Agua Salada, muchos claros y algún nubarrón

El Agua Salada es una de esas aperturas que se han producido en el verano santanderino y del que habíamos leído muy buenos comentarios. Con la perspectiva de una cena interesante, nos acercamos a la calle Santa Lucia.

El local, antigua “la Estrella” para jueguistas nostálgicos, está muy acogedor. Una decoración sencilla pero cuidada, pensado para cenas románticas, si no fuese por el poco espacio entre mesas que hay y el ruido, problema que achacamos a las dimensiones del restaurante.

Interior del Agua Salada

La carta es corta, pero tiene la virtud de provocar que te apetezcan todos los platos según la vas repasando. Cuenta con la posibilidad de pedir 1/2 raciones y hay varios platos fuera de carta que la camarera nos cantó con su precio correspondiente, algo muy poco habitual y que está muy bien, que los platos de fuera de carta los carga el diablo.

Nuesta atracción por la comida asíatica hizo que nos decantáramos por iniciar la cena con 1/2 ración de tartar de salmón salvaje y 1/2 de fideos Yaki Udon, descartando las croquetas por primera vez en muchos años.

Lo primero en llegar a la mesa, tras una espera un poco larga, fue el “Tartar de salmón salvaje”.  La presentación del plato es buena, decorado con unas esferificaciones de aceite de oliva y algas que dan aún más colorido al plato. De sabor está muy bien, aunque nosotros lo preferimos un poquito más potente. En lo referente al tamaño, la 1/2 ración cumple nuestro objetivo de probar el plato sin llenarnos, da aproximadamente para 4 barquitas.

tartar-de-salmon

El segundo plato en aparecer por nuestra mesa fue la 1/2 ración de fideos Yaki Udon. El yaki udon es un fideo grueso hecho con agua, harina y sal que se puede combinar de muchas maneras. En el Agua Salada se saltea con pollo, langostinos y verduras. Un plato muy sabroso que deberás pedir obligatoriamente si te gusta la comida asiática.

tallarines-udon

Para continuar, aparecieron por la mesa los chipirones rellenos, que traían consigo la primera nube, el arroz. Los chipirones en sí estaban muy sabrosos, el cilantro y la ralladura de naranja le daban un toque diferente. Pero el arroz, el arroz estaba más pasado que Bertin Osborne. Un fallo gordo en la parte más sencilla del plato.

chipirones_rellenos

Ya sólo quedaban los nuggets de pollo almendrado, que los habíamos pedido por la curiosidad que nos había despertado verlos en la carta de un local como este. Este fue el nubarrón de la noche. Los nuggets se convirtieron en unos tronchos de pollo con el empanado 0 crujiente. Es más, blando, secos por dentro y con dnada de sabor. La compota de manzana, o algo así decía la carta -ahora no recordamos-, quedaba enterrada sobre una selva vegetal que no aportaba absolutamente nada al plato. Una auténtica decepción y más si tu último recuerdo de unos nuggets son los del Nobrac.

nuggets_pollo

En lineas generales, la cena estuvo bien pero quedo empañada por ese ultimo plato que te hace levantarte de la mesa un pelín decepcionado. Aún así, el restaurante tiene cosas muy interesantes y seguro que volveremos a probar otros paltos. Si, ya sé que estáis pensando: tenemos que volver para probar ¡las croquetas!.

Dirección: Calle San Simón, nº 2 esquina Santa Lucia;  Santander

Facebook

Cantidad: normal, un perolero con hambre podría pensar que escasas.
Calidad: bien, lástima de los dos borrones ya comentados.
Presentación: de todo pero mejorable
Servicio: bien y atentos. El detalle de dar los precios de los platos fuera de carta muy bien.
Precio: 20€/persona. Hay que tener en cuenta que no pedimos vino ni postre, por lo que os podríais ir a unos 25€/persona
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Fuente Dé: mucho y bien

Autor: @cachondina

Santander. Viernes, 20:30. Surge la posibilidad de una cena entre amigotes, así, sobre la marcha. Tras un intento fallido de brainstorming, decido obviar las propuestas del resto y apostar sobre seguro.

Marco el número de teléfono del Fuente Dé, uno de mis baluartes gastronómicos santanderinos, y pregunto que cómo lo tienen para una comida de 5 a las 22:00. Sorprendentemente, dado lo lleno que suele estar, nos hacen un hueco. Y allá que vamos.

