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Viva Rusia y su supuesta ensaladilla 

Hace unos días nuestro amigo @RubenGaldon nos mando un mensaje para pedirnos que aportásemos nuestros escasos conocimientos gastronómicos para un artículo que iba a escribir para El comidista. Inmediatamente se encenderón todas nuestra alarmas… íbamos a hablar sobre ensaladilla en el blog que más nos ha hecho reír jamás. Enseguida nuestro grupo de whatsup echó humo…¿cuál ponemos?, qué coño sabemos nosotros de ensaladilla rusa y demás lindezas iban apareciendo en las pantallas. Definitivamente consensuamos un texto, ríanse ustedes de unas primarias, y ese texto es el que os reproducimos a continuación:

¿Hay buena ensaladilla rusa en Cantabria? En general no es un plato que se trate con cariño. Más bien, depende de la inspiración del cocinero. A veces encuentras buenas ensaladillas para refrescarte en verano y en otras te comes unos “desastres” peores que un recital mano a mano de Revilla con Bustamante. Además, tenemos la periñaca, ensalada fría con base de patata pero sin mayonesa que resiste la invasión rusa.

¿Dónde están las mejores que hayáis probado últimamente?
En Santander hemos probado las mejores en “la bodega del riojano” (con anchoas y guindillas) “el muelle del barrio pesquero” (con langostinos), aunque no son las versiones más tradicionales. También nos han gustado la de “el machi” y, fuera de la capital, en Pedreña, la del asador “La Trainera”.

¿Algún ingrediente que se eche normalmente en Cantabria y que no sea habitual? Usamos un producto que es bastante difícil de encontrar y nada típico de aquí: anchoas. Además, lo suyo es cambiar el atún por una buena conserva de bonito. 

¿Cuál es el mayor acto de terrorismo que habéis visto en una ensaladilla? Echar palitos de cangrejo. En una región costera cómo la nuestra lo que vimos fue más doloroso que mojar un sobao y ver que no chupara todo el café.

Las Piscinas de Villacarriedo: Chapuzón de calidad.

Hemos vuelto de manera puntual a nuestro formato porque publicar todo lo que sentimos y probamos en nuestra última visita se quedaba más corto que las lista de los que votaron en contra de Rajoy en el último congreso del PP.  Y es que lo pasamos muy bien en nuestra excursión a los valles pasiegos y en concreto a comer (según lo que vimos antes de reservar)  en uno de los mejores restaurantes en calidad/precio de la región: Las Piscinas de Villacarriedo.

Su nombre viene de la piscina municipal que se encuentran pegada al local, además de contar con pista de “futbito” (prohibido pegar “punterón”) y columpios para que tus críos reboten en el suelo cual muelles tras tirarse por el tobogán boca abajo. Si lo haces con 6 años es una chiquillada y tu padre te castiga; si los haces con 22 lo grabas, viene Red Bull, te paga un millonada y lo llamarían “toboganing”. Cuestión de edad.

Vamos al lío. Lo primero a destacar fue el impecable servicio desde el inicio hasta el final. Para empezar cambiaron una copa por no ser igual al resto, y nos atendieron correctamente, además de insistir por dos veces en la invitación al chupito, que renunciamos gustosamente ya que teníamos que conducir, y con tener a Miguel Ángel Rodríguez en este país, ya había suficientes peligros en la carretera. A continuación nos explicaron tanto la carta en los platos que no tenían así como las especialidades “fuera de carta”: esas manzanas de la tentación, que sabes que vas a degustar pero con riesgo de que te condene la cuenta.

