Archivo de la categoría: Colaboraciones peroleras

Magnolia con rima

Autor: @patricianuro

Último domingo de febrero, lluvia y frío
Vermús, cerveza y El Cadelo cerrado en el Río.
¿Dónde ir después de comer ostras irlandesas
en La Mar y habernos sentido cual duquesas?

Pues al Magnolia en Tetuán, a ver si en la capital
Los de Suesa lo hacen igual.
El sitio es original, singular, peculiar
Con lo difícil que ahora es molar.

carta-magnolia

Para picar croquetotas de gamba al ajillo
Con sabor, cremosas,  grandes y muy ricas
No sobró nada de nada, ni una pizca
Son croquetas hechas con cariño, nada de en un ratillo.

Croquetas_magnolia_santander

Boquerones en vinagre con pesto y chips
Para eso que llaman romper en boca
Y la mezcla un poco sí te vuelve loca.

boquerones_magnolia_santander

Tabla de quesos sui géneris de quesos de verdad
nada de quesos de plástico del Lupa o similar.
Buenísimos aunque sólo hubo de tres tipos
y esa cantidad no te quita ni el hipo.

 

Unos garbanzos con langostinos para la señorita
A las señoritas nos gustan los platos de cuchara
Elegimos culo o cara. Tocaba cara.
Buen guiso, como lo haría nuestra abuelita.

garbanzos_langostinos_magnolia_santander

Unas carrilleras al vino con patatas fritas para el caballero
tan buenas y tan ricas como el sol de febrero.

carrilleras_magnolia

Secreto ibérico a la plancha con pimientos rojos.
El comensal los pidió sin chimichurri argentino
Tenía planes , es un poco cochino.
Parecían mantequilla,
Dios santo, qué maravilla.

presa_magnolia_santander

Burrata de pimientos asados con tostas
Lo más normal
sin que estuviera  mal.

Tosta_pimientos_magnolia_santander

Panacotta de chocolate blanco y tarta de queso
de postre.  Qué delicia de tarta, Dios santo,
casera, al horno y dulce sin empalagar tanto.

tarta_queso_magnolia_santander

Bebimos dos botellas de vino que encarecieron la cuenta
pero que nos hicieron la comida aún más suculenta.

Si quieres a alguien conquistar
Al Magnolia le has de llevar.
Yo así lo haré
y a ti te conquistaré.

Cantidad: normal
Calidad: muy bien. El dichoso rockandroll está en sus platos.
Presentación: sencilla pero fresca.
Servicio: muy agradables.
Precio: 30€ por persona con dos botellas de vino, agua y cafés. Justo.

Guía inútil de la gastronomía mexicana

Nuevamente, sin atisbo alguno de vergüenza, El Perolo se complace en presentar otra colaboración de lujo: la guía más incorrecta sobre auténticos restaurantes mexicanos. Les dejamos con los gambeteos hechos prosa, el rigor calvinista en la puntuación, la elegancia sintáctica y las afiladas observaciones del Moltisanti de los columnistas de acá. Con ustedes, Galindo Berana.

Galindo Berana y dos cuates en busca de una buena tortilla
Galindo Berana y dos cuates en busca de una buena tortilla

Pepe Carvalho bebe para recordar y come para olvidar, pero claro, Carvalho siempre tiene cerca a Biscúter, personaje arquetípico, referente de una Barcelona que fue Marsella, Palermo y Génova y que en su afán por encontrar la modernez se convirtió en un ser inerte. Ojalá un Biscúter cocinando en todos los restaurantes temáticos del mundo. Crepes de manos de cerdo con alioli, bocadillos de pan con tomate con pescado frito frío y pimientos verdes, berenjenas a la crema de gambas, caracoles a la borgoñesa, bacalao con roquefort, patatas con chistorra, Singapur Slings… Carvalho, además, quemaba libros a cascoporro, quizás porque no conoció algunos restaurantes mexicanos que se multiplican por el mundo; de haberlos visitado quién sabe si estos hubieran terminado entre llamas. He aquí la guía para no convertir en cenizas a esta gastronomía Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

1.- Pregunta al dueño, o al maitre en ausencia del primero, por Ramón Ramírez. Fue el Pirlo azteca, la mano que mecía la cuna del fútbol mexicano. Si no lo conocen, mal rollo; empieza a sospechar.

