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Casi…mira

Aunque en este blog habréis encontrado ejemplos de las tres ‘b’, bueno, bonito y barato, lo cierto es que no es lo habitual. Agradecemos las invitaciones que nos están empezando a llegar para ir aquí o acullá, pero preferimos ir a nuestro aire, sin avisar, y con toda la objetividad que nuestro estado etílico nos permita. Por eso es difícil que un sitio nos convenza al 100%. Siempre hay alguna cosa.

Esta semana os vamos a hablar del Casimira en Santander, situado en la calle Casimiro Sáinz,10.Un bar que ya lo visitamos hace unos meses para comer un buen pincho de tortilla a un precio muy majo.Vaya por delante que en términos generales nos gustó, pero hablemos de los matices que lo alejaron del diez. Y también de sus virtudes, que tiene muchas.

Nos decidimos por compartir cinco de los platos que nos parecieron más sugerentes de su ajustada carta, ni muy grande ni muy pequeña.

Empezamos con una Ensalada de Tomate. De diez. Cuatro rodajotas que troceamos para facilitar su reparto. Muy sabroso, nada de esas bolas de plástico que nos suelen colocar. Bien de carne, y bañado en aceite, con un toque de vinagre de Módena y una discreta pero efectiva cebolla morada que redondeaba el plato. Lo dicho, un diez sin matices.

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Pasamos a las Croquetas de Jamón. Como bien sabéis los que nos seguís con devoción (gracias, gracias) aquí es donde los peroleros no perdonamos una. Si visitamos un sitio y no nos gustan las croquetas tenemos que admitir que perdemos la objetividad.

En este caso hubo debate. No tanto por su interior, delicioso, pero sí por su rebozado. Dos de las 16 (pedimos dos raciones) estaban ‘rotas’ por un rebozado deficiente, producto posiblemente de un punto de calor del aceite más frío de lo debido. Anecdótico, y no las desmerece para ser por méritos del chef en unas croquetas de podio perolero. En lo que sí hubo unanimidad fue en la ración. Eramos cinco personas y nos pusieron 8 croquetas. Vamos a ver, estos detalles hay que cuidarlos. Creemos que en este caso lo correcto es poner 10 y advertir a los clientes de que la ración son 8 por lo que se nos cobrará un pequeño suplemento. Es decir, no pedimos croquetas gratis, sino una ración para que no haya peleas en la mesa, y a fe que entre los peroleros las hubo porque las croquetas estaban muy buenas. Tan es así, que repetimos.

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Seguimos con un Lacón con Queso que fue para los comensales posiblemente la sorpresa más agradable de la noche. El lacón estaba espectacular, tierno, en su punto y el queso fundido era sin duda una pareja de baile ideal, con un toquecito de pimentón que casaba a la perfección. Otro plato que no mereció mayor discusión. De diez.

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Dimos cuenta también de una ración de Cecina y creemos que fue sin duda el pinchazo de la noche. El sabor era correcto pero no entendemos como se pueden cortar lonchas tan finas. Hubiéramos preferido menos cantidad y mayor grosor. No podemos determinar si la cecina era mejor de lo que nos pareció porque con tan poca sustancia nuestras papilas gustativas no acababan de saber si era chicha o limoná.

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Para cerrar el festival nos decantamos por unos sugerentes Tacos de Solomillo.  Un plato con algunos matices. La carne estaba muy sabrosa, ahí no hubo discusión. Una pena que llegara bastante templada. Creemos que con un punto más de calor el resultado hubiera rozado el 10 sin problemas. La cantidad nos pareció escasilla, pero también es cierto que a cinco terneros como los que se concitaron alrededor de la mesa, todo nos parece poco.

A destacar los pimientitos asados que acompañaron a la carne. Deliciosos. Lo dicho, un plato recomendable.

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Para endulzar semejante festival de la sal (no es que la comida estuviera especialmente salada, no es eso) dimos cuenta de tres Tartas de Queso y un Flan.

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Las tartas de queso muy sabrosas, algo empalagosas quizás, un regusto a leche condensada escondido, pero para los amantes del dulce un postre muy recomendable.

