El Pantalán: amarre seguro.

En nuestros viajes nocturnos emulando al Capitán Cook por la hostelería santanderina hemos intentado cartografiar las siempre recortadas costas de las raciones. Sin embargo, era hora de enfrentarnos a accidentes geográficos más peligrosos y adentrarnos en los peligrosos menús, donde el riesgo de encallar con un buen estacazo en la cuenta acecha hasta los más crudos, como nos ocurrió en Las Portillonas.

Atraídos por el buen nombre de sus arroces, El Pantalán parecía una buena opción para el cabotaje, y su menú de 25 euros, sin posibilidad de opciones, o elecciones aunque atractivo y ajustado a bolsillos no excesivamente boyantes.  Así que nos adentramos en un local no muy grande pero bien espaciado, y agradable.

Levamos ancla con una ensalada de bacalao al pil-pil. Muy bien ligada la salsa, sin repetir ni destruir nuestro estómago, un poco sosito el bacalao y superfluo el acompañamiento vegetal verde, salvo un tomate al que le sentaba muy bien mezclarse con la salsa. No nos emocionó, pero no fue mal entrante.

Ensalada_pantalan

Luego, arribaron las croquetas de mejillones. Confesamos que somos más de las de producto cárnico, pero estas no estaba nada mal: correctamente fritas y crujientes, con buen sabor a molusco en una bechamel anaranjada que, si bien podía ser más fluida, no estaba mal trabajada. Un notable, sin duda.

croquetas_pantalan

Para cerrar el generoso trío de entrantes -el tamaño daba para que todos probásemos y bien- unas verduras en tempura con salsa de soja. Todo correcto en cuanto al plato, pero, en opinión personalísma, encontramos el mismo por doquier, y empieza a resultar aburrido. Quizá darle una vuelta a la salsa o alguna innovación en las verduras daría más novedad al plato.

verduras_pantalan

Y llegamos a los platos principales. En primer lugar, media brocheta de merluza con verdura.  Para ser solo media brocheta resultaba más que grande y fue todo un éxito. Merluza en su punto, sin pasarse, calabacín y berenjenas tiernas, todo ello sazonado con unos cristales de sal carbonizada que encajaban a la perfección. Ovación.

Merluza_pantalan

Realmente hubiésemos quedado satisfechos con el menú si hubiese terminado aquí, pero todavía nos quedaba la última bordada: medio entrecot. Suave, tierno, sabroso, en el punto perfecto, acompañado de unas buenas patatas y de unos finísimos pimientitos verde. El remate perfecto.

entrecot_pantalan

Cerramos con una tarta de queso con helado de frutos rojos. Otro notable alto para El Pantalán, donde una base bien formada combinaba con un relleno rico y homogéneo. Como detalle final, cafés y orujos incluidos en el el menú, que viene regado por un Ribera crianza cumplidor.

Tarta_pantalan

En definitiva, amarrar nuestro perolo al Pantalán es una opción segura en los días de tormenta, queridos grumetes, digo lectores. Calidad y buenas cantidades aseguradas, a un precio muy bueno en relación a lo que ofrecen.

Su web y Facebook

Dirección: Calle Bonifaz, 21. Santander.

Cantidad: satisface a estómagos grandes.
Calidad: una buena apuesta.
Presentación: cuidada, sin pasarse de moderna
Servicio: Atento y eficiente.
Precio: 25€, precio cerrado con vino y cafés.

Bar Cantabria: A más, a más; a menos, a menos.

Era un fin de semana post-navidad en el que la afluencia a los bares y locales había disminuido (el invierno parece que llega más triste que nunca) y moverse por la ciudad ya era más cómodo que durante las semanas previas. Por ello, decidimos quedarnos en el centro, y de improviso poder picar algo rápido y barato, ya que andamos a final de mes y no era plan de sacar la tarjeta “Black”, que luego en unos meses te lo saca el diario.es y no es plan de presumir (qué hijos de…).

Al final, de improviso ,ya que no teníamos reserva previa, fuimos cómo los zombies de “The Walking Dead” buscando un sitio para una mesa de 7. Al final paramos en el mesón “Cantabria”, en pleno Río de la Pila, un bar muy popular por su carta de raciones de cocina tradicional española. El lugar no tiene desperdicio, por su jamones colgados, por ese azulejado “typical spanish”, su barra llena de pinchos, etc. Así que nos lanzamos a probar su carta. A destacar que el servicio se sacó una mesa de la manga para poder servirnos. Punto a favor.