2.- En los restaurantes mexicanos no hay chupitos. Se llaman caballitos y no son precisamente los de Farolas. Si alguien te ofrece un chupito de tequila, busca la comisaría más cercana; puede que en lugar de estar en un restaurante mexicano estés en un garito de la calle San Luis. Por cierto, el tequila se pide derecho y el Sauza no es tequila, es disolvente. Observa que dispongan de diferentes tipos: añejo, cristalino, blanco, reposado… El tequila es a México como la crispación al Racing. Si no existe, no es real. Si además la botella tiene un sombrero en el tapón o un poncho colgando del cuello de la botella huye, estás en serio peligro.

3.- Busca una Virgen de Guadalupe. Puede estar en un cuadro, una figura en la pared, una camiseta o un colgante. Si no hay una Virgen de Guadalupe en el local puede que estés en Guatemala. O mucho peor: en Valladolid.

4.- Si en la carta encuentras la palabra fajita no estás en México. Estás en la pinche Arizona, la pinche Texas o el pinche Nuevo México; bueno, quizás en Monterrey o Chihuahua, que es casi lo mismo. El tex-mex es a la comida mexicana como una tortilla de patatas en Ulan Bator para la gastronomía española.

5.- En un restaurante mexicano te sientas y te sirven salsas, normalmente tres: una roja, una verde y una muy picosa (si a De Gaulle se le complicaba gobernar Francia por la cantidad de quesos, que vaya a México a contar chiles). Además, también ponen limones verdes sobre la mesa. Si eres de los que le pone ese puto cítrico del demonio a las rabas quizás estés buscando limas, que son los amarillos. Pon a prueba al mesero (en México no hay camareros, sino meseros y se les llama jóvenes aunque tengan 147 años). Si no entiende la diferencia es un impostor.

6.- LAS SALSAS SON GRATIS.

7.- Las tortillas: han de ser de maíz o harina. Las de maíz son más pequeñas y con mucho más sabor. Ambas se sirven en tortilleras, envueltas en un trapo de tela y tapadas para que conserven el calor. Nunca se agarra la tortilla de arriba; es una falta de respeto, ya que es la encargada de mantener la temperatura del resto.

8.- LAS TORTILLAS SON GRATIS.

9.- Todo lo que va envuelto en una tortilla es un taco; así de claro. Un Volkswagen envuelto en una tortilla es un taco. Íñigo de la Serna envuelto en una tortilla es un taco; guapo y atractivo, pero un taco. Si pides tacos y no hay tortillas puede que eso sea México Jatetxea y estés en Lekeitio.

10.- Las carnitas no son filete de ternera troceado, ni carrilleras, ni magro con tomate ni hostias. Si pides carnitas y no te ofrecen de cueritos, costilla, maciza, machitos, lengua, chamorro, pierna… Pregúntale por Cuauhtémoc Blanco, quizá el dueño piense que es un mariachi y no un jugador de fútbol.

11.- Hay vida más allá de la Corona, pero si el mesero habla de ella como Coronita tuitéalo por impresentable. Indio, Tecate, Victoria, Pacífico, Carta Blanca, León, Bohemia clara, Bohemia Oscura, Dos Equis lager, Dos Equis ámbar, Montejo, Modelo Especial, Negra Modelo, Minerva, Sol, Colimita, Páramo, Tempus… En México la cerveza es como la corrupción, hay casi una marca por metro cuadrado.

12.- La cochinita pibil y los tacos al pastor SIEMPRE definen la calidad de un restaurante mexicano.

Y ahora disfruten de la pitanza. Si se enchilan, beban cerveza o coman chicharrón. Si al día siguiente sienten calor en esa parte del cuerpo que Kim Kardashian ha convertido en icono global, es que todo ha ido bien. Ya saben: México, tan lejos de dios, tan cerca de Estados Unidos (y del baño).

Fuente: Aion.mx
Peroleros enfurecidos. Fuente: Aion.mx

Podéis leer más artículos de Galindo en la web de Eldiario.es y más reflexiones en twitter.

El redoble

Autor: @patricianuro

Ojalá ir a comer siete, ocho, nueve personas. Sentarse en una mesa grande, compartir muchos platos y pedir muchas botellas de vino. Probar todos los postres, chupitos, reírse en una sobremesa eterna y todo el tiempo del mundo por delante. Horas y horas. Y al día siguiente poder dormir. Dormirla.

