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Viva Rusia y su supuesta ensaladilla 

Hace unos días nuestro amigo @RubenGaldon nos mando un mensaje para pedirnos que aportásemos nuestros escasos conocimientos gastronómicos para un artículo que iba a escribir para El comidista. Inmediatamente se encenderón todas nuestra alarmas… íbamos a hablar sobre ensaladilla en el blog que más nos ha hecho reír jamás. Enseguida nuestro grupo de whatsup echó humo…¿cuál ponemos?, qué coño sabemos nosotros de ensaladilla rusa y demás lindezas iban apareciendo en las pantallas. Definitivamente consensuamos un texto, ríanse ustedes de unas primarias, y ese texto es el que os reproducimos a continuación:

¿Hay buena ensaladilla rusa en Cantabria? En general no es un plato que se trate con cariño. Más bien, depende de la inspiración del cocinero. A veces encuentras buenas ensaladillas para refrescarte en verano y en otras te comes unos “desastres” peores que un recital mano a mano de Revilla con Bustamante. Además, tenemos la periñaca, ensalada fría con base de patata pero sin mayonesa que resiste la invasión rusa.

¿Dónde están las mejores que hayáis probado últimamente?
En Santander hemos probado las mejores en “la bodega del riojano” (con anchoas y guindillas) “el muelle del barrio pesquero” (con langostinos), aunque no son las versiones más tradicionales. También nos han gustado la de “el machi” y, fuera de la capital, en Pedreña, la del asador “La Trainera”.

¿Algún ingrediente que se eche normalmente en Cantabria y que no sea habitual? Usamos un producto que es bastante difícil de encontrar y nada típico de aquí: anchoas. Además, lo suyo es cambiar el atún por una buena conserva de bonito. 

¿Cuál es el mayor acto de terrorismo que habéis visto en una ensaladilla? Echar palitos de cangrejo. En una región costera cómo la nuestra lo que vimos fue más doloroso que mojar un sobao y ver que no chupara todo el café.

Pánico en la Feria

Si cada año íbamos más acojonaos ante cada festival del pincho rancio y grasiento, pensando que ante el desencanto general los empresarios hosteleros iban a cambiar el modo de hacer las cosas en la Feria de Día, nos encontramos este año con una edición más cara, con poca originalidad y sin ganas de repetir. Esto en Santander lo llamamos “un Enrique Iglesias”.

Gracias al trabajo de Juan Carlos Flores-Gispert en su artículo de El Diario Montañes (no lo enlazamos porque a estas alturas de mes estaréis el 95% sin poder ver esta y otras noticias de interés general cómo “Qué bonito es El Centro Botín” o “Santo Toribio planta cara a Santiago de Compostela en peregrinaciones”) sabemos un hecho que se puede ver a simple vista. El 40% de las casetas están en manos de 5 empresarios. Vamos, que en el sector hostelero pasan del asunto más que Rosa Eva de la presidencia de su partido. 

Si este dato es ya malo de por sí, echando un ojo al pincho de cada caseta piensas que en vez del programa de fiestas te han dado el folleto del Medimarkt y su slogan “Yo no soy Tonto” te lo han puesto en la frente. Repasemos:

Cachopines o San Jacobos: 7 puestos.

Brochetas varias: 6 puestos.

Hamburguesitas y Criollos: 4 puestos.

Y esto suman 17 casetas de un total de 46 que hay. Ni en el parlamento de Cantabria hay tanta unidad entre compañeros del mismo grupo.

Nosotros como jurado secreto de varios años, a pesar de que nos quieran imitar el modelo de concurso, intentaremos sacrificarnos. Igual no opinamos de todas, pues puede ser, pero contamos con vosotros para opinar y recomendarnos para bien y para mal. 

Alea Jacta Est! (Del latín opresor del estado que se cargó la lengua local) o mejor dicho “Ala y ponme otra caña”.

Guía de pinchos: https://santanderspain.info/wp-content/uploads/2017/07/feria-dia-2017.pdf

P.S.: Del cartel de la feria solo diremos que es muy adecuado por si Fraga vuelve y nos concede ser fiesta de interés turístico, ahora que no son ni la mitad de las que lo dicen ser, porque parece del año 1968.

La Catedral y el pecado de la tortilla

Nueva temporada, viejos propósitos. En el Perolo no cedemos y permancemos firmes en nuestro empeño de probar todos los pinchos de tortilla posibles y seleccionar los mejores ejemplares.En esta nueva entrega de nuestra magna obra -Systema Tortillarum podríamos llamarla en honor a Linneo– tropeamos con un ejemplar particularmente pétreo en La Catedral.