Y como nosotros al cielo no vamos a ir, pedimos la sugerencia del revuelto de matanza como entrante. Un conjunto de huevo poco cuajado, con patata paja y trozos de chorizo, morcilla, tocino, etc. Miedo tenemos a encontrarnos un plato pesado, pero el sabor era bueno, la textura melosa pero sin llegar a ser sopa de yema, y los trozos de gorrino numerosos y jugosos.

las_piscinas_revuelto

A continuación cada uno de los tres comensales optó por opciones distintas pero siempre con el objetivo de comer de su propio plato  y coger del de los demás; Es lo que llamamos la teoría “Vistalegre II” o “déjame para mi todo Iñigo”. El primer comensal, carnívoro de cuna, pidió cabrito al horno. Con la ración que nos sirvieron podíamos luego segar todo el “verde” de la Braguía. Una ración generosa, con una carne tierna, jugosa, bien salseada y con una guarnición de patatas fritas buena. Habíamos elegido bien.

las_piscinas_cabrito

A continuación, uno de nuestros compañeros de mesa, con bastante menos hambre que el cavernícola del cabrito pidió los escalopines. Un plato que sorprende por estar rebozados, con un toque de sal en láminas por encima. La carne no estaba muy seca, y en la fritura no había exceso de grasa. Así que una elaboración sencilla que podría pasar sin pena ni gloria  (como una escalera mecánica más inaugurada por Gema Igual) acabó siendo un plato muy bueno y con ganas de repetir.

Las_piscinas_escalopines

Por último, la “tercera vía”, aquella que va a su bola, pidió el confit de pato. Un plato donde la carne y la salsa venía acompañada de piña. Y si, a pesar de oponernos  a las pizzas hawaianas cómo arquitectos a los edificios de Calatrava, en este caso quedó muy bien aderezada. El confit debía de ser un pato culturista porque la ración era bien grande. Recomendable para amantes de la pluma (no le busquen dobles sentidos).

las_piscinas_confit

Para acabar este banquete solicitamos 3 postres: Tarta de queso, flan de queso y crema de limón. A destacar la tarta por su base de sobao pasiego; si, el que tiene color amarillo radiactivo de la mantequilla que lleva. Los otros dos postres, cumplieron, tampoco eran el último descubrimiento de Zinc del mundo mundial.

Las_piscinas_tarta_de_queso

Finalmente, y aunque estábamos en el medio rural, se nos había  olvidado el carnet de consejero, así que pagamos muy gustosamente. El resultado fue acorde a lo que nos sirvieron. Se notaba que los alimentos eran buenos, que había sido cocinados con un resultado notable, el espacio era agradable y nos atendieron fenomenal. Aparte al salir vimos el particular “muro de celebridades” que han pasado por el lugar.  Con las fotos que tiene podrían hacer un especial del “Mondo Sonoro” con los músicos que han comido allí. Y si, no echamos en falta “Viento del Norte”.

Si queréis más información os dejamos su Facebook.

Dirección: Barrio La Pesquera s/n; Villacarriedo.

Cantidad: Hay que venir con más hambre que el Rockambole a las 6 de la mañana.
Calidad: Amor por cómo lo hacen. Fantástico.
Presentación: no hemos venido a perder el tiempo a que hagas fotos de los platos.
Servicio: Varios camareros distintos atendiendonos y organizados. El triple mortal conseguido.
Precio: 27€ / persona. Incluye una consumición en barra y una botella de Cuné. Así como la calidad está por encima de la media, el precio también. Depende de cada uno lo que quiera. No nos pareció caro para su calidad.

 

Umma, peregrinación obligatoria

Sí, sí, ya os estamos escuchando… tanto idolatrar las croquetas y todavía no habían  escrito nada sobre el Umma… tenéis toda la razón, somos un fraude, pero a estas alturas ya os debíais de haber dado cuenta.

La verdad es que llevábamos bastante tiempo pendientes de visitar el Umma pero  la divina providencia no  había querido que esto sucediera, y nos había hecho  deambular por un purgatorio croquetil en el que en escasas ocasiones veíamos las puertas del cielo entreabiertas. Pero como todo buen creyente nunca abandonamos nuestra fe y esta termino por guiarnos al Umma.

Llegamos a cenar sin reserva y tuvimos la suerte de que quedase una mesa para dos libre.  Una vez sentados revisamos la carta y la camarera nos cantó los platos fuera de carta, con precio incluido como se debe hacer. Tras revisar la carta y atender a las recomendaciones nos decidimos por compartir tres platos: media ración de croquetas, empanadas de gambas al ajillo y un lomo de vaca.

