Nobrac, el algodón no engaña

Nuestra primera temporada coincidió con la aparición en Santander de un gran número de nuevos locales, por los que tuvimos que pasar por el run run generado alrededor de ellos. Dos de los que más nos llamaron la atención fueron, el Cadelo y el Nobrac. Del Cadelo ya hicimos re-post y ahora era el momento de volver a pasar por el Nobrac…

Tarde de domingo de esas que no sabes muy bien que hacer con tu vida. Lo único que tienes claro es que no quieres cocinar y que cualquier plan que te propongan te va a parecer el mejor del mundo mundial, vamos como si te dicen que ponen a un gorila de consejero de cultura en vez de a Marcano. Así que después  de unas cañas y unas rabas alguien del grupo plantea.. ¿y unas hamburguesa en el Nobrac?. Al resto se nos abre el ojo y sin dudar decimos… “palante”.

Al llegar parece que tenemos suerte y hay una mesa en la terraza. Tras una rápida ojeada a la carta, hay mas hambre que voluntarios para ser consejeros, decidimos pedir unos starters para compartir y una hamburguesa por cabeza.

El primer starter en llegar es una de las novedades de la carta, un fish&chips. Un acierto de primera por parte de la gente de Nobrac al incluir este plato. El pescado viene con un rebozado tipo orly, uniforme y crujiente, que le da al pescado una textura excepcional. Un pescado sabroso que además viene acompañado de una ración generosa de patatas y una mayonesa suave. “Aquí no hacen nada en broma” señala uno de los comensales.

fish&chips-nobrac

El segundo starter fueron unos krunchys, trozos de pollo rebozados con pan rallado y maíz que le daba crujiente al plato. El pollo estaba muy sabroso y viene además acompañado por una salsa de mostaza suave que te deja ganas de bebértela directamente del vasito.

Krunchys-nobrac

En la elección del bocadillo principal hubo menos variedad que en la parrilla de televisión de un sábado por la noche, la Poulet ganó por goleada… La Poulet es una hamburguesa de pollo que viene dentro de un pan brioche acompañada de queso brie, cebolla confitada, espinaca, mostaza y miel. Esta hamburguesa es probablemente la mejor de la carta, aunque la del otro día no fue la mejor que hemos comido en Nobrac.

Poulet-nobrac

El otro bocadillo que probamos fue la Hamburguesa del mes, 2 piezas de 100 gr de carne de ternera acompañada de queso cheedar, mango y salsa de tomate.

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La hamburguesa estaba muy buena, la carne en su punto y el mango le aportaba un toque dulzón que resaltaba la carne. El único pero de la hamburguesa, es que no fuese acompañado de un bacon fino y crujiente, por cierto, algo imposible de encontrar en ninguna hamburgueseria de Cantabria.

Pero si pensáis que eso termina aquí es que todavía no habéis descubierto lo gochos que podemos ser… En el postre tuvimos que probar todas las tartas que tenían ese día en el local: brownie con helado, red Velvet y tarta de 3 chocolates.

El brownie bien de cocción, esponjoso y sabroso. El único pero la diminuta bola de helado que lo acompañaba.

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La red velvet fue quizá lo más flojo de toda la comida. Sin estar mal se la notaba que no era del día… La que si que estaba realmente buena era la tarta de chocolate, esponjosa y con mucho sabor a chocolate no como esas que hay por algunos locales que lo más cerca que han estado del chocolate es lo mismo que nosotros de ser críticos del País.

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En definitiva el Nobrac paso de nuevo la prueba del algodón con nota alta. Una de las mejores hamburgués rías de Santander que merece una visita. Aquí su web por si queréis cotillear un poco.

Dirección: Travesía de Río de la Pila, 3; Santander

Cantidad: Bien. Todos los platos son de buen tamaño
Calidad: Muy buena.
Presentación: muy cuqui.
Servicio: siguen siendo gente muy maja.
Precio: Calculad entre 10 y 12€ por persona.

Anna: comer, beber, amar

Ni te has equivocado de blog, ni somos Carlos Boyero, ni vamos a escribir una crítica de la película de Ang Lee. Hoy os vamos a contar  lo que nos encontramos en el Anna, una cocina elaborada con cariño que se refleja en el resultado de cada plato.