El flan no sabía a flan. No estaba mal, pero sabía raro (más parecido a una “Panna Cotta”). Si váis igual nos sacáis de dudas.

La comida la acompañamos con dos botellas de Luis Cañas (había sed) y unas cervezas muy bien tiradas.En conjunto muy bien… pero nos pareció un poco rejoncito la cuenta final. Casi 27 euros por cabeza.

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En definitiva. Os recomendamos el Casimira. En términos generales nos gustó, pero ojito con lo que pedís que igual la cuenta se os va (tampoco vais a tener que pedir un crédito, que conste).

Os dejamos su web y Facebook.

Dirección: Calle Casimiro Sainz, 10. Santander.

Cantidad: Ajustada. Nosotros pondríamos un poco más de todo.
Calidad: Sí, con algunas momentos muy buenos.
Presentación: Suficiente.
Servicio: Correcto.
Precio: 27€, un poco caro.
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Fuente Dé: mucho y bien

Autor: @cachondina

Santander. Viernes, 20:30. Surge la posibilidad de una cena entre amigotes, así, sobre la marcha. Tras un intento fallido de brainstorming, decido obviar las propuestas del resto y apostar sobre seguro.

Marco el número de teléfono del Fuente Dé, uno de mis baluartes gastronómicos santanderinos, y pregunto que cómo lo tienen para una comida de 5 a las 22:00. Sorprendentemente, dado lo lleno que suele estar, nos hacen un hueco. Y allá que vamos.

Para los que no conozcáis este templo de la gastronomía popular, el Restaurante Fuente Dé podría resumirse con un “Mucho y Bien”, en general. Es un pequeño bar/restaurante ubicado en pleno centro de Santander. No es un sitio elegante, moderno, mierdero, de esos que se han puesto de moda de unos años para acá. Es una especie de restaurante de pueblo ubicado en medio de la ciudad. Basa su oferta en comida tradicional, casera, muy bien hecha, y servida en raciones abundantes.

Es bastante famoso, a nivel local, por sus cocidos, montañés y lebaniego, aunque en esta ocasión, dada la hora (y muy a mi pesar), no pudimos disfrutar de ellos.

Una vez sentados a la mesa, cada uno con su respectiva cerveza, echamos una breve mirada a la carta. Aunque no nos hace demasiada falta, porque como buenos habituales del sitio ya sabemos lo que queremos. Hoy toca picoteo de raciones, así que pedimos una ensalada de la casa, cecina de León, albóndigas, jijas, morcilla, y media de queso picón.

A primera vista no parece demasiada comida, pero, como os comentaba antes, las raciones en el Fuente Dé son muy generosas, así que no hay que cegarse a pedir.

Pocos minutos después, comenzó a llegarnos la comida. Una ensalada muy rica, variada y fresca; una cecina de León que te cortan en el momento, bañada con un chorrito de aceite que le da la untuosidad que necesita. A continuación, unas albóndigas de ternera deliciosas, tiernas, no demasiado grandes, acompañadas de una salsa riquísima y de un puñado de patatas fritas caseras;  una fuente de jijas (picadillo, para los no cántabros) tiernas, con un toque picantón; buenísimas y, además, acompañadas de abundantes patatas fritas caseras.

Para cerrar, una generosa ración de morcilla frita, rodajas gordas, bien fritas, nada grasientas, y las que para mí son dos de las estrellas de la carta: el queso picón y los pimientos de padrón.

Empezaré por los pimientos: abundantes, bien fritos, y servidos sobre un lecho de patatas fritas, que te ayudan a pasar los que sales picantes como el demonio.

A continuación, el queso. Quizá os sorprenda que pidiéramos sólo media ración para cinco personas, pero es que lo del queso picón de Tresviso en el Fuente Dé es mágico: no sólo sirven unas raciones muy generosas, sino que, a medida que las vas comiendo, no disminuyen. Sé que es difícil de creer, pero así es. Si algún día vais y sois capaces de terminar una ración, yo os la pago, palabra de honor.

