La Vegana: confusión en el cruce

Nos está ocurriendo últimamente que, a nuestros ojos, muchos restaurantes comienzan a mimetizarse, pareciéndose demasiado entre ellos, desde las cartas-un picoteo variado, sin muchas emociones- hasta esa decoración entre antigua y cuqui, intentando hacer creer que el local quedó anclado a un tiempo antiguo y, solo por efecto de la nostalgia, más feliz. Empezamos a pensar que es mentira aquello que decía Wislawa Szymborska de que nada se repite y no hay ni dos noches, ni dos besos ni dos citas iguales.

Atraídos por sus cuñas radiofónicas -este estilo Los Carabelas, verdadero rat pack santanderino- nos presentamos en el cruce de carreteras que, desde hace no mucho alberga a La Vegana, para cenar.

Para poder comprobar un poco como tocan los diferentes palos, nos inclinamos por un picoteo variado. Quizá eligiésemos mal y no

Iniciamos con una tabla de embutidos recomendada en la casa. Jamón por un lado, cecina curada de León y cecina ahumada, coronadas por unos pedacitos de queso tiernos. El plato nos dejó tan fríos como él mismo. El jamón corriente, la cecina curada bastante bien, de un nivel correcto. Sin embargo, respecto de la ahumada no conseguíamos encontrar ninguna nota distintiva con la primera y, por su parte, el queso, de pasta blanda, no nos llamó especialmente la atención ni por su textura ni por su sabor.

embutidos_vegana

Luego llegaron las rabas. Sosas hasta aburrir, sin el punto de consistencia adecuado en el cefalópodo -no estaban blandas pero tampoco ofrecía esa leve resistencia gozosa de la mejor raba- y con una fritura de aprobado. Además, la ración no nos pareció muy abundante, parecida a la media de Papanao.

rabas_la_vegana

Las croquetas nos merecen igual juicio que las rabas. Corrientes sin estar malas, un pelín sosas e indefinidas en el sabor, con alguna pequeña rotura en el empanado. No pretendemos que cualquier croqueta nos levante del asiento a dar palmas, pero esta francamente ganó nuestra indiferencia.

Croquetas_vegana

Por último, atacamos unos mejillones. Y otra vez nos dejaron aburridos. Si la esencia del mejillón es al final la salsa, hasta el punto que más de un detractor de este molusco consiente que se pidan raciones solo para mojar barcos de pan del tamaño de un petrolero, en este caso, faltó algo. Ni picaba, ni realzaba sabores, ni refrescaba el paladar, ni nos llevaba a mojar. Una cosa indeterminada.

mejillones_la_vegana

Terminamos con los postres. Muy bien ligado y con el punto justo de dulce el arroz con leche. Sin embargo, la tarta de tres chocolates, podría haber salido con buena nota, pero en el último momento alguien en cocina echó mano de un biberon de sirope y bombardeó sin compasión la tarta, anulando cualquier posible matiz o sabor diferente.

tarta_chocolates__la_vegana

Nos vamos con una sensación triste y gesto aburrido. Quizá no hayamos sabido sacar partido a la carta de La Vegana pero, desde luego, lo que hemos probado no ha estado al nivel de lo que esperábamos, dejándonos pensando si nos habíamos confundido de cruce

Cantidad: normal tirando a escasa
Calidad: ni frío ni calor
Presentación: sencilla pero correcta
Servicio: normal
Precio: Menos de 20€ por cabeza, botella de vino incluida.

 

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Magnolia con rima

Autor: @patricianuro

Último domingo de febrero, lluvia y frío
Vermús, cerveza y El Cadelo cerrado en el Río.
¿Dónde ir después de comer ostras irlandesas
en La Mar y habernos sentido cual duquesas?

Pues al Magnolia en Tetuán, a ver si en la capital
Los de Suesa lo hacen igual.
El sitio es original, singular, peculiar
Con lo difícil que ahora es molar.

carta-magnolia

Para picar croquetotas de gamba al ajillo
Con sabor, cremosas,  grandes y muy ricas
No sobró nada de nada, ni una pizca
Son croquetas hechas con cariño, nada de en un ratillo.

Croquetas_magnolia_santander

Boquerones en vinagre con pesto y chips
Para eso que llaman romper en boca
Y la mezcla un poco sí te vuelve loca.

boquerones_magnolia_santander

Tabla de quesos sui géneris de quesos de verdad
nada de quesos de plástico del Lupa o similar.
Buenísimos aunque sólo hubo de tres tipos
y esa cantidad no te quita ni el hipo.