Para los más despitados, La Catedral es la cafetería con terraza dela Plaza de las Atarazanas que extiende su terraza a la sombra de la sede episcopal. Nos figurábamos que tenía que ser buena plaza, estando rodeada de oficinas, dependencias oficiales y, como no, eclesíasticos. El encontrar un par de sotanas en el local nos parecía buena pista, dada la secular afición de aquellos por los placeres de la mesa.

torticat

Nada más lejos de la realidad, queridos lectores. La tortilla aunque de buen aspecto y punto adecuado de cuajado, presentaba la patata en cubos regulares. La maldición de la tortilla se encontraba en esos dados de patata -el juego siempre fue cosa del demonio- que seguían duros como piedras frente a la fritura. Una cosa es que la patata conserve cierta textura y otra es que cruja como si masticásemos arena.

Concluyendo, nos encontramos ante una tortilla que podía puntuar muy alto en nuestras listas pero arruinada por una patata cruda y pedregosa. Piedras que, en este caso, no servirán para edificar una iglesia del buen desayunar.

Cantidad: buen tamaño.
Calidad: excomunión.
Presentación: clásica.
Servicio: rápido.
Precio: 2'70 € con café.

 

Umma, peregrinación obligatoria

Sí, sí, ya os estamos escuchando… tanto idolatrar las croquetas y todavía no habían  escrito nada sobre el Umma… tenéis toda la razón, somos un fraude, pero a estas alturas ya os debíais de haber dado cuenta.

La verdad es que llevábamos bastante tiempo pendientes de visitar el Umma pero  la divina providencia no  había querido que esto sucediera, y nos había hecho  deambular por un purgatorio croquetil en el que en escasas ocasiones veíamos las puertas del cielo entreabiertas. Pero como todo buen creyente nunca abandonamos nuestra fe y esta termino por guiarnos al Umma.

Llegamos a cenar sin reserva y tuvimos la suerte de que quedase una mesa para dos libre.  Una vez sentados revisamos la carta y la camarera nos cantó los platos fuera de carta, con precio incluido como se debe hacer. Tras revisar la carta y atender a las recomendaciones nos decidimos por compartir tres platos: media ración de croquetas, empanadas de gambas al ajillo y un lomo de vaca.

Lo primero en llegar a la mesa fueron las croquetas.  Se nos aparecieron en la mesa con una forma redondeada casi perfecta  propia de una divinidad. La partimos  para probarla con delicadeza y nos la llevamos a la boca. Fue en ese instante cuando   surgió nuestra revelación, igual que les paso a los argentinos con la “mano de dios” de Maradona, no pudimos más que adorar esa croqueta cremosa, sabrosa y delicada. Los argentinos crearon la iglesia maradoniana y a nosotros no nos va a quedar más remedio que crear la “iglesia croquetiana” cuyo primer mandamiento es ir al menos una vez al año a comer croquetas al Umma.

croquetas umma

El segundo plato en llegar a la mesa fueron las empanadas de gambas al ajillo que eran unas gyozas rellenas y acompañadas de algas y de salsa  sriracha. La pasta de las empanadillas estaba quizás un poco dura, pero el conjunto del plato era bueno  con un buen equilibrio de ajo y un muy buen aporte del alga  a la combinación de sabores del plato.

empanadillas-gambas-ajillo

Por último llego el lomo de vaca. El lomo de vaca venía acompañado de una ensalada de rúcula, peras y queso de Tresviso.  El lomo lo pedimos poco hecho y llegó justo en el punto solicitado. Una pieza de carne de muy buena calidad que cuando combinabas con el dulzor de la pera y la potencia del queso de Tresviso el resultado era estupendo. Un acierto de plato aunque algo caro.

lomo-de-vaca

Para rellenar algún hueco que nos debía de quedar pedimos  una tarta de pera. La tarta eran unas peras confitadas entre unas obleas crujientes y acompañadas por un helado de menta casero y unas nueces tostadas en exceso lo que amargaba un poco el sabor de la tarta. Aún con este pequeño defecto el resultado era bueno.

Nuestro paso por el Umma fue muy satisfactorio y sin duda volveremos pronto aunque sólo sea a comer unas croquetas en la barra. Es el lugar de peregrinación de la iglesia croquetiana.

Si queréis más información sobre el Umma os dejamos enlace a su web y a su FB.

Dirección:  C/ del Sol 47. Santander

Cantidad: las raciones están bien de tamaño. La ración de croquetas es de 12 unidades.
Calidad: muy buena.
Presentación: moderna sin estridencias.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: alto. De 30€ por cabeza en adelante.

Laury: A la parrilla sabe mejor

Hoy toca “etapón” en el blog. Asaltamos uno los “puertos” más míticos en la restauración local.  El restaurante “Laury” es uno de los locales más afamados y con solera en nuestra ciudad, y lleva el dorsal del número 1 en lo que a carnes y mariscos a la brasa. Así que no podíamos dejar perder la ocasión de ir. Además en caso de urgencia, siempre quedará Valdecilla a dos minutos.

