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Declaración institucional: alto al fuego de la Feria de Día

La banda desorganizada de acción crítica gastronómica El Perolo quiere expresar través de este comunicado su voluntad de llegar a un acuerdo con las fuerzas vivas de la ciudad (y no nos referimos con vivas a algunos pinchos que llevan más de media semana en la vitrina) y superar este periodo de enfrentamiento entre los hosteleros y sus clientes durante este periodo del año.

Nuestra organización ha constatado un rebrote de la violencia culinaria este año, aunque en precedentes ya habíamos visto como los ataques masivos en forma de mini hamburguesas – molotov, pinchos morunos con ansias yihaidistas, o rulos de queso de cabra con función destructora en el estomago, habían aumentado considerablemente. Pero lo de este año ha sido una ataque masivo generalizado, en el que nos hemos visto desbordados por la cutrez, el mal gusto y la desgana de ofrecer algo más en las casetas que no fuese el ambiente y el echarse a la calle aprovechando el buen tiempo.

Por ello, queremos expresar que este 2016 la facción ya no dura, si no granítica (por la argamasa de sus tortillas) ha ganado la lucha y no hay ni una sola caseta que se salve. No merece la pena individualizar las opiniones, porque la unanimidad es total, como lo fue pedir que bajasen los precios del alquiler.

Creemos que hay que abrir un proceso de negociación para que cese estos ataques año tras año. La Feria de Día o cambia o seguirán sin salir las cuentas.  Por mucho que se mantenga el precio no se puede dar cualquier cosa. Igual es necesario hacer un proceso selectivo con una exigencia más alta, o parar un año para reflexionar sobre aquello que se ha hecho mal. En estos días hemos visto alternativas en bares mucho mejores y por un precio si no similar, poco más caro. También hay que decir que tampoco ayuda que la cerveza sea la más insípida de las que hemos probado, el vino se sirva a una temperatura infame y que el servicio este más perdido que el alcalde cazando Pokemon en El Puntal mientras presume de brazos.

Tampoco vamos a pedir un boicot, porque a nosotros también nos pierden las ganas de salir y compadrear como el respetable, pero precisamente por ello creemos que hay que pedir más, que somos los que gastamos los cuartos en ello.

P.S.: Al contrario queremos expresar nuestro reconocimiento a las peñas por sus comidas populares, mucho más ricas y abundantes que sus compañeros “caseteros”. Más fiesta, más comida, y mejor organizados.

Guía Perolera de la Feria de Día 2015 (Capítulo I)

Igual que cada vez que, en The Wire, la policía de Baltimore hacía una redada, volvían a ponerse los camellos en las esquinas al poco tiempo, llegado otro verano, aparecen las casetas en Santander, con su mercancía de pinchos, pis de gato Amstel, y vinos calientes en vaso de plástico. Así que, como ya hicímos el año pasado,  en nuestra labor de servicio público -Revilla, danos una paguita, porfavó- no vamos a barrer, emulando a McNulty y compañía, las esquinas de la ciudad de estos traficantes, pero sí vamos a deciros donde pillar la mejor mandanga y que esquinas hay que evitar: la competencia es feroz, el territorio estará más cotizado que las esquinas entre Fayette y Calhoun, y las bandas están locas por vender. Y recordad, si pedís algo que no sea pincho de feria, cuando os cobren os vais a sentir como si Omar estuviera apuntándoos con su escopeta.

El criterio, como siempre, es totalmente subjetivo, personal y hasta aleatorio. Hemos probado lo que hemos podido, donde hemos podido -tampoco vamos a liarnos a batazos por un pincho- y cuando hemos podido. Que para eso lo pagamos de nuestro bolsillo. Si queréis que lo probemos todo, montamos un crowfunding de esos, omeprazol incluido, confiando en no fenecer en el intento.

Aquí vamos, all in the game: 

LA MARINA COMPANY (Puertochico) Ese que es muy largo

Un pincho correcto lastrado por un nombre que lleva más tiempo leerlo que comer el propio pincho. Al final, es un trozo de pan de molde en forma de rollo, que custodia un trozo de queso y pimiento, todo ello coronado por una anchoa y un bocarte en vinagre (o boquerón, o como os salga llamarlo, que no somos ninguna policía lingüística). El problema es que el sabor de la anchoa y el bocarte arrasan con todo, y solo sabe a eso (que no está mal, dicho sea de paso).

