Colgamos la cuchara, pero solo hasta septiembre

A partir de hoy alejaremos las manos del teclado durante unos días para coger fuerzas y volver con más ganas en septiembre. Esperamos volver con nuevas secciones y nuevos peroleros.

Por twitter y facebook seguiremos salseando así que si nos queréis contar cosas , recomendarnos locales o evitar un mal trago en otros, tenemos las orejas desplegadas.

Muchas gracias a todos por seguirnos en esta primera temporada de “El Perolo”. Esperamos que disfrutéis de las vacaciones y que podáis contarnos a la vuelta si os “quemasteis” en algún restaurante o si os pusisteis “moraos” cómo en un resort de “todo incluido”.

¡Felices Vacaciones!

 

Feria de día 2014: Nuestra hoja de ruta (2º fascículo) – Bonus Track: “Smart WC”

Seguimos con nuestro recorrido por las casetas de Santander. Os pasamos la segunda ronda de sitios que hemos visitado; veréis que hay sitios buenos, aceptables y otros en los que prefieres no haber dicho eso de “quiero el pincho de feria” ya que cuando lo pruebas te sientes más estafado que un accionista de Gowex.

Bar “Cantabria”. Croquetón de Jamón.

(Plaza de Pombo)

Sí, ya sabemos que somos muy pesados con las croquetas, pero algún día lo explicaremos. Por ahora, contaros que el croquetón de jamón del Cantabria es de lo peor que hemos comido en la Feria: blandito el empanado, dura por dentro, un verdadero mazacote sin sabor ni fundamento alguno, imposible de tragar sin la cerveza. Mínimo con tres días de curación, porque aquella verdadera ofensa a lo que es una croqueta no podía ser del día. Difícil distinguirlo de una pelota de goma de los antidisturbios. También tienen rulo de queso de cabra con cebolla caramelizada, que sin estar mal es verdadero epítome de los pinchos aburrido y clónico de estos años de Feria.

Hablando de clónico, os podemos informar que la misma pelota la podéis encontrar en la caseta de “Viva la Pepa” (en la plaza del cuadro) y en Casa Goria (plaza de Pombo).  Pura coincidencia, seguro.

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“La brocheta”: Cucurucho de pincho moruno y patatas gajo.

(Plaza del Cuadro)

Tuvo gran éxito de público en el pasado año y este repiten. En un cucurucho de papel una brocheta de pollo marinado al curry y unas patatas de acompañamiento. La brocheta está sabrosa y resultona, no son trozos de pechuga del pleistoceno y está jugosilla, con un curry muy agradable y nada empalagoso. Hace falta un poco de pericia para comerla, pero es un pincho muy disfrutable. La media docena de patatas fritas, son de gajo con piel. Nada del otro jueves, pero absorben parte de la grasilla de la brocheta y tienen su gracia. pero entre tanta papa chunga se agradece que hayan ido a la gama alta de los congelados.

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“Luzmela”: Mejillones en Escabeche

(Plaza del Ayuntamiento)

Nos ha gustado la caseta del Luzmela. No tiene ningún pincho “premium” pero por lo que hemos catado y visto están por encima de la media. Se lo han currado y es de agradecer.

A sugerencia de uno de sus camareros probamos los mejillones en escabeche. Ración generosa, equilibrada de sabores y que en una tarde de sol de justicia es una buena opción, ya que es un pincho que se toma frío.  Nos pareció correcto.

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También probamos su fajita de pollo. Es una apuesta segura. La faja está correcta, el pollo un pelín seco y con el picante justo para alegrar el conjunto y de paso animarte a pedir otra caña, si se tercia.

Lo dicho, no es una caseta que vaya a ganar el concurso de pinchos pero es de las más equilibradas en oferta y calidad. Os la recomendamos.

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Bar “Castilla 23”: Solomillo (ibérico) al Queso Azul

(Plaza del Ayuntamiento)

De la variada oferta de pinchos este fue el único que nos llamo la atención, ya que el resto nos pareció bastante corriente (de batalla). Este solomillo (ibérico) cumplió. Un poco seco, como es lógico en este tipo de carne, compensado por el toque del queso azul (líquido) que le daba la suficiente vida.

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“Centro Asturiano”: Pulpo a la Vinagreta

(Plaza del Juan Carlos I)

INCLUYE BONUS TRACK – El Smart WC

No teníamos pensado parar en esta caseta porque nos habían llegado referencias de que a pesar de su gran variedad de pinchos cubrían el expediente muy justos… y en algunos casos ni eso.

Lo que es la vida y llevar una perolera muy meona en la expedición cambió totalmente nuestra experiencia en esta zona de casetas. Por si no lo sabéis Santander tiene Smart WC que funciona solo con tarjetas… pero con cualquier tarjeta.

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Tras unos instantes de desconcierto intentando acceder al WC pagando los correspondientes 30 céntimos, estos eran devueltos sin motivo aparente por la propia máquina. Y allí que apareció un “guaje” que tras la barra de la Caseta del Centro Asturiano hace las veces de Smart WC Guide para turistas despistados.

Nos explicó que no cogía monedas y que lo intentáramos con cualquier tarjeta que tuviera banda magnética (la sanitaria, la de la biblioteca, la de Cortefiel… cualquiera).

