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Umma, peregrinación obligatoria

Sí, sí, ya os estamos escuchando… tanto idolatrar las croquetas y todavía no habían  escrito nada sobre el Umma… tenéis toda la razón, somos un fraude, pero a estas alturas ya os debíais de haber dado cuenta.

La verdad es que llevábamos bastante tiempo pendientes de visitar el Umma pero  la divina providencia no  había querido que esto sucediera, y nos había hecho  deambular por un purgatorio croquetil en el que en escasas ocasiones veíamos las puertas del cielo entreabiertas. Pero como todo buen creyente nunca abandonamos nuestra fe y esta termino por guiarnos al Umma.

Llegamos a cenar sin reserva y tuvimos la suerte de que quedase una mesa para dos libre.  Una vez sentados revisamos la carta y la camarera nos cantó los platos fuera de carta, con precio incluido como se debe hacer. Tras revisar la carta y atender a las recomendaciones nos decidimos por compartir tres platos: media ración de croquetas, empanadas de gambas al ajillo y un lomo de vaca.

Lo primero en llegar a la mesa fueron las croquetas.  Se nos aparecieron en la mesa con una forma redondeada casi perfecta  propia de una divinidad. La partimos  para probarla con delicadeza y nos la llevamos a la boca. Fue en ese instante cuando   surgió nuestra revelación, igual que les paso a los argentinos con la “mano de dios” de Maradona, no pudimos más que adorar esa croqueta cremosa, sabrosa y delicada. Los argentinos crearon la iglesia maradoniana y a nosotros no nos va a quedar más remedio que crear la “iglesia croquetiana” cuyo primer mandamiento es ir al menos una vez al año a comer croquetas al Umma.

croquetas umma

El segundo plato en llegar a la mesa fueron las empanadas de gambas al ajillo que eran unas gyozas rellenas y acompañadas de algas y de salsa  sriracha. La pasta de las empanadillas estaba quizás un poco dura, pero el conjunto del plato era bueno  con un buen equilibrio de ajo y un muy buen aporte del alga  a la combinación de sabores del plato.

empanadillas-gambas-ajillo

Por último llego el lomo de vaca. El lomo de vaca venía acompañado de una ensalada de rúcula, peras y queso de Tresviso.  El lomo lo pedimos poco hecho y llegó justo en el punto solicitado. Una pieza de carne de muy buena calidad que cuando combinabas con el dulzor de la pera y la potencia del queso de Tresviso el resultado era estupendo. Un acierto de plato aunque algo caro.

lomo-de-vaca

Para rellenar algún hueco que nos debía de quedar pedimos  una tarta de pera. La tarta eran unas peras confitadas entre unas obleas crujientes y acompañadas por un helado de menta casero y unas nueces tostadas en exceso lo que amargaba un poco el sabor de la tarta. Aún con este pequeño defecto el resultado era bueno.

Nuestro paso por el Umma fue muy satisfactorio y sin duda volveremos pronto aunque sólo sea a comer unas croquetas en la barra. Es el lugar de peregrinación de la iglesia croquetiana.

Si queréis más información sobre el Umma os dejamos enlace a su web y a su FB.

Dirección:  C/ del Sol 47. Santander

Cantidad: las raciones están bien de tamaño. La ración de croquetas es de 12 unidades.
Calidad: muy buena.
Presentación: moderna sin estridencias.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: alto. De 30€ por cabeza en adelante.

La Trainera, pedreñismo de toda la vida

Los STV somos un poco como los musulmanes, ellos tiene su peregrinación a la Meca y nosotros todos los veranos peregrinamos a  Pedreña  para honrar a la  sardina. Es un ritual migratorio que siempre debe incluir el paseo en “pedreñera”,  barco para los castellanos, y cena o comida en uno de sus asadores.

Como ya  os habíamos dado nuestra opinión del  Tronky, en este viaje decidimos pasar por la Trainera, el   asador clásico de Pedreña de toda la vida .