Para los que no conozcáis este templo de la gastronomía popular, el Restaurante Fuente Dé podría resumirse con un “Mucho y Bien”, en general. Es un pequeño bar/restaurante ubicado en pleno centro de Santander. No es un sitio elegante, moderno, mierdero, de esos que se han puesto de moda de unos años para acá. Es una especie de restaurante de pueblo ubicado en medio de la ciudad. Basa su oferta en comida tradicional, casera, muy bien hecha, y servida en raciones abundantes.

Es bastante famoso, a nivel local, por sus cocidos, montañés y lebaniego, aunque en esta ocasión, dada la hora (y muy a mi pesar), no pudimos disfrutar de ellos.

Una vez sentados a la mesa, cada uno con su respectiva cerveza, echamos una breve mirada a la carta. Aunque no nos hace demasiada falta, porque como buenos habituales del sitio ya sabemos lo que queremos. Hoy toca picoteo de raciones, así que pedimos una ensalada de la casa, cecina de León, albóndigas, jijas, morcilla, y media de queso picón.

A primera vista no parece demasiada comida, pero, como os comentaba antes, las raciones en el Fuente Dé son muy generosas, así que no hay que cegarse a pedir.

Pocos minutos después, comenzó a llegarnos la comida. Una ensalada muy rica, variada y fresca; una cecina de León que te cortan en el momento, bañada con un chorrito de aceite que le da la untuosidad que necesita. A continuación, unas albóndigas de ternera deliciosas, tiernas, no demasiado grandes, acompañadas de una salsa riquísima y de un puñado de patatas fritas caseras;  una fuente de jijas (picadillo, para los no cántabros) tiernas, con un toque picantón; buenísimas y, además, acompañadas de abundantes patatas fritas caseras.

Para cerrar, una generosa ración de morcilla frita, rodajas gordas, bien fritas, nada grasientas, y las que para mí son dos de las estrellas de la carta: el queso picón y los pimientos de padrón.

Empezaré por los pimientos: abundantes, bien fritos, y servidos sobre un lecho de patatas fritas, que te ayudan a pasar los que sales picantes como el demonio.

A continuación, el queso. Quizá os sorprenda que pidiéramos sólo media ración para cinco personas, pero es que lo del queso picón de Tresviso en el Fuente Dé es mágico: no sólo sirven unas raciones muy generosas, sino que, a medida que las vas comiendo, no disminuyen. Sé que es difícil de creer, pero así es. Si algún día vais y sois capaces de terminar una ración, yo os la pago, palabra de honor.

queso-tresviso

Por fin, tras terminar con todo lo comestible, decidimos cerrar la cena con otro de los clásicos del Fuente Dé: el té del puerto con su correspondiente chorro de Orujo. El té del puerto es una infusión que se hace con una planta típica de la zona de Liébana, muy rica, y, sobre todo, muy digestiva.

Una vez finiquitado el té, cumplimos con el trámite de pedir la cuenta y pagara, otro de los mejores momentos de venir al Fuente Dé. Una comilona como está, regada con 2 jarras de cerveza y una botella de rioja, nos salió por 65€ en total, véase, 13€ por persona.

Conclusión: en caso de duda, vete al Fuente Dé.

Dirección: Calle Peña Herbosa 34, Santander.

Cantidad: como para salir rodando.
Calidad: muy bien. Buenos productos, elaborados de forma tradicional.
Servicio: muy bien, trato muy amable, aunque en ocasiones es un poco incómoda la excesiva aglomeración de gente.
Precio: de chiste. Cena de raciones, con abundante bebida, unos 15 €/persona.

Restaurante Tarkarí: ¿Ooootro italiano más?

Autor: Obenque Flojo

Pongámonos en situación: Julio de 2014. Una invitación a cenar, que me debían.

Que estuviera cerrada “La Bicicleta” no estaba previsto, y que mi acompañante y yo nos decidiéramos a probar un sitio nuevo en Colindres no fue premeditado; un italiano de los que te dan referencias, pero nada concreto. Asombro, estupor y “licuefacción” nos ha producido:

Se llama Tarkarí. Nombre raro para un restaurante italiano, en Colindres y con un cocinero venezolano. Cosas de la globalización, supongo.

Está en la C/  Santander, frente a la clínica veterinaria (no hay pérdida), en los bajos de un edificio, con una decoración sobria y cuidada.

Cuando leímos la carta nos dimos cuenta que no era un italiano como los que tenemos por costumbre, sino un restaurante de comida italiana, y no tardamos en comprobar la diferencia. Para empezar, tuvimos que preguntar qué eran algunos platos. Sí que había pizza y pasta al uso, pero había mucho plato desconocido que no se ve en ningún otro italiano.

