El Picaro: el pincho inclasificable

Está semana el trabajo nos acerco al edificio del Gobierno de Cantabria. A la salida y ya con un poco de hambre, nos acercamos a desayunar al Picaro, a esa hora sede social de gran parte del funcionariado cántabro. Nuestro sentido arácnido se debió disparar cuando al entrar nos encontramos más solos que Gary Cooper en “Hadleyville”, pero no fue así y decidimos pedirnos un café y un pincho de tortilla de bonito. pincho_el_picaro Lo que teníamos delante era un pincho de tortilla pero no sabía como tal. La patata cocida en vez de frita, mayonesa como si no hubiese un mañana y salada, muy salada. Más parecía una ensaladilla rusa que una tortilla de patata. Al segundo bocado decidimos abandonar la misión imposible que era comerse aquel experimento gastronómico y dejamos el pincho encima del plato. Abandonamos el local muy decepcionados y extrañados, el Picaro siempre ha tenido fama de que sin ser excelso era un establecimiento resultón. Quizás sólo fue un mal día en la cocina pero no seremos nosotros quienes vuelvan a comprobarlo. Dirección: Calle Bonifaz, 19. Santander.

Cantidad: generoso 
Calidad: incalificable
Presentación: Normal
Servicio: amables 
Precio: 2€ café más pincho. Un gran precio si el pincho fuese bueno
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Un comentario en “El Picaro: el pincho inclasificable”

  1. Probad los pinchos de La Polar, en la Calle Cádiz. 1,80€ pincho + café, muy del estilo del Quebec en sus buenos tiempos.

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