Pero es que no es posible, lo sabes. Hay trabajos precarios y hasta trabajos bien pagados pero con jornada partida y hay hijos, padres y tanto que hacer. Y no hay canguros, no hay dinero, no hay tiempo. Pero queremos vernos un par de horitas, nosotros los amigos, o los amantes, o los que negociamos, o los que queremos contarnos una cosa. En una mesa y frente a una buena comida, como hacíamos antes.

Buscamos un sitio a medio camino, nada extraordinario; que se pueda aparcar, que se coma bien, que esté limpio, que merezca la pena el esfuerzo y la alegría de vernos. Un día es un día,dejaremos de lado los menús de a 6,90€ que nos repiten toda la tarde. Como si volviéramos a ser jóvenes, no hay mañana, acuérdate de cómo era . Un par de horas nada más.

Y llegamos a El Redoble en Puente Arce. Antes veníamos mucho a comer arroz, ¿te acuerdas? Fuimos a tantos sitios ya cerrados que esto es un milagro. Nos gustaban tanto estos arroces y probamos casi todos, a ti el negro te encantaba. Sigue estando junto a la carretera y sigue sin ser el sitio más bonito del mundo. No hay jardincito, ni frases en las paredes que nos digan que somos invencibles. ¡Qué más nos da! Es un lugar amplio, huele bien, hoy hace sol, nos dan una esquinita. Hemos venido a comer y a hablar. A comer bien y a hablar de algo tonto e importante.

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Menú del día, ¿no? Sí, no tenemos tiempo para esperar a que nos preparen uno de sus ricos arroces, hay que irse pronto. Quizá otro día, una noche de verano, tal vez, sí.

¿Vino? Ojalá, pero tenemos que llevar el coche. Bueno, venga, una copita cada uno, para brindar. Por aquello, por nosotros, por la vida.

La camarera es muy agradable y se va rápido. Bien.redoble_2

De aperitivo, mojama de bonito con crema de calabaza. ¡Qué rico! Moja, moja el pan en ese aceite tan bueno, dí que sí. A mí ya me da todo igual, sólo quiero que las cosas me sepan bien. La crema es puré pero casero, nos vale.redoble_3

Un entrante, ensalada de frutos del bosque con queso de cabra. Tomate, lechuga, pistachos, nueces, pasas y queso de cabra. Rico, fresquito pero aliñado en cocina. Bueno, total, como tenemos prisa da igual. No sé si eso es lo que hay en un bosque, ¿te acuerdas cuando vivíamos en los bosques, como Thoreau?redoble_4

Otro entrante, timbal de bacalao con verduritas y queso sobre patata. Está rico, ¿tal vez un poco soso, dices? Espera, ya te cuento yo una cosa para que te rías. La verdurita bien hecha, como a ti te gustaba. No has dejado nada, ¿qué te dan de comer en ese sitio en el que vives?redoble_5

Y por fin el arroz, hoy a la valenciana, con su conejo y su pollo. Hoy tocaba este arroz. Otro día volvemos, si eso, a ver si nos toca el cremoso o el de bogavante, ¿te acuerdas que rico estaba? Pero este es generoso en pollo, en conejo y en arroz. Y rico también el alioli. Pero no podemos más, nos sobra arroz, no acabamos la fuente. El tiempo sí, el tiempo si que se nos acaba,mierda.

Podíamos haber pedido dos postres diferentes y, sin embargo, seguimos pidiendo fruta de postre, como hacíamos siempre. Como si estuviéramos en casa, eso es que estamos a gusto. Plátano y piña de verdad, se agradece. Ligerito que hay que ir a trabajar.

Un café sin copa ni puro en las mesas de la calle, tomando un poquito el sol. Ya pago yo, sí, ya veré como resuelvo el mes, me quitaré algo. Sí, barato no es, pero hemos comido bien y no se trataba de eso pero comer también importa. Hemos elegido bien el sitio para un rato y un día de diario.

Tenemos que repetirlo alguna otra vez. Joder, no hemos usado el móvil, hacía mucho tiempo que no veía una mesa sin móviles. Sí, tú también estás muy bien. En serio, verte ha sido fantástico, hay ratos que te echo de menos. Da recuerdos. Adiós.

