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Pizzería Vittorio: La caída del Imperio Romano

Es verdad que a veces vamos a restaurantes muy finos y otras veces nos dejamos llevar por la pereza sobre qué sitio elegir y aceptamos lo primero que nos den. Y en cuanto a comida italiana en Santander puedes elegir entre el restaurante fino (muy apropiado para aquellos que quiera iniciar sus proyectos de pareja y/o chuscamiento) y las tascas baratas donde vas a ponerte hasta las trancas de pizza.

Anoche elegimos de los últimos (nuestros proyectos de pareja y/o chuscamiento son más escasos que un dirigente del PSOE de Cantabria sin cargo) y nos fuimos a una opción que siempre tenemos en nuestra recamara. Es la pizzeria Vittorio, antigua “Archetto”, en la bajada de la Encina, justo unos metros por encima del bar Manila, el templo (o no según quien preguntes) de la tortilla de patata.

La carta del Vittorio está fundamentalmente compuesta por pizzas en sus diversas modalidades, con una sección de ensaladas y platos de pasta. Tampoco es que sea muchas las opciones a elegir, pero tampoco vamos a comernos la carta completa. De momento probaremos un poco de todo para ver si la cocina mantiene el buen nivel que nos comentan desde hace tiempo.

Uno de los peroleros pidió la lasaña de carne; el pobre había estado todo el día en el sofa y sufría el síndrome de Garfield. El plato estaba, y no es exageración, hasta arriba de queso “presuntamente” parmesano por todo el plato. Directamente había que pedir un permiso de perforación para llegar hasta la lasaña. Cuando una vez que la consejería de industria nos lo concedió y pudimos extraer la pasta rellena de carne picada, nos encontramos con un plato de elaboración normal. No es que una lasaña precocinada de Findus esté mejor, pero la verdad es que este plato pasó sin pena ni gloria por nuestros estómagos. Seguramente, si sirviesen este plato en el país de la bota, los gestos de exageración de los clientes con las manos crearían energía cinética para iluminar todo Napoles por un año.

Lasaña_Vittorio

Otro de nuestros compañeros pidió la pizza romana. Podemos decir que generó en nosotros sentimientos encontrados. Por un lado, la masa nos parece bastante conseguida, quizá no excelente pero sí muy decente, con un punto crujiente por el borde pero nada seca y cierto aroma a buena fermentación. Sin embargo, el relleno de la pizza es donde la misma baja sus puntos. Siguiendo a grandes entendedores de la materia como Ibán Yarza, en la pizza, menos es más, por lo que si tienes una buena masa, no es necesario empapuzarla y rebosar la pizza con un relleno excesivo y grasiento. Así, a Vittorio le sobra un poco de tomate, bastante queso y, en nuestra modesta opinión, un punto menos de horno para que ingredientes como la anchoa no se desintegren.

Pizza_romana_Vittorio

Para ver finalmente cómo andaban en la cocina con las recetas italianas pedimos postre. Por un lado, un tiramisú que cómo todos los que se hacen en España (o el 90% que hemos probado en restaurantes locales) tiene café para alimentar todo un bar de funcionarios un lunes por la mañana. Aparte que no estaba frío y por ello se desmoronaba al primer bocado. La crema de mascarpone estaba buena así cómo el cacao pero sin salvar el sabor a café. El otro postre que se pidió fue una pannacotta, discreta, sin demasiado sabor ni una textura especiales, pero tampoco para fusilar a su creador.

Tiramisu_Vittorio (1)

Finalmente, el resultado por el precio que pagamos estaba bastante bien, porque fue muy barato. Pero así como “Il cavaliere” cambia de siglas políticas sin modificar ni un punto de su programa político, el cambio de nombre de Pizzeria Vittorio es sólo un lavado de cara, porque el resto sigue igual, para bien (sus pizzas están buenas y tienen un precio equilibrado) cómo para mal (sus platos están con aprobado justo y cada vez hay más restaurantes italianos que los hacen mejor por un precio parecido). Así que queda en vuestras manos, lectores. Al final los clientes, cómo los votantes, son los que dan la razón si es suficiente con lo que se hace o se deben hacer reformas. Y eso que en Italia llevan unos cuantos años sin parar de cambiar gobiernos…

Os dejamos su web (old school versión), facebook y para pedidos a domiclio en just-eat.

Dirección: Bajada de la Encina 6, Santander, 39005

Cantidad: Acabas cómo Pavarotti.
Calidad: Cómo el AC Milán. Lleno de viejas glorias que ya no rinden cómo antes.
Presentación: No son obras de arte de los museos vaticanos, pero sus platos son correctos
Servicio: Muy bueno. Estuvieron muy atentos y explicaron los platos.
Precio: Más barato que un "vaporetto" en Venecia. 14 €/persona aprox.

La Tasca: ¡qué pizza, pibe!