Cómo era una cena de picoteo y tampoco queríamos salir a reventar, pedimos las raciones más tradicionales del lugar: Cecina, rabas, croquetas variadas y una tabla de quesos para cerrar la comanda. Todo ello regado por una sangría bastante buena para mitigar el calor del local (lleno hasta la bandera).

La cecina fue lo primero que nos sirvieron. Habíamos oído que era bastante buena e incluso te la podías llevar para casa, cual charcutería de barrio. Lo que nos sirvieron no tenía nada que ver. Era un embutido bastante más seco de lo que pensábamos y a pesar del chorro de aceite, se hacía duro al masticar. Esperábamos más.

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A continuación llegaron las rabas de calamar, con su rodaja de limón que no se echó (no cometimos sacrilegio) en un plato bastante abundante. Nos gustaron, la fritura era la justa y la raba era buena y triscante, pero sin llegar a modo “chicle”. En la carta esta era la ración más cara de las rabas. Pagamos la calidad.

Rabas_bar_Cantabria

Y llegó el momento “el perolo”: las croquetas. En este caso de jamón y queso picón. Abundantes raciones, las croquetas eran de un tamaño respetable, pero la calidad era normalita. No llegaban al estilo congelado, pero la bechamel podría valer para levantar paredes de Pladur. Sabor fuerte las de Picón (cómo debe ser), las de jamón más bien normales. En general está ración se fue del “ruedo” con “división de opiniones y silencio” del respetable.

croquetas_bar_cantabria

Para finalizar, la tabla de queso a modo de postre. Había varios tipos, desde el fresco con membrillo, pasando por el curado y el picón. Ninguno de ellos pasará a la gloria del olimpo quesero. Tras probarlo, creemos que es una opción a no repetir. No te aporta nada a la cena.

Quesos_ bar_cantbria

El resultado final fue barato, pero acorde al nivel que probamos. Su cocina no es para echar cohetes precisamente y seguramente nosotros creemos que con un punto más de calidad de sus platos sería una opción excelente para cenar. De momento, no estará entre nuestras prioridades. Esperamos más en el futuro.

Dirección: Calle Río de la Pila, 10. Santander.

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Cantidad: Abundante, su raciones dan para comer 5 o 6 personas.
Calidad: Aprobado raspado
Presentación: Decente, si. Apetitosa, no.
Servicio: Muy bien. Nos buscaron mesa y estuvieron pendientes. 
Precio: 14 €/persona. Asequible para todos los bolsillos.

Coitus interruptus en La Tolva

Situada en un local “maldito” de Casimiro Sáinz, una calle en la que conviven grandes clásicos que resisten el paso del años casi sin inmutarse con otros locales que a pesar de sus intentos no acaban de consolidarse y acaban entregando la cuchara.

Queríamos dar una oportunidad a La Tolva porque teníamos alguna buena referencia, y porque su antecesor (Taberna de Madrid) es de esos sitios que no acabó de cuajar, y tuvo que cerrar.

La primera impresión buena. El sitio es pequeño, muy acogedor, y cuenta con un equipo joven y con buena predisposición. El servicio es rápido y eficiente. Por ahí bien.

Dado que el día elegido era de esos en los que es mejor quedarte bajo el edredón, cerrar puertas y ventanas, y poner la calefacción a tope, los perolistas implicados decidimos que habría plato de cuchara sí o sí.

De todas formas quisimos aprovechar para conocer un poquito más la carta (corta y basada en picoteo) por lo que nos lanzamos a un tartar de atun y unas almejas a la sarten.

El tartar causó el primer gran debate entre los perolistas. Dos debates para más inri. En primer lugar la mitad de la mesa había oído steak tartar y la otra mitad tartar de atún.  Es lo que tiene que la camarera esté esperando a que los señores decidan y que los comensales hablen de todo menos de la carta.

Era de atún. Pero había también otra cuestión que debatir, su punto de sal. Hubo unanimidad, estaba un poco soso. Buena cantidad pero sin embargo frío, no fresco. Aprobado raspado.

tartar-atun-la-tolva

En cuanto a las almejas la ración nos pareció un poco justita, de tamaño digamos que pasaban el corte de lo aceptable, y en cuanto al sabor la salsa falló. Excesivamente fuerte y con un regustillo a quemado que acabó por matar el plato. Necesitan mejorar.

almejas-sarten-la-tolva

El gran momento fue cuando la camarera nos trajo los platos hondos y las cucharas. El cocido montañés llegó a la mesa en cazuelitas de loza (una para cada dos comensales), rebosantes y humeantes.

