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Umma, peregrinación obligatoria

Sí, sí, ya os estamos escuchando… tanto idolatrar las croquetas y todavía no habían  escrito nada sobre el Umma… tenéis toda la razón, somos un fraude, pero a estas alturas ya os debíais de haber dado cuenta.

La verdad es que llevábamos bastante tiempo pendientes de visitar el Umma pero  la divina providencia no  había querido que esto sucediera, y nos había hecho  deambular por un purgatorio croquetil en el que en escasas ocasiones veíamos las puertas del cielo entreabiertas. Pero como todo buen creyente nunca abandonamos nuestra fe y esta termino por guiarnos al Umma.

Llegamos a cenar sin reserva y tuvimos la suerte de que quedase una mesa para dos libre.  Una vez sentados revisamos la carta y la camarera nos cantó los platos fuera de carta, con precio incluido como se debe hacer. Tras revisar la carta y atender a las recomendaciones nos decidimos por compartir tres platos: media ración de croquetas, empanadas de gambas al ajillo y un lomo de vaca.

Lo primero en llegar a la mesa fueron las croquetas.  Se nos aparecieron en la mesa con una forma redondeada casi perfecta  propia de una divinidad. La partimos  para probarla con delicadeza y nos la llevamos a la boca. Fue en ese instante cuando   surgió nuestra revelación, igual que les paso a los argentinos con la “mano de dios” de Maradona, no pudimos más que adorar esa croqueta cremosa, sabrosa y delicada. Los argentinos crearon la iglesia maradoniana y a nosotros no nos va a quedar más remedio que crear la “iglesia croquetiana” cuyo primer mandamiento es ir al menos una vez al año a comer croquetas al Umma.

croquetas umma

El segundo plato en llegar a la mesa fueron las empanadas de gambas al ajillo que eran unas gyozas rellenas y acompañadas de algas y de salsa  sriracha. La pasta de las empanadillas estaba quizás un poco dura, pero el conjunto del plato era bueno  con un buen equilibrio de ajo y un muy buen aporte del alga  a la combinación de sabores del plato.

empanadillas-gambas-ajillo

Por último llego el lomo de vaca. El lomo de vaca venía acompañado de una ensalada de rúcula, peras y queso de Tresviso.  El lomo lo pedimos poco hecho y llegó justo en el punto solicitado. Una pieza de carne de muy buena calidad que cuando combinabas con el dulzor de la pera y la potencia del queso de Tresviso el resultado era estupendo. Un acierto de plato aunque algo caro.

lomo-de-vaca

Para rellenar algún hueco que nos debía de quedar pedimos  una tarta de pera. La tarta eran unas peras confitadas entre unas obleas crujientes y acompañadas por un helado de menta casero y unas nueces tostadas en exceso lo que amargaba un poco el sabor de la tarta. Aún con este pequeño defecto el resultado era bueno.

Nuestro paso por el Umma fue muy satisfactorio y sin duda volveremos pronto aunque sólo sea a comer unas croquetas en la barra. Es el lugar de peregrinación de la iglesia croquetiana.

Si queréis más información sobre el Umma os dejamos enlace a su web y a su FB.

Dirección:  C/ del Sol 47. Santander

Cantidad: las raciones están bien de tamaño. La ración de croquetas es de 12 unidades.
Calidad: muy buena.
Presentación: moderna sin estridencias.
Servicio: bueno y muy agradable.
Precio: alto. De 30€ por cabeza en adelante.

La Vinoteca: Pasión, gloria y resurrección del apetito.

En momentos en los que hay muchas suspicacias sobre las opiniones de usuarios en las redes sociales sobre los locales de hostelería, tanto las campañas organizadas para tirar abajo un negocio o alabándolo para darle mayor visibilidad y prestigio,  durante muchos meses hemos visto que en Santander hay un puesto que no cambia, el número 1. El primero de la tabla y a mucha distancia del resto es “La Vinoteca”, casi más que el Barça en la liga (o ya no tanto). Así que fuimos cómo los tripe…perdón periodistas del As o del Marca a buscar si había algún defecto o tendríamos que poner las 3 estrellas a la cena que íbamos a degustar.