Por cierto, cerca estaba la caseta de La Mulata. Nos han dicho que el pincho está de cagarse, pero no nos atrevimos a probarlo… porque esto no es Jackass.

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LA CÁTEDRA (Pombo)  Pincho moruno con mojo picón.

Después de causar un cortocircuito mental a su ciclópeo camarero al preguntar cuál de los ocho pinchos que ofrecían era el que concursaba, nos decidimos por los siempre populares pinchos morunos. Tremendo error, porque aquello era como masticar el brazo incorrupto de Santa Teresa ese que tenía Carmen Polo en la mesilla de noche: tieso y frío. No lo salvaba ni el falso mojo picón, que más que mojo era un chimichurri disfrazado. Mención aparte, el pan de dos días, correoso a más no poder. A ello, añadimos le delicioso del humo de su parrilla, ideal para salir apestado de la zona.

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EL PANTALÁN (Plaza del Cuadro) Risotto de Pato a la Naranja

Justo enfrente de la caseta fantasma de estas fiestas (parecía que alguien se había caído del cartel con todo ya puesto, pero el lunes ha abierto) fuimos al puesto de la mejor cocina en arroces que hay en la ciudad. El pincho, cómo no, iba sobre el mismo ingrediente, pero en formato reducido. Un arroz cremoso, en nuestra opinión un pelín pasado, pero en el que había trozos de pato y de naranja, aunque un poco falto de intensidad. Sí, por fin, un pincho era cómo lo habían titulado. Tampoco era tan difícil. Por ello, el pincho del Pantalán está bueno, aunque tampoco nos parece una excelencia. Han sabido jugar con sus cartas.

LAS CAROLINAS (Plaza Alfonso XIII) Churrasquito de cordero

Un pincho hecho por el hotel-escuela que pasaría por muy poco del aprobado en un examen. El pincho está formado por un cuchurucho (cuando se pone de moda un soporte para la comida aparece hasta en la sopa) de trozos de cordero asados del día, o de hace 3 semanas. Da igual, porque el pincho en sí es carne en estado puro caliente. No hay más. Ah, si, unos kleenex para limpiarte las manos de la grasaza. Esperábamos algo más, que nos ilusionase.

ARRABAL 11 (Pombo)  Crujiente de bacalao con salmorejo

El mejor de la Feria, hasta ahora. El dedo de bacalao está bien frito y crujiente (recién hecho), tiene muy buen sabor y está  acompañado de un salmorejo correcto, aunque un poco pasado de pimiento, si nos ponemos muy puristas. La presentación es además interesante y es realmente cómodo de comer y muy disfrutable, porque la combinación entre el crujiente del bacalao, mojado en el salmorejo, funciona realmente bien.  

HOTEL SANTEMAR (Plaza Alfonso XIII) “Somos tan guays que ponemos unos caracteres japoneses en lugar de nombre al pincho”

Quitando la pijada del nombre -“dame el de feria”- el Santemar cumple, como todos los años, aunque sin llegar a la excelencia de los gyoza del año pasado. Presentación cuidada y original con esa caja de comida china, palillos (hay tenedor para los menos diestros) y, dentro de ellos, un cumplidor ramen (una sopa japonesa de fideos, mirad en la Wikipedia, que no os la vamos a fusilar, eso queda para otros pescados de la Bahía) con un buen sabor a marmita de bonito: un sabor tradicional de Santander en un formato nuevo. Imprescindible remover bien los fideos y beber el caldo que llevan. Su punto flojo es que los fideos no se mezclan bien con el caldo y los tropezones y queda deslabazado.

HOTEL BAHÍA (Plaza Alfonso XIII)  Flamenquín de lomo relleno de ricotta

Un verdadero insulto a lo que es un flamenquín, no solo por la forma, en un pincho de lo peor que hemos probado, que haría a cualquier cordobés que visitase la Feria sentirse hasta insultado. Un trozo de lomo reseco que custodiaba una mezcla insulsa de ricotta con espinacas, todo ello empanado de forma cuadrada (!), coronado por una mancha de ketchup o mostaza ya con costra. Todo ello frío y frito el siglo pasado. De pena.

LA BROCHETA (Plaza del Cuadro) Brocheta de pollo al curry con patata especiada.

