La Nueva Torruca, un baluarte en Quijas*

Hacía ya tiempo que teníamos entre nuestra lista de visitas pendientes, más larga que la de partidos de izquierdas que irán a las próximas elecciones,  la visita a La Nueva Torruca, un restaurante del que siempre habíamos recibido buenas referencias.

Para la visita nos decidimos a probar el menú del día que constaba de 5 platos* y postre algo excepcional que debemos agradecer a uno de los comensales que nos acompañaba. Un menú casi tan largo como la “lista Falciani”, pero de mejor trago para nosotros que para los protagonistas de dicha lista.

El primer plato que nos llego a la mesa fue una cecina aliñada, acompañada de foie, tomate natural y aderezada con una salsa de membrillo. El conjunto del plato fue muy bueno. Una cecina sabrosa que combinaba muy bien con el foie y a la que la salsa de membrillo la aportaba un punto de dulzor que le daba un plus al plato. El único defectillo del plato fue que el tomate que acompañaba a la cecina estaba un pelin frío.

Cecina con foie

El segundo plato que llego a la mesa fueron unas alubias blancas con fondo de caza. Unas alubias en su punto, de textura suave y muy gustosas. El fondo de caza las proporcionaba un gran sabor pero no excesivamente fuerte, un defecto que se suele dar mucho en este tipo de platos. En nuestra opinión el mejor plato del menú.

Alubias con fondo de caza
Alubias con fondo de caza

En tercer lugar llegó un arroz con alcachofas y codorniz. El arroz estaba en su punto con unas alcachofas tiernas, pero algo escaso de sabor. El plato estando bien resulto algo insípido.

Arroz con alcachofas y codorniz
Arroz con alcachofas y codorniz

En cuarto lugar nos presentaron una berenjena asada con lechazo y salsa romesco. El plato en su conjunto estaba rico, quizás un poquito salado. La berenjena estaba demasiado al dente, aunque he de reconocer que a mi me gusta así y el lechazo bien cocinado se deshacía en la boca.

alcachofa_lechazo_nueva_torruca

Como cierre antes de los postres “degustamos” un lomo de jabato con mostaza. La carne estaba en su punto, sabroso que no fuerte, y con ese puntito que le da la mostaza.

Jabalí con mostaza
Jabalí con mostaza

Como todavía nos quedaba algún huequillo que rellenar nos trajeron de postre manzana con maracuya y helado de yogurt. La combinación de la manzana y el maracuya resultó excelente, incluso podría suprimirse el helado y el postre tendría el mismo resultado. Un postre fresco ideal para cerrar un menú muy consistente.

manzana_helado_yogurt_Torruca

La Nueva Torruca no decepciona, un menú copioso y sabroso, con una relación calidad precio muy alta. Un restaurante al que sin  duda volveremos…. NO PROBAMOS SUS CROQUETAS!!

*El menú del día es de 3 platos + postre.

* La nueva Torruca ya no está en Quijas, ahora está en Santander y se llama Anna. Actualizamos que no queremos que os presenteís en Quijas y os lleveís un disgusto.

Su web y su FB

Dirección: Barrio Alto Nº31, Quijas

Cantidad: satisface a estómagos grandes
Calidad: así da gusto ir de menú
Presentación: cuidada y acorde a cada plato
Servicio: Atento y eficiente.
Precio: 18€, precio cerrado con vino y café

El Museo de la Música: sinfonía pastoral

Lo reconocemos. Hay días que nosotros mismos nos dejamos llevar por ese mismo sopor en el que a veces parece felizmente suspendida Santander  y acabamos  parando en los sitios de siempre, algunos glosados en este blog y otros, que son un placer culpable como las canciones de la Carrá, que nunca verán la luz.

Así, ante el riesgo de quedarnos sin novedades que contaros (y para que Galindo Berana no nos compare con Nacho Diego otra vez por publicar poco) salimos cuchillo y tenedor en mano a por El Museo de la Música.

Un coqueto localito, así como para salir en un video de Belle & Sebastian, cerca de la iglesia de los jesuitas, con una terracita cubierta en la entrada que seguro es una delicia en verano. La carta es cortita y al pie: raciones, arroces, pasta fresca y algo más. Por fortuna, no era uno de esos horrores plagado de palabros italianos mal puestos que te tiene que traducir el camarero.