Por situarnos un poco, señalar que el Anna está en la C/ Menéndez Pelayo en lo que toda la vida fue “el Segoviano”, y a su vez, es un spin off, como todos veis series no os explicamos que es, de lo que fue “la Nueva Torruca” sobre el que ya os dimos nuestra opinión.

La decoración es agradable pero sin alardes decorativos, lejos de moderneces y cuqui-moñerias . Tras una ojeada a la carta e intentar memorizar el gran número de platos ofrecidos fuera de ella, todos con precio lo que es fundamental para evitar sorpresa,  nos decidimos por pedir de entrante unas gambas a la plancha, un plato marcado por la calidad de la gamba. Sencillo y sabroso.

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Para los principales elegimos un Tataki de atún y una paletilla de cordero asada a baja temperatura.

El Tataki, un plato tan sencillo de elaborar como complicado de acertar con el punto exacto. En el Anna acertarón con la precisión de un clavadista de la costa de Acapulco . Una pieza de atún excepcional acompañado de una mayonesa de wasabi, que siendo muy suave, le daba ese punto de fuerza que a todos los que adoramos la cocina japonesa no nos puede faltar nunca. Un plato de sobresaliente.

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La paletilla ya a primera vista llamaba la atención. Se presenta deshuesada y acompañada de una patata asada. La carne estaba tan bien de punto que se deshacía en la boca. Un plato con un sabor intenso a cordero pero a la vez de gusto suave que no resulta para nada pesado, lo contrario que las elecciones catalanas.

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Ahora os preguntareis por los postres pero en está ocasión tuvimos que pasar aunque nos quede en pendiente una próxima visita para probarlos.

Si tuviésemos que dar nota al Anna, sería sin duda un notable alto pendiente de probar los postres para ver si la nota mejora.

El rango de precio con vino y postre estará entre 35-45 € por persona. Nosotros pagamos 56 € sin postre y bebiendo dos cervezas y dos vinos blancos.

Su web y su FB por si quereís echar un ojo.

Cantidad: correcta hasta para un perolero
Calidad: muy buena. Totalmente recomendable
Presentación: cuidada sin ser rimbombante
Servicio: atento y agradable.
Precio: 30€ por persona aproximadamente.

Guía Perolera de la Feria de Día 2015 (Capítulo I)

Igual que cada vez que, en The Wire, la policía de Baltimore hacía una redada, volvían a ponerse los camellos en las esquinas al poco tiempo, llegado otro verano, aparecen las casetas en Santander, con su mercancía de pinchos, pis de gato Amstel, y vinos calientes en vaso de plástico. Así que, como ya hicímos el año pasado,  en nuestra labor de servicio público -Revilla, danos una paguita, porfavó- no vamos a barrer, emulando a McNulty y compañía, las esquinas de la ciudad de estos traficantes, pero sí vamos a deciros donde pillar la mejor mandanga y que esquinas hay que evitar: la competencia es feroz, el territorio estará más cotizado que las esquinas entre Fayette y Calhoun, y las bandas están locas por vender. Y recordad, si pedís algo que no sea pincho de feria, cuando os cobren os vais a sentir como si Omar estuviera apuntándoos con su escopeta.

El criterio, como siempre, es totalmente subjetivo, personal y hasta aleatorio. Hemos probado lo que hemos podido, donde hemos podido -tampoco vamos a liarnos a batazos por un pincho- y cuando hemos podido. Que para eso lo pagamos de nuestro bolsillo. Si queréis que lo probemos todo, montamos un crowfunding de esos, omeprazol incluido, confiando en no fenecer en el intento.

Aquí vamos, all in the game: 

LA MARINA COMPANY (Puertochico) Ese que es muy largo

Un pincho correcto lastrado por un nombre que lleva más tiempo leerlo que comer el propio pincho. Al final, es un trozo de pan de molde en forma de rollo, que custodia un trozo de queso y pimiento, todo ello coronado por una anchoa y un bocarte en vinagre (o boquerón, o como os salga llamarlo, que no somos ninguna policía lingüística). El problema es que el sabor de la anchoa y el bocarte arrasan con todo, y solo sabe a eso (que no está mal, dicho sea de paso).