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Por fin, tras terminar con todo lo comestible, decidimos cerrar la cena con otro de los clásicos del Fuente Dé: el té del puerto con su correspondiente chorro de Orujo. El té del puerto es una infusión que se hace con una planta típica de la zona de Liébana, muy rica, y, sobre todo, muy digestiva.

Una vez finiquitado el té, cumplimos con el trámite de pedir la cuenta y pagara, otro de los mejores momentos de venir al Fuente Dé. Una comilona como está, regada con 2 jarras de cerveza y una botella de rioja, nos salió por 65€ en total, véase, 13€ por persona.

Conclusión: en caso de duda, vete al Fuente Dé.

Dirección: Calle Peña Herbosa 34, Santander.

Cantidad: como para salir rodando.
Calidad: muy bien. Buenos productos, elaborados de forma tradicional.
Servicio: muy bien, trato muy amable, aunque en ocasiones es un poco incómoda la excesiva aglomeración de gente.
Precio: de chiste. Cena de raciones, con abundante bebida, unos 15 €/persona.

La Conveniente: croquetismo punk

Hay sitios míticos en Santander, y luego está la bodega La Conveniente: el piano, los bancos corridos, la fama de sus fritos y bechameles. Un sitio único que goza de gran popularidad en nuestra ciudad, salvador de muchas noches en las que nadie encuentra respuesta al “¿dónde cenamos?. Así que ya era hora de que El Perolo posase su ojo clínico sobre este mito. Para los no inicados en el lugar, La Conveniente tiene su comedor en su antigua bodegaza, no reserva mesa -hay que esperar en una cola a la entrada, que suele ir rápido- hay mesas de bancos corridos, no sirve ni café ni postres y suele levantar a los comensales rápido de las mesas para que nadie espere mucho en la cola.

Que nadie busque fusión, sofisticación, mezclas, armonías ni demás palabrería sinfónica aquí. En La Conveniente son como The Clash en su primer disco: tocan tres acordes, los tocan rápido y alto y, sobre todo, sabrosos. Carta pequeña, centrada en fritos -que no fritangas- embutidos y conservas como pimientos, bonito y anchoas. Ni compotas, ni reducciones, ni tartares o carpaccios.

Pasemos a los platos. Las croquetas, de tamaño correcto y generosa ración (12 unidades) harían llorar a José Carlos Capel: una bechamel sabrosa y fluida, generosa en tropiezos, encerrada en un empanado crujiente, casi a punto de romperse. Si las croquetas son un punto clave para valorar un restaurante, La Conveniente no puede salir mejor parada, más si la comparamos con otros desastres pasados, como Casa Sampedro. Lo dicho, como comparar a Los Ramones con El Canto del Loco.

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Hey Ho Let’s Go

Luego, los rollos conveniente (jamón y queso enrollados y empanados) están buenos y nada grasientos, aunque no sea la receta más complicada. La cecina, uno de los tesoros ocultos del local, realmente estupenda, regada con un hilo de aceite, como para comerse un kilo. Ojo con las cantidades, porque con dos raciones y media, tres personas con algo de hambre quedan satisfechas, algo de lo que avisa el servicio, rápido y atento. Para cerrar, lo más parecido a un postre, media tabla de quesos, generosa -da para que todos prueben de cada uno- desde queso azul a un estupendo ahumado y un potente manchego.

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¿Y de precio? Pues sumando el pan y una jarra de sangría a 15 euros por cabeza. Nada mal atendiendo a calidad a cantidad.

Nuestro veredicto es simple: La Conveniente rocks, aunque haya despistados en tripadvisor que hablen mal de ella. Ven por su fama, disfruta de sus croquetas de primera, quédate por la cecina y sal dando botes mientras cantas aquello de Hey Ho Let’s Go!

Dirección: Calle de Gomez Oreña, 9; Santander

Cantidad: Hay que pedir medias raciones para no explotar.
Calidad: Top. Quizá de las mejores croquetas de Cantabria.
Presentación: De rancho. 
Servicio: Rápido como Los Ramones. Modera tus ansias de pedir.
Precio: Buena relación calidad-cantidad-precio.

 

Casa Sampedro, el paraíso del congelado.

