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Britannia: Pim, pam… ¡pizza!

Teníamos ganas de venir a la pizzería Britannia, uno de los negocios más vetustos a la hora de llevar comida a domicilio en Santander. Ahora que se pide la comida a golpe de click, Britannia fue de los primeros en traer sus pizzas a tu casa, y del éxito de su negocio se expandió, con dos locales en General Dávila y desde hace unos años cambiandolo por un local más grande a las afueras de la ciudad. Ahora están en el comienzo de la autovía S-20, allí donde hasta hace poco los prados con vacas se convirtieron en  promociones inmobiliarias durante la era dorada del cemento.

Una decisión arriesgada, ya que para poder llegar es casi imprescindible usar vehiculo privado, pero damos fé de que no ha restado público a su local ni a sus pedidos. Tal es su éxito que era la tercera vez que intentamos cenar en el local, y esta vez tuvimos que esperar un cuarto de hora para poder sentarnos. La demanda de espacio es más complicada que el orden de los escaños en el congreso de los diputados.

Así que una vez en nuestra mesa nos trajeron su carta. Una lista de platos detallados punto por punto, lo que la convertía en una guía más larga que las instrucciones de uso de una termomix. Los peroleros queríamos probar la variedad de la carta, asi que cada uno pidió un plato diferente.

En primer lugar, el integrante del grupo más talibán contra las dietas pidió pasta para cenar. Hidratos por la noche, porque nos gusta reventar el régimen norcoreano de verdura hervida. Y hablando de radicalismos, atención amantes de la cocina italiana: se pidió tallarines a la carbonara, que evidentemente estaban hechos con… nata. Que queréis que os digamos, salvo que aquí en la carta ya especificaron los ingredientes de su salsa. El plato era muy grande, tan profundo que se podía hacer natación sincronizada en su fondo ,igual con más suerte que la selección española. La pasta no estaba “al dente” pero tampoco recocida y la salsa estaba bien de gusto, sobretodo por el sabor a pimienta negra.

Britannia_carbonara

El siguiente comensal pidió lasaña de carne con curry. En otro plato inmenso, tan grande que te traen una paleta para extraerlo (un poco más y suena la marcha nupcial en el restaurante) y hasta arriba de carne especiada con curry. Ahí está a la vez su mayor fortaleza y debilidad: el sabor es diferente y sabroso pero acabas hasta la coronilla de la lasaña. Así que ojo, porque puedes acabar del curry más harto que la elección de la sede del MUPAC.

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Por último el tercer perolero pidió pizza vegetal; si, como siga este integrante vamos a dejar de ser “compi yoguis”. Y Britannia sigue haciendo las pizzas con la misma receta que tanto éxito le ha dado durante estos años: una pizza de tamaño individual suficiente, con una base de pan fuerte y siempre con esa capa de grasa que te convierte en experto en “gochismo” desde el primer bocado.  Una delicia prohibida.

Britannia_pizza

Pizzeria Britannia sigue fiel a su estilo, algo lógico teniendo en cuenta lo bien que les va. No es una opción para sibaritas de la cocina internacional, pero por precio y cantidad quedas más que satisfecho. Antes de que triunfase el naranja en las encuestas de Metroscopia ya había una cocina que tenía más apoyos que Pedro Sánchez en una sesión de investidura.

Os dejamos su web y Facebook.

Dirección: Calle Luis Riera Vega S/N. Santander, 39012.

Cantidad: Brutalismo.
Calidad: Batalla de las Ardenas.
Presentación: Sobria. Nada de aderezos decorativos.
Servicio: Excelente. Cómo mayordomos del anuncio de Ferrero Roché.
Precio: Normal. Draghi no bajará más los tipos para que vayas a comer.
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Trattoria Florida: una señora pizza

No podemos decir que estamos ante una nueva obsesión de las nuestras, como la de la tortilla o las croquetas, pero en los últimos post hemos estado probando más pizzas de lo habitual y empezando a colocar cada una en un puesto en nuestra clasificación particular, casi como si fuera esto un reportaje de Cantabria DModa (ojalá El Perolo haciendo vídeos como aquellos que nos regalaba María Lemes). Desde luego, amamos la pizza al corte de Rosso Vero, nos hemos declarado fans de La tasca y hemos tenido una experiencia menos placentera en Vittorio o Masamadre. Otras incursiones no las contamos o las enumeramos, aunque en nuestras noches de perdición echamos de menos la pizza del simpático sirio de los soportales de Santa Lucía (un saludo allá donde estés).