Por cierto, cerca estaba la caseta de La Mulata. Nos han dicho que el pincho está de cagarse, pero no nos atrevimos a probarlo… porque esto no es Jackass.

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LA CÁTEDRA (Pombo)  Pincho moruno con mojo picón.

Después de causar un cortocircuito mental a su ciclópeo camarero al preguntar cuál de los ocho pinchos que ofrecían era el que concursaba, nos decidimos por los siempre populares pinchos morunos. Tremendo error, porque aquello era como masticar el brazo incorrupto de Santa Teresa ese que tenía Carmen Polo en la mesilla de noche: tieso y frío. No lo salvaba ni el falso mojo picón, que más que mojo era un chimichurri disfrazado. Mención aparte, el pan de dos días, correoso a más no poder. A ello, añadimos le delicioso del humo de su parrilla, ideal para salir apestado de la zona.

casetas la cátedra

EL PANTALÁN (Plaza del Cuadro) Risotto de Pato a la Naranja

Justo enfrente de la caseta fantasma de estas fiestas (parecía que alguien se había caído del cartel con todo ya puesto, pero el lunes ha abierto) fuimos al puesto de la mejor cocina en arroces que hay en la ciudad. El pincho, cómo no, iba sobre el mismo ingrediente, pero en formato reducido. Un arroz cremoso, en nuestra opinión un pelín pasado, pero en el que había trozos de pato y de naranja, aunque un poco falto de intensidad. Sí, por fin, un pincho era cómo lo habían titulado. Tampoco era tan difícil. Por ello, el pincho del Pantalán está bueno, aunque tampoco nos parece una excelencia. Han sabido jugar con sus cartas.

LAS CAROLINAS (Plaza Alfonso XIII) Churrasquito de cordero

Un pincho hecho por el hotel-escuela que pasaría por muy poco del aprobado en un examen. El pincho está formado por un cuchurucho (cuando se pone de moda un soporte para la comida aparece hasta en la sopa) de trozos de cordero asados del día, o de hace 3 semanas. Da igual, porque el pincho en sí es carne en estado puro caliente. No hay más. Ah, si, unos kleenex para limpiarte las manos de la grasaza. Esperábamos algo más, que nos ilusionase.

ARRABAL 11 (Pombo)  Crujiente de bacalao con salmorejo

El mejor de la Feria, hasta ahora. El dedo de bacalao está bien frito y crujiente (recién hecho), tiene muy buen sabor y está  acompañado de un salmorejo correcto, aunque un poco pasado de pimiento, si nos ponemos muy puristas. La presentación es además interesante y es realmente cómodo de comer y muy disfrutable, porque la combinación entre el crujiente del bacalao, mojado en el salmorejo, funciona realmente bien.  

HOTEL SANTEMAR (Plaza Alfonso XIII) “Somos tan guays que ponemos unos caracteres japoneses en lugar de nombre al pincho”

Quitando la pijada del nombre -“dame el de feria”- el Santemar cumple, como todos los años, aunque sin llegar a la excelencia de los gyoza del año pasado. Presentación cuidada y original con esa caja de comida china, palillos (hay tenedor para los menos diestros) y, dentro de ellos, un cumplidor ramen (una sopa japonesa de fideos, mirad en la Wikipedia, que no os la vamos a fusilar, eso queda para otros pescados de la Bahía) con un buen sabor a marmita de bonito: un sabor tradicional de Santander en un formato nuevo. Imprescindible remover bien los fideos y beber el caldo que llevan. Su punto flojo es que los fideos no se mezclan bien con el caldo y los tropezones y queda deslabazado.

HOTEL BAHÍA (Plaza Alfonso XIII)  Flamenquín de lomo relleno de ricotta

Un verdadero insulto a lo que es un flamenquín, no solo por la forma, en un pincho de lo peor que hemos probado, que haría a cualquier cordobés que visitase la Feria sentirse hasta insultado. Un trozo de lomo reseco que custodiaba una mezcla insulsa de ricotta con espinacas, todo ello empanado de forma cuadrada (!), coronado por una mancha de ketchup o mostaza ya con costra. Todo ello frío y frito el siglo pasado. De pena.

