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La Cava: Enterrados en la cocina chic

Últimamente parece que la “escenografía” de los restaurantes tiende a ser más importante que lo que probamos del plato, y ya sólo por comer en un edificio bonito, o ante un paisaje precioso, o incluso porque los platos son cuadrados o cuencos en los que haces un sondeo con taladradora para comer, es motivo para que te cobren mucho más que por lo que comes. Esto es lo que nos ocurrió en “La Cava”, un restaurante en el municipio de la La Cavada.

En “El Perolo” estamos empezando a comprobar un axioma que sospechábamos hace tiempo pero se está empezando a ratificar con nuestras críticas: si llamas con poca antelación para reservar y te indican que sin problemas, desconfía, puede que sea la última vez que vayas. Así ocurrió, llamamos para una reserva mediana (más de 4 personas) ya que queríamos cenar en la misma tarde  y nos tomaron nota sin problemas. Una vez  reservado, acudimos al citado local; un espacio muy amplio y restaurado en el que predominaba el gusto por la buena decoración. Indicar que el restaurante se identifica también como vinoteca, lo que hace que la sección de vinos destaque en la barra.

A continuación nos trasladaron al comedor, una habitación restaurada y con cuadros de arte abstracto, lo que te hace pensar que vas a comer en una galería de arte más que en un restaurante. La maître nos indicó las sugerencias fuera de carta, de forma muy amable, pero se le olvidó traer la carta de vinos, y autodenominándose vinoteca… Al final nadie de la mesa pidió vino. Optamos por pedir varios platos para compartir y así poder opinar toda la mesa sobre la comida. Además aceptamos la sugerencia de fuera de carta: ensalada de queso “burrata” (un queso similar a la mozzarella) importado por el restaurante. La ensalada estaba buena, aunque si se nos “vende” el queso cómo producto principal, no se puede “matar” el sabor con una vinagreta fuerte. Por cierto, la “ensalada” no era más que canónigos y tomate. Así que el “fuera de carta” se convirtió en una “caprese” un poco más elaborada.

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A continuación solicitamos una ración de rabas. Estaban buenas, había mezcla tanto de rabas de peludín cómo pulpo, y la fritura estaba en su punto. Además no añadieron limón para servir.  También pedimos una ración de croquetas (si, es nuestro producto estrella del blog) de… eh, bueno, si…  no sabemos a que sabían, pero ahí sólo había bechamel. Se habían quemado en la freidora y nos sirvieron en vez de un entrante, un surtido de pelotas negras con sabor a carboncillo. Cómo apunte, indicar que cuando se nos tomó nota se nos indicó que se nos servirían morcilla, ya que las que venían en la carta no había.  Además también tomamos una tempura de espárragos con salsa romesco (la salsa que se usa para untar los calçots) que no eran nada del otro jueves.

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Con esta selección se nos hacía difícil hacer un juicio positivo, ya que además no se nos sugirió solicitar más platos, error de primera categoría en cocina, ya que sólo con indicarnos que los que solicitábamos eran escasos, añadiríamos más opciones a nuestra comanda. Aparte, en un servicio de 2 mesas en el comedor, para cenar todo lo que os hemos comentado tardaron más de dos horas, interrumpidas periódicamente por el tintinear de los cubiertos caídos al suelo. Algún camarero necesita más horas “de vuelo” para evitar estos errores. También incluir, que se pidieron las raciones por pares, pero en cocina o en sala no estaban muy al loro, y servían individualmente, en vez de traerlas a la vez. Qué pena no haber traído un libro para entretenerme en las esperas.

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Si algo podemos salvar de nuestra experiencia fueron los postres. Solicitamos un “coulant” de chocolate, exquisito. Al desmontarlo, el chocolate fluía cómo catarata en el plato, aparte de la salsa que lo acompañaba muy fina. Además, algún comensal más de la mesa pidió helado artesanal y nos indicaron que estaba de lujo.

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En conclusión, es un restaurante con aspiraciones mayores a las que luego se reflejan. Errores puntuales en servicio, unos platos  con una calidad normal, y una cuenta excesiva (con agua y cervezas nos salió por 20€ por cabeza) aparte del esfuerzo del desplazamiento, hacen poco recomendable ir a este local. Cómo se decía en clase cuando dan las notas, “Insuficiente, necesita mejorar” para por lo menos ser atractivo.

Dirección: Avenida de Alisas, 33; Santander

Cantidad: Pelea de tenedores por las raciones.
Calidad: Discreta. Pasa desapercibidos
Servicio: Torpe e inexperto. Necesitan clases.
Precio: Regalarles una escalera para que se bajen de la parra.

La Conveniente: croquetismo punk

Hay sitios míticos en Santander, y luego está la bodega La Conveniente: el piano, los bancos corridos, la fama de sus fritos y bechameles. Un sitio único que goza de gran popularidad en nuestra ciudad, salvador de muchas noches en las que nadie encuentra respuesta al “¿dónde cenamos?. Así que ya era hora de que El Perolo posase su ojo clínico sobre este mito. Para los no inicados en el lugar, La Conveniente tiene su comedor en su antigua bodegaza, no reserva mesa -hay que esperar en una cola a la entrada, que suele ir rápido- hay mesas de bancos corridos, no sirve ni café ni postres y suele levantar a los comensales rápido de las mesas para que nadie espere mucho en la cola.