Con un servicio exquisito y una decoración fina, pero no “cuqui” en exceso como foto de blog de moda, nos acogieron para poder degustar sus excelencias. Tomamos un par de entrantes para dar tiempo a que preparasen los platos principales. Para abrir boca pedimos gambas a la sal con su punto de mayonesa. Al llevar la gamba muy poca elaboración la materia prima debe ser de calidad. Y aquí lo es. La pieza es excepcional de tamaño y sabor. El acompañamiento de la rúcula y la mayonesa es perfecta. Para que luego digan que 3 no se pueden poner de acuerdo (excepto en el congreso de los diputados).

vinoteca_gambas

Como segundo entrante tomamos el carpaccio de redondo de buey. Un “outsider” de la carta. Lo que pudiese ser un plato más de la carta de entrantes se convirtió en un buenísimo ejemplo de cómo se ejecutan los platos en la cocina de “La Vinoteca”. Corte justo, carne fresca, con unas lascas de queso que parecían sacadas de algún bifaz del paleolítico superior expuesto en el museo de prehistoria (save the MUPAC Iñigo!). El ungüento por encima remataba esta obra.

vinoteca_carpaccio

Y una vez hechas las presentaciones, vamos a trinchar el plato principal. Cómo estábamos en plena cuaresma, pedimos lo que correspondía a nuestra condición pecadora: solomillo de buey. Y si tenemos que cumplir penitencia por tomar la delicia que nos sirvieron, os prometemos que haremos el jubileo (lebaniego, por supuesto)  de rodillas y marcha atrás. Se nos caen las lágrimas de emoción ante una carne poco hecha, sin nervios, tierna,  sin nada de sal marina que matase el plato, y de remate por encima foie semiderretido que remataba esta obra maestra. En conclusión y por seguir con los términos pecadores: Teta de novicia.

vinoteca_solomillo

En un alarde del perolero que les escribe nos tiramos a por el postre. En este blog tenemos especial predilección por la tarta de queso en sus múltiples variedades. Aquí era una versión horneada, que estaba buena, pero puede que fuese el punto más flojo de la cena sobre todo en relación a lo que habíamos comido antes y el precio de cada uno. Estamos viendo una tendencia generalizada de subir los precios de los postres.  Al final, acabarán quitandolos por la desidia del comensal, que visto que no son nada del otro mundo prefieren tomar un café o un licor para acabar la cena o la comida.

vinoteca_tarta_queso

Fin de la fiesta en “La Vinoteca”. Una fiesta que nos dejó una resaca muy buena, en la que no tuvimos que tirar de omeoprazol y en la que todavía nos acordamos de la calidad de los ingredientes, la originalidad de platos tradicionales, la ejecución impecable de la cocina y un trato diferencial con el cliente. Juramos ante el (¿Solemne?) lábaro que volveremos no muy tarde.

De momento su web  anda caída y su facebook no está actualizado.

Dirección:  Calle Vargas 33-35, Santander, España.

Cantidad: Suficiente. No son "cagarrutas" de plato cuadrado.
Calidad: Orgasmo.
Presentación: Moderna pero sin extravagancias.
Servicio: Te tratan mejor que tu abuela en navidad.
Precio: 42€/persona y no nos pareció caro. Imaginaos como estaba todo.

Britannia: Pim, pam… ¡pizza!

Teníamos ganas de venir a la pizzería Britannia, uno de los negocios más vetustos a la hora de llevar comida a domicilio en Santander. Ahora que se pide la comida a golpe de click, Britannia fue de los primeros en traer sus pizzas a tu casa, y del éxito de su negocio se expandió, con dos locales en General Dávila y desde hace unos años cambiandolo por un local más grande a las afueras de la ciudad. Ahora están en el comienzo de la autovía S-20, allí donde hasta hace poco los prados con vacas se convirtieron en  promociones inmobiliarias durante la era dorada del cemento.

Una decisión arriesgada, ya que para poder llegar es casi imprescindible usar vehiculo privado, pero damos fé de que no ha restado público a su local ni a sus pedidos. Tal es su éxito que era la tercera vez que intentamos cenar en el local, y esta vez tuvimos que esperar un cuarto de hora para poder sentarnos. La demanda de espacio es más complicada que el orden de los escaños en el congreso de los diputados.

Así que una vez en nuestra mesa nos trajeron su carta. Una lista de platos detallados punto por punto, lo que la convertía en una guía más larga que las instrucciones de uso de una termomix. Los peroleros queríamos probar la variedad de la carta, asi que cada uno pidió un plato diferente.

