Feria de día 2014: Nuestra hoja de ruta (1º fascículo)

Para finalizar esta primera temporada de publicaciones en nuestro blog, pensamos que lo mejor era acabar con el tema gastronómico del que más se habla esta semana en nuestro entorno, y por gastronómico no nos referimos a la mascota del mundial de vela (y eso que nos la quieren meter hasta en la sopa) sino de las CASETAS que desde el pasado viernes 18 alzan sus puestos, en algunos casos por su ubicación, cara al sol.

Avisamos, ni vamos a probar todos los pinchos ni nos va a dar tiempo a comentarlos ya que no nos ha llegado el palé de Omeoprazol a tiempo. Haremos una breve reseña de cada uno e intentaremos a lo largo de la semana publicar otro post con una segunda ronda que catemos. La selección de los mismos va a ser al azar, o mejor dicho, el que menos nos cueste pedir, ya que estos primeros días parece que los reparten gratis, habiendo más peleas por conseguir sitio para pedir que un 7 de Julio en la Estafeta a las 8 de la mañana. Algún cliente casi nos “mocha” por conseguir nuestro pedido. Así que allá vamos:

Cafetetería “La Hermida”: Bomba de patata rellena de carne

(Plaza del Ayuntamiento)

bomba-de-patata

Este pincho si tuviésemos que definirlo en una sola palabra sería “contundencia”. Una bola de carne picada con su punto picante -creemos que con el objetivo de que te pidas otra caña- rebozada en una cobertura venida del país africano conocido como Fritanga. La patata no la hemos notado. No hay mucha elaboración pero creemos que está muy bien en cantidad y en sabor. Originalidad igual no tiene, pero con un par de estas bombas has llenado medio buche.

“La Tasquita”: Sorpresa de Bacon

(Plaza de Puertochico)

sorpresa

Sorpresa, sorpresa, no sé, yo no ví a Isabel Gemio por ningún lado. Y sí hablamos del pincho, pues es un homenaje a la santísima Trinidad de los pinchos en los últimos años: reducción de modena, queso de cabra, y tomate cherry. De regalo la tira de bacon por sí echabas en falta el crisma sacramental de la grasaza. No resucitamos por probar este pincho. Casi acabamos en el infierno.

Hotel Santemar: Gyoza de verduras

(Paseo Marítimo)

gyoza

Lo que podría parecer un harakiri culinario en una ciudad tradicional como Santander se ha convertido probablemente y sin haber probado todos, en el mejor pincho de la feria. Para el que no lo sepa la gyoza es una especie de empanadilla al vapor de origen japones y que puede ser rellenada de multitud de cosas, en este caso de verduras. La pasta está muy bien y correctamente marcada con un relleno de verduras sabroso y acompañada de salsa de soja. El pincho de feria incluye dos unidades.

Hotel Escuela “Las Carolinas”: Empanada de carne

(Paseo Marítimo)

Una grata sorpresa en la que para algunos peroleros es de momento la zona de mayor calidad. Debéis probar la empanada de carne de Las Carolinas, no solo por la carne, que también, sino por el hojaldre que tanto en caliente como en recalentado (hemos repetido dos días) por sabores y texturas marida perfectamente con el relleno. De lo visto hasta ahora es de lo poco que podemos situar al nivel (alto) en el que se ha situado por méritos propios “El Santemar”.

empanadillas

Por cierto, en esta zona de casetas, situada sobre al lado del Club Marítimo, nos sorprendió que a media tarde con todas las demás casetas abiertas y a pleno rendimiento nos encontramos “chapada” la caseta del Hotel Bahía, nuestras felicitaciones, les debe ir tan bien que no necesitan abrir el fin de semana completo.

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“El Riojano”: Castañeta Ibérica

(Plaza del Cuadro)

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No es una zona que nos haya entusiasmado demasiado la de la plaza del Cuadro. Fuimos a seguro, al Riojano, que nos parece un restaurante recomendable. En su caseta probamos su castañeta ibérica (dos mollejas) que nos pareció pasable. Mejor la salsa que lo acompaña que la propia carne, poco sabrosa y con una textura que no nos acabó de convencer. Claro que en esta caseta hubo alguna sorpresa aún más desagradable, el “Sputnik”, dos medias sardinillas de lata, resecas y camufladas bajo una cucharada de salsa picante de tomate; El Riojano solía ponerla como tapa con los vinos en la barra, pero decir que son un pincho y cobrarlas es un intento de tomar el pelo.

sardina-con-tomate

También probamos el bacalao con tomate, probablemente el mejor pincho de los tres sobre todo por su salsa de tomate natural y bien elaborada.

bacalao-con-tomate

 

“La Mulata”: Barquita de rejos de calamar

(Plaza de Puertochico)

rejos

Un pinchazo de libro. Esperábamos algo más de un sitio con la categoría y el nivel de La Mulata. No es que el rejo en sí esté mal, pues no estaba duro y era razonablemente sabroso -sin decir que estaba espectacular- pero todo lo que rodea al pincho es de traca, desde el alioli de bote, tan innecesario como insulso, hasta el nombre, ‘barqueta de rejos’, barqueta que consistía en una rodaja de pan cualquiera. Mucho mejor si hubiesen dejado de lado tanta floritura y hubiesen puesto dos o tres rejos más y más recientes.

 

Arrabal 11: no ponemos ni el nombre que nos da la risa

(Plaza de Pombo)

cucuruchos

Lo del arrabal 11 es el brindis al sol de la semana grande. Solo a un iluminado se le ocurre poner de pincho de feria un “Cucurucho de verduras deshidratadas con salsas”. Como el nombre ya nos escamaba, preguntamos a uno de los camareros que nos dejo probarlo sin compromiso…. y devuelto al instante que lo probamos. Como ya habíamos pedido bebidas, no nos quedo más remedio que pedir un cucurucho de croquetas, como no podía ser de otra forma, otro de morcilla y otro de patatas fritas. Señalar que los tres, tenían más grasa que Falete después de las comidas navideñas, además las croquetas dejaban bastante que desear, las patatas fritas eran congeladas que no siendo esto un crimen, teniendo en cuenta que es una caseta, sí lo es que estuviesen mal fritas. De los tres solo salvaríamos de la eliminación a la morcilla. Destacar además el rejonazo que nos pegaron al no ser ninguno de ellos el pincho de feria.

La Cátedra”: Chorizo Criollo  y Pincho Moruno con Mojo Picón

(Plaza de Pombo)

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Sin sorpresas. Es lo que se anuncia y lo que se pide. La contundencia de manual. Una parrilla incesante y kilos y kilos de género que se venden a ritmo sostenido (es lo que vimos). El chorizo estaba correcto y el mojo picón para nuestro gusto un pelín suave. No pasará a la historia de los pinchos pero es que una feria de día sin chorizo criollo es como un discurso de Floriano sin una gilipollez, inconcebible.

El pincho moruno por su parte parecía más bien subsahariano a juzgar por el color con el que nos llegó, un poco más de atención a la plancha habría evitado el carbonizado.

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