Lo primero en llegar a la mesa fueron las croquetas.  Se nos aparecieron en la mesa con una forma redondeada casi perfecta  propia de una divinidad. La partimos  para probarla con delicadeza y nos la llevamos a la boca. Fue en ese instante cuando   surgió nuestra revelación, igual que les paso a los argentinos con la “mano de dios” de Maradona, no pudimos más que adorar esa croqueta cremosa, sabrosa y delicada. Los argentinos crearon la iglesia maradoniana y a nosotros no nos va a quedar más remedio que crear la “iglesia croquetiana” cuyo primer mandamiento es ir al menos una vez al año a comer croquetas al Umma.

croquetas umma

El segundo plato en llegar a la mesa fueron las empanadas de gambas al ajillo que eran unas gyozas rellenas y acompañadas de algas y de salsa  sriracha. La pasta de las empanadillas estaba quizás un poco dura, pero el conjunto del plato era bueno  con un buen equilibrio de ajo y un muy buen aporte del alga  a la combinación de sabores del plato.

empanadillas-gambas-ajillo

Por último llego el lomo de vaca. El lomo de vaca venía acompañado de una ensalada de rúcula, peras y queso de Tresviso.  El lomo lo pedimos poco hecho y llegó justo en el punto solicitado. Una pieza de carne de muy buena calidad que cuando combinabas con el dulzor de la pera y la potencia del queso de Tresviso el resultado era estupendo. Un acierto de plato aunque algo caro.

lomo-de-vaca

Para rellenar algún hueco que nos debía de quedar pedimos  una tarta de pera. La tarta eran unas peras confitadas entre unas obleas crujientes y acompañadas por un helado de menta casero y unas nueces tostadas en exceso lo que amargaba un poco el sabor de la tarta. Aún con este pequeño defecto el resultado era bueno.

Nuestro paso por el Umma fue muy satisfactorio y sin duda volveremos pronto aunque sólo sea a comer unas croquetas en la barra. Es el lugar de peregrinación de la iglesia croquetiana.

Si queréis más información sobre el Umma os dejamos enlace a su web y a su FB.

Dirección:  C/ del Sol 47. Santander

Cantidad: las raciones están bien de tamaño. La ración de croquetas es de 12 unidades.
Calidad: muy buena.
Presentación: moderna sin estridencias.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: alto. De 30€ por cabeza en adelante.

La Trainera, pedreñismo de toda la vida

Los STV somos un poco como los musulmanes, ellos tiene su peregrinación a la Meca y nosotros todos los veranos peregrinamos a  Pedreña  para honrar a la  sardina. Es un ritual migratorio que siempre debe incluir el paseo en “pedreñera”,  barco para los castellanos, y cena o comida en uno de sus asadores.

Como ya  os habíamos dado nuestra opinión del  Tronky, en este viaje decidimos pasar por la Trainera, el   asador clásico de Pedreña de toda la vida .

En está visita nos salimos del,  para servidor,  el menú perfecto en la Trainera, sardinas y chipirones encebollados para picar y cualquiera de sus arroces para  cerrar.

Para este viaje  decidimos pedir varios platos para compartir. El primero en salir fue la ensaladilla.  Presentada en bolitas individuales como si fuese un helado, la ensaladilla estaba suave  y bastante buena, si bien es cierto que  preferimos  las patata un poco más grande y que quede más suelta.

ensaladilla-Trainera

A la ensaladilla la siguieron unas rabas, bien fritas y con un buen sabor y textura, aunque quizás un poco sosas.

rabas la trainera

Como no puede faltar en la mesa de un perolista, las croquetas hicieron su aparición en tercer lugar, unas   croquetas de pollo con una bechamel suave y con buen sabor, aunque sin ser una maravilla pasaban sobradamente el corte.

croquetas la trainera

Tras las croquetas llegaron los bocartes, esa joya del cantábrico que podríamos  devorar en cualquiera de sus variedades,  en este caso fueron fritos.  Género de calidad y bien fritos aunque algo sosos.

bocartes-trainera

Por último aterrizaron en nuestra mesa unos chipirones encebollados, un plato rico, con el chipiron en su punto exacto y una salsa para untar pan.

chipirones-trainera

Para rematar y llenar esos huecos que  quedaban  y un poco por glotonería terminamos con una trata de hojaldre que cumplió.

tarta-hojaldre-trainera

Como siempre, de la Trainera sales con la sensación de haber comido bien, aunque  en esta visita no fuese de  sus mejores días. Tendremos que volver para  contaros lo que en nuestra opinión es el menú ideal en la Trainera.

