El tal Remartínez

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El intrépido reportero conoce a El Perolo

Si fuéramos la CIA, no diríamos que lo que cuenta el tal Remartínez en su columna de hoy es parcialmente falso, sino que, directa y radicalmente, los hechos relatados no existieron. Que nosotros ni existimos, y solo somos una ficción.

Pero como somos nosotros mismos, os contaremos realmente lo que sucedió. O pudo suceder. Que no recordamos.

Os diremos que esperábamos a nuestro invitado sentados alrededor de una mesa, botella de vino abierta y copa en ristre, decidiendo si poníamos cara de serios, si nos poníamos una máscara veneciana, o si nos partíamos de risa. Así que llegó, un poco tarde, como novia en boda, acicalado, afeitado, ligeramente peinado -con ese estudiado despeinado de los que son decentemente modernos- y con su mejor camiseta. Puso cara de sorpresa, y preguntó si era el momento de desnudarse o si mejor esperábamos a los chupitos, aclarando que no era un chico fácil.

Nuestro intrépido reportero inquirió sobre la metodología perolística –metodoloqué, contestamos- , nuestro origen y nuestros planes para dominar el mundo. Resueltos los enigmas, nos entregamos al papeo, al vino y a rajar. Por que otra cosa no, pero rajar, rajamos mucho, repartiendo pitidos por los oídos por doquier.

Para rematar la noche, entre protestas de nuestro invitado por no haberse tenido que desnudar, ni haberle vendado los ojos, ni apuntado un compás contra su pecho, nos intoxicamos moderadamente -el iniciado mantuvo su dignidad al prescindir del ubicuo  gin & tonic- y nos fuimos deshaciendo en las horas de la noche entre cambios de bar, apariciones y desapariciones femeninas. Nos despedimos cruzando duelos croqueteriles, pactando en sangre su silencio -ya ven, y va el jodido y escribe una columna- y prometiéndonos amor eterno.

Pero nada de esto ocurrió. Nada.

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Al final de la noche
Cantidad: Está un poco escurrido, pero aguanta bien la bebida
Calidad: Excepcional.
Presentación: Muy acaldado, con camiseta de Hora de Aventuras.
Servicio: Fue poco, creemos.
Precio: Incalculable, aunque no le pagamos nada.
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Un comentario en “El tal Remartínez”

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