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Anna: comer, beber, amar

Ni te has equivocado de blog, ni somos Carlos Boyero, ni vamos a escribir una crítica de la película de Ang Lee. Hoy os vamos a contar  lo que nos encontramos en el Anna, una cocina elaborada con cariño que se refleja en el resultado de cada plato.

Por situarnos un poco, señalar que el Anna está en la C/ Menéndez Pelayo en lo que toda la vida fue “el Segoviano”, y a su vez, es un spin off, como todos veis series no os explicamos que es, de lo que fue “la Nueva Torruca” sobre el que ya os dimos nuestra opinión.

La decoración es agradable pero sin alardes decorativos, lejos de moderneces y cuqui-moñerias . Tras una ojeada a la carta e intentar memorizar el gran número de platos ofrecidos fuera de ella, todos con precio lo que es fundamental para evitar sorpresa,  nos decidimos por pedir de entrante unas gambas a la plancha, un plato marcado por la calidad de la gamba. Sencillo y sabroso.

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Para los principales elegimos un Tataki de atún y una paletilla de cordero asada a baja temperatura.

El Tataki, un plato tan sencillo de elaborar como complicado de acertar con el punto exacto. En el Anna acertarón con la precisión de un clavadista de la costa de Acapulco . Una pieza de atún excepcional acompañado de una mayonesa de wasabi, que siendo muy suave, le daba ese punto de fuerza que a todos los que adoramos la cocina japonesa no nos puede faltar nunca. Un plato de sobresaliente.

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La paletilla ya a primera vista llamaba la atención. Se presenta deshuesada y acompañada de una patata asada. La carne estaba tan bien de punto que se deshacía en la boca. Un plato con un sabor intenso a cordero pero a la vez de gusto suave que no resulta para nada pesado, lo contrario que las elecciones catalanas.

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Ahora os preguntareis por los postres pero en está ocasión tuvimos que pasar aunque nos quede en pendiente una próxima visita para probarlos.

Si tuviésemos que dar nota al Anna, sería sin duda un notable alto pendiente de probar los postres para ver si la nota mejora.

El rango de precio con vino y postre estará entre 35-45 € por persona. Nosotros pagamos 56 € sin postre y bebiendo dos cervezas y dos vinos blancos.

Su web y su FB por si quereís echar un ojo.

Cantidad: correcta hasta para un perolero
Calidad: muy buena. Totalmente recomendable
Presentación: cuidada sin ser rimbombante
Servicio: atento y agradable.
Precio: 30€ por persona aproximadamente.

Agua Salada, muchos claros y algún nubarrón

El Agua Salada es una de esas aperturas que se han producido en el verano santanderino y del que habíamos leído muy buenos comentarios. Con la perspectiva de una cena interesante, nos acercamos a la calle Santa Lucia.

El local, antigua “la Estrella” para jueguistas nostálgicos, está muy acogedor. Una decoración sencilla pero cuidada, pensado para cenas románticas, si no fuese por el poco espacio entre mesas que hay y el ruido, problema que achacamos a las dimensiones del restaurante.

Interior del Agua Salada

La carta es corta, pero tiene la virtud de provocar que te apetezcan todos los platos según la vas repasando. Cuenta con la posibilidad de pedir 1/2 raciones y hay varios platos fuera de carta que la camarera nos cantó con su precio correspondiente, algo muy poco habitual y que está muy bien, que los platos de fuera de carta los carga el diablo.

Nuesta atracción por la comida asíatica hizo que nos decantáramos por iniciar la cena con 1/2 ración de tartar de salmón salvaje y 1/2 de fideos Yaki Udon, descartando las croquetas por primera vez en muchos años.

Lo primero en llegar a la mesa, tras una espera un poco larga, fue el “Tartar de salmón salvaje”.  La presentación del plato es buena, decorado con unas esferificaciones de aceite de oliva y algas que dan aún más colorido al plato. De sabor está muy bien, aunque nosotros lo preferimos un poquito más potente. En lo referente al tamaño, la 1/2 ración cumple nuestro objetivo de probar el plato sin llenarnos, da aproximadamente para 4 barquitas.

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El segundo plato en aparecer por nuestra mesa fue la 1/2 ración de fideos Yaki Udon. El yaki udon es un fideo grueso hecho con agua, harina y sal que se puede combinar de muchas maneras. En el Agua Salada se saltea con pollo, langostinos y verduras. Un plato muy sabroso que deberás pedir obligatoriamente si te gusta la comida asiática.