La carta es reducida, muy poca variedad porque aquí se sólo se sirve lo que se da bien y es el motivo de que las mesas se llenen todos los días, incluso a final de mes. Decidimos pedir un par de entrantes a compartir como punto de avituallamiento y como nutriente principal un plato de carne que no se salta ni en cuaresma.

De primero,  almejas a la sartén (luego con la cuenta vendría el segundo sartenazo) en una ración de moluscos grande, con un sofrito acertado y una salsa buena. No hay mejor reconocimiento sobre este plato que decir que se agotó el pan para rebañar el plato.

laury_almejas

Además se solicitaron unas albóndigas de pescado. Aquí tuvimos pinchazo. “Pelotas” demasiado hechas, reblandecidas, y con una salsa de tomate sin ninguna dificultad. Prescindibles.

Albóndigas_laury

Llegamos al “Hors categorie”: chuletón de buey para compartir al punto. En la báscula dio un pesaje de 1,500 gramos, así que estaba en el peso perfecto: Don King hubiese montado un buen show cuando se empezó a arrancar la carne a hachazo limpio.

Laury_chuleton

La carne llegó a la mesa en el momento perfecto, al punto, sangrante y cortada excepcionalmente para poder comerla sin empezar a sacar el machete.  Además se acompañó con una bandeja de patatas fritas caseras y pimientos verdes.

Patatas_laury

Por último, tras el festín de la carne llegó el postre: una crema de limón que su único fin era como el del aguador en el pelotón: dar cobertura al estómago que estaba trabajando a pleno rendimiento, pero en otras condiciones no pasaba ni el fuera de horario.

Llegó la cuenta y aquí podemos entrar en un nuevo debate que duraría más que la última legislatura: el precio. Nuestra opinión es que para lo ofrecido la cuenta se disparó más allá de lo que consideramos que se ofreció. La calidad es buena, el servicio es aceptable, pero las albóndigas y el postre no valían lo que se pagó y sobre la carne nos pareció que estábamos comiendo un manjar que podríamos degustar en otros lugares a mejor precio.

Pero cómo lo cortés no quita lo valiente: este nivel de calidad/precio se mantiene durante más de 40 años y no por ello han dejado de recibir clientes. Así que igual algo tendrá el agua si la bendicen, y más si el botellín  te lo pasa el Dr. Ferrari.

Os dejamos su web y facebook.

Dirección: Avenida de Pedro San Martín, 4. Santander.

Cantidad: Más que suficiente.
Calidad: Irregular. No todo está al mismo nivel.
Presentación: No hay nada que te sorprenda.
Servicio: Bueno y honesto.
Precio: 50 euros por barba. Un lujo si no tenemos cash

Stritfud santanderino: el sandwich peruano de Las Estaciones

Ahora que definitivamente parece que nos hemos vuelto todos estúpidos y el proceso de idiotización gastronómica sigue su inevitable curso, no paramos de leer cosas sobre food trucks -la furgoneta de los perritos de la Porticada de toda la vida- street food -como aquellas guarradas del Zampabollos o del Horno que nos apretábamos sentados en un capó- y el finger food -¡comer con las manos! ¡qué descubrimiento!- en El Perolo nos resignamos definitivamente y  nos rendimos a este Imperio del Mal, que diría un arzobispo, aunque los más conspicuos visionarios de la gastronomía y la sintaxis cubista estén advirtiendo que esta moda, cultura o negocio está tomando tintes de burbuja.

Ignorando uno de los enésimos markets, que no mercadillos, que eso suena a pobres, traemos un bocado que nos fascina, a precio de risa y que se come de pie en la calle. Hablamos del sandwich peruano del carro o puesto de las Estaciones, que ahora se asienta en la esquina entre Calderón de la Barca y Atilano Rodríguez, junto a la salida de los autobuses de cercanías, uno de esos puntos de urbanismo satánico de Santander.DSC_0204

No vais a encontrar aquí ingredientes selectos ni recetas falsamente refinadas, donde hamburguesas vulgares y cutres se trocan en gourmets por arte de pizarras de cuidada tipografía y los congelados más conseguidos, en recetas caseras. Aquí hay comida popular y de calle, en sentido estricto. Tampoco vais a encontrar barbas, gafas de pasta o supuestos modernos acercándose a una caravana decorada y modificada, no. Esto es un remolque modesto, apañado con ingenio en una de las esquinas menos agradables de la zona. No os pase como aquel de los Simpson, que buscando un falso antro acababa en un antro de verdad.