Os dejamos su web y Facebook.

Dirección: Bº El Perujo, nº 8,39478, Puente Arce (Cantabria).

Cantidad: Bien. Sobró arroz y eso que no mordisqueamos la carne.
Calidad: Buena. La ensalada no parecía de Florette, ya nos conformamos.
Presentación: Buena también. Una es ñiñiñiñi para estas cosas y no hay queja, al contrario.
Servicio: Correcto, casi que majísimas.
Precio: Menú del día 16,36€. Normal, tirando a caro, como la carta. Pero la sensación de comer bien compensa.

El tal Remartínez

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El intrépido reportero conoce a El Perolo

Si fuéramos la CIA, no diríamos que lo que cuenta el tal Remartínez en su columna de hoy es parcialmente falso, sino que, directa y radicalmente, los hechos relatados no existieron. Que nosotros ni existimos, y solo somos una ficción.

Pero como somos nosotros mismos, os contaremos realmente lo que sucedió. O pudo suceder. Que no recordamos.

Os diremos que esperábamos a nuestro invitado sentados alrededor de una mesa, botella de vino abierta y copa en ristre, decidiendo si poníamos cara de serios, si nos poníamos una máscara veneciana, o si nos partíamos de risa. Así que llegó, un poco tarde, como novia en boda, acicalado, afeitado, ligeramente peinado -con ese estudiado despeinado de los que son decentemente modernos- y con su mejor camiseta. Puso cara de sorpresa, y preguntó si era el momento de desnudarse o si mejor esperábamos a los chupitos, aclarando que no era un chico fácil.

Nuestro intrépido reportero inquirió sobre la metodología perolística –metodoloqué, contestamos- , nuestro origen y nuestros planes para dominar el mundo. Resueltos los enigmas, nos entregamos al papeo, al vino y a rajar. Por que otra cosa no, pero rajar, rajamos mucho, repartiendo pitidos por los oídos por doquier.

Para rematar la noche, entre protestas de nuestro invitado por no haberse tenido que desnudar, ni haberle vendado los ojos, ni apuntado un compás contra su pecho, nos intoxicamos moderadamente -el iniciado mantuvo su dignidad al prescindir del ubicuo  gin & tonic- y nos fuimos deshaciendo en las horas de la noche entre cambios de bar, apariciones y desapariciones femeninas. Nos despedimos cruzando duelos croqueteriles, pactando en sangre su silencio -ya ven, y va el jodido y escribe una columna- y prometiéndonos amor eterno.

Pero nada de esto ocurrió. Nada.

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Al final de la noche
Cantidad: Está un poco escurrido, pero aguanta bien la bebida
Calidad: Excepcional.
Presentación: Muy acaldado, con camiseta de Hora de Aventuras.
Servicio: Fue poco, creemos.
Precio: Incalculable, aunque no le pagamos nada.

No vuelvas a preguntarme si la gastronomía es arte

Cuando recibimos esta colaboración no supimos, la verdad, qué decir al autor. Su calidad, tanto en la forma como en el fondo, excedía con creces el nivel que nosotros somos capaces de producir. Salvado el primer impulso de recomendarle que enviase el texto a Fuet, Apicius, Babelia o algo con más caché y más digno que este pequeño experimento de unos amigos, pero con el descaro y la poca vergüenza de aquel difunto punki (no sabemos tocar…) tenemos el honor de presentaros una reflexión sobre alta cocina y arte. Con ustedes, el más felliniano de los columnistas de aquí: David Remartinez.

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La gastronomía española alcanzó hace dos años un cénit de locura que tardará tiempo en ser superado y al que no se le ha prestado suficiente atención. Vamos a hacerlo.

Los hermanos Roca, cocinero, pastelero y sumiller máximos, tres figuras de la cocina mundial, los tres hijos perfectos que cualquier amante de la gastronomía querría concebir, adiestrar y luego disfrutar en casa como un tío Gilito con sus sobrinos; los Roca, uno de los cuales, por cierto, se parece muchísimo (pero muchísimo) al Phineas de los dibujos animados (“Phineas y Ferb”), organizaron en mayo de 2013 una cena supina cuyo concepto surgió de la siguiente reflexión:“Entendemos que también se puede comer cerebralmente, intelectualmente, conceptualmente, artísticamente”.