Un sitio que todos los años mantiene el nivel. No se parten la cabeza y apuestan por su brocheta de pollo marinado al curry. Vale lo que dijimos el año pasado. El pollo está jugoso y sabroso, el curry no anula tu lengua e incluye cuatro patatas gajo en el cucurucho, que recogen la grasilla del pincho. Además, lo sirven bien caliente. Buena nota, como siempre.

TABERNA DEL QUÉBEC (Pombo)  Hamburguesa de rabo de toro

En una de sus múltiples encarnaciones (ni la Virgen María, señora) el Quebec nos trae una de la ubicuas mini hanmburguesas, que infestan las casetas desde sus inicios. Su versión, de carne de rabo de toro, resulta francamente sabrosa, pero bastante seca, pues solo es de carne picada (ay, esa miga de pan, que hace digerible a la carne picada) y, además, solo la bautizan con un mínimo chorrito de ketchup. Aprueba, aunque se hace un poco larga de masticar, más cuando la cerveza disponible es esa abominación llamada Amstel.

CAFETERÍA LA HERMIDA (Ayuntamiento)  Crujiente de morcilla.

Como no veíamos el crujiente de morcilla por ninguna parte, nos tiramos por otra versión del negro embutido. Esta vez, sobre una cama de pimientos, dos buenas rodajas de morcilla bien fritas. Una pena la tira de bacon babosillo encima de ella, porque no pintaba nada ni aportaba a la clasíca combinación rojinegra. Todavía, de haber sido crujiente el bacon, nos hubiese gustado, pero no era el caso. Mención especial a su patriótica presentación.

Y hasta aquí la primera entrega. Esperamos hacer una segunda entrega antes de que acabe la feria. Tenemos pendientes varias casetas recomendadas (por bien y por mal) aunque no sabemos hasta cuanto aguantará nuestro estomago.

P.D.: También probamos el pincho del Manila pero es que para informaros de que ha montado una franquicia en farolas con los mismos pinchos, creemos que con estas líneas es suficiente.

Guía Perolera de la Feria de Día 2015 (Capítulo II)

Hace ya un tiempo, se publicó la titánica dieta del célebre padre del gonzo, Hunter S. Thompson. Inspirados por su espíritu autodestructivo, cambiamos la droja, los porros y todas esas maravillosas substancias a las que era aficionado,  por los pinchos de la Feria de Día de 2015, donde, ya os hemos contado en la primera entrega, hemos disfrutado de algunas obras maestras del terrorismo gastronómico – seguro que en ISIS hay la tira de vacantes de cocinero, que pena-, salpicadas de honrosas excepciones.

Así que, bien puestos de omeprazol, por vía oral y no nasal, y con el Almax preparado para la noche, nos sacrificamos nuevamente y, continuando con la primera entrega de nuestra Guía, os contamos algo más de la Feria, y donde parar en sus últimos días, que algún sitio merece la pena.

CON BUENA LETRA (Puertochico) Secreto Ibérico lacado con salsa Hoisin

Pues esta cafetería (creemos) debutaba en la feria de día con un pincho de cocina fusión. Parece que habían estado a rueda de las tendencias de los mejores pinchos otros años (vamos, los del Santemar) y se lanzaron a meter la salsa Hoisin. Esta salsa, a nosotros, nos pareció una versión más suave en el sabor que una salsa de soja convencional. El pincho estaba bueno, aunque mejor con un pan tostado que con uno del día anterior. Es reseñable el esfuerzo en la presentación, que aunque lleva tiempo, lo hace mucho más apetecible.

CERVECERÍA CRUZ BLANCA (Pombo) Mini hamburguesa de tudanca con salsa de Tresviso

La concepción del plato (si, otra p… mini hamburguesa) nos metía más miedo que una inspección de Montoro, pero entre el monopolio del pincho-hormigonazo de las casetas de aquel bar cuyo nombre es lo que más le pone a Revilla, a veces tuvimos que ir a por el menos malo. Pero si se usan buenos ingredientes y hay buena ejecución, el pincho de la Cruz Blanca no es igual a las del resto. Pan fresco, carne en su punto y fuerte y salsa de queso en cantidad hacen que sea un bocadillo jugoso y rico. Esta vez, la apuesta  que hicimos, aunque teníamos en contra a más disidentes que Pablo Iglesias en Podemos, fue acertada. No es ni mucho menos de los peores. Eso sí, no busquéis originalidad en la receta.