LA BROCHETA (Plaza del Cuadro) Brocheta de pollo al curry con patata especiada.

Un sitio que todos los años mantiene el nivel. No se parten la cabeza y apuestan por su brocheta de pollo marinado al curry. Vale lo que dijimos el año pasado. El pollo está jugoso y sabroso, el curry no anula tu lengua e incluye cuatro patatas gajo en el cucurucho, que recogen la grasilla del pincho. Además, lo sirven bien caliente. Buena nota, como siempre.

TABERNA DEL QUÉBEC (Pombo)  Hamburguesa de rabo de toro

En una de sus múltiples encarnaciones (ni la Virgen María, señora) el Quebec nos trae una de la ubicuas mini hanmburguesas, que infestan las casetas desde sus inicios. Su versión, de carne de rabo de toro, resulta francamente sabrosa, pero bastante seca, pues solo es de carne picada (ay, esa miga de pan, que hace digerible a la carne picada) y, además, solo la bautizan con un mínimo chorrito de ketchup. Aprueba, aunque se hace un poco larga de masticar, más cuando la cerveza disponible es esa abominación llamada Amstel.

CAFETERÍA LA HERMIDA (Ayuntamiento)  Crujiente de morcilla.

Como no veíamos el crujiente de morcilla por ninguna parte, nos tiramos por otra versión del negro embutido. Esta vez, sobre una cama de pimientos, dos buenas rodajas de morcilla bien fritas. Una pena la tira de bacon babosillo encima de ella, porque no pintaba nada ni aportaba a la clasíca combinación rojinegra. Todavía, de haber sido crujiente el bacon, nos hubiese gustado, pero no era el caso. Mención especial a su patriótica presentación.

Y hasta aquí la primera entrega. Esperamos hacer una segunda entrega antes de que acabe la feria. Tenemos pendientes varias casetas recomendadas (por bien y por mal) aunque no sabemos hasta cuanto aguantará nuestro estomago.

P.D.: También probamos el pincho del Manila pero es que para informaros de que ha montado una franquicia en farolas con los mismos pinchos, creemos que con estas líneas es suficiente.

Guía Perolera de la Feria de Día 2015 (Capítulo II)

Hace ya un tiempo, se publicó la titánica dieta del célebre padre del gonzo, Hunter S. Thompson. Inspirados por su espíritu autodestructivo, cambiamos la droja, los porros y todas esas maravillosas substancias a las que era aficionado,  por los pinchos de la Feria de Día de 2015, donde, ya os hemos contado en la primera entrega, hemos disfrutado de algunas obras maestras del terrorismo gastronómico – seguro que en ISIS hay la tira de vacantes de cocinero, que pena-, salpicadas de honrosas excepciones.

Así que, bien puestos de omeprazol, por vía oral y no nasal, y con el Almax preparado para la noche, nos sacrificamos nuevamente y, continuando con la primera entrega de nuestra Guía, os contamos algo más de la Feria, y donde parar en sus últimos días, que algún sitio merece la pena.

CON BUENA LETRA (Puertochico) Secreto Ibérico lacado con salsa Hoisin

Pues esta cafetería (creemos) debutaba en la feria de día con un pincho de cocina fusión. Parece que habían estado a rueda de las tendencias de los mejores pinchos otros años (vamos, los del Santemar) y se lanzaron a meter la salsa Hoisin. Esta salsa, a nosotros, nos pareció una versión más suave en el sabor que una salsa de soja convencional. El pincho estaba bueno, aunque mejor con un pan tostado que con uno del día anterior. Es reseñable el esfuerzo en la presentación, que aunque lleva tiempo, lo hace mucho más apetecible.