Quizá ahora se te haya quedado cara de Perry el ornitorrinco. Paciencia en tal caso.

Esa reflexión punsetiana se tradujo a su vez en la siguiente pretensión: “Crear una sinergia con las nuevas tecnologías, acompañadas de piezas musicales compuestas específicamente, para ligar tanto la imagen visual, como lo que nosotros vamos a dar de comer”. Es decir, quisieron pergeñar un espectáculo absoluto, al modo wagneriano, que de hecho aspiraba a emular el concepto de arte total (música, teatro, poesía) de las óperas del genio alemán chiflado. Los Roca prepararon “una primera y única cena”, con 12 comensales selectos, 12 platos imposibles, 12 vinos recónditos, y con 40 artistas de distintas disciplinas (música, poesía, etcétera) implicados en un convite definitivo que Leonardo, sin duda, se hubiera muerto por retratar (aunque solo fuera por el reto de enfrentarse a una mesa redonda, en lugar de a una larga barra). Los tres hermanos llamaron a su acontecimiento “El somni”,que en catalán significa “El sueño”.

 el somni representación

Para quienes no estuvimos en aquella última cena, el resultado se puede intuir ahora en un documental editado por Mediapro. Los anteriores entrecomillados, y los siguientes, están sacados de dicha película.

Para un aficionado doméstico al yantar, el documental, en sí, resulta frustrante. De lo puramente cocinístico, resume con parquedad el antes, concede solo detalles del durante, y revela muy poco de la sobremesa posterior, donde compartieron mantel Ferran Adrià, Miquel Barceló o Harold McGee. Ni siquiera especifica los vinos servidos, o el porqué de la elección de los ingredientes. Se centra, casi obsesivamente, en “el proceso de creación”; en la verbalización de la inquietud que condujo a los tres hermanos a liar una performance de ese calibre. En ese discurso articulado, Joan, Jordi y Josep defienden, con notable esfuerzo, que la elaboración de comida sofisticada merece ser considerada en sí misma un arte a la altura de Wagner, de Leonardo da Vinci o de las películas animadas de Disney. “El Somni”, en esencia, no muestra el talento de sus promotores, sino que funciona como una reivindicación de un oficio que ha tomado conciencia de su trascendencia actual, y que por tanto reclama un título.

Tiene lógica. En su “Diccionario de las artes, Félix de Azúa explica que lo mismo sucedió hace un siglo con el cine: “Los empresarios norteamericanos deseaban dar un aire de solemnidad a uno de los negocios más rentables del siglo XX . (…). Querían ganar dinero lo más dignamente posible. Pero una vez ganado el dinero, era inevitable proceder al ennoblecimiento de la mercancía. Exactamente el mismo proceso transformó los talleres artesanales del gótico en estudios para artistas filósofos a partir del Renacimiento”.

Quienes disfrutamos todos los días con el simple y milagroso acto de comer y beber sabemos, aunque nunca nos lo hayamos planteado, que la cocina puede ser un arte. Su capacidad de emoción y su misterio puede igualar el de una canción, una película, un edificio, un cuadro, un vestido de Balenciaga o un libro. Es un gozo vivo, fugaz, recurrente, humilde e inefable. Puede hacerte tocar algo por un instante sin saber el qué. Incluso sabemos que, como expresión humana, la comida puede combinarse con otros placeres y multiplicar de esa forma su potencial satisfacción. Yo mismo ceno muchos días viendo una película, leyendo un libro o -si tengo suerte- disfrutando de una buena conversación con alguien inteligente. Y a veces, una combinación certera de esos factores me regala cierto cielo.

Helado de masa madre
Helado de masa madre

Sin embargo, a los genios del fogón les da apuro recolocarse en el olimpo al que saben de sobra que han llegado. “Eso de si somos artistas o no es un debate muy aburrido. Somos cocineros, preparamos comida ante todo. Es cierto que cada vez conceptualizamos más, que elaboramos discursos de la comida. Pero al fin y al cabo, estamos dando de comer. Si eso se concibe como arte, mejor, pero no seremos nosotros quienes lo diremos”, puntualiza uno de los Roca en un momento del documental. ¿Falsa humildad? Claro. Y no porque el propio ‘Somni’, como idea, desmonte esa disculpa de monje, sino porque acto seguido escuchas a otro Roca decir lo siguiente: “Yo, de esta cena tan especial espero una reflexión sobre los sentidos, sobre dónde estamos antropológicamente; dónde está la cocina desde un punto de vista intelectual; cómo podemos llegar a jugar desde esta vertiente transversal con la creatividad; qué puede quedar de lo que simboliza el arte total con el epicentro de la gastronomía. ¿Estamos capacitados para gozar al máximo de todos los sentidos? ¿Cuál es el límite? Con la cena que haremos, con este sueño, entiendo que tendremos la respuesta”. Hasta el infinito y más allá.