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PUERTA 23 (Puertochico) Chipirón Ali-oli

Es difícil a veces encontrar la justa medida a la hora de juzgar a los pinchos, ya que depende de con qué los comparemos. Afirmar que pincho del Puerta 23 está por encima de la media  de la Feria nos lleva a concluir que el nivel general no es muy alto. Correcto de temperatura, correcto de textura, correcto ali-oli, y el pan aceptable para haberlo pedido a las tantas de la noche. Eso sí, las medidas son más de tapita que de pincho, pero en eso también anda en la media, así que de nuevo cubren el expediente. En definitiva no es un pincho que ganará concursos pero en el reino de los ciegos…

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EL PANEL (Pombo) Perrito caliente

Si, la desconfianza era total. El que se haya tajado en Santander durante su adolescencia no olvidará este bar en el que se te pegaban los pies y el vino de coco (en porrón) corría por la barra cómo las cataratas del Niagara.

Pero su perrito (no quisimos saber que llevaba su pincho de feria en forma de tartaleta) ni mucho menos era de lo peor. Un pan que no era Bimbo o sucedáneo, una salchicha gorda, y un ketchup normal. La cantidad era buena para el precio pero no penséis que es una maravilla. Las patatas paja podían usarlas para limpiar el suelo en vez de con azufre, ya que no pintaban nada. En definitiva, en Pombo, como fue en la Porticada, el único perrito que vale es el de la furgoneta (y fe de ello damos con las colas que había).

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Como colofón a este desenfreno, una pequeña reflexión final. Este ha sido el octavo año de Feria de Día y, en nuestra opinión, el más pobre: cada vez es más difícil encontrar pinchos que nos hagan disfrutar verdaderamente, y sí más panes duros y viejos, carnes recalentadas, bocados fríos y toda serie de abominaciones gastronómicas. Mención aparte merece la cerveza, esa insípida Amstel, de dificil trago en cuanto sube un par de grados su temperatura de servicio, que no siempre es el mejor. Tres cuartos de lo mismo podemos decir de los vinos. Por eso, no es extraño ver que este año ha habido menos casetas y zonas que nunca -ya no están la plaza de Juan Carlos I o el muelle-, con muchos habituales retirándose del juego. Solo salva a la Feria el hecho de ser una oportunidad excelente para lanzarse y compartir la calle con los amigos y disfrutar del suave verano cantábrico.

Así que si nos ceñimos en lo puramente gastronómico, dudamos que siga otros 8 años esta feria si sigue esta falta de interés de las hostelería por presentar  lo mejor de si mismos. Al final, el consumidor no es tonto y puede que lo otros años era adoración y colas frente a las casetas acaben convirtiéndose en mamotretos en la calle  rechazados por el ciudadano medio.

Feria de día 2014: Nuestra hoja de ruta (2º fascículo) – Bonus Track: “Smart WC”

Seguimos con nuestro recorrido por las casetas de Santander. Os pasamos la segunda ronda de sitios que hemos visitado; veréis que hay sitios buenos, aceptables y otros en los que prefieres no haber dicho eso de “quiero el pincho de feria” ya que cuando lo pruebas te sientes más estafado que un accionista de Gowex.

Bar “Cantabria”. Croquetón de Jamón.

(Plaza de Pombo)

Sí, ya sabemos que somos muy pesados con las croquetas, pero algún día lo explicaremos. Por ahora, contaros que el croquetón de jamón del Cantabria es de lo peor que hemos comido en la Feria: blandito el empanado, dura por dentro, un verdadero mazacote sin sabor ni fundamento alguno, imposible de tragar sin la cerveza. Mínimo con tres días de curación, porque aquella verdadera ofensa a lo que es una croqueta no podía ser del día. Difícil distinguirlo de una pelota de goma de los antidisturbios. También tienen rulo de queso de cabra con cebolla caramelizada, que sin estar mal es verdadero epítome de los pinchos aburrido y clónico de estos años de Feria.

Hablando de clónico, os podemos informar que la misma pelota la podéis encontrar en la caseta de “Viva la Pepa” (en la plaza del cuadro) y en Casa Goria (plaza de Pombo).  Pura coincidencia, seguro.

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“La brocheta”: Cucurucho de pincho moruno y patatas gajo.