CERVECERÍA CRUZ BLANCA (Pombo) Mini hamburguesa de tudanca con salsa de Tresviso

La concepción del plato (si, otra p… mini hamburguesa) nos metía más miedo que una inspección de Montoro, pero entre el monopolio del pincho-hormigonazo de las casetas de aquel bar cuyo nombre es lo que más le pone a Revilla, a veces tuvimos que ir a por el menos malo. Pero si se usan buenos ingredientes y hay buena ejecución, el pincho de la Cruz Blanca no es igual a las del resto. Pan fresco, carne en su punto y fuerte y salsa de queso en cantidad hacen que sea un bocadillo jugoso y rico. Esta vez, la apuesta  que hicimos, aunque teníamos en contra a más disidentes que Pablo Iglesias en Podemos, fue acertada. No es ni mucho menos de los peores. Eso sí, no busquéis originalidad en la receta.

Casetas Cruz Blanca

PUERTA 23 (Puertochico) Chipirón Ali-oli

Es difícil a veces encontrar la justa medida a la hora de juzgar a los pinchos, ya que depende de con qué los comparemos. Afirmar que pincho del Puerta 23 está por encima de la media  de la Feria nos lleva a concluir que el nivel general no es muy alto. Correcto de temperatura, correcto de textura, correcto ali-oli, y el pan aceptable para haberlo pedido a las tantas de la noche. Eso sí, las medidas son más de tapita que de pincho, pero en eso también anda en la media, así que de nuevo cubren el expediente. En definitiva no es un pincho que ganará concursos pero en el reino de los ciegos…

Casetas Puerta 23

EL PANEL (Pombo) Perrito caliente

Si, la desconfianza era total. El que se haya tajado en Santander durante su adolescencia no olvidará este bar en el que se te pegaban los pies y el vino de coco (en porrón) corría por la barra cómo las cataratas del Niagara.

Pero su perrito (no quisimos saber que llevaba su pincho de feria en forma de tartaleta) ni mucho menos era de lo peor. Un pan que no era Bimbo o sucedáneo, una salchicha gorda, y un ketchup normal. La cantidad era buena para el precio pero no penséis que es una maravilla. Las patatas paja podían usarlas para limpiar el suelo en vez de con azufre, ya que no pintaban nada. En definitiva, en Pombo, como fue en la Porticada, el único perrito que vale es el de la furgoneta (y fe de ello damos con las colas que había).

casetas_panel

 

Como colofón a este desenfreno, una pequeña reflexión final. Este ha sido el octavo año de Feria de Día y, en nuestra opinión, el más pobre: cada vez es más difícil encontrar pinchos que nos hagan disfrutar verdaderamente, y sí más panes duros y viejos, carnes recalentadas, bocados fríos y toda serie de abominaciones gastronómicas. Mención aparte merece la cerveza, esa insípida Amstel, de dificil trago en cuanto sube un par de grados su temperatura de servicio, que no siempre es el mejor. Tres cuartos de lo mismo podemos decir de los vinos. Por eso, no es extraño ver que este año ha habido menos casetas y zonas que nunca -ya no están la plaza de Juan Carlos I o el muelle-, con muchos habituales retirándose del juego. Solo salva a la Feria el hecho de ser una oportunidad excelente para lanzarse y compartir la calle con los amigos y disfrutar del suave verano cantábrico.

Así que si nos ceñimos en lo puramente gastronómico, dudamos que siga otros 8 años esta feria si sigue esta falta de interés de las hostelería por presentar  lo mejor de si mismos. Al final, el consumidor no es tonto y puede que lo otros años era adoración y colas frente a las casetas acaben convirtiéndose en mamotretos en la calle  rechazados por el ciudadano medio.

IKEA: viviendo al límite

“y sigue la escondida senda/ por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido!”
Fray Luis de León

Cuando las vicisitudes de la vida te llevan a cruzar las puertas de Ikea (Barakaldo City, El Perolo sale de Cantabria, pronunciado con la entonación purriega de Revilla) uno puede tomárselo a la tremenda y, en lugar de bienvenida, leer en el cartel de entrada un “vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza” o, por contra, echarle humor al asunto y, apoyándose en la inspiración de algunos prestigiosos polígrafos cántabros, entusiasmarse ante la posibilidad de paladear el menú sueco de los Reyes de la llave Allen.

Siguiendo algunas sesuda recomendaciones –una sandalia  y tras recorrer toda la primera planta de exposición, arrasar con los lápices y preguntarte como has sobrevivido todos estos años sin un escurreplatos Fintorp, se llega al restaurante, para coger fuerzas antes de bajar hasta el último círculo del infierno, digo, el almacén.

