Entre el cisma y el catacrack

Este es un post difícil porque aunque lo tenemos que hacer muchas veces, no nos gusta repartir a diestro y siniestro. Y si encima te tratan bien y te sirven con eficiencia todo se pone aún más cuesta arriba. Pero si tenemos que ser fieles a nuestro decálogo y a nuestros lectores, debemos ser objetivos, y objetivamente nuestra cena en el Catavinos fue un pinchazo tan grande como inesperado.
Era una cena especial ya que nos acompañaron buenos amigos a los que quisimos agasajar con un menú puramente perolista, es decir, variado, sabroso y ajustado de precio.

Para abrir fuego apostamos por un valor seguro, su tortilla de patata. Aquí habéis leído que, para los perolistas, la del Catavinos está en el podio de las mejores de Santander. Y precisamente con la tortilla empezaron las sorpresas… al menos para una parte de los nosotros. Y es que, aunque no os lo creáis, no a todos los editores de este blog nos gustan las mismas cosas, y la tortilla es una de ellas. Hemos discutido en dos facciones hasta el punto de parecer el Perolo Popular de Judea y el Perolo Judaico Popular, aunque no nos tomamos tan en serio como para pelearnos de verdad.

La corriente mayoritaria es que estamos ante la capilla sixtina de las tortillas, el no va más, el “después de probarla ya puedo morir tranquilo”. Y que esta noche, la tortilla mantenía su excepcional nivel. Enfrente el sector minoritario (aunque convencido de representar a la mayoría social) agradecemos que estuviera recién hecha (faltaría), nos pareció demasiado poco cuajada incluso para los que nos gusta poco cuajada y con un regustillo a huevo quemado que destrozaba el conjunto.

 Ante este irreconciliable cisma solo nos queda recomendaros que la probéis y nos contéis. Más no podemos hacer, porque si seguimos discutiendo esto acaba con uno de los nuestros fundando el perolismo protestante, clavando en una pared sus tesis reformistas sobre la tortilla y, la facción contraria, montaría un Concilio de Trento para expulsar a los herejes de la tortilla cuajada.

tortilla_catavinos

La siguiente parada era la cecina, acompañada de una gigantesca rodaja de tomate y un poco de aceite (quizás demasiado poco, aunque para gustos). Con el recuerdo reciente de las cuasi transparentes laminas del Casimira era difícil fallar. Tenemos que decir que el tomate era bueno tanto en textura como en sabor, pero se quedaba aún lejos de la excelencia del relatado en Casimira. La cecina, sin embargo, mucho mejor, aunque metidos a cismas y debates, tampoco despertó unanimidad entre los comensales: para unos, sabrosa y cumplidora, para otros el mayor problema residía en la presentación, demasiado uniforme e impersonal. Vamos, que deseaban haberse encontrado lonchas irregulares y bañadas en algo más de aceite.

Pinchazo sin paliativos, y aquí sí hubo unanimidad, en las croquetas. Templadas, casi frías, con un deficiente rebozado y una discreta bechamel, demasiado gomosa, poco trabajada y de discreto sabor. Flojas, my flojas. Hay cosas que no perdonamos y lo advertimos, siempre aquí, aunque no cuando nos sentamos en la mesa, ya que no queremos que nos inviten. Somos muy Lanister, pagamos nuestras deudas.

croquetas_Catavinos

Siguiente parada una bola de arroz y patata, al estilo colombiano. Muy especiada, grande… y poco más. Quizá en ocasiones demasiado seca -la estupenda salsa picante Valentina nos ayudó en la deglución- pero sin más que destacar. Esto si que fue un muro y no el de la maratón.

bola_patata_Catavinos

Siguiente pinchazo y cisma de la noche, el huevo con foie. Era otro de los hitos esperados por quienes confeccionaron el menú y decepcionó. Nuevamente mal de temperatura, de textura y discreto de sabor. La noche era de pesadilla, sobre todo si no eras pro-tortilla del Catavinos (es que la minoría además de guerrera es quien escribe este post).

El cisma, aunque menor, vino motivado porque algunos sí estaban bien ejecutados y correctos de sabor aunque sin volvernos locos. En definitiva, estando la mitad tibios, o rotas las yemas o con demasiada cebolla, el balance creemos que no llega al aprobado. Una pena, porque tanta irregularidad no ayudaba a remontar el vuelo de la cena.

huevo_foie_Catavinos

Uno de los comensales, nada fan del foie, optó por un pincho de chuleta. Es uno de los fuertes del establecimiento y cumplió. Algunos, en ese precioso instante, lamentamos no ser “alérgicos” al foie.

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A trancas y barrancas llegamos a los postres. Solo tres en carta,  helado de chocolate, queso de cabra y tarta de chocolate. Nada destacable.

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Finalmente conviene apuntar que todo ello estuvo acompañado de uno de nuestros valores seguros, un Luis Cañas (bueno, una no, varias botellas, que había sed y eramos unos cuantos).

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A la hora de pagar, en circunstancias normales nos hubiéramos quedado en un precio correcto, pero tras las decepciones de la noche nos salió caro.

Nos fuimos tristes, la verdad. Esperábamos un buen festín en Catavinos, para poder cantaros aquí las alabanzas de un sitio con buen nombre. Creemos que no es un problema ni de producto ni de pericia de la cocina.  Nos inclinamos por pensar que la cocina de pinchos y barra de Catavinos no se adapta bien al ritmo y tiempos de una cena para un grupo mediano, y que algunos de sus platos pierden así inmediatez y calidad.

Dirección: C/ Marcelino Sánz de Sautuola, 4, 39003 Santander

Cantidad: Correcta
Calidad: Irregular. Necesita mejorar
Presentación: Correcta
Servicio: Rápido y eficiente
Precio: No es barato
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