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Santemar: el muro de las lamentaciones tortilleras

La tortilla, por origen e ingredientes es, esencialmente, un plato popular, hasta paleto para los más retrógrados. Así, haciendo recuento de nuestras experiencias tortilleras, vimos que no teníamos probada ninguna tortilla de ese mundo de pan blanco que es el uptown santanderino, a salvo de alguna incursión en Valdenoja  Cueto. Así, nos presentamos en uno de los núcleos duros e irradiantes del Sardinero: el Santemar, Joaquín Costa, allí donde se respira a Lacoste y brillantina, junto a perennes iconos santanderinos como el Amarras, Diferente o el Pepé.

A título personal, no hemos encontrado ninguna tortilla en los buffets de los hoteles decente, no digamos digna. Así que encarábamos la vista a la cafetería del ilustre hotel con miedo. Y, desde luego, todo no fue ganas de cantar como el personal del hotel en su último villancico navideño.

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Más bien lo contrario. La tortilla es un importante mazacote, demasiado cuajada en nuestra opinión, en el que la patata está planamente frita (casi diríamos que cocida) y su interacción con el huevo es nula, resultando ser un muro de mampostería en el que el huevo es la argamasa que tímidamente custodia el tubérculo, pero sin cohesión, con esa extraña humedad que se les queda a algunas tortillas, como podéis apreciar en la foto siguiente la sección y corte de la misma. Un verdadero muro donde lamentar todas las tortillas indignas que en el mundo han sido.

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La cobertura -en este caso bonito con mayonesa- ni bien ni mal: no era excesiva en mayonesa pero en algunos puntos el bonito andaba escasamente desmigado.

Al menos, el café sí es decente, pero ello no justifica el sobreprecio (2,80 €) de una tortilla francamente mejorable, más en un establecimiento que en las casetas de Semana Grande siempre ha rayado a un buen nivel. Si, como decía Avi en Snatch, hablar bien no cuesta una puta mierda, lo mismo podemos decir de hacer una tortilla en la cafetería de un establecimiento de categoría.

Cantidad: normal y correcto.
Calidad: al nivel de su villancico.
Presentación: clásica.
Servicio: atento.
Precio: 2,80 € café + pincho. Caro.

Escudero: Se hacen tortillas al caminar.

Varios lectores nos habían pedido que fueramos a la cafetería Escudero a probar sus tortillas, sustento de la mayoría de los estudiantes de ciencias de la Universidad de Cantabria durante varias generaciones. Sus pinchos han saciado más necesidades que una beca de comedor, y nos comentaron que además tenían un precio imbatible. Nos contaban que su oferta económica era más insuperable que la de las obras de Valdecilla. Por lo menos aquí ya estaba abierto el bar.

No lo dudamos y en el primer hueco libre que tuvimos fuimos a ver qué se cocía en este bar con solera en la avenida de los castros. Al entrar vimos la barra repleta de tortillas de diferentes colores, sabores y texturas. Pero vamos a realizar la prueba justa para el santanderino de náuticos y slam: atún con mayonesa. En un alarde  matemático que ni al número 1 de la promoción de industriales se le hubiese pasado (salvo que le gustase la gastronomía tanto como nosotros) pedimos el último pincho de esta especialidad; siempre queda el último como el más grande.  Y eso no hay beca Marie Curie que lo discuta.

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El pincho está bien de sabor, sin alardes, no está muy hecha siguiendo el estilo de las tortillas del norte de España/Invernalia y posee una “boina” justa de ingredientes pero sin quedar escaso de atún y mayonesa. En el “debe” tendremos que mencionar su poca altura, aunque no llega a tipo “plantilla de zapato” y su excesiva pizca de sal.

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Pero poner “peros” a una tortilla que lleva año tras año vendiéndose como churros es un ejercicio de opinión un poco absurdo; vamos, que es más realista la declaración de hacienda de la familia Pujol que nuestra cata de un sólo día. Además, amigos, el precio, pero qué precio. Ni Black Friday ni campañas de El Corte Inglés, café (mediano o grande) con pincho por dos euros. Así no puedes pedirles más. El precio más competitivo que conocemos. En la facultad de económicas no triunfarán con su agresiva política de precios. Por algo están al final de la avenida. Ojalá sigan así.