En está visita nos salimos del,  para servidor,  el menú perfecto en la Trainera, sardinas y chipirones encebollados para picar y cualquiera de sus arroces para  cerrar.

Para este viaje  decidimos pedir varios platos para compartir. El primero en salir fue la ensaladilla.  Presentada en bolitas individuales como si fuese un helado, la ensaladilla estaba suave  y bastante buena, si bien es cierto que  preferimos  las patata un poco más grande y que quede más suelta.

ensaladilla-Trainera

A la ensaladilla la siguieron unas rabas, bien fritas y con un buen sabor y textura, aunque quizás un poco sosas.

rabas la trainera

Como no puede faltar en la mesa de un perolista, las croquetas hicieron su aparición en tercer lugar, unas   croquetas de pollo con una bechamel suave y con buen sabor, aunque sin ser una maravilla pasaban sobradamente el corte.

croquetas la trainera

Tras las croquetas llegaron los bocartes, esa joya del cantábrico que podríamos  devorar en cualquiera de sus variedades,  en este caso fueron fritos.  Género de calidad y bien fritos aunque algo sosos.

bocartes-trainera

Por último aterrizaron en nuestra mesa unos chipirones encebollados, un plato rico, con el chipiron en su punto exacto y una salsa para untar pan.

chipirones-trainera

Para rematar y llenar esos huecos que  quedaban  y un poco por glotonería terminamos con una trata de hojaldre que cumplió.

tarta-hojaldre-trainera

Como siempre, de la Trainera sales con la sensación de haber comido bien, aunque  en esta visita no fuese de  sus mejores días. Tendremos que volver para  contaros lo que en nuestra opinión es el menú ideal en la Trainera.

Dirección: Av. Severiano Ballesteros, 134. Pedreña

Cantidad: las raciones son de un tamaño medios, sin exceso.
Calidad: buena aunque este no fue su mejor día.
Presentación: como buen clásico, viejuna.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: el picoteo sobre 16€ por persona.Si te sales de ciertos platos no es barato.

 

Picoteo en Le Bistró

Hay veces que por más vuelta que le das resulta difícil buscar  locales en Santander donde  ir a comer de picoteo y más si hay niños en el grupo. Uno de esos día y después de muchas consultas decidimos  acercarnos a Le Bistró,  un restaurante situado  en la C/ Bonifaz  en el local que  los más viejunos recordarán como el Ítaca.

Le Bistró   (preferimos  poneros un enlace  a  la wikipedia  que copiarlo aquí directamente y haceros creer   que sabemos mucho) es un local de esa tendencia actual de decoración sencilla con toque retro-rural que  el hipsterismo ha puesto tan de moda.  Su carta es sencilla y cuenta con variedad de raciones para picotear que es a lo que íbamos.

Empezamos el picoteo con una ensalada de tomate. El inicio no fue muy prometedor… el tómate estaba frío y  el aliño apenas le sacaba sabor.

ensalada_tomate-bistro

La tarde empezó a mejorar con la llegada de las rabas, que sin ser excelsas, estaban bastante bien, correctas de fritura. Para  talibanes del cantabrísmo señalar que se sirven acompañadas de  una mahonesa suave.

rabas_bistro

Con las alitas de pollo volvimos a dar un paso atrás, esto ya empezaba a parecer la canción de Ricky Martin,  secas y con una salsa barbacoa con menos gracia   que Pablo Motos.

alitas-bistro

La siguiente ración que llego a la mesa fueron unas croquetas de bacalao y chorizo con el mismo problema generalizado de lo que llevábamos probado, una preocupante falta de sabor, y en este caso, una sospechosa similitud a las de  Silvia Cocinitas (extendida broma tuitera).

croquetas_bistro

Pero como si del R. Madrid se tratase llego la remontada en el último minuto y esta vez no fue de penalty. Los huevos fritos con morcilla y patatas  levantaron claramente  la comida, alguno dirá bueno un plato sencillito  pero como se demuestra a diario este axioma no se cumple en todos los sitios. Un plato que se resuelve  con un principio básico, si la materia prima es buena  el plato tiene que salir bueno.
huevos_morcilla

Nuestro paso por Le Bistró  nos deja una conclusión clara, si buscas un sitio para comer huevos fritos en el centro de Santander, Le Bistró es una buena  opción y más teniendo en cuenta que es un plato que escasea en las cartas de los restaurantes de la zona.

