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La Vinoteca: Pasión, gloria y resurrección del apetito.

En momentos en los que hay muchas suspicacias sobre las opiniones de usuarios en las redes sociales sobre los locales de hostelería, tanto las campañas organizadas para tirar abajo un negocio o alabándolo para darle mayor visibilidad y prestigio,  durante muchos meses hemos visto que en Santander hay un puesto que no cambia, el número 1. El primero de la tabla y a mucha distancia del resto es “La Vinoteca”, casi más que el Barça en la liga (o ya no tanto). Así que fuimos cómo los tripe…perdón periodistas del As o del Marca a buscar si había algún defecto o tendríamos que poner las 3 estrellas a la cena que íbamos a degustar.

Con un servicio exquisito y una decoración fina, pero no “cuqui” en exceso como foto de blog de moda, nos acogieron para poder degustar sus excelencias. Tomamos un par de entrantes para dar tiempo a que preparasen los platos principales. Para abrir boca pedimos gambas a la sal con su punto de mayonesa. Al llevar la gamba muy poca elaboración la materia prima debe ser de calidad. Y aquí lo es. La pieza es excepcional de tamaño y sabor. El acompañamiento de la rúcula y la mayonesa es perfecta. Para que luego digan que 3 no se pueden poner de acuerdo (excepto en el congreso de los diputados).

vinoteca_gambas

Como segundo entrante tomamos el carpaccio de redondo de buey. Un “outsider” de la carta. Lo que pudiese ser un plato más de la carta de entrantes se convirtió en un buenísimo ejemplo de cómo se ejecutan los platos en la cocina de “La Vinoteca”. Corte justo, carne fresca, con unas lascas de queso que parecían sacadas de algún bifaz del paleolítico superior expuesto en el museo de prehistoria (save the MUPAC Iñigo!). El ungüento por encima remataba esta obra.

vinoteca_carpaccio

Y una vez hechas las presentaciones, vamos a trinchar el plato principal. Cómo estábamos en plena cuaresma, pedimos lo que correspondía a nuestra condición pecadora: solomillo de buey. Y si tenemos que cumplir penitencia por tomar la delicia que nos sirvieron, os prometemos que haremos el jubileo (lebaniego, por supuesto)  de rodillas y marcha atrás. Se nos caen las lágrimas de emoción ante una carne poco hecha, sin nervios, tierna,  sin nada de sal marina que matase el plato, y de remate por encima foie semiderretido que remataba esta obra maestra. En conclusión y por seguir con los términos pecadores: Teta de novicia.

vinoteca_solomillo

En un alarde del perolero que les escribe nos tiramos a por el postre. En este blog tenemos especial predilección por la tarta de queso en sus múltiples variedades. Aquí era una versión horneada, que estaba buena, pero puede que fuese el punto más flojo de la cena sobre todo en relación a lo que habíamos comido antes y el precio de cada uno. Estamos viendo una tendencia generalizada de subir los precios de los postres.  Al final, acabarán quitandolos por la desidia del comensal, que visto que no son nada del otro mundo prefieren tomar un café o un licor para acabar la cena o la comida.

vinoteca_tarta_queso

Fin de la fiesta en “La Vinoteca”. Una fiesta que nos dejó una resaca muy buena, en la que no tuvimos que tirar de omeoprazol y en la que todavía nos acordamos de la calidad de los ingredientes, la originalidad de platos tradicionales, la ejecución impecable de la cocina y un trato diferencial con el cliente. Juramos ante el (¿Solemne?) lábaro que volveremos no muy tarde.

De momento su web  anda caída y su facebook no está actualizado.

Dirección:  Calle Vargas 33-35, Santander, España.

Cantidad: Suficiente. No son "cagarrutas" de plato cuadrado.
Calidad: Orgasmo.
Presentación: Moderna pero sin extravagancias.
Servicio: Te tratan mejor que tu abuela en navidad.
Precio: 42€/persona y no nos pareció caro. Imaginaos como estaba todo.
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El Nuevo Molino: Derrapada con neumáticos Michelin

Entramos en el 2016, y en el Perolo, aunque somos de condición pobre, a alguno de nuestros miembros ya le ha llegado la tan cacareada recuperación económica, lo que le permite untar el bigote en sitios, a priori, de alto copete.

Y a pesar de la cantidad de webs, redes sociales y espacios para la opinión gastronómica, siempre tenemos cómo referencia a la guía Michelin, que es más sagrado y venerado que el Marca en el bar del pueblo. Este año en Cantabria no ha habido cambios. Aunque siempre hay rumores los días antes sobre aumento de estrellas o la salida del olimpo hostelero, otro año más permanecen los mismos en la cúspide.  En fin, a pesar del mercado de fichajes, siempre acaban Madrid  o Barça ganando los trofeos.