La pena es que la respuesta les salió algo batiburrillo y un pelín hortera (o eso se intuye de las escasas pistas que da el documental).

La acumulación de factores no garantiza una buena multiplicación, igual que la abundancia de platos no mejora un menú per se. Hay óperas fallidas, como bien sabe José María Cano. El Somni, en su búsqueda de la “experiencia” definitiva, encadena montajes audiovisuales para cada receta proyectados sobre la mesa y dos paneles traseros, que saltan con atropello del zodiaco al coito, o de la luna a la guerra, intentando armarse a través de un supuesto relato mitológico que no se llega a entender. Los mitos funcionan cuando son relatos sencillos. Mezclar recreaciones de fondos marinos, con budas gigantes, con el David de Miguel Ángel estallando en pedazos o con constelaciones celestiales que servirían de atrezzo a una teleconsulta nocturna desencadena un resultado, en nuestra opinión, más soporífero que onírico. Su estética final se asemeja más a una toalla de resort que a un museo contemporáneo.

Serpiente de anguila ahumada
Serpiente de anguila ahumada

La comida debió de ser brutal, eso sí, aunque parezca enterrada entre tanta presunta vanguardia. Pero falla el punto de partida: concebir el arte como un asunto al alcance de unos pocos elegidos. Siempre me he preguntado si a los grandes cocineros no les dará rabia que su obra llegue a tan poca gente, que solo una minoría tenga el suficiente dinero para comprobar su talento. Si yo fuera músico, querría que todo el mundo escuchase mis canciones aunque luego los críticos censurasen de vulgar mi popularidad. ¿Pero qué más quiere un cocinero que hacer feliz a la mayor cantidad de gente? El Somni, sin embargo, prefiere reivindicar la gastronomía como privilegio de élites. Y la prueba más palmaria es que fue concebido en medio de una terrible recesión económica y social. Su problema, pues, no es que el sueño no resultara hermoso o emocionante, sino que haya contribuido a mantener esa imagen de la alta cocina como algo esnob, y por ende frívolo.

Cuenta Milton Glaser en su libro “Diseñador / Ciudadano” que de joven le carcomía la duda de si el diseño era un arte o no. Un día cayó en sus manos la historia del arte de E. H. Gombrich, libro que comienza así: “No existe realmente el arte. Tan solo hay artistas”. “Qué liberación”, exclama Glaser, “si no existe el arte, el diseño no puede considerarse arte”. Desde entonces, según confiesa, se supo artista sin rubor, e independientemente de cuanto juzgaran sobre su trabajo, pues descubrió que el falso debate filosófico se reducía en realidad a una simple cuestión de actitud. Eso, quizá, deberían haber hecho los Roca: reivindicarse ellos mismos porque sí, en lugar de buscar un aplauso ajeno, mundial y presuntamente intelectual. Reconocerse como artistas, en lugar de pretenderse Arte con mayúsculas.

Bellasombra

Autor: @patricianuro

¿Sabes esos chicos que son guapos, majos y listos pero que no sabes por qué no te gustan, qué es que no te lo explicas? Pues algo así pasa con algunos locales en Santander. Que están bien situados, bien decorados, precios justos, pero que no hay manera de que triunfen, pongan lo que pongan.

Pero resulta que también hay un día en que el chico guapo, majo y listo acierta, toca la tecla adecuada y puummm, la cosa cambia completamente . Eso le pasa también a algunos locales, a pocos, a muy pocos, eso sí. Como, por ejemplo, le ha pasado al Bellasombra, antes Sala Yeyé y antes Tempo, enfrente del Máster, sobre el túnel de Tetuán.