Dentro ya del autoservicio del restaurante, donde cada uno coge su bandejita, cubiertos, servilletas vasos, y siendo nuestra primera visita, nos decantamos por unas albóndigas clásicas, de ternera, con su salsa, puré de patatas y salsa de arándanos. De beber, aunque nosotros también somos de beber mucho, rechazamos la tentación del vaso de refresco rellenable ad infinitum, y tiramos por una sidra de pera, guarrería a la que nos enganchamos en Irlanda (caraja fácil con las pintas de Kopparberg). De postre, tarta de queso con arándanos. No esta nada mal el menú.

Bodegón sueco
Bodegón sueco

Comencemos por las albóndigas. Navegan quince pequeñas esferas de carne picada (köttbullar) en una salsa de nata (grässdas) de un sabor tan neutro y genérico que nos cuesta identificar, así como de papilla. Las albóndigas, ni muy secas ni muy jugosas, saben a hamburguesa de ternera de sitio de comida rápida. Aquí el gran dilema ¿se diferencian albóndigas y hamburguesas solo en la forma o deberían saber distinto? ¿que fue primero en el mundo de la carne picada, la pelotilla o la pastilla? ¿sueñan la hamburguesas con ser albóndigas y viceversa?

Sobre la guarnición, poco que decir. El puré de patata (potatismos) igual de aburrido que cualquier otro puré de sobre y la mermelada de arándanos (ni puñetera idea del nombre sueco de esto) cumple con funcionarial eficiencia esa labor de agradable contraste de los sabores dulces en los asados. En definitiva, el plato se dejaba comer, sin entusiasmo. Podríamos decir que no estaba nada mal.

La tarta cumplía el expediente, porque todos sabemos que no hay ninguna tarta de queso que esté mala, por muy industrial que sea. Es imposible fallar en eso. Además, nuestras acompañantes en este emocionante periplo le dieron a los macarrones con tomate -sorprendentemente no sobrecocidos- y a un codillo que aprobaba con dignidad.

Los precios moderados. Desde los 2 euros de los macarrones, hasta los 8 del codillo, pasando por los 5 de las albóndigas. Por menos de 10 euros se hace la labor y con la tarjeta Ikea Family -bienvenido a la secta- te invitan a un café. Pena que no rellenáramos el refresco a muerte, hasta mearnos encima o sufrir un coma diabético.

En el fondo, nos arrepentimos de no haber pedido el perrito.

Dirección: en Barakaldo. Pero sus delicias están a la venta en la tienda sueca o por internet, junto a mucho salmón, para que disfrutéis (!) en casa

Cantidad: Correcta
Calidad: Estamos vivos
Presentación: Historias de la puta mili
Servicio: Autoservicio
Precio: Menos que una mesilla lack

Siboney: Galería del sandwich

Martes, 8 de la tarde. El concepto “Lunes de mierda” se extiende al día siguiente. Necesitas coger aire fresco. Y en esta época en la que a Santander la falta de todo según las promesas de los políticos en campaña electoral, por lo menos de algo vamos más que sobrados en esta ciudad: paseos ante el “marco excepcional de la bahía”. Entre ellos la calle Castelar, zona de terrazas, de Gin-tonics de tus padres en las noches de Julio, tipos encorbatados que salen a todo trapo de los portales de sus edificios; transeúntes que se fijan en el panel de la parada de bus con la misma fe con la que tu chica llegue a la hora pero sabes que siempre se retrasa 10 (o 15 o 20…) minutos en llegar.

Si al final del día como os comentamos no has comido encima, el nivel de stress y agotamiento requiere una parada para picar algo rápido y barato. Por ello, nos quedaba en el recuerdo la cafetería “Siboney”; en el mismo edificio de la calle. No llega a ser un “Renzo Piano” pero por lo menos ya está acabado. Dentro de su cafetería, recientemente remodelada, decidimos cenar algo para por lo menos cubrir nuestras penas con una buena dosis de colesterol.