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Para continuar, aparecieron por la mesa los chipirones rellenos, que traían consigo la primera nube, el arroz. Los chipirones en sí estaban muy sabrosos, el cilantro y la ralladura de naranja le daban un toque diferente. Pero el arroz, el arroz estaba más pasado que Bertin Osborne. Un fallo gordo en la parte más sencilla del plato.

chipirones_rellenos

Ya sólo quedaban los nuggets de pollo almendrado, que los habíamos pedido por la curiosidad que nos había despertado verlos en la carta de un local como este. Este fue el nubarrón de la noche. Los nuggets se convirtieron en unos tronchos de pollo con el empanado 0 crujiente. Es más, blando, secos por dentro y con dnada de sabor. La compota de manzana, o algo así decía la carta -ahora no recordamos-, quedaba enterrada sobre una selva vegetal que no aportaba absolutamente nada al plato. Una auténtica decepción y más si tu último recuerdo de unos nuggets son los del Nobrac.

nuggets_pollo

En lineas generales, la cena estuvo bien pero quedo empañada por ese ultimo plato que te hace levantarte de la mesa un pelín decepcionado. Aún así, el restaurante tiene cosas muy interesantes y seguro que volveremos a probar otros paltos. Si, ya sé que estáis pensando: tenemos que volver para probar ¡las croquetas!.

Dirección: Calle San Simón, nº 2 esquina Santa Lucia;  Santander

Facebook

Cantidad: normal, un perolero con hambre podría pensar que escasas.
Calidad: bien, lástima de los dos borrones ya comentados.
Presentación: de todo pero mejorable
Servicio: bien y atentos. El detalle de dar los precios de los platos fuera de carta muy bien.
Precio: 20€/persona. Hay que tener en cuenta que no pedimos vino ni postre, por lo que os podríais ir a unos 25€/persona

Restaurante Tarkarí: ¿Ooootro italiano más?

Autor: Obenque Flojo

Pongámonos en situación: Julio de 2014. Una invitación a cenar, que me debían.

Que estuviera cerrada “La Bicicleta” no estaba previsto, y que mi acompañante y yo nos decidiéramos a probar un sitio nuevo en Colindres no fue premeditado; un italiano de los que te dan referencias, pero nada concreto. Asombro, estupor y “licuefacción” nos ha producido:

Se llama Tarkarí. Nombre raro para un restaurante italiano, en Colindres y con un cocinero venezolano. Cosas de la globalización, supongo.

Está en la C/  Santander, frente a la clínica veterinaria (no hay pérdida), en los bajos de un edificio, con una decoración sobria y cuidada.

Cuando leímos la carta nos dimos cuenta que no era un italiano como los que tenemos por costumbre, sino un restaurante de comida italiana, y no tardamos en comprobar la diferencia. Para empezar, tuvimos que preguntar qué eran algunos platos. Sí que había pizza y pasta al uso, pero había mucho plato desconocido que no se ve en ningún otro italiano.

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Ensalada Caprese

Afilamos los tenedores y elegimos un tartar de atún rojo con aguacate, ñoquis, lasaña de bacalao y ensalada caprese. Y para beber, vino. No daré más pistas.

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Tartar de atún rojo

Quien haya degustado una teta de novicia sabrá de qué le hablo cuando digo que estaba exquisito. Comí (cené) como un troglodita, y la cena salió por casi 80 euros. Este dato queda modulado cuando lo comparamos con la siguiente vez que he ido con otros 3 amigos y hemos cenado igual de bien (una semana después, pero menos troglodíticamente) por exactamente la misma cantidad. En esta ocasión probamos los fagotini y la burrata. Pedidlos; no digo más.

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Ñoquis

Todos los platos estaban preparados y presentados con esmero, la camarera un encanto, el local prácticamente vacío (las dos veces), y las pocas mesas que había, cuando se levantaban, se deshacían en elogios en voz alta.

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Lasaña de bacalao (ya empezada por nuestro comensal)

En conslusión,  en mí tienen un cliente incondicional a perpetuidad si siguen así. Para más pistas, mirad en tripadvisor.

 

Dirección: Calle Santander, 26; Colindres

Web,  Facebook.

Cantidad: más que suficiente sin llegar a ser abundante.
Calidad: excelente.
Presentación: muy cuidada.
Servicio: muy agradables y eficientes (éramos pocos en la sala).
Precio: 80 euros para dos personas una cena y 80 euros para cuatro personas la siguiente. De las dos salimos sin hambre, de lo que se pueden deducir un par de cosas. Eso lo dejo para cada cual.