Al lío. Como ya habíamos probado la pizza en otras ocasiones y sus considerables dimensiones, pensamos en variar la comanda y probar alguno de los entrantes de la carta. Aunque, bien pensado, la idea no fue la mejor, porque si las pizzas resultan notables, las entradas aprueban justo.

La ensalada César es correcta pero, al igual que el 95% de las César que probamos se aparta de la receta canónica, pues no catamos ni un rastro de la salsa Worcestershire. Por su parte, las parmiggiana de berenjenas -que no berenjenas a la parmesana– resulta estar demasiado aliñada y condimentada, y el pedazo de mozzarella no aporta mucho, sin integrase con el resto de la receta.

Berenjenas

Las pizzas, como os hemos adelantado, resultan notables, aunque sin llegar a sobresalientes. En otras ocasiones hemos probado variaciones más clásicas, como la margarita, cuatro quesos o la de anchoas, todas ellas bastante equilibradas y buenas, pero esta vez nos fuimos a rellenos más extravagantes e, incluso, censurables. En todo caso, las pizzas comparten una masa sabrosa y de buen olfato, fina y crujiente en los bordes, pero consistente en el centro, de manera que cuando separas una porción esta se mantiene firme y no se desmorona.

En primer lugar, la pizza Corocols… perdón, Corocotta combina acertadísimamente una chistorra ligeramente picante con algo de queso de cabra, todo en cantidades cabales, de manera que no se satura el comensal con toneladas de queso y de más. Por otro lado, aunque no muy conformes con esta elección algunos de los comensales, la hawaiana -abrimos los paraguas ante la avalancha de haters- era correcta, aunque entendemos que no pintaba nada el maiz, pero era digna la combinación de piña y jamón.

pizza corocotta florida

El buen tamaño de las pizzas hace que sea un pequeño reto terminar una por persona pero, si no se puede, el amable personal de sala rápidamente la empaqueta para la podáis desayunar al día siguiente.

Para rematar, en los postres una tarta de blanca de almendras que sin estar mala, tampoco la encontramos la gracia. Sí que nos gustó el pan que se ofrece, con la misma masa que la pizza. junto con una mantequilla que lo sirven.

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En resumen, el Florida podéis disfrutar, sobre todo, de una buena pizza, a unos precios razonables (con entrantes, postres y bebercio se puede arreglar con unos 16-18 euros), con un servicio atento en un local majo aunque con tendencia al ruido excesivo.

Os enlazamos su web para más información

Dirección: esquina de Cisneros con Florida, Santander

Cantidad: Nadie se extrañará de que pidas una caja para llevar lo que sobra
Calidad: Notable en las pizzas, aprobado en el resto
Presentación: Sin misterio, es pizza
Servicio: Atento y agradable
Precio: Correcto, entre 15 y 20 euros

Pizzería Vittorio: La caída del Imperio Romano

Es verdad que a veces vamos a restaurantes muy finos y otras veces nos dejamos llevar por la pereza sobre qué sitio elegir y aceptamos lo primero que nos den. Y en cuanto a comida italiana en Santander puedes elegir entre el restaurante fino (muy apropiado para aquellos que quiera iniciar sus proyectos de pareja y/o chuscamiento) y las tascas baratas donde vas a ponerte hasta las trancas de pizza.

Anoche elegimos de los últimos (nuestros proyectos de pareja y/o chuscamiento son más escasos que un dirigente del PSOE de Cantabria sin cargo) y nos fuimos a una opción que siempre tenemos en nuestra recamara. Es la pizzeria Vittorio, antigua “Archetto”, en la bajada de la Encina, justo unos metros por encima del bar Manila, el templo (o no según quien preguntes) de la tortilla de patata.