(Plaza del Cuadro)

Tuvo gran éxito de público en el pasado año y este repiten. En un cucurucho de papel una brocheta de pollo marinado al curry y unas patatas de acompañamiento. La brocheta está sabrosa y resultona, no son trozos de pechuga del pleistoceno y está jugosilla, con un curry muy agradable y nada empalagoso. Hace falta un poco de pericia para comerla, pero es un pincho muy disfrutable. La media docena de patatas fritas, son de gajo con piel. Nada del otro jueves, pero absorben parte de la grasilla de la brocheta y tienen su gracia. pero entre tanta papa chunga se agradece que hayan ido a la gama alta de los congelados.

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“Luzmela”: Mejillones en Escabeche

(Plaza del Ayuntamiento)

Nos ha gustado la caseta del Luzmela. No tiene ningún pincho “premium” pero por lo que hemos catado y visto están por encima de la media. Se lo han currado y es de agradecer.

A sugerencia de uno de sus camareros probamos los mejillones en escabeche. Ración generosa, equilibrada de sabores y que en una tarde de sol de justicia es una buena opción, ya que es un pincho que se toma frío.  Nos pareció correcto.

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También probamos su fajita de pollo. Es una apuesta segura. La faja está correcta, el pollo un pelín seco y con el picante justo para alegrar el conjunto y de paso animarte a pedir otra caña, si se tercia.

Lo dicho, no es una caseta que vaya a ganar el concurso de pinchos pero es de las más equilibradas en oferta y calidad. Os la recomendamos.

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Bar “Castilla 23”: Solomillo (ibérico) al Queso Azul

(Plaza del Ayuntamiento)

De la variada oferta de pinchos este fue el único que nos llamo la atención, ya que el resto nos pareció bastante corriente (de batalla). Este solomillo (ibérico) cumplió. Un poco seco, como es lógico en este tipo de carne, compensado por el toque del queso azul (líquido) que le daba la suficiente vida.

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“Centro Asturiano”: Pulpo a la Vinagreta

(Plaza del Juan Carlos I)

INCLUYE BONUS TRACK – El Smart WC

No teníamos pensado parar en esta caseta porque nos habían llegado referencias de que a pesar de su gran variedad de pinchos cubrían el expediente muy justos… y en algunos casos ni eso.

Lo que es la vida y llevar una perolera muy meona en la expedición cambió totalmente nuestra experiencia en esta zona de casetas. Por si no lo sabéis Santander tiene Smart WC que funciona solo con tarjetas… pero con cualquier tarjeta.

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Tras unos instantes de desconcierto intentando acceder al WC pagando los correspondientes 30 céntimos, estos eran devueltos sin motivo aparente por la propia máquina. Y allí que apareció un “guaje” que tras la barra de la Caseta del Centro Asturiano hace las veces de Smart WC Guide para turistas despistados.

Nos explicó que no cogía monedas y que lo intentáramos con cualquier tarjeta que tuviera banda magnética (la sanitaria, la de la biblioteca, la de Cortefiel… cualquiera).

Viendo que no nos funcionaba la operación y como tampoco había demasiado público en ese momento salió de la caseta, cogió la tarjeta, la pasó por el lector, tiró de la puerta… y voilá!!!

Agradecidos, no nos quedó otra que jugarnos el tipo en su caseta, con desigual suerte.

El pulpo a la vinagreta bien. Nuevamente, para un día soleado en el que el astro rey aprieta, es una buena elección. Correctos el pan, la vinagreta (pelín aceitosilla) y el pulpo.

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Y también catamos el que seguramente sea uno de los peores pinchos de feria. Esto sí que es batalla, como la de Covadonga por lo menos. Estando correcto el rebozado, el interior es un engrudo, sin sabor y en el que no podemos adivinar a ciencia cierta qué es lo que estamos comiendo. Es  basto hasta decir basta. Croquetones así alimentan las tesis de aquellos blogueros cortesanos que desprecian croquetas y tortillas. Save the croquetas!!!

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 “El Desfiladero”: Brocheta de ternera y verduras

(Alameda)

Hola Hotel Santemar, tenéis un serio competidor. Nos ha gustado mucho El Desfiladero. Estando como están en la zona del Alisal (calle de Los Ciruelos) algo que logísticamente seguro que les complica la vida, no han dudado en darlo todo en esta feria.

Junto a nosotros llegó un grupo de peñistas sin comer (eran más de las cuatro) y les ofrecieron marmita “que todavía queda”. Además de los variados pinchos que ofrecían (había de todo) tenían una quesada y una tarta al queso a la vista que eran toda una tentación.