En primer lugar, el integrante del grupo más talibán contra las dietas pidió pasta para cenar. Hidratos por la noche, porque nos gusta reventar el régimen norcoreano de verdura hervida. Y hablando de radicalismos, atención amantes de la cocina italiana: se pidió tallarines a la carbonara, que evidentemente estaban hechos con… nata. Que queréis que os digamos, salvo que aquí en la carta ya especificaron los ingredientes de su salsa. El plato era muy grande, tan profundo que se podía hacer natación sincronizada en su fondo ,igual con más suerte que la selección española. La pasta no estaba “al dente” pero tampoco recocida y la salsa estaba bien de gusto, sobretodo por el sabor a pimienta negra.

Britannia_carbonara

El siguiente comensal pidió lasaña de carne con curry. En otro plato inmenso, tan grande que te traen una paleta para extraerlo (un poco más y suena la marcha nupcial en el restaurante) y hasta arriba de carne especiada con curry. Ahí está a la vez su mayor fortaleza y debilidad: el sabor es diferente y sabroso pero acabas hasta la coronilla de la lasaña. Así que ojo, porque puedes acabar del curry más harto que la elección de la sede del MUPAC.

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Por último el tercer perolero pidió pizza vegetal; si, como siga este integrante vamos a dejar de ser “compi yoguis”. Y Britannia sigue haciendo las pizzas con la misma receta que tanto éxito le ha dado durante estos años: una pizza de tamaño individual suficiente, con una base de pan fuerte y siempre con esa capa de grasa que te convierte en experto en “gochismo” desde el primer bocado.  Una delicia prohibida.

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Pizzeria Britannia sigue fiel a su estilo, algo lógico teniendo en cuenta lo bien que les va. No es una opción para sibaritas de la cocina internacional, pero por precio y cantidad quedas más que satisfecho. Antes de que triunfase el naranja en las encuestas de Metroscopia ya había una cocina que tenía más apoyos que Pedro Sánchez en una sesión de investidura.

Os dejamos su web y Facebook.

Dirección: Calle Luis Riera Vega S/N. Santander, 39012.

Cantidad: Brutalismo.
Calidad: Batalla de las Ardenas.
Presentación: Sobria. Nada de aderezos decorativos.
Servicio: Excelente. Cómo mayordomos del anuncio de Ferrero Roché.
Precio: Normal. Draghi no bajará más los tipos para que vayas a comer.

La Vegana: confusión en el cruce

Nos está ocurriendo últimamente que, a nuestros ojos, muchos restaurantes comienzan a mimetizarse, pareciéndose demasiado entre ellos, desde las cartas-un picoteo variado, sin muchas emociones- hasta esa decoración entre antigua y cuqui, intentando hacer creer que el local quedó anclado a un tiempo antiguo y, solo por efecto de la nostalgia, más feliz. Empezamos a pensar que es mentira aquello que decía Wislawa Szymborska de que nada se repite y no hay ni dos noches, ni dos besos ni dos citas iguales.

Atraídos por sus cuñas radiofónicas -este estilo Los Carabelas, verdadero rat pack santanderino- nos presentamos en el cruce de carreteras que, desde hace no mucho alberga a La Vegana, para cenar.

Para poder comprobar un poco como tocan los diferentes palos, nos inclinamos por un picoteo variado. Quizá eligiésemos mal y no

Iniciamos con una tabla de embutidos recomendada en la casa. Jamón por un lado, cecina curada de León y cecina ahumada, coronadas por unos pedacitos de queso tiernos. El plato nos dejó tan fríos como él mismo. El jamón corriente, la cecina curada bastante bien, de un nivel correcto. Sin embargo, respecto de la ahumada no conseguíamos encontrar ninguna nota distintiva con la primera y, por su parte, el queso, de pasta blanda, no nos llamó especialmente la atención ni por su textura ni por su sabor.

embutidos_vegana

Luego llegaron las rabas. Sosas hasta aburrir, sin el punto de consistencia adecuado en el cefalópodo -no estaban blandas pero tampoco ofrecía esa leve resistencia gozosa de la mejor raba- y con una fritura de aprobado. Además, la ración no nos pareció muy abundante, parecida a la media de Papanao.

rabas_la_vegana

Las croquetas nos merecen igual juicio que las rabas. Corrientes sin estar malas, un pelín sosas e indefinidas en el sabor, con alguna pequeña rotura en el empanado. No pretendemos que cualquier croqueta nos levante del asiento a dar palmas, pero esta francamente ganó nuestra indiferencia.