Os dejamos su FB por si queréis echar un ojo.

Dirección: C/ Bonifaz nº 5, Santander.

Cantidad: las raciones son de un tamaño decente.
Calidad: altibajos.
Presentación: bien, de nueva tendencia hipster.
Servicio: bueno.
Precio: el picoteo sobre 16€ por persona.

Magnolia con rima

Autor: @patricianuro

Último domingo de febrero, lluvia y frío
Vermús, cerveza y El Cadelo cerrado en el Río.
¿Dónde ir después de comer ostras irlandesas
en La Mar y habernos sentido cual duquesas?

Pues al Magnolia en Tetuán, a ver si en la capital
Los de Suesa lo hacen igual.
El sitio es original, singular, peculiar
Con lo difícil que ahora es molar.

carta-magnolia

Para picar croquetotas de gamba al ajillo
Con sabor, cremosas,  grandes y muy ricas
No sobró nada de nada, ni una pizca
Son croquetas hechas con cariño, nada de en un ratillo.

Croquetas_magnolia_santander

Boquerones en vinagre con pesto y chips
Para eso que llaman romper en boca
Y la mezcla un poco sí te vuelve loca.

boquerones_magnolia_santander

Tabla de quesos sui géneris de quesos de verdad
nada de quesos de plástico del Lupa o similar.
Buenísimos aunque sólo hubo de tres tipos
y esa cantidad no te quita ni el hipo.

 

Unos garbanzos con langostinos para la señorita
A las señoritas nos gustan los platos de cuchara
Elegimos culo o cara. Tocaba cara.
Buen guiso, como lo haría nuestra abuelita.

garbanzos_langostinos_magnolia_santander

Unas carrilleras al vino con patatas fritas para el caballero
tan buenas y tan ricas como el sol de febrero.

carrilleras_magnolia

Secreto ibérico a la plancha con pimientos rojos.
El comensal los pidió sin chimichurri argentino
Tenía planes , es un poco cochino.
Parecían mantequilla,
Dios santo, qué maravilla.

presa_magnolia_santander

Burrata de pimientos asados con tostas
Lo más normal
sin que estuviera  mal.

Tosta_pimientos_magnolia_santander

Panacotta de chocolate blanco y tarta de queso
de postre.  Qué delicia de tarta, Dios santo,
casera, al horno y dulce sin empalagar tanto.

tarta_queso_magnolia_santander

Bebimos dos botellas de vino que encarecieron la cuenta
pero que nos hicieron la comida aún más suculenta.

Si quieres a alguien conquistar
Al Magnolia le has de llevar.
Yo así lo haré
y a ti te conquistaré.

Cantidad: normal
Calidad: muy bien. El dichoso rockandroll está en sus platos.
Presentación: sencilla pero fresca.
Servicio: muy agradables.
Precio: 30€ por persona con dos botellas de vino, agua y cafés. Justo.

La mar brava: un viaje al Perú

No somos grandes peritos en El Perolo en cocinas del mundo más o menos exóticas -salvo algún escarceo con el sushi o los mexicanos, con ilustre padrino en el segundo caso- pero no por ello podíamos ignorar que en el pasado año han comenzado su andadura varios establecimientos dedicados a una de las cocinas más de moda en este momento: la peruana. Así, un poco sin saber qué íbamos a encontrar, nos plantamos a comer en La Mar Brava, un peruano situado por la zona de la Avenida de los Castros que, en un sitio un poco escondido, ocupa el lugar de un antiguo bar de barrio.