Si tienes niños el Arnia Lounge Bar es tu local

Hace un par de fines de semana amaneció un día primaveral, y no se nos ocurrió mejor plan, que ir a dar un paseo por la playa de Liencres para luego poder seguir la recomendación de @Kioskero y probar las rabas del Arnia Lounge Bar. Así que salimos de Santander dispuestos a disfrutar del domingo.

A las 2 de la tarde nos acercamos a la Arnia, una pueblo costero de Cantabria con una zona acantilada y un paisaje espectacular, para probar la cocina del Arnia Lounge Bar.

Situado frente al Cazurro, lugar de reunión del hipsterismo cántabro, y con un nombre confuso, cuenta con aparcamiento propio siempre que pagues 1 €. El local es una casona de dos plantas que cuenta con una zona interior de restaurante, terraza y un jardín amplio con juguetes e hinchables para niños. Rápidamente nos instalamos en la zona de jardín para dejar a las fieras en libertad y poder disfrutar tranquilamente de una cervecita y algo de picar. El único inconveniente del jardin es que no te sirven los camareros y debes ir a pelear a la barra, digno de un cotillón de nochevieja, y bajarte tú el pedido.

Una vez situados nos acercamos a la barra a pedir. Cuenta con una carta amplia de la que seleccionamos unas croquetas, plato test de este blog y un imprescindible si hay niños en la ecuación, unos rejos, recomendadas por Kioskero, y una fritura de pescado, todo ello regado de un cubo de 5 medias por sólo 6 €, una oferta a la que un perolista nunca puede rechazar.

Tras una larga espera, posiblemente marcada por su reciente inauguración, nos sentamos en la terracita ya con nuestras raciones y nuestro cubo de cervezas para pasar una agradable tarde de sol.

Lo primero que probamos fueron los rejos mientras los niños se abalanzaban a por las croquetas.

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Bien fritos, acompañados de cebolla y pimiento verde puestos en una especie de tempura, están bastante bien. La ración es generosa y de buena calidad, aunque el elemento superfluo de la cebolla y el pimiento siempre lo hemos visto como una forma de ahorrar en lo importante, los rejos.

Lo siguiente que probamos fue la fritura de pescado.

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La ración sin ser del tamaño de la de los rejos estaba bien de tamaño. La fritura consistente en unos langostinos pequeños y un pescado por definir puesto en adobo al estilo del cazón típico de la zona de Cadiz. El adobo estaba muy bien hecho lo que resaltaba el sabor del pescado y los langostinos sin ser un lujo estaban bastante decentes.

Por último pudimos probar alguna croqueta, como sabéis un referente a la hora de medir la calidad de un restaurante en este blog.

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Tenemos que decir que las croquetas estaban muy bien, más si comparamos con nuestra última cata en Casa Sampedro. Una bechamel fina y con sabor a la que no pondría pegas ni el mayor pureta de las croquetas.

Para terminar nos pedimos unos helados prefabricados y subimos a que los niños jugasen en la zona interior tipo guardería que tienen.

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Cantidad: raciones de buen tamaño
Calidad: con relación al precio, buena
Presentación: de batalla
Servicio: desbordado
Precio:sobre 10€ por persona.

 Dirección: Playa de la Arnía, Liencres

 

Casa Sampedro, el paraíso del congelado.

Andábamos un Viernes noche con cero expectativas de buscar algún sitio. Nuestro “buscador” particular de un sitio bueno, bonito y barato ofrecía menos resultados correctos que las previsiones del gobierno en economía. Al final  alguien pensó y propuso que fuesemos a “Casa Sampedro”, un local veterano de la hostelería cántabra situado en Peñacastillo, a las afueras de Santander.

El restaurante no hace reservas, algo lógico, ya que el bar tenía lleno hasta las terrazas; y eso que corría “la fresca” en el exterior: no hacía falta echar hielos a las bebidas; ya venían con escarcha incluida. Por ello, decidimos esperar cerveza en mano para que nos diesen mesa.  Una vez dentro, nos sentaron en una bonita estancia decorada con objetos vetustos o/y hipsters (un vinilo de Albano y Romina nos observaba cómo comíamos) teniendo que acceder cruzando la barra; el local se aprovecha hasta el último rincón para hacer caja.

La carta está llena de raciones y una pequeña selección de platos individuales. Cómo eramos un grupo numeroso, aunque tampoco muchos cómo para formar un equipo de fútbol, nos tiramos por seleccionar raciones varias.  No teníamos mucha idea de qué pedir, y el servicio ayudaba menos que “Clipo” en un documento en blanco de Word. En primer lugar pedimos los platos que consideramos básicos para calibrar el nivel de la cocina: rabas y croquetas.