La localización es muy buena. Comidas en el centro con menús entre semana asequibles (mis referencias son muy buenas en este sentido pero veo imposible poder comprobarlo) y cenas en el centro con bares cerca para tomar un cacharro después.
El sitio por dentro bien. Son tiempos confusos y ya no distingo lo cuqui de lo elegante, lo sencillo de lo de Ikea, lo rústico de la melamina, pero bien.

Atención buena. Gente joven y agradable.
Fuimos cuatro hermosas mujeres y pedimos un poco de picar porque ya se sabe que nosotras siempre tenemos poco hambre y por eso pedimos varias veces que nos repongan el pan, ya se sabe.
Empecemos, pues: de entrante nos invitaron a una crema de queso y jamón.

crema_queso_jamon

¿Es necesario poner esto? Yo creo que no pero los tiempos mandan. Tampoco molesta, tampoco llena. En términos políticos esto sería un plato UPyD .

Seguimos con una ensalada templada de patata, aguacate, langostinos, paleta ibérica y frutos secos. Para mi gusto lo menos acertado. Sosita.

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Pero es que tenemos un problema gordo con el tema de las ensaladas. Cuando sólo había la mixta y la de la casa íbamos bien. Pero el mercado demanda ensaladas de muchas cosas y es un tema que cojea muchísimo en casi todos los restaurantes; se mezclan cosas sin criterio y, claro, pasa lo que pasa, que te esperas algo fresco, rico, original y rompedor y llega la decepción. Podría ser el plato Podemos de la noche.

Siguió una terrina de foie casera caramelizada con pera y tostaditas.

foie

Muy, muy rico. El foie en su temperatura perfecta, dos montañitas generosas para lo que se acostumbra y el pan de leche le da su puntito.

Llegaron los chipirones a la parrilla con crema de erizo y centollo.

chipirones

También ricos. Bien hechos, se notaba el sabor de la parrilla y en la salsa el sabor del erizo. Del centollo nada se supo, desaparecido, le pudo el sabor fuerte del erizo. Sería la parte VOX del plato.
Rissotto de verduritas con pato teriyaki para probar. Nos abalanzamos sobre él antes de que le hiciera la foto porque nosotras siempre tenemos poco hambre, nosotras con cenar un poco de fruta tenemos bastante. También muy rico. Textura de rissotto, verduritas bien cortadas y bien hechas y se notaba el sabor del pato también de fondo. No quedó ni un granito.

Antes de los postres nos trajeron un vinito dulce muy rico. Eso sobra menos que el entrante, mira tú. Eso sí que entra bien. Yo lo describiría como la parte IU de la noche porque soy súper objetiva yo, claro que sí.

vino_dulce

Antes de pasar a los postres tengo que decir que nos soprendió mucho, a bien, el pan. Porque el pan rico y normal es la clase media en los restaurantes; ha desaparecido. O tenemos una bandeja con 452 tipos de panecillos de cebada, de centeno, con pasas, de soja, etc o tenemos el pan congelado o el de los chinos que es que se te quitan las ganas de tener ganas.

pan

Sería algo así como el socialismo de Pablo Iglesias I, una cosa ya rarísima de encontrar.

Los postres. Los postres para compartir, por supuesto. Las señoras siempre compartimos los postres porque o bien estamos llenas o bien no somos capaces de comernos un postre solas. Ya sabéis.tarta_queso

Buenos, buenísimos. Una tarta de queso bien horneada, sin mermelada industrial de fresa que la ahogue y una tarta de la abuela de galletas y chocolate suave y hasta ligera. Vamos, lo de siempre pero es que no falla, para qué pedir otra cosas. Los platos PP y PSOE, claro.

El vino, un Postales Fin del Mundo argentino muy rico. ¡Vivan los vinos cuquis!
La cuenta, bien.

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Casi 20€ por persona. No nos quedamos con hambre, hubo vino y postres. Esto mismo hace 3 o 4 años sería impensable. Algo hemos ganado. Se puede ir tranquilamente.

Su web, y su facebook aunque lo de Internet no lo tienen muy atendido

Cantidad: Justo. En esto no soy yo muy perolera y la cantidad no me ciega.
Calidad: Bien. El foie por sí solo ya marca la calidad.
Servicio: Bien. Saben como tratar a señoras que beben vino.
Precio: ¿Votaron muchos o pocos en Cataluña? Pues un poco como los precios de los restaurantes, depende de lo que busques y de lo que tengas. A mí me pareció que justo.