Que nadie busque fusión, sofisticación, mezclas, armonías ni demás palabrería sinfónica aquí. En La Conveniente son como The Clash en su primer disco: tocan tres acordes, los tocan rápido y alto y, sobre todo, sabrosos. Carta pequeña, centrada en fritos -que no fritangas- embutidos y conservas como pimientos, bonito y anchoas. Ni compotas, ni reducciones, ni tartares o carpaccios.

Pasemos a los platos. Las croquetas, de tamaño correcto y generosa ración (12 unidades) harían llorar a José Carlos Capel: una bechamel sabrosa y fluida, generosa en tropiezos, encerrada en un empanado crujiente, casi a punto de romperse. Si las croquetas son un punto clave para valorar un restaurante, La Conveniente no puede salir mejor parada, más si la comparamos con otros desastres pasados, como Casa Sampedro. Lo dicho, como comparar a Los Ramones con El Canto del Loco.

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Hey Ho Let’s Go

Luego, los rollos conveniente (jamón y queso enrollados y empanados) están buenos y nada grasientos, aunque no sea la receta más complicada. La cecina, uno de los tesoros ocultos del local, realmente estupenda, regada con un hilo de aceite, como para comerse un kilo. Ojo con las cantidades, porque con dos raciones y media, tres personas con algo de hambre quedan satisfechas, algo de lo que avisa el servicio, rápido y atento. Para cerrar, lo más parecido a un postre, media tabla de quesos, generosa -da para que todos prueben de cada uno- desde queso azul a un estupendo ahumado y un potente manchego.

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¿Y de precio? Pues sumando el pan y una jarra de sangría a 15 euros por cabeza. Nada mal atendiendo a calidad a cantidad.

Nuestro veredicto es simple: La Conveniente rocks, aunque haya despistados en tripadvisor que hablen mal de ella. Ven por su fama, disfruta de sus croquetas de primera, quédate por la cecina y sal dando botes mientras cantas aquello de Hey Ho Let’s Go!

Dirección: Calle de Gomez Oreña, 9; Santander

Cantidad: Hay que pedir medias raciones para no explotar.
Calidad: Top. Quizá de las mejores croquetas de Cantabria.
Presentación: De rancho. 
Servicio: Rápido como Los Ramones. Modera tus ansias de pedir.
Precio: Buena relación calidad-cantidad-precio.

 

Una noche en el Asubio

Hace unos días decidí salir a cenar. Tras una larga conversación para decidir restaurante, se me vino a la cabeza el Asubio, que yo pensaba que era un restaurante, pero es una de esas cosas modernas llamadas gastrobar y donde nunca antes había estado.

Para los que no lo conozcáis, el local es largo y estrecho y se divide en dos plantas, la baja donde está situada la barra de pinchos, y la segunda planta donde se encuentra el comedor. Como lo que queríamos era cenar subimos a la segunda planta donde para nuestra sorpresa y a pesar de ser viernes sólo había dos mesas ocupadas, que malita está la cosa. La sala está agradable aunque sin ningún encanto particular.

Una vez sentados, el maittre nos dejo la carta y paso a enumerarnos un sinfín de platos fuera de ella. A mi estas cosas me abruman y sobre todo me dajan con un nivel de incertidumbre que ni Mariano ante una rueda de prensa.

tartar-de-atun-asubioUna vez revisada la carta nos decantamos por empezar compartiendo un “Tartar de atún rojo y foie de pato con anchoa y mostaza de uva violeta”. Yo sólo dije Tartar porque si tengo que decir todo eso me ahogo. Me gusto mucho el detalle de que el plato en vez de presentárnoslo para compartir, nos vino ya emplatado individualmente y en una bonita presentación. En cuanto a lo importante, el sabor, no note en ningún momento el sabor del foei ni de la anchoa, más desaparecido que una alternativa en el PSOE. El plato mejoraba bastante comiéndolo sin combinar con el pan tostado que lo completa y mezclándolo con la mostaza de uva violeta. Un plato correcto pero que como diría una de las nuevas stars televisivas de la cocina, le faltaba Rock and Roll.

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Para el plato fuerte de la noche me decidí por un “Lomo de vaca pinta a la plancha con mostazas y patatas fritas” poco hecho. La ración de carne era justa aunque para contrarrestarlo se completaba con una generosa ración de patatas fritas, un truco de listos.

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La carne estaba en su punto y se notaba que era una pieza de gran calidad sin complejidad en su elaboración pero muy sabrosa. Como siempre fue mi acompañante la que acertó con su plato, muy bien recomendado por el maittre, unas costillas de vaca que estaban fuera de carta y que eran pura mantequilla y sabor.

Yo no suelo ser de postre así que despedimos la cena pidiendo la cuenta sin más. El precio 60 €, que teniendo en cuenta que las bebidas fueron una media Mahou y una botella de agua y que no tomamos postre me parecio un pullazo en todo lo alto.

Lo que me rompe los huevos del Asubio es que los precios están sin IVA en la carta….

Enlaces: Google, Foursquare, Tripadvisor, su web

Dirección: Calle Daoiz y Velarde ,2 ; Santander

Cantidad: no me quede con hambre pero un poco más en cada ración no hubiese estado mal.
Calidad: buena. Merece la pena ir a probarlo.
Presentación: cuqui.
Servicio: gente maja aunque un poco de postureo.
Precio: pullazo, clavada, estacazo, como prefieras llamarlo.