Croquetas_vegana

Por último, atacamos unos mejillones. Y otra vez nos dejaron aburridos. Si la esencia del mejillón es al final la salsa, hasta el punto que más de un detractor de este molusco consiente que se pidan raciones solo para mojar barcos de pan del tamaño de un petrolero, en este caso, faltó algo. Ni picaba, ni realzaba sabores, ni refrescaba el paladar, ni nos llevaba a mojar. Una cosa indeterminada.

mejillones_la_vegana

Terminamos con los postres. Muy bien ligado y con el punto justo de dulce el arroz con leche. Sin embargo, la tarta de tres chocolates, podría haber salido con buena nota, pero en el último momento alguien en cocina echó mano de un biberon de sirope y bombardeó sin compasión la tarta, anulando cualquier posible matiz o sabor diferente.

tarta_chocolates__la_vegana

Nos vamos con una sensación triste y gesto aburrido. Quizá no hayamos sabido sacar partido a la carta de La Vegana pero, desde luego, lo que hemos probado no ha estado al nivel de lo que esperábamos, dejándonos pensando si nos habíamos confundido de cruce

Cantidad: normal tirando a escasa
Calidad: ni frío ni calor
Presentación: sencilla pero correcta
Servicio: normal
Precio: Menos de 20€ por cabeza, botella de vino incluida.

 

Papanao: En este contenedor hay buena mercancia.

Santander se encuentra en invierno con su “día de la marmota” particular: ciclogénesis explosivas, proyectos fantasma que podrán a la ciudad en la vanguardia internacional, discusiones sobre si hay que soltar pasta al racing o la crisis de la hostelería hasta que llegue el buen tiempo y semana santa. Bueno, este año, sobre el aspecto meteorológico podríamos discutirlo, pero en general parece que por el número de amaneceres soleados del Padre Mariano y del Tomavistas, estadísticamente ha hecho mucho mejor que otros años.

Este buen tiempo anima también a frecuentar los bares, y además ahora un poco menos llenos después del “tsunami” navideño. Todos hemos comenzado la dieta que cómo jubileo lebaniego (en 2017 hablaremos de ello, todo sea por pillar subvención) nos perdone nuestros pecados de gula pasados. Así que nos lanzamos a la calle y estuvimos en un local que precisamente, durante las pasadas fiestas estuvo a reventar entre benjamines de cava y raciones de rabas. Se llama “Papanao”, y desconocemos el origen del nombre, aunque suponemos que no tenga relación ni con antiguos locales “explosivos” ni con horrorosos estribillos (y lo sabes) que se pusieron de moda por cantantes en su senectud.

Es un local nuevo, en pleno centro y desde fuera se ve la intención de ofrecer que quieren ser algo diferente a lo que hay alrededor: su fachadas representa varios contenedores de puerto apilados. Así no hay motivo para no localizarlo. Fuimos sin reserva y rápidamente nos encontraron hueco (igual que la mierda de Guipúzcoa en el vertedero de Meruelo) para poder cenar.

Su carta está compuesta por raciones y algún plato para compartir pero es corta y concreta. Al ser 3 personas para cenar preferimos pedir medias raciones para poder probar un poco de todo y así ver cómo se manejan en cocina. Avisamos sobre el tamaño de la ración porque realmente eran grandes y así tenéis cuidado al elegir; no vaya a ser que tengáis que pedir un tupper al final de la cena y esto no es la casa de vuestra madre.

Comenzamos con uno de los platos por antonomasia para empezar una cena: el pudding de cabracho.  Pobre pez, siempre destinado a ser triturado para untarlo.  Abocado a su exterminio, como un congreso de UPyD. Normalmente no hay mucha complicación en elaborarlo, y el personal no le presta ni la más mínima atención: a engullirlo. En el caso de “Papanao” resalta su textura, punto justo para el unte en el pan pero sin ser papilla, consistente, sabor más fuerte que la media y con una mayonesa casera de rechupete. Sorpresa entre los peroleros por este buen plato.

Papanao_cabracho

Vamos a por la segunda media ración: rejos. Aunque en la carta informaba de rabas de calamar, el camarero, muy atento, nos informó que sería esta variedad la que serviría. Y fue un acierto. Un rejo “triscón”, con una fritura crujiente, nada grasienta, y como complemento un pequeño bol con ali-oli. Esta combinación está empezando a ser más frecuente de los habitual. Parece que ya no quedan suficientes rodajas de limón para los Giin-Tocnics y hay que redistribuir la producción. Aún así, estos rejos estaban de vicio.