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Ensalada Caprese

Afilamos los tenedores y elegimos un tartar de atún rojo con aguacate, ñoquis, lasaña de bacalao y ensalada caprese. Y para beber, vino. No daré más pistas.

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Tartar de atún rojo

Quien haya degustado una teta de novicia sabrá de qué le hablo cuando digo que estaba exquisito. Comí (cené) como un troglodita, y la cena salió por casi 80 euros. Este dato queda modulado cuando lo comparamos con la siguiente vez que he ido con otros 3 amigos y hemos cenado igual de bien (una semana después, pero menos troglodíticamente) por exactamente la misma cantidad. En esta ocasión probamos los fagotini y la burrata. Pedidlos; no digo más.

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Ñoquis

Todos los platos estaban preparados y presentados con esmero, la camarera un encanto, el local prácticamente vacío (las dos veces), y las pocas mesas que había, cuando se levantaban, se deshacían en elogios en voz alta.

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Lasaña de bacalao (ya empezada por nuestro comensal)

En conslusión,  en mí tienen un cliente incondicional a perpetuidad si siguen así. Para más pistas, mirad en tripadvisor.

 

Dirección: Calle Santander, 26; Colindres

Web,  Facebook.

Cantidad: más que suficiente sin llegar a ser abundante.
Calidad: excelente.
Presentación: muy cuidada.
Servicio: muy agradables y eficientes (éramos pocos en la sala).
Precio: 80 euros para dos personas una cena y 80 euros para cuatro personas la siguiente. De las dos salimos sin hambre, de lo que se pueden deducir un par de cosas. Eso lo dejo para cada cual.

Latas Surf House: comida para coger olas

Como el tiempo en verano en Cantabria es más imprevisible que una rueda de prensa con preguntas del presidente del gobierno,  si quieres hacer planes para ir a la playa tienes que decidirlo en el mismo día, levantando la persiana y mirando al cielo como si esperases que cayesen billetes para adivinar si aguanta el día o no.

Por eso el sistema de visita a la playa bautizado por nosotros como “Ola Ola”, es decir, llevar el tupper con la tortilla, el bocata de lomo, la carne con tomate, ensaladilla, nevera con latas de cerveza, la coca cola para los niños, la mesa para sentarse, las sombrillas, un camarero que te sirva, etc, etc… no vale. Aquí se va cuando se puede y gracias si llevas un bocata y agua. Nada de instalar un camping en el arenal.

En la peor de las situaciones, como nos ocurrió, puede ser que no llevemos comida y entonces busquemos algún lugar cerca para comer. Es lo que nos ocurrió en nuestra visita a la playa de Somo. Apretaba el calor, que junto a las ganas de comer, nos hacían buscar un refugio para poder pasar las horas en las que más pegaba el sol. Nos indicaron que cerca del Santuario de Latas había un albergue para surfistas en el que daban comida rápida y barata.

El local, es un establecimiento completo preparado para la gente que le gusta el surf, con playa a dos minutos, y en el que ofrecen packs combinados de clases de surf, actividades de ocio y disfrutar del paisaje. Además, cómo punto a favor, los rotulos y carteles, incluida la carta, están en inglés. Así que “United Kingdom: ten points”.

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El bar ofrece comida sencilla: Hamburguesas, Sandwiches, bocadillos y raciones. Para que más complicaciones, si aquí la gente lo que quiere es ir a la playa. Pedimos un sandwich “California” modificado por el propio local, al incluir según la carta “pimientos de la huerta” (una huerta que no vimos, pero bueno vamos a tener más fe que en Pedro Sanchez) acompañada de ración de patatas fritas.

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El resultado es excelente, un sandwich muy grande, una sábana de pan con su jamón, queso, lechuga, espárragos, bonito (sospechamos que el cocinero echó una lata entera), un huevo frito y los pimientos de la “huerta“. Además las patatas estaban  bien fritas, en dados, nada de congelados, demostrando que no es tan difícil hacer unas patatas fritas. Por último tuvimos la suerte de pillar “terraza” así que nuestra sesión de bronceado continuó durante la comida.

Si alguien echaba en falta algo más en el plato, indicar que nos trajeron un cuenco con monodosis de ketchup, mayonesa  y mostaza para los que les gusten las “guarrindongadas” y la caña que pedimos era de San Miguel, así seguíamos con nuestra dieta de  desintoxicación de la cerveza “Amstel”, monopolio de la birra veraniega en la capital de Cantabria.