La carta, no muy larga, se basa, como no podía ser de otra manera, en especialidades peruanas, con especial atención a cebiches, pero también a algún clásico de aquí, como las rabas o los rejos, pasados por un filtro de allí. Como andábamos un poco perdidos, el cocinero, ejerciendo también por momentos de camarero, nos recomendó. Y, tras una pequeña espera entretenida con una rica Cusqueña, cerveza negra del Perú, pudimos comprobar que acertó de pleno.

Abrimos el viaje con un tamal. Este platillo, como dice al otro lado del charco, tiene versiones en toda iberoamérica. En este caso, sobre una hoja de plátano -que le da un toque exótico a la presentación– una especie de masa de maíz, al borde del desastre de blanda, custodia unos pedazos de carne de cerdo muy sabrosa, algunas aceitunas y trocitos de ají que aportaban su picantillo. Como acompañamiento, corona el tamal una generosa cantidad de cebolla morada, marinada con limón y cilantro, lo que resta algo de la agresividad del bulbo. El conjunto combina muy bien sabores más dulces como el del maiz, la carne de cerdo más salada, picantes como el ají y, el ácido y el frescor de la cebolla con cilantro.

TamalComo segundo, prescindimos del tan traído cebiche y nos inclinamos por una de las especialidades chifa, esto es, la cocina que los cantoneses que emigraron a Perú adaptaron a los ingredientes y gustos locales: el arroz chaufa, en este caso, de pollo. Nos presentaron una pequeña gran pirámide de un arroz de grano largo, muy suelto, ligeramente tostado y muy bien especiado con pequeños trozos de pollo, cebolleta, pimiento y toques de jengibre. No penséis en un arroz frito de un chino cualquiera, pues este no resulta nada graso y es sutilmente aromático. Los aventureros de la escala de Scoville pueden probar a acompañarlo de una salsa de ajíes de potencia verdaderamente atómica.

Arroz chaufa

Para cerrar, una tarta de tiramisú al pisco. Si bien no estaba tan estupendo como los anteriores, el bizcocho borracho con el queso crema fueron una combinación bien resultona para cerrar.

Tiramisú pisco

En definitiva, estamos ante un local modesto pero agradable, con personal muy atento y un precio razonable. Una buena y sabrosa opción para iniciarse, sin prisas, porque el servicio no es especialmente rápido, en la comida peruana en un sitio que, a buen seguro, transportará a sus compatriotas al otro lado del Atlántico en los días de nostalgia

Dirección: Ramón Saénz de Andana, 17. Santander

Cantidad: Abundante, las raciones son buenas para compartir
Calidad: Notable, conocen bien su oficio.
Presentación: Sencilla sin renunciar a sus raíces.
Servicio: No es el más rápido pero es muy atento y aconseja.
Precio: Por poco más de 15 euros comes mucho.

Zissou un universo acuático

Allá por 2004, Wes Anderson filmó Life Aquatic, una delirante comedia en la que el oceanógrafo Steve Zissou, un híbrido entre Cousteu y el Capitán Ahab interpretado por Bill Murray, se lanzaba a una loca aventura en busca del tiburón que había matado a su padre.

Inspirado en el personaje de Murray, abrió hace unos meses en Santander un nuevo restaurante llamado Zissou y es ahí donde entramos en acción los locos documentalistas del Perolo.

El primer plato en ser filmado por nuestra tripulación fueron dos raciones de rabas, ese plato tan mitológico en la gastronomía cántabra como Moby Dick en la literatura. Unas rabas en su punto de fritura, sabrosas y acompañadas por un suave alioli, un buen plato.