Ante un local como La Tasca uno no sabe si tirar de chiste fácil sobre argentinos e italianos o si es mejor recurrir -una vez más, perdonadnos- al símil musical y decir que en La Tasca comió entre el descaro rockanrolero de Celentano y la fina elegancia de Piazzolla.

La cosa es que La Tasca llevaba ya tiempo en nuestro radar y, un poco a ciegas, al no llevar reserva, nos decidimos a probar. Como el local es de dimensiones muy reducidas -apenas tiene cinco o seis mesas- el sitio está cotizado, así que os recomendamos la reserva. Aun así, tuvimos suerte y nos hicieron un hueco.

La carta no es complicada: unos entrantes, unas tostas y pizzas, la gran especialidad de la casa. Para cerrar, postres y cócteles. Bien, los indecisos necesitamos ayudas como esta.

Directamente pasamos a las pizzas, sin más adorno. Son de buen tamaño (lo que en una franquicia llamarían mediana), suficientes para que un buen perolero quede satisfecho. Por encima de todo desataca una masa, muy fina en general, crujiente y sabrosa en los bordes, con un aroma estupendo, digna de su ciudad italiana favorita (salvo Génova, que gustan allí de masa gruesa).

Pero, además, el relleno en la pizza no desmerece para nada la estupenda base. Una salsa de tomate en el perfecto punto de sazón, junto un buen queso hacía una base que ni la rítmica de los Stones en sus orígenes.   pizza_romana_la-tasca

Por un lado, pedimos una Romana, a la que le sentaban a la perfección alcaparras y anchoas, que sin ser de las más finas no dejaban la boca como si hubiese tomado un chupito de agua de la bahía, sino un suave regusto a todas las porciones. Por otro, la napolitana combinaba bien el jamón con el tomate, muy resultona. Muy buena la idea de poner una rodajas de tomate natural. Jugosa, nada pesada y con un toque de orégano pero sin abusar de ello. Especias, Napoles y abusar; no, no estamos hablando del paso de Maradona por San Paolo. Además, Uno de nuestros acompañantes se inclinó por una cuatro quesos, que probamos, y nos pareció estar en la buena línea de las otras, aunque no catamos lo suficiente como para dar un juicio definitivo.

Pizza_napolitana_la_tasca

Para pasarlas, unos estupendos aperitivos italianos (negroni y spritz) que suben a uno el punto -cuidado si los pedís con el estómago vacío porque no son claritas con limón, precisamente.

apertivos_la_tasca

En definitiva, unas pizzas equilibradas, entre una masa sensacional y un relleno gustoso pero no excesivo (no hay nada peor que una pizza empapada en la grasa del queso)., con un precio de risa (de los 5 euros de la margarita a los 9 de las más barrocas; las nuestras rondaban los 6 euros). Una pena que el local no sea un punto más grande, porque clientela tienen de sobra.

Os dejamos su Facebook.

Dirección: Calle Peña Herbosa, 13. Santander

Cantidad: un tamaño de pizza que satisface al buen perolero
Calidad: nos quitamos el sombrero
Presentación: es pizza, sin misterio
Servicio: atento
Precio: pizza + cóctel sale por unos 10 euritos

Mamma Angelina: Platos “Al Dente”

En pleno verano los perolistas buscabamos un restaurante para cenar que estuviese alejado del bullicio de la capital mundialista pero que en el que todavía se sintiese el ambiente del verano, así que haciendo “requiebros” a las cartas infladas de precio y los platos de mala calidad acudimos a un local al otro lado de la bahía.

Tras una búsqueda en profundidad, elegimos al final el restaurante italiano “Mamma Angelina”, en Somo, en los bajos del hotel Bemón. Tenemos que reconocer que no fue nuestra primera opción, pero el “todo completo” en el resto de alternativas que teníamos en nuestra lista (cómo diría vuestro cuñado “y luego dicen que hay crisis”) nos hizo decantarnos por este local.

Solicitamos un entrante para compartir entre toda la mesa y luego un plato individual cada uno. El servicio, que estuvo “al quite”, nos recomendó cómo inicio el queso “Provolone” fundido: un clásico de las cartas standard de los restaurantes italianos. En este caso, lo acompañaba las hojas de rúcula y el tomate (seguimos con la ronda de alimentos típicos del país de la bota). El entrante estaba bueno, igual un poco “churruscado” pero por dentro estaba para untar. El resultado nos dejó indiferentes.

Queso Provolone

A continuación llegaron los platos individuales. El autor de esta entrada pidió unos “rigatoni” al pesto. Un plato clásico para evaluar si estábamos más cerca de una trattoria del Trastevere o de un Gino’s cualquiera. Los “rigatoni” son, para los que en el pasillo de pastas del hiper no pasan nada más que para comprar el kilo de macarrones para sobrevivir toda la semana, unos tubos de pasta corta bastante grandes y rayados. En el caso de “Mamma Angelina” la ración es bastante grande; nos la sirvieron en esos platos que se van hundiendo en el fondo hasta que tienes que pedir permiso al Ministro Soria para hacer una extracción petrolifera (que visto lo visto seguro que te la concede).