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Para ir aplacando el hambre, tiramos de nuestros clásicos, croquetas y rabas. Sí, las tenemos más trilladas que los primeros discos de Los Planetas, pero nos gustan demasiado para dejarlas.  Las croquetas en este caso de bacalao nos convencieron, acompañadas de unos crujientes pétalos de remolacha, su consistencia a punto del desastre, su fino rebozado y el intenso sabor a bacalao levantaron severos murmullos de aprobación.

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Las rabas de chipirón, ricas pero un poco sositas: fritura correcta, bastantes rejitos, consistencia adecuada pero poco sabor.

Luego llegó la pasta fresca rellena, especialidad de la casa. Y aqui tenemos que dar una rotunda ovación al Museo de la Música, huyendo de salsazas convencionales y platos atiborrados de queso que saben todos a lo mismo: sonaban a clásico de la Motown entre tanta canción con autotune que predomina entre los platos de pasta.

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Los ravioli de pollo al curry, suaves y elegantes, acompañados de una salsa de vino reducido, sutil pero adecuada, que armonizaba a la perfección con el suave curry y el picante de alguna de las guindillas que salpicaban el plato. por su parte, las medias lunas de espinacas con su relleno de ricotta y el complemento de la rúcula con tomate templado fue una formula perfecta. Ningún ingrediente se imponía al resto y todos juntos creaban una mezcla inigualable. Podría parecer un plato más pesado que un casette de los chungitos en reproducción continua, pero salió más que airoso ya que no salías lleno hasta reventar.

Para cerrar, las medialunas de verdura apuntaban cosas interesantes con un pesto suave y nada estridente, pero tampoco podemos deciros más, que no queríamos dejar a una de nuestras simpáticas y queridas acompañantes sin cenar.

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Ponemos punto y final con los postres. La tarta de queso con almendras daba la talla, pero le sobraba el sirope de fresa, absolutamente inoportuno. La tarta de manzana estaba buena, con una cobertura de caramelo perfecta para tomar junto a la capa churruscada de manzana que cubría el bizcocho.

tartaabuela_museomusicatartaqueso_museomusicatartamanzana_museomusica

Buenas raciones que, sumadas al vino Beronia, salieron a 23 euros por cabeza. Nada mal, para un local agradable y un servicio simpático y acogedor.

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Dirección: Calle San Jose, 9. Santander.

Cantidad: No te quedas con hambre, no
Calidad: Notable. Buena pasta fresca.
Presentación: Hay esfuerzo en el enplatado. Bien.
Servicio: Simpático y amable.
Precio: Adecuado a la calidad. Los hay más baratos pero bastante peores

Remigio Sport’s Tavern: tortilla a media luz

A pesar de que no pudimos catar todas las tortillas del concurso oficial elaborado por la Asociación de Hostelería y el Diario Montañés, si que nos hemos jurado intentar conocer las especialidades en este ámbito de los participantes. Por ello (y porque no teníamos muchas ganas de prepararnos el desayuno) apostamos a ir a “Remigio Sport’s tavern”. Un bar con decoración de taberna “irlandesa” que se encuentra en la rotonda de la Albericia. No tendréis perdida de encontrar el bar, su gran fachada verde es lo primero que ves. No es un Bansky pero te sirve para  reconocer el bar.

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Pedimos el pincho de tortilla con bonito y un café. El pincho es grande, no tanto cómo el sumario judicial del caso de corrupción que más os apetezca recordar, pero sirve para tener un decente despertar por la mañana y aguantar hasta la comida. Poco cuajada por el centro y muy hecha por los bordes; por ello la tortilla puede valer para todos los gustos según el nivel de cuajo que tengan.  La capa de bonito y mayonesa estaba bien ,pero igual era un poco excesiva. Habíamos ido a comer tortilla, no una lata de Calvo con mayonesa.  En general satisfechos con la prueba aunque tampoco nos pareció para tirar cohetes.

Detalle_tortilla_remigio

Para finalizar, el ambiente “sport’s tavern” parece que incluye bajada en la factura de la luz. A pesar de ir a las 11:00 de un día soleado el nivel de iluminación dentro era algo oscuro, no tanto para llevar chaleco reflectante pero no luce la tortilla que ofrecen.