Solo un pero, porque en general nos gustó. Nos pareció un poco escaso de alubias y de compaño. Aún así estaba exquisito. Como buenos perolistas arrasamos con las cazuelas y hubo incluso miradas cómplices para pedir otra cazuela más.

cocido-montanes-la-tolva

Al final imperó el sentido común, sobre todo porque gula perolera aparte, había que darle un tiento a los postres. Para que el tránsito intestinal fuera más agradable y mejor maridado acompañamos el festín de un Protos (12 euros). Un valor seguro.

Y llegaron los postres. No hay mucha variedad (en consonancia con el tamaño de la carta) pero al menos en los enunciados resultan tentadores.

Al final cayeron sendos helados. Correctos. Mal lo tienes que hacer para que no estén bien.

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Y tartas de queso, una de las debilidades del universo perolero.  Al que escribe estas líneas le encantó la tarta, en tres capas bien diferenciadas e indispensables para redondear un postre que siempre nos ofrece algún matiz nuevo.

tarta-queso-la-tolva

¿Y el coitus interruptus?  Pues fue al recibir la “dolorosa”. No tanto por el precio inicial, que no nos pareció excesivo, sino porque nos quisieron dar gato por liebre (seguro que fue un accidente).

Y es no es lo mismo comerse un plato de cocido que un menú que incluye cocido pero que excluye todo lo demás. La camarera, que nos atendió estupendamente, tardó escasos instantes en traernos la cuenta modificada. Lo que nos pareció bien por la rapidez pero nos dejó un poco moscas. Como somos gente de bien insistimos en que debió ser un accidente.

Aquí os dejamos su web,  Facebook, twitter, Instagram y G+

C/ Casimiro Sáinz 11, Santander.

Cantidad: La estrictamente necesaria.
Presentación: Correcta.
Calidad: Bien.
Servicio: Muy bien.
Precio: Ajustado. 21 por cabeza.

Ganadores Premios Perolo 2014

Hemos sido lentos, pero no ha sido fácil encontrar un momento en estas fechas para reflexionar tranquilamente sin la influencia de las bebidas espirituosas y del cordero navideño de la suegra, y decidir que restaurantes serían los ganadores de los Premios Perolo 2014.

Más esperados que la entrega de las Estrellas Michelín, por fin están ya aquí los agraciados de unos premios que cuentan ya con gran solera y prestigio, al menos entre nosotros.

La Croqueta de Oro, ha sido para La conveniente por unanimidad perolera. Un premio cimentado en una bechamel sabrosa y fluida, generosa en tropiezos, encerrada en un empanado crujiente, casi a punto de romperse y en un precio dificilmente mejorable.

Mejor plato de Perolo por su contundencia, sabor y por encarnar lo mejor de la cocina tradicional de Cantabria, el premio es para el cocido montañés del FrutosOjo, porque muy de cerca está el de la Hérmida.

Pincho del Perolo para el Catavinos. Aquí la votación fue rápida, un pleno de votos para el mejor pincho que se puede comer a día de hoy en Santander: excelente punto de la patata y la cebolla, jugoso, equilibrado y casi siempre recién salido de la sartén. Mención de honor para el de Stylo.

Restaurante sorpresa de la temporada perolera para El Cadelo. Aquí la discusión fue enconada, en una lucha pareja entre La Taberna del Herrero, La Hérmida y El Cadelo. Tan dura fue la deliberación que tuvimos que aligerarla con algún que otro Gin Tonic, pero tras el momento exaltación de la amistad decidimos que el dignísimo ganador de este premio debía ser El Cadelo; por sus platos diferentes, bien elaborados y con una relación calidad/precio inigualable por cualquier local de los que hemos visitado este año.

No sin mi Almax para Casa Sampedro, todavía estamos digiriendo aquella cena tortura a base de congelados, salsas empachosas y mucha sal.

Premio del público perolero para el Cadelo. Parece que sus alitas al estilo coreano han fascinado a nuestros seguidores. Os entendemos: nosotros también quedamos prendados de ellas, como Humbert Humbert la primera vez que vio a Lolita.

No queremos terminar este post sin dar las gracias a todos los que habéis colaborado con nosotros este año: @Loewosck, Obenque Flojo, @patricianuro, el vinatero y @cachondina, del cual mejor no hablamos ya que tiene pendiente su segunda entrega desde hace más de 2 meses, y por supuesto a todos los que nos leéis aunque sea para luego ponernos a parir ¡Gracias a todos!