Optamos por su carta de sandwiches, aunque tienen bastante más opciones de comida “gocha” para saciar tu hambre glotón. En nuestro caso se solicitaron dos tipos diferentes que según la carta eran un “California” enriquecido con algún ingrediente más, ya que éste último también aparecía en la carta. Podríamos hacer un bonito discurso explicativo sobre la receta de este bocadillo y ocupar más líneas, pero es que no tenemos ni puñetera idea de por qué se llama así y que ingredientes lleva originalmente. Google es vuestro amigo (y el de muchos blogs).

sandwich_siboney_siboney

Vamos al lío. Los dos platos son grandes, no llevan acompañamiento, y son con un pan de tamaño “sábana” con varios pisos en los que los ingredientes se mezclan con su “plasta” de mayonesa. Acompañados de dos palillos, clavados cómo banderillas en todo lo alto, a medida que vas desmenuzando el bocadillo, notas que te estás comiendo un plato bueno, pero sin ninguna floritura. La diferencia entre uno y otro es que el “Castelar” llevaba atún y espárragos  y el “Siboney” bacon pasado por plancha con huevo . El pan, bien tostado; la lechuga cómo el 99% de los sitios, más seca que la piel de Carmen Lomana en Supervivientes; tomate y espárragos en grandes proporciones y jugosos. Tanto el atún cómo el bacon daban contundencia al plato.

sandwich_castelar_siboney

Seguramente el hambre dominaba nuestros sentidos y no nos dimos cuenta de que estábamos entre esos corros de señoras de cardados imposibles cómo los hombres salvajes que eran vistos por primera vez en las expediciones más allá de los mares del mundo conocido. Si, estábamos siendo escudriñados de arriba a abajo, en un intento por parte de nuestros compañeras de mesa en conocer si eramos nietos o bisnietos de familia de renombre (porque de pasta ya poco hay) o si eramos unos turistas perdidos por el centro de la ciudad.

Finalmente, tardamos bien poquito en comer y en finalizar, porque el plato no daba más de si. ¿Estaban buenos los sandwichs? Si, pero tampoco íbamos con expectativas muy altas. Dispersamos el hambre más rápido que la policía en una “manifa” del 15-M, y nos fuimos contentos con el resultado. Así que en caso de que haya que tirar de la manilla de emergencia de tu estómago se puede recurrir a esta cafetería. Si la terraza está abierta y el día acompaña, seguro que el placer de comer se triplica. Y si no, siempre os quedará arreglar el mundo a base copas de balón en el resto de terrazas de la calle. Con vuestros padres sentados en la mesa de al lado, por supuesto.

Os dejamos su Facebook.

Dirección: Calle Castelar, Nº7. Santander

Cantidad: Cómo plato único para cenar está bastante bien. Sin guarnición.
Calidad: Pasa el corte. Es un sitio para tener en lista si quieres este tipo de platos.
Presentación: Bien. Detalle positivo los palillos para aguantar el sandwich.
Servicio: Perfecto. Cumplieron con lo que se pidió.
Precio: Sandwich más caña 7 euros. No nos olvidemos de en qué zona está.

La Bombi: a la luz de la excelencia

No, ni nos ha tocado la lotería, ni una dirección general del gobierno regional o un cargo en la directiva del Racing. Es que, a veces, vamos sumando (pocos) euros al mes y teníamos ganas de un homenaje. Tiramos de los clásicos y fuimos a uno de los restaurantes seguramente más caros y con más nombre de Santander. La prueba del programa de hoy era conocer si la calidad estaba a la altura de su fama y las joyas que habíamos empeñado merecían la comida que ibamos a tomar.

Con un servicio excelente y que nos fue mucho más útil que la ayuda de windows, seleccionamos varias viandas a compartir y después un plato principal por comensal.  En el recorrido por la carta y las sugerencias fuera de ella, decidimos hacer algo de “fuera de pista” y lanzarnos a algunas de las delicias que no estaban en el encartado principal de La Bombi, porque jugábamos a grande y no íbamos de farol (se nos da muy mal no decir las cosas cómo son). Llevábamos varios “chones” en la mano.