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Dirección: Av. de los Castros, 53, 39005 Santander, Cantabria

Cantidad: Buen tamaño para un funcionario.
Calidad: Bien. No tiene que ir a la convocatoria extraordinaria.
Presentación: ¿Estamos en un estrella michelín? Pues eso.
Servicio: Nueva mejor marca del año en velocidad.
Precio: Más barato que el precio del petróleo.

Flamenquito a media mañana

No, no vamos a hablaros de un restaurante andaluz. Realmente hemos utilizado esa técnica tan de moda en muchos “digitales” (¿?) cántabros de poner un titular de impacto y luego fusilar un teletipo. Pero claro, luego lo hemos pensado mejor y además del titular os contaremos alguna cosa más de ese momento tan especial en nuestras vidas como es el pincho de media mañana.

“Los Flamencos” es un café-bar que está en la calle Alta,  y que nos imaginamos que tiene ese nombre más bien por esas aves que viven plácidamente en el Parque de Doñana, siempre eso sí que no caiga una granizada ciclogénica o que alguna empresa contaminante ejerza de tal y les llene de mierda las lagunas que habitan.

Vaya rollo para hablar de un pincho de tortilla. Vamos al lío. La verdad es que no es un sitio de paso, que te pille a mano en medio de tus gestiones por el centro de Santander. Sin embargo cuando a un perolista le asalta el hambre lo importante es lo importante, y hay que tener prioridades, ergo hay que llenar el buche como sea.

Nos cogió la visita a media mañana, y el local estaba atestado de parroquianos que llenaban tanto la barra como las mesas del exterior. A la vista de los pinchos nos aventuramos a probar uno de tortilla coronado por jamón y queso junto al pertinente café mediano para facilitar la deglución.

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La tortilla, que aunque no lo parezca tenía ya no menos de una hora de vida, cumplía los canones de la belleza perolera. Jugosa, puntillo leve de cebolla, patata en su punto (ni cruda ni pasada de fritura), y quizás, por poner un pero, un pelín salada. Nos gustó.

El pan, del día, ya empezaba a perder la textura crujiente aunque todavía a esa hora era cumplidor. El café, muy bueno. En su conjunto fueron los ingredientes perfectos para que los apenas cinco minutos que empleamos en engullir sólido y líquido fueran más que placenteros.

Y encima todo por 2,20, lo que para la media perolera (2,50) lo sitúa en la órbita de los sitios que merece la pena visitar. A ver, no es una zona típica de picoteo, ni es céntrico del todo, así que realmente si váis es únicamente por probar el pincho. Vosotros mismos, al menos no tendréis que pedir un crédito para pagarlo.

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Dirección: Calle Alta, 48, 39008 Santander, Cantabria

Cantidad: Correcta.
Calidad: Pasa el corte ampliamente.
Presentación: Cumple nuestros cánones.
Servicio: Era hora punta, desbordados.
Precio: Café con pincho 2,20€. Si se puede.

 

Donde siempre

Nuestra infinita y proustiana búsqueda de la tortilla perdida nos lleva a husmear hasta en los más recónditos lugares de Santander. A lo mejor os suena exagerado, pero, para el comando perolero asignado a esta misión, tan STV que piensa que Santander acaba en Cuatro Caminos, ir hasta Cueto -lo llaman Valdenoja y no lo es, que así lo dice bien bonito el famoso cartel de la rotonda- es como una excursión. Así, confiados por el pretendido oráculo de Delfos de la gastronomía autóctona, nos presentamos a desayunar con notable hambre en este local un poco oculto entre los soportales.

Quizá nos acercamos a una hora muy temprana para la zona, pero no estaban ni montadas las mesas de la terraza, y tampoco veíamos a nadie en la barra. Así que tras hacer los ruiditos de rigor con sillas y periódico -detalle vintage, tienen el Alerta-, conseguimos nuestro pincho, en este caso, cubierto de alioli, paleta ibérica y setas, que tantos elogios concitó entre algunos.

Desglosemos el pincho por capas. La cobertura no está mal, pues la paleta sabe a algo, el alioli no está a una potencia atómica y las setas cumplen, aunque, quizá aporte demasiada sal al conjunto de la tortilla. Nos gusta la costumbre santanderina de untar la tortilla, pero creemos que, parafraseando a Guillermo de Occam, en igualdad de condiciones, la cobertura más sencilla suele ser la correcta. Traducido: no cambiamos esta o las mil que ofrece el Quebec por las clásicas y equilibradas de jamón y queso o bonito. La tortilla, en sí misma, es correcta, pero tampoco es una locura: jugosa y bien oficiada, pero sin nada que nos haga pensar en que merece la pena ir hasta allí de vez en cuando para repetir, algo que sí nos pasa, por ejemplo, con la vecina de Pizza Jardín.