Nos dejamos guiar por la camarera, majísima, que nos dijo que la brocheta era la mejor opción (y según ella la más votada). Estamos de acuerdo, sobre todo porque era ternera muy sabrosa, con el puntito justo de chimi churri (o como cojones se escriba) embadurnando el pan, pimientos del padrón (uno picó y el otro no) y el popular (en casetas) tomate cherry…  ah, y lo que nos enamoró, el toque de Sal Maldón. Así sí.

Un conjunto que lo sitúa en el podio de los mejores pinchos.

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Picos de Europa: Sandwich California

(Plaza Juan Carlos I)

En este caso el establecimiento decidió tirar por lo que más se le reconoce, sus famosos sandwich “California”, en un cuarto de su tamaño como pincho de feria. El que probamos no estaba seco (un milagro a estas alturas de feria), en una ración adecuada y con un sabor que recordaba a aquellas noches “toledanas” en las que el “Picos” abría pronto para poder comerte algo y compensar el exceso de bebidas espirituosas. Haciendo un símil futbolístico, han creado un pincho “cortito y al pie” sin ingenios creativos y sin engañar al personal. Es lo que ves.

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“Gambrinus”: Wrap de pollo.

(Alameda)

El local conocido por sus tortillas tenía una alternativa a su pincho de feria: un “medio” rollo (porque la cantidad era un poco corta) de una especie de ensalada de pollo y jamón york con cuatro trozos de lechuga. El resultado es bastante pobre, pero tranquilos, porque en el último momento antes de pedir, le echamos un “chorrazo” de salsa rosa y a correr.  Ay, cuanto daño estan haciendo los “biberones” de salsas o aceites; exprimes el bote y ya pareces un chef de estrella michelin.  A nosotros nos pareció bastante poco.

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Feria de día 2014: Nuestra hoja de ruta (1º fascículo)

Para finalizar esta primera temporada de publicaciones en nuestro blog, pensamos que lo mejor era acabar con el tema gastronómico del que más se habla esta semana en nuestro entorno, y por gastronómico no nos referimos a la mascota del mundial de vela (y eso que nos la quieren meter hasta en la sopa) sino de las CASETAS que desde el pasado viernes 18 alzan sus puestos, en algunos casos por su ubicación, cara al sol.

Avisamos, ni vamos a probar todos los pinchos ni nos va a dar tiempo a comentarlos ya que no nos ha llegado el palé de Omeoprazol a tiempo. Haremos una breve reseña de cada uno e intentaremos a lo largo de la semana publicar otro post con una segunda ronda que catemos. La selección de los mismos va a ser al azar, o mejor dicho, el que menos nos cueste pedir, ya que estos primeros días parece que los reparten gratis, habiendo más peleas por conseguir sitio para pedir que un 7 de Julio en la Estafeta a las 8 de la mañana. Algún cliente casi nos “mocha” por conseguir nuestro pedido. Así que allá vamos:

Cafetetería “La Hermida”: Bomba de patata rellena de carne

(Plaza del Ayuntamiento)

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Este pincho si tuviésemos que definirlo en una sola palabra sería “contundencia”. Una bola de carne picada con su punto picante -creemos que con el objetivo de que te pidas otra caña- rebozada en una cobertura venida del país africano conocido como Fritanga. La patata no la hemos notado. No hay mucha elaboración pero creemos que está muy bien en cantidad y en sabor. Originalidad igual no tiene, pero con un par de estas bombas has llenado medio buche.

“La Tasquita”: Sorpresa de Bacon

(Plaza de Puertochico)

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Sorpresa, sorpresa, no sé, yo no ví a Isabel Gemio por ningún lado. Y sí hablamos del pincho, pues es un homenaje a la santísima Trinidad de los pinchos en los últimos años: reducción de modena, queso de cabra, y tomate cherry. De regalo la tira de bacon por sí echabas en falta el crisma sacramental de la grasaza. No resucitamos por probar este pincho. Casi acabamos en el infierno.

Hotel Santemar: Gyoza de verduras

(Paseo Marítimo)

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Lo que podría parecer un harakiri culinario en una ciudad tradicional como Santander se ha convertido probablemente y sin haber probado todos, en el mejor pincho de la feria. Para el que no lo sepa la gyoza es una especie de empanadilla al vapor de origen japones y que puede ser rellenada de multitud de cosas, en este caso de verduras. La pasta está muy bien y correctamente marcada con un relleno de verduras sabroso y acompañada de salsa de soja. El pincho de feria incluye dos unidades.

