que los comensales hablen de todo menos de la carta.

Era de atún. Pero había también otra cuestión que debatir, su punto de sal. Hubo unanimidad, estaba un poco soso. Buena cantidad pero sin embargo frío, no fresco. Aprobado raspado.

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En cuanto a las almejas la ración nos pareció un poco justita, de tamaño digamos que pasaban el corte de lo aceptable, y en cuanto al sabor la salsa falló. Excesivamente fuerte y con un regustillo a quemado que acabó por matar el plato. Necesitan mejorar.

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El gran momento fue cuando la camarera nos trajo los platos hondos y las cucharas. El cocido montañés llegó a la mesa en cazuelitas de loza (una para cada dos comensales), rebosantes y humeantes.

Solo un pero, porque en general nos gustó. Nos pareció un poco escaso de alubias y de compaño. Aún así estaba exquisito. Como buenos perolistas arrasamos con las cazuelas y hubo incluso miradas cómplices para pedir otra cazuela más.

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Al final imperó el sentido común, sobre todo porque gula perolera aparte, había que darle un tiento a los postres. Para que el tránsito intestinal fuera más agradable y mejor maridado acompañamos el festín de un Protos (12 euros). Un valor seguro.

Y llegaron los postres. No hay mucha variedad (en consonancia con el tamaño de la carta) pero al menos en los enunciados resultan tentadores.

Al final cayeron sendos helados. Correctos. Mal lo tienes que hacer para que no estén bien.

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Y tartas de queso, una de las debilidades del universo perolero.  Al que escribe estas líneas le encantó la tarta, en tres capas bien diferenciadas e indispensables para redondear un postre que siempre nos ofrece algún matiz nuevo.

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¿Y el coitus interruptus?  Pues fue al recibir la “dolorosa”. No tanto por el precio inicial, que no nos pareció excesivo, sino porque nos quisieron dar gato por liebre (seguro que fue un accidente).

Y es no es lo mismo comerse un plato de cocido que un menú que incluye cocido pero que excluye todo lo demás. La camarera, que nos atendió estupendamente, tardó escasos instantes en traernos la cuenta modificada. Lo que nos pareció bien por la rapidez pero nos dejó un poco moscas. Como somos gente de bien insistimos en que debió ser un accidente.

Aquí os dejamos su web,  Facebook, twitter, Instagram y G+

C/ Casimiro Sáinz 11, Santander.

Cantidad: La estrictamente necesaria.
Presentación: Correcta.
Calidad: Bien.
Servicio: Muy bien.
Precio: Ajustado. 21 por cabeza.