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Dirección: Calle Lavapies, 2. Santander.

Cantidad: Tamaño suficiente para una persona 
Calidad: Bien pero sin excelencias. 6,5 sobre 10.
Presentación: Normal. No te echa atrás.
Servicio: Simpático y amable. Estaba de buen humor.
Precio: 2,50 € café más pincho. Acorde a la media.

 

Noche de Geisha en el Diluvio

Entre los peroleros hay un grupo, que no todos, de fanérrimos de  la comida japonesa que no desaprovechamos cualquier oportunidad que se nos presenta para devorar cualquiera de sus platos.

Esta oportunidad surgió de un cartel visto que indicaba que los jueves, viernes y sábado eran noche de sushi en el Diluvio, un afamado bar de pinchos del eje concéntrico del STVismo. Así que sin pensarlo mucho, tanto como Maricospe sus declaraciones, nos acercamos a comprar algo de sushi para llevar a casa.

Según entras al Diluvio, al fondo, han situado un pequeño mostrador en el que despachan tan suculento manjar. A nuestra llegada ya quedaba poca variedad, apenas 3 tipos de makis y algún uramaki o maki invertido, así que no tuvimos mucho donde elegir.

Tras echar un ojo y ver las ofertas disponibles elegimos 12 piezas: Primero unos makis de atún, quizás los más normalitos de los tres.

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Estos fueron seguidos por otros de foie, queso de cabra,  almendras caramelizadas y “topping” de compota de pera, una combinación que podría parecer rara pero que da un resultado excelente. Una grata sorpresa que os recomendamos probar.

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Para terminar elegimos unos makis de surimi, aguacate y queso crema. El surimi es un producto menor propio de esas ensaladas prefabricadas de comida rápida, pero que combinado con el queso y el aguacate queda un maki resultón.

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La experiencia con el sushi de la Geisha  fue muy positiva. Sin lugar a dudas repetiremos e intentaremos ir a primera hora para poder probar todas las variedades que ofrecen. Por ahora uno de los mejores sushi que hemos comido en Santander aunque nos falta probar más variedad.

Os dejamos el facebook de la Geisha y del Diluvio

Cantidad: Los maki tienen el tamaño perfecto
Calidad: Notable para lo que catamos por estos lares.
Servicio: Una dependiente atenta y agradable.
Precio: Con sus combinados de oferta resulta hasta barato para lo que estamos acostumbrados.

El Don: Y volver, volver, volver

La cocina mexicana ha pasado del boom de los 90’s (lo que llamaremos el efecto “Old el Paso”) a asentarse definitivamente cómo otra especialidad más de la cocina en nuestra hostelería patria, cómo los restaurantes italianos, chinos o japoneses. En Cantabria fuimos unos adelantados a recibir este tipo de platos, con el menú especial que viene sirviendo la bodega “Antonio” en la calle Rubio en Santander. Hasta dudamos si el mismo Marcelino Menendez Pelayo probó el chile picante de este bar cuando iba a su biblioteca, porque desconocemos cuando se abrió. Lo que es seguro es que varias generaciones de clientes lo han visitado, y para los que no lo conozcan, nuestro blog tiene pendiente una visita.

Tras este panegírico a la casa de comidas mexicanas más antiguas de la región, decidimos probar un sitio diferente y que lleva un par de años funcionando en Soto de la Marina. Se llama “El Don” y está justo en el mismo sitio donde se encontraba el local llamado “La Antigua Barbería”. Conduciendo por la carretera hacia Liencres no tiene pérdida porque desde fuera su fachada ha sido decorada para que se reconozca bien. Aparte, para los amantes de las revistas de decoración, nos quedamos embobados con sus lamparas antiguas llenas de colores; Sí, algo del picante nos había afectado a la cabeza.