Por ello, y ya que el año pasado habíamos acudido a su otro restaurante en Santander, el Serbal,  nos pusimos el traje de los domingos, nos acicalamos y fuimos al Nuevo Molino, en Puente Arce, que desde hace varios años mantiene la estrella Michelin cómo prueba de su calidad.

El edificio y la finca donde se encuentra son preciosos, más que una puesta de sol del Padre Mariano, y nada más entrar el servicio es exquisito. Te sientes más a gusto que un rey emérito en país del golfo pérsico. Una vez sentados comenzó el desfile de platos. Ántes de pasar a su análisis hay que decir que jugamos a grande, y en vez del menú degustación pasamos a elegir de la carta.

Cómo aperitivo de bienvenida nos pusieron unos mejillones en vinagreta con una tira de emparedado (¡Ey Bubu!) con huevas de caviar. Muy rico y original.

aperitivo_nuevo_molino

A continuación, ya que eramos 4 comensales decidimos pedir dos entrantes  y luego un plato principal. Para que os salgan las cuentas mejor que Montoro en Hacienda, los entrantes si son a compartir se sirven en medias raciones  individuales. Si tenéis un poco más de conocimiento que un tronista os daréis cuenta que pedimos dos raciones de cada entrante. El primero fue carpaccio de vaca tudanca sobre torto de maíz y láminas de trufa.  El plato venía bien presentado aunque lo de utilizar tablas de madera es una modernidad que no entendemos. Acabaremos presentando platos sobre paletas de albañil.  Al degustar, el carpaccio estaba bien bueno pero el torto tenía partes algo más hechas, por no decir churruscadas,  y al introducirlo en boca producía una sensación molesta. La trufa se retiró por incomparecencia.

carpaccio_tudanca_nuevo_molino

El segundo entrante que se le solicitó fue la ensalada de salmón rojo y encurtidos. Aquí acertamos en la elección. No hubo ni debate electoral a 4. El salmón estaba muy fuerte de sabor, descartando el miedo inicial a que los encurtidos destrozaron el ingrediente principal. A destacar en el plato la espuma granizada de triguero. Puede que para alguno la ración sea escasa. Aquí se degusta, no es un “come todo lo que puedas”.

salmon_nuevo_molino

Y luego llegó el plato principal. El autor de esta crónica preguntó por la variedad de pescados, ya que en la carta informan que se elabora según el mercado y precio que haya ese día en lonja. Esperando algo más, se nos informó de varios pescados para comer, pero todos elaborados de la misma forma: al horno y marcados en plancha. Nos decidimos por el chicharro ya que no es un pescado muy caro y aparte si están todos hechos de la misma manera, igual de esta especie le sacabamos más jugo. Pues erramos. Habían puesto de guarnición un sofrito de cebolla caramelizada y reducida, que desinflaba el plato. El sabor de la guarnición era tan fuerte que dejó al chicharro apartado. Una pena.

chicharro_nuevo_molino

Finalmente queríamos comprobar todas las artes de El Nuevo Molino, y pedimos cómo postre helado de queso con frambuesa y crujiente de almendra. Así es el título del plato y así viene. No hay ninguna originalidad o cambio en el mismo. Estaba bueno pero no le deis más vueltas.  Alguna marca blanca también los hace deliciosos.

helado_nuevo_molino

En conclusión, comimos muy bien pero esperábamos el salto de calidad para verificar que es uno de los 5 mejores restaurantes de Cantabria. Parece que el refrán “lo más duro no es llegar al éxito sino mantenerlo” es inexacto en esta ocasión. Les costó llegar, pero el nivel de su cocina no parece haber mostrado signos de renovación. Esperamos que en próximas ocasiones nos sorprendan con nuevas propuestas, y no sea otras promesas electorales de más.

Os dejamos su Facebook, Twitter y web.

Dirección: Barrio del Monseñor 18, Puente Arce.

Cantidad: Justa para un buen almuerzo. No esperéis reventar pero tampoco pedir ayuda a la FAO.
Calidad: Muy buena, aunque echamos en falta el escalón de la guía Michelin.
Presentación: No es de las más extravagantes.
Servicio: Perfecto. Tratamiento VIP.
Precio: Con el vino (Abadía Retuerta Selección 22 €  una botella) salió 60 euros por persona. Aquí sí que el nivel la carta es Michelin.