La carta del Vittorio está fundamentalmente compuesta por pizzas en sus diversas modalidades, con una sección de ensaladas y platos de pasta. Tampoco es que sea muchas las opciones a elegir, pero tampoco vamos a comernos la carta completa. De momento probaremos un poco de todo para ver si la cocina mantiene el buen nivel que nos comentan desde hace tiempo.

Uno de los peroleros pidió la lasaña de carne; el pobre había estado todo el día en el sofa y sufría el síndrome de Garfield. El plato estaba, y no es exageración, hasta arriba de queso “presuntamente” parmesano por todo el plato. Directamente había que pedir un permiso de perforación para llegar hasta la lasaña. Cuando una vez que la consejería de industria nos lo concedió y pudimos extraer la pasta rellena de carne picada, nos encontramos con un plato de elaboración normal. No es que una lasaña precocinada de Findus esté mejor, pero la verdad es que este plato pasó sin pena ni gloria por nuestros estómagos. Seguramente, si sirviesen este plato en el país de la bota, los gestos de exageración de los clientes con las manos crearían energía cinética para iluminar todo Napoles por un año.

Lasaña_Vittorio

Otro de nuestros compañeros pidió la pizza romana. Podemos decir que generó en nosotros sentimientos encontrados. Por un lado, la masa nos parece bastante conseguida, quizá no excelente pero sí muy decente, con un punto crujiente por el borde pero nada seca y cierto aroma a buena fermentación. Sin embargo, el relleno de la pizza es donde la misma baja sus puntos. Siguiendo a grandes entendedores de la materia como Ibán Yarza, en la pizza, menos es más, por lo que si tienes una buena masa, no es necesario empapuzarla y rebosar la pizza con un relleno excesivo y grasiento. Así, a Vittorio le sobra un poco de tomate, bastante queso y, en nuestra modesta opinión, un punto menos de horno para que ingredientes como la anchoa no se desintegren.

Pizza_romana_Vittorio

Para ver finalmente cómo andaban en la cocina con las recetas italianas pedimos postre. Por un lado, un tiramisú que cómo todos los que se hacen en España (o el 90% que hemos probado en restaurantes locales) tiene café para alimentar todo un bar de funcionarios un lunes por la mañana. Aparte que no estaba frío y por ello se desmoronaba al primer bocado. La crema de mascarpone estaba buena así cómo el cacao pero sin salvar el sabor a café. El otro postre que se pidió fue una pannacotta, discreta, sin demasiado sabor ni una textura especiales, pero tampoco para fusilar a su creador.

Tiramisu_Vittorio (1)

Finalmente, el resultado por el precio que pagamos estaba bastante bien, porque fue muy barato. Pero así como “Il cavaliere” cambia de siglas políticas sin modificar ni un punto de su programa político, el cambio de nombre de Pizzeria Vittorio es sólo un lavado de cara, porque el resto sigue igual, para bien (sus pizzas están buenas y tienen un precio equilibrado) cómo para mal (sus platos están con aprobado justo y cada vez hay más restaurantes italianos que los hacen mejor por un precio parecido). Así que queda en vuestras manos, lectores. Al final los clientes, cómo los votantes, son los que dan la razón si es suficiente con lo que se hace o se deben hacer reformas. Y eso que en Italia llevan unos cuantos años sin parar de cambiar gobiernos…

Os dejamos su web (old school versión), facebook y para pedidos a domiclio en just-eat.

Dirección: Bajada de la Encina 6, Santander, 39005

Cantidad: Acabas cómo Pavarotti.
Calidad: Cómo el AC Milán. Lleno de viejas glorias que ya no rinden cómo antes.
Presentación: No son obras de arte de los museos vaticanos, pero sus platos son correctos
Servicio: Muy bueno. Estuvieron muy atentos y explicaron los platos.
Precio: Más barato que un "vaporetto" en Venecia. 14 €/persona aprox.