 

Unos garbanzos con langostinos para la señorita
A las señoritas nos gustan los platos de cuchara
Elegimos culo o cara. Tocaba cara.
Buen guiso, como lo haría nuestra abuelita.

garbanzos_langostinos_magnolia_santander

Unas carrilleras al vino con patatas fritas para el caballero
tan buenas y tan ricas como el sol de febrero.

carrilleras_magnolia

Secreto ibérico a la plancha con pimientos rojos.
El comensal los pidió sin chimichurri argentino
Tenía planes , es un poco cochino.
Parecían mantequilla,
Dios santo, qué maravilla.

presa_magnolia_santander

Burrata de pimientos asados con tostas
Lo más normal
sin que estuviera  mal.

Tosta_pimientos_magnolia_santander

Panacotta de chocolate blanco y tarta de queso
de postre.  Qué delicia de tarta, Dios santo,
casera, al horno y dulce sin empalagar tanto.

tarta_queso_magnolia_santander

Bebimos dos botellas de vino que encarecieron la cuenta
pero que nos hicieron la comida aún más suculenta.

Si quieres a alguien conquistar
Al Magnolia le has de llevar.
Yo así lo haré
y a ti te conquistaré.

Cantidad: normal
Calidad: muy bien. El dichoso rockandroll está en sus platos.
Presentación: sencilla pero fresca.
Servicio: muy agradables.
Precio: 30€ por persona con dos botellas de vino, agua y cafés. Justo.

La Cañía: potencia nuclear

A pesar de las muchas decepciones y sobresaltos, en El Perolo seguimos con nuestra incansable búsqueda y clasificación de aquellos pinchos de tortilla que merezcan la pena darse un paseito a la hora del café. Casualidad, o no, nuestra última excursión por el cogollito del Santander más fino se saldó con un verdadero muro de las lamentaciones en forma de tortilla-ladrillo en el Santemar. Así que, preocupados porque en lo más elegante y atestado en verano de nuestra ciudad no pudiésemos encontrar una buena tortilla digna, decidimos probar con uno de los clasicazos de la zona: La Cañía.

Pocos sitios con más solera en el Sardinero podemos encontrar: aquí miles y miles de personas se han tomado el último café (o tila) antes de enfrentarse a la hercúlea prueba de aprobar el carné de conducir en una ciudad en la que las interminables cuestas y rotondas hacen las delicias de los examinadores más sádicos, que pasean a los aspirantes por los más increíbles vericuetos con saña y demencia propias del mismísimo Edward Hyde.

Como somos fáciles de autoconvencernos, pensábamos que la tortilla seguramente sería buena, pudiendo ejercer tanto de recompensa al triunfador como de consuelo al derrotado. Por desgracia para nosotros, pasamos en un momento en el que, maldito destino, la única tortilla disponible era de paleta ibérica y alioli. No es la primera vez que probamos la combinación pero, desde luego, no está en nuestras favoritas.

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Desmenucemos la tortilla. Partimos de una base bastante cuajada, aunque sin llegar al ladrillismo más extremo. Aunque somos partidarios de tortillas más cremosas, somos conscientes de que la tortilla cuajada tiene sus buenos adeptos y que, si se consigue mantener en un punto de jugosidad adecuado puede tener una calidad aceptable. Este era el caso, aunque un puntito más de fritura a las patatas o la cebolla hubiese hecho del conjunto algo  más sabroso y rico en matices.

Respecto de la cobertura, la potencia nuclear del alioli anula cualquier posibilidad de un veredicto positivo. Ese alioli extremadamente fuerte hace que, durante varias horas tu paladar y lenguas parezcan arrasadas por un ensayo balístico iraní, donde cualquier paluego es una pequeña tortura. La paleta, además, se sirve en una loncha imposible de negociar con ella: difícil de partir, así que hay que comerla de una vez o realizar complejas maniobras de corte con instrumental propio de Bricomanía.

Del café no os podemos decir nada, porque nos sabía a alioli. Palabra.

En definitiva, podría ser una tortilla decente cuajada pero el misil que lleva por cobertura anula cualquier posible juicio positivo. Esperemos probar alguna de las otras variedades y que reserven esta para acabar con los vampiros: seguro que Van Helsing daría buen uso de ella.

Dirección: Joaquín Costa, 45. Santander

Cantidad: tamaño decente. 
Calidad: El alioli extremo anestesia la boca como el listerine.
Presentación: Es una tortilla.
Servicio: Profesional.
Precio: 290 céntimos de vellón. 2'90 euros. Un pasote.