El siguiente espécimen en ser filmado por nuestros documentalistas fueron unas almejas en salsa verde.  En este caso, parecían submarinos en el potingue verde. Estaban sabrosas aunque en el lado negativo algunas de ellas estaban más cerradas que la cueva de Altamira (salvo que seas un multimillonario y conozcas a Francisco Martín). Así que nuestro gozo en un pozo.

Los entrantes los completamos con un steak tartar. Nos llegó ya realizado, nada de shows en directo realizandolo en la mesa (tampoco hay espacio en el local, todo hay que decirlo). Para los que no es nuestro plato más apetitoso hay que decir que estaba bueno. Carne fresca, bien macerada y frío, quizás demasiado.

Así como en los entrantes el pescado fue la elección mayoritaria, en los platos principales la carne ganó por mayoría absoluta.

Varios pedimos el lomo de vaca a la plancha con patatas y pimientos de guarnición. Carne al punto, tirando a poco hecha (cómo se pidió), en una ración donde la guarnición estaba a la misma altura del plato, con unas patatas fritas, sin exceso de aceite y unos pimientos asados bien elaborados. El plato nos gustó sin reservas.

El solomillo estaba en su punto justo, tal como lo pedimos, tierno como la mantequilla y bien secundado por las patatas, las salsas y unos toques de romero que realzaban el sabor limpio de la carne.

El plato de carilleras bajó un poco el nivel general, buen producto pero para nuestro gusto un poco secas.

Para rematar la cena algún perolero goloso se ánimo a pedir postre. Pedimos la tarta de manzana con helado, un hojaldre caramelizado con la manzana, similar a los pasteles que puedes encontrarte en cualquier bandeja de fiesta de cumpleaños en tu casa. Sin más mérito.

La cena la acompañamos de un par de botellitas de un rioja que está ajustado de precio y nos gusta, El niño.

En definitiva, Zissou nos gustó por la buena elaboración, cuidada presentación y variedad en su carta, aunque tiene puntos que mejorar como la coordinación del servicio o “un poco de por favor” en el tamaño de sus raciones, por lo menos para triperos como nosotros. Un local muy interesante y que creemos puede llegar lejos. Os dejamos su web, Facebook y twitter.

Dirección: Calle Ataulfo Argenta, 35. Santander.

Trás esta aventura acuática no os podíamos dejar sin una banda sonora adecuada para ella.

Cantidad: Un poco más en el plato no va a sobrar.
Calidad: Bien. Hay ganas de hacerlo bien.
Presentación: Muy buena. Los platos entran por los ojos.
Servicio: Les falta un poco de coordinación con la sala llena.
Precio: Un poco por encima de la media, pero acorde a su calidad. Sobre 30€ por persona.

El Nuevo Molino: Derrapada con neumáticos Michelin

Entramos en el 2016, y en el Perolo, aunque somos de condición pobre, a alguno de nuestros miembros ya le ha llegado la tan cacareada recuperación económica, lo que le permite untar el bigote en sitios, a priori, de alto copete.

Y a pesar de la cantidad de webs, redes sociales y espacios para la opinión gastronómica, siempre tenemos cómo referencia a la guía Michelin, que es más sagrado y venerado que el Marca en el bar del pueblo. Este año en Cantabria no ha habido cambios. Aunque siempre hay rumores los días antes sobre aumento de estrellas o la salida del olimpo hostelero, otro año más permanecen los mismos en la cúspide.  En fin, a pesar del mercado de fichajes, siempre acaban Madrid  o Barça ganando los trofeos.

Por ello, y ya que el año pasado habíamos acudido a su otro restaurante en Santander, el Serbal,  nos pusimos el traje de los domingos, nos acicalamos y fuimos al Nuevo Molino, en Puente Arce, que desde hace varios años mantiene la estrella Michelin cómo prueba de su calidad.