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Entrando en materia gastronómica, el principal elemento del sandwich (o sánguche que escriben en Perú) es el pollo hilado, esto es, un pollo asado hasta deshacerse en hebras, suavemente aromatizado. Junto a él, para acompañar, patatas paja crujientes y, aportando jugosidad, lechuga y tomate. Como colofón una estupenda salsa especial de la casa -el simpático peruano no quiso soltar prenda sobre su fórmula- que muy remotamente puede recordar a una salsa de yogur, pero de textura algo más líquida y, nos atrevemos a decir, cierto aroma a comino. Todo ello encerrado en un panecillo estilo hamburguesa con la suficiente consistencia. Nada de presentaciones cuquis y falsos papeles de periódico: te lo sirven en uno de esos sobres de kebab, y requiere cierta mañana comerlo sin pringarse.

Y todo esto por el módico precio de dos euros. Desde luego, no será una maravilla gastronómica, pero es comida rápida honesta, sin engaños, bastante sabrosa y a un precio tres o cuatro veces inferior a otros productos de igual o parecida calidad.

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La oferta gastronómica del puesto no es que sea muy variada y apostamos a que no hay nada que no esté frito. El nivel de guarrada es alto, pero si queréis rematar la jugada, hay variedades de patatas para todos los gustos e, incluso, salchipapas. Los más aventureros pueden tirarse por otros bocadillos como el tierra aire, el de filete ruso o el de pollo crujiente, y empujar el bolo alimenticio con alguno de los exóticos refrescos andinos. Nosotros, menos intrépidos, nos conformamos con una San Miguel (a euro la lata), aspecto claramente a mejorar.

Cuentan, además, con un local en los bajos de Santa Lucía (donde el antiguo Raices, para los más viejunos) ideal para degustar el sandwich tanto como base para la ingesta inmoderada de alcohol, como para reestablecer el orgullo camino de casa tras la enésima cobra en el Niágara.

Dirección: Plaza de las Estaciones, Santander. También en Santa Lucía 6, Santander

Cantidad: Más que suficiente.
Calidad: Mierda de la buena.
Presentación: A mano.
Servicio: Simpático y rápido.
Precio: De risa.

 

Picoteo en Le Bistró

Hay veces que por más vuelta que le das resulta difícil buscar  locales en Santander donde  ir a comer de picoteo y más si hay niños en el grupo. Uno de esos día y después de muchas consultas decidimos  acercarnos a Le Bistró,  un restaurante situado  en la C/ Bonifaz  en el local que  los más viejunos recordarán como el Ítaca.

Le Bistró   (preferimos  poneros un enlace  a  la wikipedia  que copiarlo aquí directamente y haceros creer   que sabemos mucho) es un local de esa tendencia actual de decoración sencilla con toque retro-rural que  el hipsterismo ha puesto tan de moda.  Su carta es sencilla y cuenta con variedad de raciones para picotear que es a lo que íbamos.

Empezamos el picoteo con una ensalada de tomate. El inicio no fue muy prometedor… el tómate estaba frío y  el aliño apenas le sacaba sabor.

ensalada_tomate-bistro

La tarde empezó a mejorar con la llegada de las rabas, que sin ser excelsas, estaban bastante bien, correctas de fritura. Para  talibanes del cantabrísmo señalar que se sirven acompañadas de  una mahonesa suave.

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Con las alitas de pollo volvimos a dar un paso atrás, esto ya empezaba a parecer la canción de Ricky Martin,  secas y con una salsa barbacoa con menos gracia   que Pablo Motos.

alitas-bistro

La siguiente ración que llego a la mesa fueron unas croquetas de bacalao y chorizo con el mismo problema generalizado de lo que llevábamos probado, una preocupante falta de sabor, y en este caso, una sospechosa similitud a las de  Silvia Cocinitas (extendida broma tuitera).

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Pero como si del R. Madrid se tratase llego la remontada en el último minuto y esta vez no fue de penalty. Los huevos fritos con morcilla y patatas  levantaron claramente  la comida, alguno dirá bueno un plato sencillito  pero como se demuestra a diario este axioma no se cumple en todos los sitios. Un plato que se resuelve  con un principio básico, si la materia prima es buena  el plato tiene que salir bueno.
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Nuestro paso por Le Bistró  nos deja una conclusión clara, si buscas un sitio para comer huevos fritos en el centro de Santander, Le Bistró es una buena  opción y más teniendo en cuenta que es un plato que escasea en las cartas de los restaurantes de la zona.

Os dejamos su FB por si queréis echar un ojo.

Dirección: C/ Bonifaz nº 5, Santander.

Cantidad: las raciones son de un tamaño decente.
Calidad: altibajos.
Presentación: bien, de nueva tendencia hipster.
Servicio: bueno.
Precio: el picoteo sobre 16€ por persona.