Solo Masa Madre, y tan solo…

Hace unos días por un azar del destino, nuestras primeras elecciones estaban completas, terminamos comiendo en “Solo Masa Madre”, otro de esos locales surgidos al boom de “lo bonico” y de la masa madre (mejor os enlazamos a la wikipedia que fusilar contenido es muy feo).

El local, un clon de cienes y cienes de locales con tinte yankie, centra su cocina en hamburguesas, pastas y pizzas. Tras ojear la carta nos decidimos por compartir 3 platos: un pollo estilo Kentucky, un Thai y una pizza Ibérica.

Lo primero en llegar a la mesa fue el pollo… El Pollo al estilo Kentucky estaba absolutamente insípido sin apreciarse el más mínimo toque a las especias típicas del plato como el curry o el pimentón. La salsa barbacoa tenía menos potencia que un McLaren y “las patatas fritas” debían sentirse como Scott en la Antártida… El plato tenía menos personalidad que los candidatos de Ciudadanos en Cantabria.

pollo kentuky-masa madre

Como segundo plato nos llego el Thai, un salteado de pasta fresca con verduras, pollo y soja. De nuevo un plato sin carácter en el que el único sabor apreciable era el de la soja. Quizás el desaparecido Taika dejo el nivel muy alto en platos como este.

fideos-Thai-masa madre

Por último nos llego la Pizza Ibérica con tomate, mozzarella de búfala, jamón ibérico, daditos de tomate y rúcula. La primera sorpresa es el tamaño de la pizza que podría caber en la cocinita de PinyPon, la segunda la torrada que llevaba que ni un guiri tras un día de playa. La pasta no daba mucha sensación de “madre” y el jamón más de serranía que de ibérica presencia. Les recomendamos una master class en La Tasca.

Pizza-iberica-masa-madre

Tras el fiasco de los platos anteriores preferimos no pedir postre…

Visita absolutamente decepcionante a un local que quiere parecer pero no es. Os dejamos su web por si queréis echar un ojo

Dirección: La Marina, 1 Bajo. Santander

Cantidad: el diminutismo va a llegar!
Calidad: como diría Susi "plano"
Presentación: juzgad por las fotos...
Servicio: Lo mejor del sitio
Precio: para lo que dan no es barato

La Tasca: ¡qué pizza, pibe!

Ante un local como La Tasca uno no sabe si tirar de chiste fácil sobre argentinos e italianos o si es mejor recurrir -una vez más, perdonadnos- al símil musical y decir que en La Tasca comió entre el descaro rockanrolero de Celentano y la fina elegancia de Piazzolla.

La cosa es que La Tasca llevaba ya tiempo en nuestro radar y, un poco a ciegas, al no llevar reserva, nos decidimos a probar. Como el local es de dimensiones muy reducidas -apenas tiene cinco o seis mesas- el sitio está cotizado, así que os recomendamos la reserva. Aun así, tuvimos suerte y nos hicieron un hueco.

La carta no es complicada: unos entrantes, unas tostas y pizzas, la gran especialidad de la casa. Para cerrar, postres y cócteles. Bien, los indecisos necesitamos ayudas como esta.

Directamente pasamos a las pizzas, sin más adorno. Son de buen tamaño (lo que en una franquicia llamarían mediana), suficientes para que un buen perolero quede satisfecho. Por encima de todo desataca una masa, muy fina en general, crujiente y sabrosa en los bordes, con un aroma estupendo, digna de su ciudad italiana favorita (salvo Génova, que gustan allí de masa gruesa).

Pero, además, el relleno en la pizza no desmerece para nada la estupenda base. Una salsa de tomate en el perfecto punto de sazón, junto un buen queso hacía una base que ni la rítmica de los Stones en sus orígenes.   pizza_romana_la-tasca

Por un lado, pedimos una Romana, a la que le sentaban a la perfección alcaparras y anchoas, que sin ser de las más finas no dejaban la boca como si hubiese tomado un chupito de agua de la bahía, sino un suave regusto a todas las porciones. Por otro, la napolitana combinaba bien el jamón con el tomate, muy resultona. Muy buena la idea de poner una rodajas de tomate natural. Jugosa, nada pesada y con un toque de orégano pero sin abusar de ello. Especias, Napoles y abusar; no, no estamos hablando del paso de Maradona por San Paolo. Además, Uno de nuestros acompañantes se inclinó por una cuatro quesos, que probamos, y nos pareció estar en la buena línea de las otras, aunque no catamos lo suficiente como para dar un juicio definitivo.