Fuente Dé: mucho y bien

Autor: @cachondina

Santander. Viernes, 20:30. Surge la posibilidad de una cena entre amigotes, así, sobre la marcha. Tras un intento fallido de brainstorming, decido obviar las propuestas del resto y apostar sobre seguro.

Marco el número de teléfono del Fuente Dé, uno de mis baluartes gastronómicos santanderinos, y pregunto que cómo lo tienen para una comida de 5 a las 22:00. Sorprendentemente, dado lo lleno que suele estar, nos hacen un hueco. Y allá que vamos.

Para los que no conozcáis este templo de la gastronomía popular, el Restaurante Fuente Dé podría resumirse con un “Mucho y Bien”, en general. Es un pequeño bar/restaurante ubicado en pleno centro de Santander. No es un sitio elegante, moderno, mierdero, de esos que se han puesto de moda de unos años para acá. Es una especie de restaurante de pueblo ubicado en medio de la ciudad. Basa su oferta en comida tradicional, casera, muy bien hecha, y servida en raciones abundantes.

Es bastante famoso, a nivel local, por sus cocidos, montañés y lebaniego, aunque en esta ocasión, dada la hora (y muy a mi pesar), no pudimos disfrutar de ellos.

Una vez sentados a la mesa, cada uno con su respectiva cerveza, echamos una breve mirada a la carta. Aunque no nos hace demasiada falta, porque como buenos habituales del sitio ya sabemos lo que queremos. Hoy toca picoteo de raciones, así que pedimos una ensalada de la casa, cecina de León, albóndigas, jijas, morcilla, y media de queso picón.

A primera vista no parece demasiada comida, pero, como os comentaba antes, las raciones en el Fuente Dé son muy generosas, así que no hay que cegarse a pedir.

Pocos minutos después, comenzó a llegarnos la comida. Una ensalada muy rica, variada y fresca; una cecina de León que te cortan en el momento, bañada con un chorrito de aceite que le da la untuosidad que necesita. A continuación, unas albóndigas de ternera deliciosas, tiernas, no demasiado grandes, acompañadas de una salsa riquísima y de un puñado de patatas fritas caseras;  una fuente de jijas (picadillo, para los no cántabros) tiernas, con un toque picantón; buenísimas y, además, acompañadas de abundantes patatas fritas caseras.

Para cerrar, una generosa ración de morcilla frita, rodajas gordas, bien fritas, nada grasientas, y las que para mí son dos de las estrellas de la carta: el queso picón y los pimientos de padrón.

Empezaré por los pimientos: abundantes, bien fritos, y servidos sobre un lecho de patatas fritas, que te ayudan a pasar los que sales picantes como el demonio.

A continuación, el queso. Quizá os sorprenda que pidiéramos sólo media ración para cinco personas, pero es que lo del queso picón de Tresviso en el Fuente Dé es mágico: no sólo sirven unas raciones muy generosas, sino que, a medida que las vas comiendo, no disminuyen. Sé que es difícil de creer, pero así es. Si algún día vais y sois capaces de terminar una ración, yo os la pago, palabra de honor.

queso-tresviso

Por fin, tras terminar con todo lo comestible, decidimos cerrar la cena con otro de los clásicos del Fuente Dé: el té del puerto con su correspondiente chorro de Orujo. El té del puerto es una infusión que se hace con una planta típica de la zona de Liébana, muy rica, y, sobre todo, muy digestiva.

Una vez finiquitado el té, cumplimos con el trámite de pedir la cuenta y pagara, otro de los mejores momentos de venir al Fuente Dé. Una comilona como está, regada con 2 jarras de cerveza y una botella de rioja, nos salió por 65€ en total, véase, 13€ por persona.

Conclusión: en caso de duda, vete al Fuente Dé.

Dirección: Calle Peña Herbosa 34, Santander.

Cantidad: como para salir rodando.
Calidad: muy bien. Buenos productos, elaborados de forma tradicional.
Servicio: muy bien, trato muy amable, aunque en ocasiones es un poco incómoda la excesiva aglomeración de gente.
Precio: de chiste. Cena de raciones, con abundante bebida, unos 15 €/persona.