El resultado es una buena opción para esos momentos en los que quieres disfrutar del buen tiempo en una terraza y a 5 minutos de la playa, sin meterte un “arponazo” por estar al lado del mar. Seguro que volveremos.

Aquí os dejamos su web, twitter, facebook,

Dirección: Calle Arna, 131, Latas; Somo

Cantidad: Acabas flotando en el agua
Calidad: Mejor que un "chiringuito de playa"
Servicio: Te encuentras a gusto
Precio: No pagas a precio de St. Tropez. Sandwich California con las patatas de acompañamiento más una caña por 8,5 € aprox.

¡Viva el Vino!: el Perro Verde

Empecemos por el principio:  ¿qué es esto?. “¡Viva el vino!” es nuestra nueva sección dedicada al vino dentro de su abanico más popular.  ¿Por qué esta sección?, pues básicamente porque no tenemos ni idea de vinos y siempre tiramos de los mismos en los restaurantes, así que buscamos a alguien que si sabia para que escribiese sobre ello.

En esta sección vamos a hablar de algunos vinos que nos gustan y que por su relación calidad precio merece la pena que los compréis y los pidáis si es que dais con ellos en algún restaurante de esta nuestra región. Basta ya de vinos (mal llamados caldos por algunos modernos) que difícilmente se pueden beber sin echarles gaseosa o de blancos tan ácidos que vienen acompañados por un sobre de almax.

En España se hace buen vino, no tanto como el que nos gustaría, pero se hace. Sin embargo las cartas están repletas de etiquetas conocidas y brebajes que ni el propio dueño de los locales se echaría al coleto. Siempre tendemos a beber lo mismo, lo conocido o lo que el cuñado que fue a una cata de vinos te recomendó; esas etiquetas o nombres de relumbrón que aseguran una experiencia “religiosa”.

Pero dejémonos de preámbulos inútiles. Estamos en verano y lo suyo es tomar cosas ligeras y que entren bien. Vinos hechos con verdejo hay muchos, muchísimos. La gran mayoría hechos mecánicamente para servir de base a bares de chiquiteo y menús del día de tercera categoría. Muchos opinan que la verdejo es una uva menor, pueden tener parte de razón, pero lo importante es tratarla correctamente y, si se puede, beber siempre una añada anterior. No pasa nada por beber ahora en 2014 un Rueda de 2012, esa creencia de beberse el vino en el año es una estupidez de cuidado, otro día hablaremos de ello.

La recomendación de hoy tiene un nombre peculiar, muy del gusto de las nuevas modas del marketing enológico: El Perro Verde.

el perro verde_vino_blanco

Lleva pocas añadas con nosotros pero se muestra fresco, cítrico y herbáceo en nariz y con una buena estructura en boca, con un final con un toque amargo. Si a esto le añadimos que por poco más de 6 euros nos hacemos con él, tendremos una apuesta segura.

Nombre: El Perro verde
Tipo: blanco verdejo
Precio en tienda: entre 6 y 8 euros
Puntuación relación calidad precio: 8

El Perolo season II

Se termino agosto y con el nuestro periodo de cuchara caída. Han sido unos días de descanso pero no por ello hemos dejado de probar cosas, cada perolero en su estilo, que os iremos contando poco a poco.

Como en este blog somos mucho de I+D nos ha dado por añadir novedades que iréis viendo poco a poco y que en este post os presentamos por encima:

Nuevas secciones y nuevos peroleros: este año añadimos dos peroleros nuevos a este grupo de triperos, uno fan de los churros, que no porras, y de la panceta, y otro que nos introducirá en el mundo del vino “low cost” a ignorantes como nosotros en la materia. Ambos tendrán sección propia que descubriréis en breve “El tamaño si importa” y “viva el vino”, lease con voz de Mariano Rajoy.

Premios el Perolo: en un alarde de originalidad acorde al sector en Cantabria, nos hemos propuesto otorgar unos premios “el perolo”, y como os imagináis, no serán sólo para premiar la excelencia. Para los que tenéis menos imaginación haceros una idea de que será tipo los premios “naranja y limón”. Para estos premios nos gustaría contar con una colaboradora especial, pero ella aún no lo sabe, y con vuestra participación.

Por lo demás esta temporada todo seguirá igual, seguiremos contando las cosas como las vemos, sin peloteo ni bien quedismo. Esperamos que vosotros seáis igual y nos deis buenos palos cuando nos los ganemos.