Andábamos un Viernes noche con cero expectativas de buscar algún sitio. Nuestro “buscador” particular de un sitio bueno, bonito y barato ofrecía menos resultados correctos que las previsiones del gobierno en economía. Al final  alguien pensó y propuso que fuesemos a “Casa Sampedro”, un local veterano de la hostelería cántabra situado en Peñacastillo, a las afueras de Santander.

El restaurante no hace reservas, algo lógico, ya que el bar tenía lleno hasta las terrazas; y eso que corría “la fresca” en el exterior: no hacía falta echar hielos a las bebidas; ya venían con escarcha incluida. Por ello, decidimos esperar cerveza en mano para que nos diesen mesa.  Una vez dentro, nos sentaron en una bonita estancia decorada con objetos vetustos o/y hipsters (un vinilo de Albano y Romina nos observaba cómo comíamos) teniendo que acceder cruzando la barra; el local se aprovecha hasta el último rincón para hacer caja.

La carta está llena de raciones y una pequeña selección de platos individuales. Cómo eramos un grupo numeroso, aunque tampoco muchos cómo para formar un equipo de fútbol, nos tiramos por seleccionar raciones varias.  No teníamos mucha idea de qué pedir, y el servicio ayudaba menos que “Clipo” en un documento en blanco de Word. En primer lugar pedimos los platos que consideramos básicos para calibrar el nivel de la cocina: rabas y croquetas.

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Las rabas, las definiríamos cómo “chiclosas”. La fritura estaba buena, pero tampoco es que fueran una maravilla. Aunque veáis en la foto el limón, no se le echó ya que en caso contrario seriamos expulsados del club de puristas de la cocina regional. Las croquetas que pedimos eran de cecina y queso picón. Las de cecina, si las hubiesen puesto un par de minutos más en la freidora hubiese sido perfecto. Lo que ocurrió es que acabamos masticando una bechamel y unos trozos de cecina que parecían piedras. Trozos duros y fríos. Un error de libro en un restaurante. Por otra parte las de queso picón estaban bastante buenas.

Solicitamos luego jijas, tiras de pollo rebozadas y patatas con salsas. Las jijas, saladas (¡Qué noche la de aquel día! y no porque viésemos la pelicula de los Beatles; no paramos de beber agua); las tiras de pollo buenas, destacando la salsa de queso picón. Las patatas, bastas, grasientas y con un pegote de salsas. No tenían ninguna gana en presentar los platos.
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A continuación llegó una cecina bastante buena, para hacerte un bocadillo con ella,  y una morcilla de Burgos frita sin ninguna gracia, con una cebolla que más que pasada por la sarten estaba chamuscada. En serio, con la cantidad de comensales que van y la cola que había para sentarse, no les hace falta preparar para nada los platos.  Su idea parece que es la de “soltamos las raciones y que engullan cómo pavos”.

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Aunque las fotos que os mostramos están tomadas muy cerca de cada ración; no os engañéis: las raciones son enanas, minúsculas, infantiles. Presentado todo en cazuelitas, platos de postre y otros recipientes salidos de la cocina de “playskool”, tuvimos que pedir una ración extra de setas a la sartén y pimientos del Padrón (que no picó ni uno de los que comimos, sospechoso) para poder decir que habíamos cenado en unas mínimas condiciones.

Algunos nos lanzamos al postre, y cómo anécdota la foto inferior es de un Tiramisú. Si, pensamos lo mismo, que  suerte que  Toto Riina no ha pasado por aquí. Hubiese sido una carnicería.

tiramisu-casa-sanpedroPara resumir, un sitio con fama, siempre lleno y que pensábamos que íbamos a salir satisfechos, acabó convirtiéndose en un local que no recomendamos en absoluto si queréis ir a picar algo. Casi mejor que paréis en el Mc Auto y os llevéis la cena a casa.

Dirección: Calle Adarzo, 94; Santander

Cantidad: Han atomizado las raciones
Calidad: Pasarían el control de calidad de Findus
Presentación: Ganadores del lanzamiento de comida al plato, estilo libre. 
Servicio: No les preguntes sugerencias, no te las van a dar.
Precio: más inflado que la burburja inmobiliaria