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Para pasarlas, unos estupendos aperitivos italianos (negroni y spritz) que suben a uno el punto -cuidado si los pedís con el estómago vacío porque no son claritas con limón, precisamente.

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En definitiva, unas pizzas equilibradas, entre una masa sensacional y un relleno gustoso pero no excesivo (no hay nada peor que una pizza empapada en la grasa del queso)., con un precio de risa (de los 5 euros de la margarita a los 9 de las más barrocas; las nuestras rondaban los 6 euros). Una pena que el local no sea un punto más grande, porque clientela tienen de sobra.

Os dejamos su Facebook.

Dirección: Calle Peña Herbosa, 13. Santander

Cantidad: un tamaño de pizza que satisface al buen perolero
Calidad: nos quitamos el sombrero
Presentación: es pizza, sin misterio
Servicio: atento
Precio: pizza + cóctel sale por unos 10 euritos

Mamma Angelina: Platos “Al Dente”

En pleno verano los perolistas buscabamos un restaurante para cenar que estuviese alejado del bullicio de la capital mundialista pero que en el que todavía se sintiese el ambiente del verano, así que haciendo “requiebros” a las cartas infladas de precio y los platos de mala calidad acudimos a un local al otro lado de la bahía.

Tras una búsqueda en profundidad, elegimos al final el restaurante italiano “Mamma Angelina”, en Somo, en los bajos del hotel Bemón. Tenemos que reconocer que no fue nuestra primera opción, pero el “todo completo” en el resto de alternativas que teníamos en nuestra lista (cómo diría vuestro cuñado “y luego dicen que hay crisis”) nos hizo decantarnos por este local.

Solicitamos un entrante para compartir entre toda la mesa y luego un plato individual cada uno. El servicio, que estuvo “al quite”, nos recomendó cómo inicio el queso “Provolone” fundido: un clásico de las cartas standard de los restaurantes italianos. En este caso, lo acompañaba las hojas de rúcula y el tomate (seguimos con la ronda de alimentos típicos del país de la bota). El entrante estaba bueno, igual un poco “churruscado” pero por dentro estaba para untar. El resultado nos dejó indiferentes.

Queso Provolone

A continuación llegaron los platos individuales. El autor de esta entrada pidió unos “rigatoni” al pesto. Un plato clásico para evaluar si estábamos más cerca de una trattoria del Trastevere o de un Gino’s cualquiera. Los “rigatoni” son, para los que en el pasillo de pastas del hiper no pasan nada más que para comprar el kilo de macarrones para sobrevivir toda la semana, unos tubos de pasta corta bastante grandes y rayados. En el caso de “Mamma Angelina” la ración es bastante grande; nos la sirvieron en esos platos que se van hundiendo en el fondo hasta que tienes que pedir permiso al Ministro Soria para hacer una extracción petrolifera (que visto lo visto seguro que te la concede).

El pesto estaba suave, igual un poco demasiado grasiento, pero nada exagerado. El plato estaba acompañado de unas virutas de parmesano que le daban un sabor distinto y bueno. Lo que si no perdonaremos, si este restaurante quiere destacar en su cocina, es que la pasta estuviese más cocida al nivel de tu abuela que al punto de cocción típico italiano llamado “Al dente”. El resultado es que entre la cocción y que habían “empapado” en el pesto, los “rigatoni” se te derretían en la boca. Así que tampoco estaban muy bien, pero entre la generosidad de la ración y la calidad del pesto pasaban el corte de los perolistas.