Dirección: Av. Severiano Ballesteros, 134. Pedreña

Cantidad: las raciones son de un tamaño medios, sin exceso.
Calidad: buena aunque este no fue su mejor día.
Presentación: como buen clásico, viejuna.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: el picoteo sobre 16€ por persona.Si te sales de ciertos platos no es barato.

 

Papanao: En este contenedor hay buena mercancia.

Santander se encuentra en invierno con su “día de la marmota” particular: ciclogénesis explosivas, proyectos fantasma que podrán a la ciudad en la vanguardia internacional, discusiones sobre si hay que soltar pasta al racing o la crisis de la hostelería hasta que llegue el buen tiempo y semana santa. Bueno, este año, sobre el aspecto meteorológico podríamos discutirlo, pero en general parece que por el número de amaneceres soleados del Padre Mariano y del Tomavistas, estadísticamente ha hecho mucho mejor que otros años.

Este buen tiempo anima también a frecuentar los bares, y además ahora un poco menos llenos después del “tsunami” navideño. Todos hemos comenzado la dieta que cómo jubileo lebaniego (en 2017 hablaremos de ello, todo sea por pillar subvención) nos perdone nuestros pecados de gula pasados. Así que nos lanzamos a la calle y estuvimos en un local que precisamente, durante las pasadas fiestas estuvo a reventar entre benjamines de cava y raciones de rabas. Se llama “Papanao”, y desconocemos el origen del nombre, aunque suponemos que no tenga relación ni con antiguos locales “explosivos” ni con horrorosos estribillos (y lo sabes) que se pusieron de moda por cantantes en su senectud.

Es un local nuevo, en pleno centro y desde fuera se ve la intención de ofrecer que quieren ser algo diferente a lo que hay alrededor: su fachadas representa varios contenedores de puerto apilados. Así no hay motivo para no localizarlo. Fuimos sin reserva y rápidamente nos encontraron hueco (igual que la mierda de Guipúzcoa en el vertedero de Meruelo) para poder cenar.

Su carta está compuesta por raciones y algún plato para compartir pero es corta y concreta. Al ser 3 personas para cenar preferimos pedir medias raciones para poder probar un poco de todo y así ver cómo se manejan en cocina. Avisamos sobre el tamaño de la ración porque realmente eran grandes y así tenéis cuidado al elegir; no vaya a ser que tengáis que pedir un tupper al final de la cena y esto no es la casa de vuestra madre.

Comenzamos con uno de los platos por antonomasia para empezar una cena: el pudding de cabracho.  Pobre pez, siempre destinado a ser triturado para untarlo.  Abocado a su exterminio, como un congreso de UPyD. Normalmente no hay mucha complicación en elaborarlo, y el personal no le presta ni la más mínima atención: a engullirlo. En el caso de “Papanao” resalta su textura, punto justo para el unte en el pan pero sin ser papilla, consistente, sabor más fuerte que la media y con una mayonesa casera de rechupete. Sorpresa entre los peroleros por este buen plato.

Papanao_cabracho

Vamos a por la segunda media ración: rejos. Aunque en la carta informaba de rabas de calamar, el camarero, muy atento, nos informó que sería esta variedad la que serviría. Y fue un acierto. Un rejo “triscón”, con una fritura crujiente, nada grasienta, y como complemento un pequeño bol con ali-oli. Esta combinación está empezando a ser más frecuente de los habitual. Parece que ya no quedan suficientes rodajas de limón para los Giin-Tocnics y hay que redistribuir la producción. Aún así, estos rejos estaban de vicio.