El pesto estaba suave, igual un poco demasiado grasiento, pero nada exagerado. El plato estaba acompañado de unas virutas de parmesano que le daban un sabor distinto y bueno. Lo que si no perdonaremos, si este restaurante quiere destacar en su cocina, es que la pasta estuviese más cocida al nivel de tu abuela que al punto de cocción típico italiano llamado “Al dente”. El resultado es que entre la cocción y que habían “empapado” en el pesto, los “rigatoni” se te derretían en la boca. Así que tampoco estaban muy bien, pero entre la generosidad de la ración y la calidad del pesto pasaban el corte de los perolistas.

Pesto_Mamma_angelina

También probamos los “Gnocchi alla Siciliana” donde primaba también más la cantidad que la calidad.

gnocchi_Mamma_angelina

Finalmente, aunque el resultado de la calidad de lo que probamos fue bastante discreto, tanto la cantidad de los platos cómo el precio (en una cena de más de 5 personas sólo con una botella de agua y una jarra de sangría no pasamos de los 11€ por cabeza) lo convierten en una opción alternativa por si os encontráis por la zona y tenéis más ganas de recordar la cultura italiana que el alcalde de Noja trayendo a Albano (a cualquier precio).

Su página de Facebook.

Dirección: Calle La Fuente, 3. Somo.

Cantidad: Para convertirte en Bud Spencer.
Calidad: No es "bocata di Cardinale" pero cumple.
Servicio: Bien. Se compenetraron cómo un buen coro de Verdi.
Precio: Barato. No nos sentimos cómo un guiri estafado en Venecia.

 

El Solecito, ex-italiano y (ex-restaurante, ha Cerrado)

Editamos esta entrada. Hoy al pasar por el local hemos visto que ha cerrado. Un clásico de Santander que nos deja. Imaginamos que siga con su servicio a domicilio….

Un día te propones ir a un restaurante italiano y como es domingo al mediodía te encuentras con que tus dos primeras opciones están cerradas así que, tirando de memoria, llegar hasta el Solecito en la calle Bonifaz de Santander. Puede que esté equivocado pero este creo que fue de los primeros restaurantes italianos que se pusieron en Santander,  posteriormente se ha volcado en la comida a domicilio y eso le ha hecho perder mucho como italiano pero qué demonios, todo sea por los recuerdos de buenas cenas que hemos tenido allí, ¡vamos a darle una oportunidad!.

El local no es gran cosa, una parte de abajo con barra y tres mesas de estilo moderno y un comedor, en la parte superior con una extraña decoración tribal que te recuerda que allí vas a comer comida italiana de la mismísima Nairobi. Accesibilidad, por cierto, tendiendo a cero, escaleras para entrar al local y escalerazas para subir al comedor,

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Ofrecen un menú un tanto extraño por 10€ que decidimos dejar pasar, ya teníamos el italiano en la cabeza y de ahí no nos iban a mover, queremos nuestros espaghetti, pizza y demás. La carta no va a ganar ningún premio de diseño (ni la web) pero tiene bastantes cosas:

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Al lío, que aquí hemos venido a hablar de comida. Pedimos tres platos de  espaghetti con salsas boloñesa (muy buena), carbonara (bastante buena) y alfredo (salsa de champiñones) que estaba correcta. Las raciones de pasta son para una persona, no se quedan escasas pero tampoco va a sobrar nada en el plato.

Para seguir unos canelones de estilo catalán que no me llamaron mucho la atención ni por el sabor ni por la cantidad (sólo dos canelones cuando un buen tripero se acaba media docena como está mandado). Y por último una pizza que me pareció lo mejor, muy muy rica, con la masa en su punto justo de horno y con el queso abundante y perfectamente derretido. Pedimos una que tenía bonito, anchoas, pimiento rojo y aceitunas negras pero como he dicho lo mejor son la base y el queso así que supongo que estará buena casi cualquiera que elijas (siempre que no lleve piñas ni cosas chungas de esas).

De postre, tiramisú y profiteroles, con aspecto de caseros.

Mención especial para el pan, que te lo traen casero y recién hecho/calentado, muy muy rico, eso sí, a un euro cada bollito.

El precio: unos 55€, no nos quedamos con hambre y menos de 15€ por cabeza, no es caro, en todo caso los postres, el tiramisú 5€ es demasiado para el tamaño que tenía. Eso sí, 3€ por una botella de agua de un litro, miedo me da saber lo que nos habrían cobrado por vino si hubiese sido día propicio para ello.

Dirección: Calle Bonifaz, 19; Santander

Cantidad: lo que se espera en un italiano, no más.
Calidad: Buena, pero sin pasarnos
Presentación: Normal, algún plato de esos grandes
Servicio: Sin quejas ni motivos de albanzas
Precio: No te vas a arruinar