Papanao_rejos

Y ahora, señoras y señores, viene la prueba de verdad: las croquetas. Pedimos las de jamón, las más clasicas. Presentada sobre una cama de patatas paja que aportaban menos que una comida de fraternidad en Podemos Cantabria, las croquetas estaban buenas. No llegan al punto de premio propio de nuestro blog y seguramente, de otros galardones que se han repartido sobre la masa de bechamel empanada (tranquilos que también iremos a hacer nuestra cata) pero cumplen y con nota. Además del minipunto a favor del regusto a nuez moscada. Un arte el de hacer croquetas que parece que si saben hacer en Papanao.

Papanao_croquetas

El plato principal y fin de la cena fue su solomillo a la plancha. Media ración acompañada de patatas fritas caseras y pimientos hechos también en la sarten. Aunque se les pasó pedir el punto en el que queriamos la carne, lo que nos ofrecieron estaba bastante bueno. La carne estuvo bien elaborada y sazonada. La guarnición también fue un acierto y estaba sabroso.

Papanao_solomillo

En definitiva, salimos del bar más contentos que Rita Barberá cuando se enteró que es aforada. El local es apetecible, las raciones son grandes y generosas, el servicio que nos atendió y colaborador, y la comida que se ofreció estaba bastante buena. El precio fue más barato que lo que esperamos aunque no pedimos postre (el elemento que infla las facturas más que un Palma Summit) y las bebidas no fueron de categoría premium.  Papanao ha entrado y muy fuerte en la guía “vamos a tomar unos vinos” de esta ciudad.

Os dejamos su Facebook e instagram.

Dirección: Hernán Cortés, 22. Santander

Cantidad: Sus medias raciones en otros bares son completas. 
Calidad: Muy bien. Ingredientes y elaboración de alto copete.
Presentación: más cuidada que un reportaje fotográfico del ¡Hola!
Servicio: Simpáticos y colaboradores. Con ganas de hacerlo bien.
Precio: 12 €/persona con dos copas de vino, una cerveza y agua. Atractivo para comer bien.

Zissou un universo acuático

Allá por 2004, Wes Anderson filmó Life Aquatic, una delirante comedia en la que el oceanógrafo Steve Zissou, un híbrido entre Cousteu y el Capitán Ahab interpretado por Bill Murray, se lanzaba a una loca aventura en busca del tiburón que había matado a su padre.

Inspirado en el personaje de Murray, abrió hace unos meses en Santander un nuevo restaurante llamado Zissou y es ahí donde entramos en acción los locos documentalistas del Perolo.

El primer plato en ser filmado por nuestra tripulación fueron dos raciones de rabas, ese plato tan mitológico en la gastronomía cántabra como Moby Dick en la literatura. Unas rabas en su punto de fritura, sabrosas y acompañadas por un suave alioli, un buen plato.

El siguiente espécimen en ser filmado por nuestros documentalistas fueron unas almejas en salsa verde.  En este caso, parecían submarinos en el potingue verde. Estaban sabrosas aunque en el lado negativo algunas de ellas estaban más cerradas que la cueva de Altamira (salvo que seas un multimillonario y conozcas a Francisco Martín). Así que nuestro gozo en un pozo.

Los entrantes los completamos con un steak tartar. Nos llegó ya realizado, nada de shows en directo realizandolo en la mesa (tampoco hay espacio en el local, todo hay que decirlo). Para los que no es nuestro plato más apetitoso hay que decir que estaba bueno. Carne fresca, bien macerada y frío, quizás demasiado.

Así como en los entrantes el pescado fue la elección mayoritaria, en los platos principales la carne ganó por mayoría absoluta.

Varios pedimos el lomo de vaca a la plancha con patatas y pimientos de guarnición. Carne al punto, tirando a poco hecha (cómo se pidió), en una ración donde la guarnición estaba a la misma altura del plato, con unas patatas fritas, sin exceso de aceite y unos pimientos asados bien elaborados. El plato nos gustó sin reservas.

El solomillo estaba en su punto justo, tal como lo pedimos, tierno como la mantequilla y bien secundado por las patatas, las salsas y unos toques de romero que realzaban el sabor limpio de la carne.

El plato de carilleras bajó un poco el nivel general, buen producto pero para nuestro gusto un poco secas.

Para rematar la cena algún perolero goloso se ánimo a pedir postre. Pedimos la tarta de manzana con helado, un hojaldre caramelizado con la manzana, similar a los pasteles que puedes encontrarte en cualquier bandeja de fiesta de cumpleaños en tu casa. Sin más mérito.