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En resumen, una tortilla más que decente, pero claramente un escalón por debajo de nuestras favoritas. A su favor, un café bastante digno, servido a una temperatura apta para el consumo humano, y un precio bastante ajustado, por debajo de la media de nuestra ciudad.

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Dirección: Calle Valdenoja 33. Santander.

Cantidad: La ración recomendada para empezar el día.
Calidad: Bien, pero sin pasarnos.
Presentación: Corriente.
Servicio: Amables y rápidos cuando les llamamos.
Precio: 2,30 pincho más café. Por debajo de la media.

Navajeda Sport’s Tavern: Le han echado huevos.

Está de moda eso de la transparencia (aunque luego la realidad dice que cuanto más difícil se lo pongas al ciudadano más jodido tendrá encontrar lo que busca) y la verdad es que alguno se preguntará por qué volvemos al Navajeda Sport’s tavern si ya le pusimos de vuelta y media por su pincho (no es porque nos guste el sadomasoquismo) además de que expresamos que tenían que hacer mucho que mejorar. Es más si queréis ver nuestro primer juicio podréis conocer en este enlace lo que publicamos en Mayo.

Pues el motivo fue porque a través de nuestro canal en Facebook, los responsables del local se pusieron en contacto con nosotros para reconocer sus errores y con el propósito de enmienda de mejorar sus tortillas. Así que tras un plazo de tiempo prudencial para que cogieran el punto a la tortilla volvimos a ver cómo habían cambiado en su manera de elaborar el desayuno español por excelencia (perdón por la enfatización nacional pero es que acabamos de ver el mundial de badminton y se te pegan unas letras…)

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Para realizar la prueba con más rigurosidad que un experimento de “El Hormiguero” pedimos el mismo pincho: tortilla vegetal  y un café mediano. Al obtener el trozo de tortilla ya vimos que no era lo mismo. Estaba menos hecha y cuajada que la que probamos en Mayo. Y para nosotros, que nos embadurnamos en huevo liquido si hace falta, nos parece muy bien este primer cambio. Pero ahora viene el momento de la verdad y detectar con nuestras papilas gustativas si el pincho ya estaba apto para personas con tensión alta. Y la verdad es que sí. Es más, incluso poniéndonos más quisquillosos que un cliente pedante en tripadvisor (a las pruebas nos remitimos) podríamos decir que estaba un poco sosa. Pero para echar sal siempre hay oportunidad. No nos falló la vista sobre el cuajo de la tortilla, estaba mas liquida y eso es amor para nuestro blog. Además la ración seguía siendo generosa, y la capa vegetal estaba menos “difuminada” que la anterior vez entre pegotes de mayonesa, aunque algo si tenía; una vil tradición de nuestros bares con las tortillas en las que echando kilos de mayonesa todo se tapa. A ver si la solución a las crisis internas de los partidos políticos son botes de Ybarra y no reparto de cargos en la administración…

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En definitiva, el cambio que nos dijeron los responsables de Navajeda Sport’s tavern iban a hacer según nos comentaron sí se ha producido. Ahora no es la mejor tortilla, pero “progresan adecuadamente”. Además tuvieron los “arrestos” para escribirnos a nosotros, algo que en la historia de “El Perolo” sólo recordamos que Casa Setién haya hecho. Nuestro reconocimiento a ambos y que el resto aprendan. A veces las cosas no salen cómo esperaban, cómo las cuentas del mundial de vela, pero la autocrítica siempre es positiva. Ojalá nos escucharan más a los clientes, que casi siempre son la mayor fuente (o la única, facturas de la administración aparte) de los ingresos en la hostelería.

Os dejamos su web, facebook y Google +.

Dirección: Av. Marqués de Valdecilla, 159. Soto de la Marina.