Empezamos por una ración de mejillones en escabeche. Si, ya sabemos que muchos de vosotros no pasáis de abrir una lata, o que llevan mucho trabajo cómo para hacerlos en casa. Pues no sabéis lo que os estáis perdiendo hijos. Los “mejis” estaban bien carnosos, con un escabeche equilibrado en todos sus sabores, y con un acompañamiento de ajo picado muy bueno para rematar con pan este plato. Empezamos muy bien.

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A continuación fuimos por un plato típico de nuestra ciudad, de los que te comerías cómo pipas e incluso devorarías hasta la cola (no hagáis segundas lecturas por favor, no nos vamos a presentar a concejal) si están bien buenos. Nos referimos a los bocartes. Rebozados y abiertos a la mitad, estaban deliciosos, en una ración amplia y con lechuga de acompañamiento. Sí, sólo de acompañamiento, nada de lechugas iceberg con exceso de agua del lavado. Algunos de los comensales al pedir este plato miraban extrañados, pensando que este es un plato más vulgar que un programa cualquiera de Telecinco.  Pero al probar los bocartes rebozados se tragaron su palabras. Pidieron perdón y entregaron las armas. Si es que hay que dejar a un perolero elegir…

bombi_bocartes

Tras probar “la joya plateada del cantábrico” (toma ahí titular periodístico-gastronómico) terminamos los entrantes probando las almejas a la sartén.  Una almeja de tamaño grande, con mucha “chicha” y envueltas en un salteado agradable, con su ajo bien picado, y ese toque de picante pero sin desaprovechar que la materia prima que habían cocinado era de primera división. Esto de comer almejas tan buenas de día no era algo esperado por nosotros. Igual se nos fue la mente a otros lados y otros momentos.

Bombi_almejas

Y vamos ahora con el plato principal; el momento en el que la comida que tomamos podía o llegar al nivel de las pegatinas de la guía michelín que están a la entrada, o por el contrario al de las pegatinas del kebab de al lado en la farola de enfrente. Fina frontera de comer bien o comer contundente. Seguimos recomendación del maitre y pedimos cómo pescado el machote al horno con patatas panadera. “Acertada elección” que diría el jefe del servicio del restaurante. Aquí fue un simple pero efectivo “te va a gustar fijo”. Y vaya si lo hizo. Una pieza de pescado perfectamente cortada, horneada de forma igual por todas las partes, casi sin espinas y con sus patatas panadera en perfecto estado de revista. Estaba el plato cómo para pedir en change.org hacerle un monumento. Más que machote el pobre pez se había convertido e un perfecto caballero.

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El cabr… de nuestro reportero perolero, no se quedó sin hambre y dijo que sin postre no se iba a realizar la crónica de esta visita.  Pues nada, pedirle al niño un postre que si no se pone a llorar cómo plañidera en funeral. Venga, pues una tarta de queso para rebajar la comida. “¡Ostras, Pedrín! que diría el superhéroe nacional. Una tarta con base de sobao pasiego, no galleta, con un queso fresco, posiblemente de las Garmillas, con su mermelada de frutos rojos del bosque para completar la santa trinidad del postre. Ya sabéis que los postres siempre (en la Bombi y en Casa Cuesta, por poner dos ejemplos diferentes) aumentan la cuenta final, pero es casi imprescindible para rematar la experiencia.

bombi_tarta

Y ahora con todo viene el momento preferido de su programa favorito: “El precio justo”.  Y vamos a “calzón quitado”, no os vamos a engañar: el precio es alto. Sin embargo cuando notas al saborear que la calidad de los productos, el cocinado y la presentación es toda igual de buena, te entran hasta dudas de conciencia sobre lo que has pagado y que es justo o no. Seguramente y por desgracia, no mucho podáis permitiros esta comida, pero si os gusta “comer bien” hay que parar obligatoriamente. O que te inviten, que siempre hay que tirar de los amigos en los malos momentos.

Os dejamos su web.

Dirección: Calle Casimiro Sainz, 15. Santander. 

Cantidad: Adecuada. Quedas saciado con lo que te sirven.
Calidad: Más alta que las torres Pretonas.
Presentación: Comes antes por el ojo que con la boca.
Servicio: Adaptado al cliente y muy atento. Perfecto.
Precio: 50 € por cabeza con vino y postre. Gama alta.