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Las rabas, las definiríamos cómo “chiclosas”. La fritura estaba buena, pero tampoco es que fueran una maravilla. Aunque veáis en la foto el limón, no se le echó ya que en caso contrario seriamos expulsados del club de puristas de la cocina regional. Las croquetas que pedimos eran de cecina y queso picón. Las de cecina, si las hubiesen puesto un par de minutos más en la freidora hubiese sido perfecto. Lo que ocurrió es que acabamos masticando una bechamel y unos trozos de cecina que parecían piedras. Trozos duros y fríos. Un error de libro en un restaurante. Por otra parte las de queso picón estaban bastante buenas.

Solicitamos luego jijas, tiras de pollo rebozadas y patatas con salsas. Las jijas, saladas (¡Qué noche la de aquel día! y no porque viésemos la pelicula de los Beatles; no paramos de beber agua); las tiras de pollo buenas, destacando la salsa de queso picón. Las patatas, bastas, grasientas y con un pegote de salsas. No tenían ninguna gana en presentar los platos.
patatas-pollo-jijas- casa-sanpedro

A continuación llegó una cecina bastante buena, para hacerte un bocadillo con ella,  y una morcilla de Burgos frita sin ninguna gracia, con una cebolla que más que pasada por la sarten estaba chamuscada. En serio, con la cantidad de comensales que van y la cola que había para sentarse, no les hace falta preparar para nada los platos.  Su idea parece que es la de “soltamos las raciones y que engullan cómo pavos”.

cecina-morcilla-casa-sanpedro

Aunque las fotos que os mostramos están tomadas muy cerca de cada ración; no os engañéis: las raciones son enanas, minúsculas, infantiles. Presentado todo en cazuelitas, platos de postre y otros recipientes salidos de la cocina de “playskool”, tuvimos que pedir una ración extra de setas a la sartén y pimientos del Padrón (que no picó ni uno de los que comimos, sospechoso) para poder decir que habíamos cenado en unas mínimas condiciones.

Algunos nos lanzamos al postre, y cómo anécdota la foto inferior es de un Tiramisú. Si, pensamos lo mismo, que  suerte que  Toto Riina no ha pasado por aquí. Hubiese sido una carnicería.

tiramisu-casa-sanpedroPara resumir, un sitio con fama, siempre lleno y que pensábamos que íbamos a salir satisfechos, acabó convirtiéndose en un local que no recomendamos en absoluto si queréis ir a picar algo. Casi mejor que paréis en el Mc Auto y os llevéis la cena a casa.

Dirección: Calle Adarzo, 94; Santander

Cantidad: Han atomizado las raciones
Calidad: Pasarían el control de calidad de Findus
Presentación: Ganadores del lanzamiento de comida al plato, estilo libre. 
Servicio: No les preguntes sugerencias, no te las van a dar.
Precio: más inflado que la burburja inmobiliaria

Menú de cuchara en el Cañadio

Ahora que ya habéis picado con el título dejadme que os cuente mi última visita al Cañadío. Como antecedente os señalaré que es uno de mis restaurantes favoritos de Cantabria. El lugar en el que suelo celebrar casi todas las cosas celebrables de este mundo: cumpleaños, aniversarios, cierres de contratos….. bueno esto último era en otros tiempos.

Para los que no conocéis el local os diré que es un local de diseño agradable, sin grandes pretensiones, que cuenta con una zona de barra con pinchos muy atractivos y mesas para picar, y otra zona más de restaurante elegante.

Pues bien, la semana pasada nos acercamos a comer allí. Nuestra intención era comer un apetecible cocido montañés que ofrecen los martes por 9 €. Nos sentamos a la mesa y nuestra sorpresa viene cuando nos señalan que se ha terminado pero que nos lo cambian por una ENSALADILLA, un plato que a mí me encanta pero que en un día en que los pingüinos circulaban en libertad por la Plaza de Cañadío no me parecía el plato más adecuado.

Una vez desechada la opción ensaladilla me decanté por un cachón en su tinta con arroz cremoso, un plato que siempre me recuerda a la casa de mis abuelos. El plato en sí estaba bueno pero lejos de lo que es para mi el nivel habitual del Cañadío. Los trozos de cachón variaban entre los que estaban en su punto y alguno más parecido a un chicle cheiw. En cuanto a la cantidad, un punto siempre importante para los triperos que escribimos este blog, es correcta pero sin alardes, vamos que un poquito más sobre todo de arroz que casi tengo que buscarlo con el hubbel, no vendría mal.