La cena la acompañamos de un par de botellitas de un rioja que está ajustado de precio y nos gusta, El niño.

En definitiva, Zissou nos gustó por la buena elaboración, cuidada presentación y variedad en su carta, aunque tiene puntos que mejorar como la coordinación del servicio o “un poco de por favor” en el tamaño de sus raciones, por lo menos para triperos como nosotros. Un local muy interesante y que creemos puede llegar lejos. Os dejamos su web, Facebook y twitter.

Dirección: Calle Ataulfo Argenta, 35. Santander.

Trás esta aventura acuática no os podíamos dejar sin una banda sonora adecuada para ella.

Cantidad: Un poco más en el plato no va a sobrar.
Calidad: Bien. Hay ganas de hacerlo bien.
Presentación: Muy buena. Los platos entran por los ojos.
Servicio: Les falta un poco de coordinación con la sala llena.
Precio: Un poco por encima de la media, pero acorde a su calidad. Sobre 30€ por persona.

Agave Azul: dame, dame, dame, dame el power

Después de la genialidad escrita en nuestro blog por Galindo Berana con su “Guía inútil de la gastronomía mejicana”, no teníamos muy claro si podríamos volver a escribir sobre un restaurante mejicano sin quedar con el culo al aire. Como somos un poco descerebrados y la vergüenza nos abandono a la vez que el desodorante, decidimos visitar el Agave Azúl para que nos puedan crujir a gusto desde el otro lado del océano o todo aquel que lo desee.

Al llegar al local echamos un ojo a la decoración y encontramos el cuadro de una virgen, la cual para nosotros lo mismo podía ser la de Guadalupe que la del Carmen, para que vean hasta donde llega nuestra cultura mariana, pero que nos dio tranquilidad ya que aunque solo sea por aproximación se cumplía un “principio Berana”.

La segunda señal de que estábamos en el buen camino  se produjo cuando el “mesero” nos trajo lo primero de todo las “3 salsas” que como las gracias de Rubens eran abundantes, suntuosas y unas más picantes que otras.

Tras una ojeada a la carta y ver que no aparecía por ningún lado la palabra fajita, lo que nos confirmó que no estábamos en Valladolid, nos decidimos por 5 platos que pasamos a valorar y que acompañamos de unas Pacífico.

El primer plato en llegar a la mesa fueron unos Chilaquiles que venían con queso bañados en salsa de chile verde y con un poco de salsa de chile rojo por encima. Un plato muy bueno al que por ponerle un pero le echamos en falta un puntito de picante. Si van al Agave les recomendamos los Chilaquiles por encima de los Nachos.

chilaquiles-agave-azul

El segundo plato en pasar por nuestra mesa fueron unas Enchiladas Mole Poblano. Las enchiladas estaban rellenas de pollo y bañadas en un mole poblano con el punto perfecto de dulce y picante.

enchiladas-mole-poblano-agave

Nuestra tercera elección fueron unas Quesadilla pastor, que son unas tortilla  envuelta y rellena de queso y carne marinada. El peligro de este plato es que el queso mate el sabor de la carne, algo que en las del Agave no sucede. Aquí el queso le da cremosidad al plato y no le resta nada de sabor a la carne.

quesadilla-pastor-agave

El órdago a grande llego con los Chiles rellenos, que son como los pimientos de padrón, unos pican un poco y otros de cojones… en el caso del que escribe estas lineas fue lo segundo lo que provoco una nueva ronda de Pacíficos. Aunque bastante picantes, disfrutamos cada bocado.

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Para cerrar llego el Chamorro. La carne estaba en un punto perfecto, se desmigaba con la mirara y facilitaba la preparación de las tortillas que acompañamos de la salsa más picante de las tres. Después de los chiles ya estábamos en un claro “from lost to the river”, casi como los del “junts pel si” pero en versión picante.

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En definitiva una gran cena rematada por un precio más que razonable, y si Galindo, al día siguiente se cumplió el efecto Kardashian.

Os enlazamos su FB por si queréis cotillear más.

Dirección: C/ del Sol, 40. También hay otro en el Pasaje de Arcillero junto a la Plaza Porticada. Ambos en Santander.

Cantidad: muy bien. Si eres de poco comer pide con moderación.
Calidad: de visita obligada.
Presentación: sin lujos pero correcta.
Servicio: agradable sin resultar pesado.
Precio: 22 € por cabeza. Teniendo en cuenta que éramos 3 y las 2 rondas de Pacíficos nos parece más que razonable.