Bibo en el Mc Donald’s: la última frontera

Ahora que la alta cocina se ha convertido en el nuevo rock ‘n’ roll (ahí tenéis a Ferrán Adrià diciendo cada cosa que ni Jim Morrison todo empapadito de ácido lisérgico), no iba a tardar en salir algún irredento pureta a reprochar a una de las nuevas estrellas que es un vendido, como cuando aquel grupo tan duro, genuino y comprometido sacó aquella mierda de disco comercial y mainstream. Pues, más o menos, eso ha hecho Dani García, chef marbellí con dos estrellas Michelin, creando una hamburguesa para McDonald’s, el gran satanás gastronómico, en entender de muchos. A nosotros no nos parece mal, que conste: Dani García tiene derecho a ganarse las alubias como mejor considere -como hacemos todos nosotros- y McDonald’s está en su pleno derecho de intentar dignificar su producto, como esas actrices porno que salen en JotDown hablando de libros, y atraer nuevos clientes.

Como no tenemos vergüenza, y después de ser preguntados por algunos amables tuiteros sobre si íbamos a probar el nuevo engendro producto de McDonald’s, le dimos una vuelta a la cabeza y dijimos, “¿y por qué no?”. Total, hemos venido aquí a jugar y, como decimos en el decálogo, nos vamos a reír hasta de nosotros mismos. Seguramente a más de uno le parecerá mal, pero, como decía el facha de González Ruano, cuando los caciques de vía estrecha partan el bacalao, nosotros comeremos salmón.

Después de esta lamentable justificación, pasamos al bocado en sí. Para la cata esperamos un tiempo prudencial y fuimos, a la hora de comer, al flamante smartrestaurante McDonald’s de la S-20, que parece lleno a todas horas, Así que, tras apenas un par de minutos de espera, ya teníamos nuestra bandeja con el menú completo (ya que nos íbamos a autodestruir un poco, que fuese en condiciones): Hamburguesa “Bibo” (en caja de cartón, todo un lujo), patatas deluxe con su salsa reglamentaria, y medio litro de Lipton, que nos habían dicho que la nueva añada era afrutada en boca y con un retrogusto mineral.

BIBO_Macdonalds
El objeto de la polémica: BIBO de Dani García

Empecemos por la carne. Como todos los sándwiches de McDonald’s la carne es lo que es: una pastilla de picado vacuno, siempre en el mismo punto, siempre con el mismo sabor, sea 100% de Extremadura o de Papúa Nueva Ginea. Nada nuevo bajo el sol, pero seríamos muy inocentes si lo esperásemos. El bollo, así como con un recuerdo del pretzel y demás variedades centroeuropeas, no era malo, pues mantiene la consistencia, abarca bien las pastillas de carne y tiene un sabor y textura decentes. La lechuga, totalmente irrelevante, para qué extendernos más. La laminita, casi transparente, de queso aportaba su regusto, aunque quizá demasiado escondida por el resto de ingredientes. La cebolla crujiente nos encanta en este tipo de guarradas, que siempre les da un punto especial, entre su textura y su sabor intenso y reconcentrado.

Mención aparte merece la salsa secreta, que es donde, imaginamos, se ha plasmado el genio de Dani García. Su sabor se sale de lo común (a veces notas de anchoa, otras un toque de olivas… seguimos discutiendo) y lo generoso de su cantidad consigue empapar toda la hamburguesa y hacerla jugosa. En resumen, la salsa por sí sola justifica el sobreprecio de la “Bibo” sobre el resto de productos de la cadena.

BIBO_detalle_macdonalds
La BIBO ya seccionada. Noten lo bien que muerde uno de los nuestros

Rematamos con las siempre deliciosas patatas deluxe. Absolutamente comerciales, en el mejor sentido de la palabra: siempre bien fritas, con la sal adecuada, con esa salsa cremosa. Sí, son congeladas, a saber cuanto tienen de patata, obstruirán nuestras arterias, pero nos chiflan. Un guilty pleasure en toda regla.

En conclusión: la “Bibo” se deja comer más que bien, especialmente la salsa, que está para rebañar con los dedos en el cartón. El que esperase otra cosa -una hamburguesa gourmet de verdad- o es tonto o vive en la inopia: McDonald’s no deja de ser una malvadísima multinacional (música de terror aquí) que busca maximizar el beneficio con personal poco pagado y no cualificado (como tú y yo cuando curramos aquel verano a los 20). El que quiera otra cosa, que vaya a Musli, Nobrac, el Baruco, o similares, que los hay y muchos. Como diría Clinton: es el McDonald’s, estúpido.

No os dejamos ni mapa ni dirección, que ya sabéis donde está.

Cantidad: Es McDonald's.
Calidad: Es McDonald's. La salsa está tremenda.
Presentación: Es McDonald's. En caja de cartón.
Servicio: Es McDonald's. Muy rápido.
Precio: Menú grande (patatas y bebida), por 7,75€.
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2 pensamientos en “Bibo en el Mc Donald’s: la última frontera”

    1. Hola Javier,

      Y nosotros que pensamos que cada “pastilla” de McDonald’s es igual y nos sales con el “cuarto de libra” xD.

      En nuestra cata sobre la “Bibo” debió influir que la cantidad de salsa era bastante grande a la media. Daba un toque de jugosidad que faltaba en el resto de ingredientes de la Hamburguesa.

      Pero estamos aquí ya poniéndonos demasiado finos para ser “comida rápida”. Al final, lo que buscamos en este tipo de sitios es saciar nuestras ansias de comida. La calidad la pediremos en otros bares.

      Un saludo,

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