Hotel Escuela “Las Carolinas”: Empanada de carne

(Paseo Marítimo)

Una grata sorpresa en la que para algunos peroleros es de momento la zona de mayor calidad. Debéis probar la empanada de carne de Las Carolinas, no solo por la carne, que también, sino por el hojaldre que tanto en caliente como en recalentado (hemos repetido dos días) por sabores y texturas marida perfectamente con el relleno. De lo visto hasta ahora es de lo poco que podemos situar al nivel (alto) en el que se ha situado por méritos propios “El Santemar”.

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Por cierto, en esta zona de casetas, situada sobre al lado del Club Marítimo, nos sorprendió que a media tarde con todas las demás casetas abiertas y a pleno rendimiento nos encontramos “chapada” la caseta del Hotel Bahía, nuestras felicitaciones, les debe ir tan bien que no necesitan abrir el fin de semana completo.

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“El Riojano”: Castañeta Ibérica

(Plaza del Cuadro)

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No es una zona que nos haya entusiasmado demasiado la de la plaza del Cuadro. Fuimos a seguro, al Riojano, que nos parece un restaurante recomendable. En su caseta probamos su castañeta ibérica (dos mollejas) que nos pareció pasable. Mejor la salsa que lo acompaña que la propia carne, poco sabrosa y con una textura que no nos acabó de convencer. Claro que en esta caseta hubo alguna sorpresa aún más desagradable, el “Sputnik”, dos medias sardinillas de lata, resecas y camufladas bajo una cucharada de salsa picante de tomate; El Riojano solía ponerla como tapa con los vinos en la barra, pero decir que son un pincho y cobrarlas es un intento de tomar el pelo.

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También probamos el bacalao con tomate, probablemente el mejor pincho de los tres sobre todo por su salsa de tomate natural y bien elaborada.

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“La Mulata”: Barquita de rejos de calamar

(Plaza de Puertochico)

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Un pinchazo de libro. Esperábamos algo más de un sitio con la categoría y el nivel de La Mulata. No es que el rejo en sí esté mal, pues no estaba duro y era razonablemente sabroso -sin decir que estaba espectacular- pero todo lo que rodea al pincho es de traca, desde el alioli de bote, tan innecesario como insulso, hasta el nombre, ‘barqueta de rejos’, barqueta que consistía en una rodaja de pan cualquiera. Mucho mejor si hubiesen dejado de lado tanta floritura y hubiesen puesto dos o tres rejos más y más recientes.

 

Arrabal 11: no ponemos ni el nombre que nos da la risa

(Plaza de Pombo)

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Lo del arrabal 11 es el brindis al sol de la semana grande. Solo a un iluminado se le ocurre poner de pincho de feria un “Cucurucho de verduras deshidratadas con salsas”. Como el nombre ya nos escamaba, preguntamos a uno de los camareros que nos dejo probarlo sin compromiso…. y devuelto al instante que lo probamos. Como ya habíamos pedido bebidas, no nos quedo más remedio que pedir un cucurucho de croquetas, como no podía ser de otra forma, otro de morcilla y otro de patatas fritas. Señalar que los tres, tenían más grasa que Falete después de las comidas navideñas, además las croquetas dejaban bastante que desear, las patatas fritas eran congeladas que no siendo esto un crimen, teniendo en cuenta que es una caseta, sí lo es que estuviesen mal fritas. De los tres solo salvaríamos de la eliminación a la morcilla. Destacar además el rejonazo que nos pegaron al no ser ninguno de ellos el pincho de feria.

La Cátedra”: Chorizo Criollo  y Pincho Moruno con Mojo Picón

(Plaza de Pombo)

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Sin sorpresas. Es lo que se anuncia y lo que se pide. La contundencia de manual. Una parrilla incesante y kilos y kilos de género que se venden a ritmo sostenido (es lo que vimos). El chorizo estaba correcto y el mojo picón para nuestro gusto un pelín suave. No pasará a la historia de los pinchos pero es que una feria de día sin chorizo criollo es como un discurso de Floriano sin una gilipollez, inconcebible.

El pincho moruno por su parte parecía más bien subsahariano a juzgar por el color con el que nos llegó, un poco más de atención a la plancha habría evitado el carbonizado.