Papanao_rejos

Y ahora, señoras y señores, viene la prueba de verdad: las croquetas. Pedimos las de jamón, las más clasicas. Presentada sobre una cama de patatas paja que aportaban menos que una comida de fraternidad en Podemos Cantabria, las croquetas estaban buenas. No llegan al punto de premio propio de nuestro blog y seguramente, de otros galardones que se han repartido sobre la masa de bechamel empanada (tranquilos que también iremos a hacer nuestra cata) pero cumplen y con nota. Además del minipunto a favor del regusto a nuez moscada. Un arte el de hacer croquetas que parece que si saben hacer en Papanao.

Papanao_croquetas

El plato principal y fin de la cena fue su solomillo a la plancha. Media ración acompañada de patatas fritas caseras y pimientos hechos también en la sarten. Aunque se les pasó pedir el punto en el que queriamos la carne, lo que nos ofrecieron estaba bastante bueno. La carne estuvo bien elaborada y sazonada. La guarnición también fue un acierto y estaba sabroso.

Papanao_solomillo

En definitiva, salimos del bar más contentos que Rita Barberá cuando se enteró que es aforada. El local es apetecible, las raciones son grandes y generosas, el servicio que nos atendió y colaborador, y la comida que se ofreció estaba bastante buena. El precio fue más barato que lo que esperamos aunque no pedimos postre (el elemento que infla las facturas más que un Palma Summit) y las bebidas no fueron de categoría premium.  Papanao ha entrado y muy fuerte en la guía “vamos a tomar unos vinos” de esta ciudad.

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Dirección: Hernán Cortés, 22. Santander

Cantidad: Sus medias raciones en otros bares son completas. 
Calidad: Muy bien. Ingredientes y elaboración de alto copete.
Presentación: más cuidada que un reportaje fotográfico del ¡Hola!
Servicio: Simpáticos y colaboradores. Con ganas de hacerlo bien.
Precio: 12 €/persona con dos copas de vino, una cerveza y agua. Atractivo para comer bien.

El Nuevo Molino: Derrapada con neumáticos Michelin

Entramos en el 2016, y en el Perolo, aunque somos de condición pobre, a alguno de nuestros miembros ya le ha llegado la tan cacareada recuperación económica, lo que le permite untar el bigote en sitios, a priori, de alto copete.

Y a pesar de la cantidad de webs, redes sociales y espacios para la opinión gastronómica, siempre tenemos cómo referencia a la guía Michelin, que es más sagrado y venerado que el Marca en el bar del pueblo. Este año en Cantabria no ha habido cambios. Aunque siempre hay rumores los días antes sobre aumento de estrellas o la salida del olimpo hostelero, otro año más permanecen los mismos en la cúspide.  En fin, a pesar del mercado de fichajes, siempre acaban Madrid  o Barça ganando los trofeos.

Por ello, y ya que el año pasado habíamos acudido a su otro restaurante en Santander, el Serbal,  nos pusimos el traje de los domingos, nos acicalamos y fuimos al Nuevo Molino, en Puente Arce, que desde hace varios años mantiene la estrella Michelin cómo prueba de su calidad.

El edificio y la finca donde se encuentra son preciosos, más que una puesta de sol del Padre Mariano, y nada más entrar el servicio es exquisito. Te sientes más a gusto que un rey emérito en país del golfo pérsico. Una vez sentados comenzó el desfile de platos. Ántes de pasar a su análisis hay que decir que jugamos a grande, y en vez del menú degustación pasamos a elegir de la carta.

Cómo aperitivo de bienvenida nos pusieron unos mejillones en vinagreta con una tira de emparedado (¡Ey Bubu!) con huevas de caviar. Muy rico y original.

aperitivo_nuevo_molino

A continuación, ya que eramos 4 comensales decidimos pedir dos entrantes  y luego un plato principal. Para que os salgan las cuentas mejor que Montoro en Hacienda, los entrantes si son a compartir se sirven en medias raciones  individuales. Si tenéis un poco más de conocimiento que un tronista os daréis cuenta que pedimos dos raciones de cada entrante. El primero fue carpaccio de vaca tudanca sobre torto de maíz y láminas de trufa.  El plato venía bien presentado aunque lo de utilizar tablas de madera es una modernidad que no entendemos. Acabaremos presentando platos sobre paletas de albañil.  Al degustar, el carpaccio estaba bien bueno pero el torto tenía partes algo más hechas, por no decir churruscadas,  y al introducirlo en boca producía una sensación molesta. La trufa se retiró por incomparecencia.

