1974: Queremos carnaza

Actualización Marzo 2016: el conocido “1974” se ha quedado en ese año. Ahora el bar es conocido cómo “Arte 3”.

En plena semana santa, andábamos de procesión buscando un sitio para cenar en el que nunca hubiésemos estado, la comida estuviese buena, el precio fuese barato y hubiese mesas libres. Ya que estamos celebrando milagros, por pedir que no sea. Tras descartar alguno de nuestros restaurantes favoritos, ya sea por el completo en sus mesas (cómo pudimos comprobar en “La Tasca”) o porque salimos escaldados de otras visitas (cómo en “La Compañia”) paramos en plena plaza de Cañadio en el “1974”; un bar que ocupa desde Daoiz y Velarde hasta la plaza el antiguo local de “La despensa”, bar que era famoso por sus empanadas de carne y pinchos.

El “1974” mezcla la barra de un bar de toda la vida (nada de cristaleras con 20000 tipos de pinchos; parecen las cajas del 1,2,3; adivina cual es la que aciertas) con varias mesas para poder comer algún plato rápido de su carta. Tuvimos la suerte excepcional (aunque también nos daba miedo) que había una mesa libre. Aprovechamos y nos sentamos. Cómo hilo musical, las admoniciones de una familia de turistas sobre amoríos a su hija preadolescente ¡Cómo hubiese disfrutado el crápula de Humbert Humbert ante tan preciosa estampa familiar!

Solicitamos cómo entrante los nachos con guacamole, y una hamburguesa por persona. Para beber una copa de vino y una caña; que no se diga que nosotros no hemos empezado la fiesta de la democracia, ni la borrachera de promesas electorales. Llegó el entrante, y lo que eran nachos se convirtió en unos deliciosos totopos que podías comer solos. Crujientes, grandes y tostados. Una delicia triscante que para nada esperábamos. Algún restaurante mexicano debería aprender de ellos. El guacamole venía con una salsa agria por encima con unas tiras de queso. Puro “gochismo”. La incomodidad del recipiente donde se encontraba impidió rebañar más. La vajilla en la que sirvió ese plató fue más incomoda que el extracto de cuenta de los Pujol en Andorra. A veces lo sencillo es mucho mejor.

1974_guacamole

Después llegó el plato fuerte: las hamburguesas. Seguimos con las modas y la incomodidad de los cestillos, al estilo de una freidora, para poner las guarniciones. Las patatas fritas que venían, que estaban buenas por su fritura y tamaño, tenías que buscarlas y destaparlas del papel decorativo del cesto. Así que nos pusimos el sombrero de ala ancha y el látigo para emular a Indiana Jones y extraer hasta la última patatas y poder degustar el sabor de este acompañamiento. Una pura excavación arqueológica. Uno de los comensales pidió la hamburguesa “italiana”. Con este título no podemos dudar de que sus ingredientes serían un derroche de imaginación e introversión en la cocina transalpina. Si, ya lo habéis adivinado… queso mozarella y pesto. Lo dicho, no lo esperábamos. Dejemos de un lado los prejuicios sobre el nombre del plato y vamos al grano. Primer punto a favor: el pan aguanta toda la hamburguesa. No llega a volatizarse a medida que lo vas comiendo. Se acompaña de un palillo para sostener la misma, pero no es necesario. Este pan aguanta más que una lista crítica de “Podemos” en unas primarias. A partir de ahí la mezcla pesto+queso fundido+carne+el resto está muy rica. Igual podrían hacerse un poco más la carne, pero ahí está en vuestra elección pedir con antelación al camarero el punto de la misma. El plato es contudente, y difícil es que llegues con hambre. Pero bueno, si Esperanza Aguirre ha vuelto, porqué no vas a tener sitio para el postre.

1974_hamburguesa_italiana

Sobre la otra hamburguesa que se pidió, se eligió la “mexicana”. Otro título original para que no te pierdas con sus ingredientes. Repetimos lo que hemos dicho sobre carne y pan y los demás elementos comunes. En esta, el guacamole y la salsa mexicana -perdonad nuestra memoria, tenía un nombre más específico- hacían un buen tandem y aportaban un punto fresco y picantillo (tampoco mucho) a una hamburguesa bien equilibrada.

1974_hamburguesa_mexicana

Finalmente, todo salió por una cuenta de 13,70 € por cabeza. Teniendo en cuenta el entrante y que las hamburguesas llevaban su ración de patatas fritas no está tan mal, aunque en lo que es la presentación de los platos podrían volver al año del nombre de local, y presentarlos en duralex, por ejemplo. Seguro que sería más fácil comer sus especialidades. En definitiva, “1974” está en la transición entre una hamburguesería cualquiera o pasar al estado de los “premium” y ser referente de trozo de carne picada entre pan y pan. De momento, sigue ganando tiempo para llegar a 2015.

Os dejamos su Facebook.

Dirección: Plaza de Cañadio, Santander.

Cantidad: Grande. Esta preparado para recibir a hombres con 3 estómagos.
Calidad: Bien. No estará entre las mejores hamburguesas, pero en caso de urgencia cumple.
Presentación: Incómoda. Se tomaron demasiado en serio lo de "se come por la vista".
Servicio: Un pelín lentos, pero nada que os haga mirar el reloj varias veces.
Precio: Normal. No es barato, pero es que no estamos pidiendo un Mc Menu. 13,50€/persona.
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3 pensamientos en “1974: Queremos carnaza”

  1. Me encanta la cuenta twitter de @wewantplates (quermos platos)! En comparación estos son como los mencionados Duralex.
    Espero que sea una moda que no llegue a nuestros lares.

    1. Hola,

      Nos hemos paseado por esa cuenta de Twitter. Esperamos que la bloqueen en Cantabria y no pillen ideas los hosteleros.

      Nos hemos reído un rato. ¡Muchas gracias por el aviso!

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