Pesto_Mamma_angelina

También probamos los “Gnocchi alla Siciliana” donde primaba también más la cantidad que la calidad.

gnocchi_Mamma_angelina

Finalmente, aunque el resultado de la calidad de lo que probamos fue bastante discreto, tanto la cantidad de los platos cómo el precio (en una cena de más de 5 personas sólo con una botella de agua y una jarra de sangría no pasamos de los 11€ por cabeza) lo convierten en una opción alternativa por si os encontráis por la zona y tenéis más ganas de recordar la cultura italiana que el alcalde de Noja trayendo a Albano (a cualquier precio).

Su página de Facebook.

Dirección: Calle La Fuente, 3. Somo.

Cantidad: Para convertirte en Bud Spencer.
Calidad: No es "bocata di Cardinale" pero cumple.
Servicio: Bien. Se compenetraron cómo un buen coro de Verdi.
Precio: Barato. No nos sentimos cómo un guiri estafado en Venecia.

 

El Solecito, ex-italiano y (ex-restaurante, ha Cerrado)

Editamos esta entrada. Hoy al pasar por el local hemos visto que ha cerrado. Un clásico de Santander que nos deja. Imaginamos que siga con su servicio a domicilio….

Un día te propones ir a un restaurante italiano y como es domingo al mediodía te encuentras con que tus dos primeras opciones están cerradas así que, tirando de memoria, llegar hasta el Solecito en la calle Bonifaz de Santander. Puede que esté equivocado pero este creo que fue de los primeros restaurantes italianos que se pusieron en Santander,  posteriormente se ha volcado en la comida a domicilio y eso le ha hecho perder mucho como italiano pero qué demonios, todo sea por los recuerdos de buenas cenas que hemos tenido allí, ¡vamos a darle una oportunidad!.

El local no es gran cosa, una parte de abajo con barra y tres mesas de estilo moderno y un comedor, en la parte superior con una extraña decoración tribal que te recuerda que allí vas a comer comida italiana de la mismísima Nairobi. Accesibilidad, por cierto, tendiendo a cero, escaleras para entrar al local y escalerazas para subir al comedor,

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Ofrecen un menú un tanto extraño por 10€ que decidimos dejar pasar, ya teníamos el italiano en la cabeza y de ahí no nos iban a mover, queremos nuestros espaghetti, pizza y demás. La carta no va a ganar ningún premio de diseño (ni la web) pero tiene bastantes cosas:

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Al lío, que aquí hemos venido a hablar de comida. Pedimos tres platos de  espaghetti con salsas boloñesa (muy buena), carbonara (bastante buena) y alfredo (salsa de champiñones) que estaba correcta. Las raciones de pasta son para una persona, no se quedan escasas pero tampoco va a sobrar nada en el plato.

Para seguir unos canelones de estilo catalán que no me llamaron mucho la atención ni por el sabor ni por la cantidad (sólo dos canelones cuando un buen tripero se acaba media docena como está mandado). Y por último una pizza que me pareció lo mejor, muy muy rica, con la masa en su punto justo de horno y con el queso abundante y perfectamente derretido. Pedimos una que tenía bonito, anchoas, pimiento rojo y aceitunas negras pero como he dicho lo mejor son la base y el queso así que supongo que estará buena casi cualquiera que elijas (siempre que no lleve piñas ni cosas chungas de esas).

De postre, tiramisú y profiteroles, con aspecto de caseros.

Mención especial para el pan, que te lo traen casero y recién hecho/calentado, muy muy rico, eso sí, a un euro cada bollito.

El precio: unos 55€, no nos quedamos con hambre y menos de 15€ por cabeza, no es caro, en todo caso los postres, el tiramisú 5€ es demasiado para el tamaño que tenía. Eso sí, 3€ por una botella de agua de un litro, miedo me da saber lo que nos habrían cobrado por vino si hubiese sido día propicio para ello.

Dirección: Calle Bonifaz, 19; Santander

Cantidad: lo que se espera en un italiano, no más.
Calidad: Buena, pero sin pasarnos
Presentación: Normal, algún plato de esos grandes
Servicio: Sin quejas ni motivos de albanzas
Precio: No te vas a arruinar