Cantidad: Pincho grande. Para llenar un buen estomago.
Calidad: Han mejorado. Ya está apta para hipertensos.
Presentación: Triangulo perfecto. Ni con escuadra y cartabón les hubiese salido mejor.
Servicio: Había clientela pero no se desbordaron por ello.
Precio: 2,80 euros con mediano. Si siguen mejorando lo merecerá.

Oh La lá! Bistro, el pincho que pudo reinar.

Como ya sabéis a los peroleros hay dos platos que nos obsesionan, las croquetas y la tortilla, y siempre andamos a la búsqueda de los mejores lugares para comerlos.

Como si fuésemos Indiana Jones en busca del Santo Grial está vez nos hemos acercado hasta el Oh, la lá!, donde ya habíamos estado antes de iniciar nuestro blog, y de donde manteníamos el recuerdo de haber comido uno de los mejores pinchos de tortilla campera del mundo mundial.

Con ese recuerdo en la cabeza y las papilas gustativas salivando por la esperanza de volver a comer uno de los mejores pinchos de Santander, nos adentramos en el local.  Nos acercamos a la barra y pedimos pincho de tortilla y café, un desayuno tan clásico como que el PP gobierne en Santander o ya no…

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La primera decepción salta a la vista, esa tortilla jugosa que recordábamos se había convertido en un pincho compacto aunque con su punto de jugosidad, que lo rescata de incluirlo en nuestro ranking de Megaconstrucciones. La tortilla en su conjunto es aceptable, a la patata le faltaba un punto de fritura y el cuajo de la tortilla estaba lejos de nuestro referente supremo, el Catavinos, pero de sabor estaba correcta.

En su conjunto el resultado fue decepcionante, marcado por una referencia anterior que rozaba el sobresaliente, lo mismo que te pasa cuando ves una película actual de Ridley Scott y acabas pensando que el bueno era Tony.

Aquí os dejamos su facebook por si quereis echar un ojo.

Dirección: Calle Rualasal, 15; Santander

Cantidad: Correcta.
Calidad: aceptable.
Servicio: Rápido y profesional.
Precio:café y pincho 2,60€

La Ramonoteca: El Quebec ¿digievoluciona?

La cadena de bares Quebec, especializados en hacer tortillas cómo churros  o “fast omellette”, ha realizado una inversión al más puro estilo Florentino Pérez y ha adquirido el local donde se encontraba la antigua cafetería Vega. Lo ha reformado para crear un nuevo bar que podría estar entre los que la prensa especializada calificaría de “gastrobar”, el ciudadano de pie “bar de pinchos” o “cafetería para la parada de las 11:30” y nosotros que somos más punkis lo llamamos “otro local modernete para espantar a las señoronas del cafe y vaso de agua”.

Con el prejuicio que ellos mismos se denominan (By Quebec), nuestra mala experiencia en su franquicia y que en el género tortillesco nos hemos puesto más exigentes que Ángela Merkel con  Yanis Varoufakis decidimos dar otra oportunidad, a ver si se han cambiado algo más que el nombre.

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Cómo muestra del experimento escogimos el pincho de bonito con mayonesa y un mediano (Café con leche para los que viven más allá del muro de Invernalia / Campoo). Nos pusieron un pincho de cantidad suficiente para poder comprobar el resultado de su elaboración. Y pasó lo que nos temíamos. El pincho tenía las mismas técnicas, ingredientes y sabores que las de los bares de la marca. Una tortilla sosa, bastante cuajada,  sincebollista, con un bonito que tiene menos sabor que el de Hacendado,  y un trozo de pan mustio.

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El café estaba pasable. A destacar muy positivamente la labor del camarero en la barra que desde que entramos por la puerta nos atendió de manera excepcional y con ganas.  De estos no hay muchos que se precien.

Así que no lo dudéis. Si en “La Ramonoteca” anuncian que viene del Quebec, no es un engaño. Se han llevado (creemos que de forma negativa) los mismos detalles que su predecesor.  Esperamos que no siga habiendo más escisiones de este tipo. Con los partidos de izquierda ya tenemos bastante problemas para elegir.

Dirección: Jesus de Monasterio, 6. Santander.

Cantidad: Un buen tripero en 3 bocados se lo acaba.
Calidad: Tortilla jugosa pero sin sabor. Aprobado
Presentación: Bien. Con plato cuadrado.
Servicio: Excelente. Más atento que Casillas en un corner.
Precio: 2,90 € con mediano. Caro para lo que te sirven.