Cachón en su tinta con arroz cremoso en el restaurante Cañadio
Cachón en su tinta con arroz cremoso en el restaurante Cañadio

Tras “degustar”, esa bonita palabra tan de moda en Cantabria, el cachón me decidí por tomar de postre su famosa tarta de queso, famosa sobre todo en su local de Madrid. Está tarta es completamente diferente a la habitualmente comemos en la mayoría de los restaurantes, es la “verdadera” receta de cheesecake americana, les queda de muerte. A diferencia de la que hace mi madre desde hace más de 20 años siguiendo la misma receta, en el Cañadío el queso les queda más cremoso y líquido y no por ello empeora. Para los amantes de la tarta de queso este es sin duda su plato si visitan este restaurante.

Tarta de Queso restaurante Cañadio
Tarta de Queso restaurante Cañadio

En general comimos bien aunque por debajo del nivel de otras visitas. El precio fue de 20 € por cabeza sin vino pero con 3 medias.

Lo que me rompe los huevos de comer en la zona de barra del Cañadío es que estás como sardinas en lata. Todas las mesas pegadas y con menos intimidad que cualquier líder mundial espiado por la inteligencia norteamericana.

Su web, en tripadvisor, en foursquare, en Google

Dirección: Calle de Gomez Oreña, 15; Santander

Cantidad: ni frío ni calor.
Calidad: un valor seguro.
Presentación: muy cuqui.
Servicio: gente maja.
Precio: si estas ahorrando no es tu mejor opción

Una noche en el Asubio

Hace unos días decidí salir a cenar. Tras una larga conversación para decidir restaurante, se me vino a la cabeza el Asubio, que yo pensaba que era un restaurante, pero es una de esas cosas modernas llamadas gastrobar y donde nunca antes había estado.

Para los que no lo conozcáis, el local es largo y estrecho y se divide en dos plantas, la baja donde está situada la barra de pinchos, y la segunda planta donde se encuentra el comedor. Como lo que queríamos era cenar subimos a la segunda planta donde para nuestra sorpresa y a pesar de ser viernes sólo había dos mesas ocupadas, que malita está la cosa. La sala está agradable aunque sin ningún encanto particular.

Una vez sentados, el maittre nos dejo la carta y paso a enumerarnos un sinfín de platos fuera de ella. A mi estas cosas me abruman y sobre todo me dajan con un nivel de incertidumbre que ni Mariano ante una rueda de prensa.

tartar-de-atun-asubioUna vez revisada la carta nos decantamos por empezar compartiendo un “Tartar de atún rojo y foie de pato con anchoa y mostaza de uva violeta”. Yo sólo dije Tartar porque si tengo que decir todo eso me ahogo. Me gusto mucho el detalle de que el plato en vez de presentárnoslo para compartir, nos vino ya emplatado individualmente y en una bonita presentación. En cuanto a lo importante, el sabor, no note en ningún momento el sabor del foei ni de la anchoa, más desaparecido que una alternativa en el PSOE. El plato mejoraba bastante comiéndolo sin combinar con el pan tostado que lo completa y mezclándolo con la mostaza de uva violeta. Un plato correcto pero que como diría una de las nuevas stars televisivas de la cocina, le faltaba Rock and Roll.

lomo-de-vaca-pinta-asubio

Para el plato fuerte de la noche me decidí por un “Lomo de vaca pinta a la plancha con mostazas y patatas fritas” poco hecho. La ración de carne era justa aunque para contrarrestarlo se completaba con una generosa ración de patatas fritas, un truco de listos.

patatas-frita-el-asubio

La carne estaba en su punto y se notaba que era una pieza de gran calidad sin complejidad en su elaboración pero muy sabrosa. Como siempre fue mi acompañante la que acertó con su plato, muy bien recomendado por el maittre, unas costillas de vaca que estaban fuera de carta y que eran pura mantequilla y sabor.

Yo no suelo ser de postre así que despedimos la cena pidiendo la cuenta sin más. El precio 60 €, que teniendo en cuenta que las bebidas fueron una media Mahou y una botella de agua y que no tomamos postre me parecio un pullazo en todo lo alto.

Lo que me rompe los huevos del Asubio es que los precios están sin IVA en la carta….

Enlaces: Google, Foursquare, Tripadvisor, su web

Dirección: Calle Daoiz y Velarde ,2 ; Santander

Cantidad: no me quede con hambre pero un poco más en cada ración no hubiese estado mal.
Calidad: buena. Merece la pena ir a probarlo.
Presentación: cuqui.
Servicio: gente maja aunque un poco de postureo.
Precio: pullazo, clavada, estacazo, como prefieras llamarlo.