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El Tronky: temporada de sardinas.

Se acerca el verano, el buen tiempo se vislumbra ya en nuestra invernalia local,  a todos se nos despiertan las ganas de playa y de sardinas. En esto de comer sardinas hay gran variedad de restaurantes entre los que elegir, siempre olvidándonos del timo para turistas que es el barrio pesquero de Santander, pero pocos planes hay tan apetecibles como cruzar en lancha la bahía de Santander y comer unas sardinas en Pedreña.

Para esta visita elegimos el Tronky, un típico asador con decoración “marinera” y algo tosca, aunque hay otras buenas opciones como son el Ezquerra o La Trainera.  Al ir entre semana, no encontramos problema para elegir mesa y aprovechar así uno de los puntos fuertes del asador, sus vistas.

vistas

Una vez acomodados y tras consultar la carta, no muy extensa pero con platos para todos los gustos, pedimos para compartir una ración de croquetas, unidad de medida de calidad del Perolo, unas sardinas y un chuletón.

Lo primero en llegar a la mesa fueron las croquetas, unas sabrosísimas croquetas de carne de tamaño bocado, con una bechamel suave y cremosa. Destacar el relleno generoso de carne, contrario a la tendencia habitual de otros muchos locales en los que no se ve la carne ni en un análisis de laboratorio del CSI.

Croquetas de carne

El siguiente plato en llegar a la mesa fueron las estrellas de este post, las sardinas. Una docena de sardinas, de tamaño irregular, pero bien asadas y en su punto de sal. A destacar, un toque de limón que las da un regusto especial y potencia el sabor de la sardina.

sardinas_el_tronky

Para finalizar, llegó el chuletón. Una pieza de carne de 1/2 kg aproximadamente acompañado de patatas y de esa decoración viejuna que son los capuchones de pimiento rojo. La pieza de carne, sin ser pura mantequilla como la de las Portillonas, estaba bien asada y era bastante sabrosa.

chuleton

Como cierre, no podíamos irnos del Tronky sin pedir su postre estrella: la mousse de chocolate. La mousse se presenta con una capa superior de nata montada, en nuestra modesta opinión algo exagerada, que hace que pierda algo de protagonismo la mousse. De textura suave y con la compactación adecuada, es intensa de sabor, aunque hemos percibido una disminución del tamaño de la ración respecto a otras temporadas.

Un detalle feo que veréis al llegar la dolorosa es los 3 € que cobran por el pan. No decimos que tenga que ser gratis pero tampoco a precio de que lo hubiesen hecho ellos en su propio horno.

En definitiva, una buena comida en un clásico de los verano de Cantabria, aunque el precio ya no es lo que era.

Dirección: Barrio el Muelle, S/N; Pedreña

Cantidad: raciones de buen tamaño.
Calidad: buena.
Presentación: viejuna, de restaurante de los de antes.
Servicio: simpáticos y atentos en todo momento.
Precio: En los últimos años ha subido. Ya no es el asador barato que era.

 

 

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Chuletón en Las Portillonas

Si hay una palabra que ponga en marcha las glándulas salivales de un buen grupo de triperos es “chuletón”. Así que, tarde o temprano, nuestros pasos tenían que encaminarnos a Las Portillonas, atraídos por todos los excelentes comentarios que oíamos y leíamos sobre las viandas del lugar. Allí nos plantamos, en un local con suficiente aparcamiento y una pequeña barra, por la que se accede a un comedor de tamaño decente con una decoración un tanto pasada. Pero, vaya, no estábamos allí por los manteles sino por un chuletón de primera.

Siguiendo los consejos del servicio, amable, pedimos unos entrantes para compartir: tabla de embutidos y queso, morcilla frita y croquetas (¿de cocido?). Buena tamaño en las raciones aunque disparidad en las calidades: los embutidos, correctos, sin más; las croquetas, división de opiniones en la mesa, pero decentes, aunque quizá algo blandurrias; la morcilla, paredón para su creador, vulgar, sin gracia, cubierta de una cebolla frita insulsa.

croquetas-las-portillonas

Pasamos al combate principal de la velada, chuletones a la piedra . La calidad de la carne era excelente, pura mantequilla, madurada en su punto justo, aunque de cada chuletón resultaba demasiada grasa sobrante. Servido a la piedra, el camarero esparce un poco de cristal de sal y y separaba los trozos de carne sobre la piedra caliente, luego cada uno se cogía lo suyo, en el punto que quisiese -problema aquí para los que no aman la carne sangrante, que es facil que no vean ni una tajada- para acompañarlo con unas patatas que, aunque no eran congeladas, te dejaban frío y pimientos rojos de lata. Desfilaron varios chuletones, de forma que no se te acumulan en la mesa y se pasan de punto mientras están en las piedras, pero tampoco una cantidad como para quedar saturados. Todo ello regado por un Beronia baratito.

chuleton-las-portillonas

De postre, una tarta de queso de aprobado raspado por una base de bizcocho (imperdonable) más flojo que el último disco de Extremoduro . Y los chupitos, ideales para una chupitería de quinceañeros.

La sorpresa, en la cuenta: 35 euros por cabeza, incluyendo más carne de la que comimos (debieron pesar las piedras, también) y unos chupitos a los que, por la palabras de los camareros, pensabamos estar invitados. Excesivo precio, a todas luces, para lo que comimos y bebimos.

Dirección: Calle de los Heroes del 2 de Mayo,48; Muriedas

Cantidad: Bien, pero sin locuras.
Calidad: media, con altos y bajos
Presentación: ¿presentaqué?.
Servicio: entre majos y os la clavamos
Precio: nos dieron el palo