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Cómo queríamos conocer en general su carta para nuestra primera visita, solicitamos consejo al servicio, que muy atento nos recomendó el “platillo especial El Don”: compuesto de Guacamole, una quesadilla  de pollo, 1 taco de carne, 1 tostada y 1 sope. El plato tiene una cantidad adecuada para probar un poco de todo y no salir con más hambre que el chavo del ocho en uno de sus capítulos. El guacamole, unos de los platos más inflados en precio de este tipo de restaurantes por el bajo coste de sus ingredientes, estaba bueno por su textura de crema con tropezones, aparte de que la cantidad de totopos que te permite rebañar toda la ración. La quesadilla de pollo estaba jugosa, muy caliente y bien compacta, importante este aspecto ya que en la cocina mexicana se come con las manos y en muchos sitios sales con las manos más pringosas que en un panadero a las 4 de la mañana. Una buena opción.

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El taco de Carne estaba un pelín seco, por esto siempre tienes la opción (y la valentía) de echarte salsa picante para complementar, aunque con moderación por si no quieres tener un cohete en el c… horas después.  La tostada de ceviche de atún era bastante sosa; más bien parecía que se había echado el relleno de una empanadilla de Mostoles. No pasará a la historia de este sitio.Por último, el sope (una tortilla de maíz gruesa con carne y ensalada) estaba buena; el tipo de masa que se usa tiene un sabor diferente al resto de los platos. Es contundente y sirve para rematar la comida.

Si os quedáis con ganas de más tienen una carta de postres locales. Eso sí, café de puchero no tienen. Aquí de maquina y a correr. Aparte, tienen una carta mucho más amplia para profesionales de comer en este tipo de sitios, aunque siempre con ojo: cantidad y precio no suelen ser amigos en estos sitios.

En definitiva, el “Don” es una buena opción para comer comida mexicana cerca de Santander, aunque tampoco esperéis probar unas delicias que hasta al espíritu de Jorge Negrete le harían brincar de su tumba.

Aquí os dejamos su web y Facebook.

Dirección: Avenida. Marques de Valdecilla, 60. Soto de la Marina.

Cantidad: Ni mucho ni poco. Lo normal para probar.
Calidad: Bien. No estás en Jalisco, pero tampoco le pones la cruz.
Presentación: Buena, así sabes distinguir lo que comes
Servicio: Atento y te guían por la carta si no sabes.
Precio: El normal en estos locales: 18€/persona.

Pizza Jardín: Tortilla para dar y tomar

Un tema habitual en nuestros artículos y opiniones es la eterna discusión entre tortillas de los bares para definir cual es la mejor. Una “polémica”  que está llegando al nivel de si los telediarios de TVE  deben ser clasificados como programas de humor o de ciencia ficción.

Uno de los bares que nuestros lectores nos habían recomendado para probar este manjar de la cocina española era la cafetería abierta junto al gimnasio “Body Factory” en la carretera que sube pegada a Mataleñas. No entraremos en si es Cueto, Valdenoja o Sardinero Alto o bajo. Si queréis en otro momento nos ponemos a mover el cartel de la discordia.

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Pedimos un mediano y un pincho de tortilla. Repetimos lo de “uno” porque parece que pueden comer una familia numerosa de la cantidad que sirven. Y claro, piensas, pues me van a colar un ladrillo que cómo no lo moje en el café no lo trago. Pues señoras y señores, a pesar de la “altura” y la “anchura” de la tortilla, es en nuestra opinión, una exquisitez. ¿El motivo?: patata frita, un poco “churruscada”, envuelta en una cobertura de huevo, ni muy cuajada ni muy liquida,  y con un remate (en las dos variedades que probamos, atun y jamón y queso) superior. Si a esto lo sumas que el pan estaba tierno, pensamos que hacer tortillas tan buenas es un negocio para el gimnasio adyacente: no hay cojo… de bajar peso si caes en la tentación de probar sus pinchos. En algunos casos creemos que sería motivo de dopaje.

tortilla_jamon_queso_pizza_jardin

En resumen, aunque pille un poco a “desmano” del centro de la ciudad, la tortilla del “Pizza Jardin” es obligatoria probarla. Un acierto para atraer más clientela que los jugadores de padel y los “runners” al negocio.

Os dejamos su Facebook (actualizadlo, por favor!!!)

Dirección: Calle Autonomía, S/N. Santander.

Cantidad: Vete con mucha hambre. 
Calidad: Nivel muy alto. Nos hemos enamorado.
Presentación: Es un pincho de tortilla. ¿Qué esperas?.
Servicio: En horas punta agobiados, pero cumplen.
Precio: 2,60 € café más pincho.