El edificio y la finca donde se encuentra son preciosos, más que una puesta de sol del Padre Mariano, y nada más entrar el servicio es exquisito. Te sientes más a gusto que un rey emérito en país del golfo pérsico. Una vez sentados comenzó el desfile de platos. Ántes de pasar a su análisis hay que decir que jugamos a grande, y en vez del menú degustación pasamos a elegir de la carta.

Cómo aperitivo de bienvenida nos pusieron unos mejillones en vinagreta con una tira de emparedado (¡Ey Bubu!) con huevas de caviar. Muy rico y original.

aperitivo_nuevo_molino

A continuación, ya que eramos 4 comensales decidimos pedir dos entrantes  y luego un plato principal. Para que os salgan las cuentas mejor que Montoro en Hacienda, los entrantes si son a compartir se sirven en medias raciones  individuales. Si tenéis un poco más de conocimiento que un tronista os daréis cuenta que pedimos dos raciones de cada entrante. El primero fue carpaccio de vaca tudanca sobre torto de maíz y láminas de trufa.  El plato venía bien presentado aunque lo de utilizar tablas de madera es una modernidad que no entendemos. Acabaremos presentando platos sobre paletas de albañil.  Al degustar, el carpaccio estaba bien bueno pero el torto tenía partes algo más hechas, por no decir churruscadas,  y al introducirlo en boca producía una sensación molesta. La trufa se retiró por incomparecencia.

carpaccio_tudanca_nuevo_molino

El segundo entrante que se le solicitó fue la ensalada de salmón rojo y encurtidos. Aquí acertamos en la elección. No hubo ni debate electoral a 4. El salmón estaba muy fuerte de sabor, descartando el miedo inicial a que los encurtidos destrozaron el ingrediente principal. A destacar en el plato la espuma granizada de triguero. Puede que para alguno la ración sea escasa. Aquí se degusta, no es un “come todo lo que puedas”.

salmon_nuevo_molino

Y luego llegó el plato principal. El autor de esta crónica preguntó por la variedad de pescados, ya que en la carta informan que se elabora según el mercado y precio que haya ese día en lonja. Esperando algo más, se nos informó de varios pescados para comer, pero todos elaborados de la misma forma: al horno y marcados en plancha. Nos decidimos por el chicharro ya que no es un pescado muy caro y aparte si están todos hechos de la misma manera, igual de esta especie le sacabamos más jugo. Pues erramos. Habían puesto de guarnición un sofrito de cebolla caramelizada y reducida, que desinflaba el plato. El sabor de la guarnición era tan fuerte que dejó al chicharro apartado. Una pena.

chicharro_nuevo_molino

Finalmente queríamos comprobar todas las artes de El Nuevo Molino, y pedimos cómo postre helado de queso con frambuesa y crujiente de almendra. Así es el título del plato y así viene. No hay ninguna originalidad o cambio en el mismo. Estaba bueno pero no le deis más vueltas.  Alguna marca blanca también los hace deliciosos.

helado_nuevo_molino

En conclusión, comimos muy bien pero esperábamos el salto de calidad para verificar que es uno de los 5 mejores restaurantes de Cantabria. Parece que el refrán “lo más duro no es llegar al éxito sino mantenerlo” es inexacto en esta ocasión. Les costó llegar, pero el nivel de su cocina no parece haber mostrado signos de renovación. Esperamos que en próximas ocasiones nos sorprendan con nuevas propuestas, y no sea otras promesas electorales de más.

Os dejamos su Facebook, Twitter y web.

Dirección: Barrio del Monseñor 18, Puente Arce.

Cantidad: Justa para un buen almuerzo. No esperéis reventar pero tampoco pedir ayuda a la FAO.
Calidad: Muy buena, aunque echamos en falta el escalón de la guía Michelin.
Presentación: No es de las más extravagantes.
Servicio: Perfecto. Tratamiento VIP.
Precio: Con el vino (Abadía Retuerta Selección 22 €  una botella) salió 60 euros por persona. Aquí sí que el nivel la carta es Michelin.