carpaccio_tudanca_nuevo_molino

El segundo entrante que se le solicitó fue la ensalada de salmón rojo y encurtidos. Aquí acertamos en la elección. No hubo ni debate electoral a 4. El salmón estaba muy fuerte de sabor, descartando el miedo inicial a que los encurtidos destrozaron el ingrediente principal. A destacar en el plato la espuma granizada de triguero. Puede que para alguno la ración sea escasa. Aquí se degusta, no es un “come todo lo que puedas”.

salmon_nuevo_molino

Y luego llegó el plato principal. El autor de esta crónica preguntó por la variedad de pescados, ya que en la carta informan que se elabora según el mercado y precio que haya ese día en lonja. Esperando algo más, se nos informó de varios pescados para comer, pero todos elaborados de la misma forma: al horno y marcados en plancha. Nos decidimos por el chicharro ya que no es un pescado muy caro y aparte si están todos hechos de la misma manera, igual de esta especie le sacabamos más jugo. Pues erramos. Habían puesto de guarnición un sofrito de cebolla caramelizada y reducida, que desinflaba el plato. El sabor de la guarnición era tan fuerte que dejó al chicharro apartado. Una pena.

chicharro_nuevo_molino

Finalmente queríamos comprobar todas las artes de El Nuevo Molino, y pedimos cómo postre helado de queso con frambuesa y crujiente de almendra. Así es el título del plato y así viene. No hay ninguna originalidad o cambio en el mismo. Estaba bueno pero no le deis más vueltas.  Alguna marca blanca también los hace deliciosos.

helado_nuevo_molino

En conclusión, comimos muy bien pero esperábamos el salto de calidad para verificar que es uno de los 5 mejores restaurantes de Cantabria. Parece que el refrán “lo más duro no es llegar al éxito sino mantenerlo” es inexacto en esta ocasión. Les costó llegar, pero el nivel de su cocina no parece haber mostrado signos de renovación. Esperamos que en próximas ocasiones nos sorprendan con nuevas propuestas, y no sea otras promesas electorales de más.

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Dirección: Barrio del Monseñor 18, Puente Arce.

Cantidad: Justa para un buen almuerzo. No esperéis reventar pero tampoco pedir ayuda a la FAO.
Calidad: Muy buena, aunque echamos en falta el escalón de la guía Michelin.
Presentación: No es de las más extravagantes.
Servicio: Perfecto. Tratamiento VIP.
Precio: Con el vino (Abadía Retuerta Selección 22 €  una botella) salió 60 euros por persona. Aquí sí que el nivel la carta es Michelin.

Premios El Perolo 2015

Deseosos de resumir, perolísticamente hablando, el año que se nos escapa, retomamos la iniciativa del año pasado y, nuevamente, convocamos los Premios El Perolo, para distinguir los sitios que más nos han gustado (o menos) en el último año, para celebrar nuestro segundo año de andadura.

Convertidos ya en tradición inveterada -como el chupinazo de Santander, o las Guerras Cántabras, je je je- seguiremos una mecánica similar. Si queréis opinar, y así echarnos una mano, podéis dejar un comentario en esta entrada, en nuestro Facebook o tuitear con el hastag #PremiosPerolo, estando la participación abierta hasta el 31 de diciembre.

1.- Croqueta de Oro: Mejor croqueta que ha pasado por nuestro blog durante este año).

2.- Mejor plato de Perolo (Mejor plato de cuchara que ha pasado por nuestro blog en 2015).

3.- Pincho del Perolo (Mejor pincho de tortilla que ha hemos comido este año).

4.- Restaurante sorpresa de la temporada perolera (Restaurante que más nos ha sorprendido este año, por su calidad, precio y servicio)

5.- No sin mi Almax (Nuestra peor experiencia gastronómica del año).

6.- Premio del público perolero (el que para vosotros es el restaurante del año en Cantabria).

A principios de enero, publicaremos nuestras deliberaciones y vuestras opiniones sobre el premio del público.

tortilla_patata_catavinos
¿Revalidará su título la tortilla de Catavinos?