Viendo que no nos funcionaba la operación y como tampoco había demasiado público en ese momento salió de la caseta, cogió la tarjeta, la pasó por el lector, tiró de la puerta… y voilá!!!

Agradecidos, no nos quedó otra que jugarnos el tipo en su caseta, con desigual suerte.

El pulpo a la vinagreta bien. Nuevamente, para un día soleado en el que el astro rey aprieta, es una buena elección. Correctos el pan, la vinagreta (pelín aceitosilla) y el pulpo.

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Y también catamos el que seguramente sea uno de los peores pinchos de feria. Esto sí que es batalla, como la de Covadonga por lo menos. Estando correcto el rebozado, el interior es un engrudo, sin sabor y en el que no podemos adivinar a ciencia cierta qué es lo que estamos comiendo. Es  basto hasta decir basta. Croquetones así alimentan las tesis de aquellos blogueros cortesanos que desprecian croquetas y tortillas. Save the croquetas!!!

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 “El Desfiladero”: Brocheta de ternera y verduras

(Alameda)

Hola Hotel Santemar, tenéis un serio competidor. Nos ha gustado mucho El Desfiladero. Estando como están en la zona del Alisal (calle de Los Ciruelos) algo que logísticamente seguro que les complica la vida, no han dudado en darlo todo en esta feria.

Junto a nosotros llegó un grupo de peñistas sin comer (eran más de las cuatro) y les ofrecieron marmita “que todavía queda”. Además de los variados pinchos que ofrecían (había de todo) tenían una quesada y una tarta al queso a la vista que eran toda una tentación.

Nos dejamos guiar por la camarera, majísima, que nos dijo que la brocheta era la mejor opción (y según ella la más votada). Estamos de acuerdo, sobre todo porque era ternera muy sabrosa, con el puntito justo de chimi churri (o como cojones se escriba) embadurnando el pan, pimientos del padrón (uno picó y el otro no) y el popular (en casetas) tomate cherry…  ah, y lo que nos enamoró, el toque de Sal Maldón. Así sí.

Un conjunto que lo sitúa en el podio de los mejores pinchos.

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Picos de Europa: Sandwich California

(Plaza Juan Carlos I)

En este caso el establecimiento decidió tirar por lo que más se le reconoce, sus famosos sandwich “California”, en un cuarto de su tamaño como pincho de feria. El que probamos no estaba seco (un milagro a estas alturas de feria), en una ración adecuada y con un sabor que recordaba a aquellas noches “toledanas” en las que el “Picos” abría pronto para poder comerte algo y compensar el exceso de bebidas espirituosas. Haciendo un símil futbolístico, han creado un pincho “cortito y al pie” sin ingenios creativos y sin engañar al personal. Es lo que ves.

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“Gambrinus”: Wrap de pollo.

(Alameda)

El local conocido por sus tortillas tenía una alternativa a su pincho de feria: un “medio” rollo (porque la cantidad era un poco corta) de una especie de ensalada de pollo y jamón york con cuatro trozos de lechuga. El resultado es bastante pobre, pero tranquilos, porque en el último momento antes de pedir, le echamos un “chorrazo” de salsa rosa y a correr.  Ay, cuanto daño estan haciendo los “biberones” de salsas o aceites; exprimes el bote y ya pareces un chef de estrella michelin.  A nosotros nos pareció bastante poco.

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Feria de día 2014: Nuestra hoja de ruta (1º fascículo)

Para finalizar esta primera temporada de publicaciones en nuestro blog, pensamos que lo mejor era acabar con el tema gastronómico del que más se habla esta semana en nuestro entorno, y por gastronómico no nos referimos a la mascota del mundial de vela (y eso que nos la quieren meter hasta en la sopa) sino de las CASETAS que desde el pasado viernes 18 alzan sus puestos, en algunos casos por su ubicación, cara al sol.

Avisamos, ni vamos a probar todos los pinchos ni nos va a dar tiempo a comentarlos ya que no nos ha llegado el palé de Omeoprazol a tiempo. Haremos una breve reseña de cada uno e intentaremos a lo largo de la semana publicar otro post con una segunda ronda que catemos. La selección de los mismos va a ser al azar, o mejor dicho, el que menos nos cueste pedir, ya que estos primeros días parece que los reparten gratis, habiendo más peleas por conseguir sitio para pedir que un 7 de Julio en la Estafeta a las 8 de la mañana. Algún cliente casi nos “mocha” por conseguir nuestro pedido. Así que allá vamos:

Cafetetería “La Hermida”: Bomba de patata rellena de carne

(Plaza del Ayuntamiento)

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Este pincho si tuviésemos que definirlo en una sola palabra sería “contundencia”. Una bola de carne picada con su punto picante -creemos que con el objetivo de que te pidas otra caña- rebozada en una cobertura venida del país africano conocido como Fritanga. La patata no la hemos notado. No hay mucha elaboración pero creemos que está muy bien en cantidad y en sabor. Originalidad igual no tiene, pero con un par de estas bombas has llenado medio buche.

“La Tasquita”: Sorpresa de Bacon

(Plaza de Puertochico)

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Sorpresa, sorpresa, no sé, yo no ví a Isabel Gemio por ningún lado. Y sí hablamos del pincho, pues es un homenaje a la santísima Trinidad de los pinchos en los últimos años: reducción de modena, queso de cabra, y tomate cherry. De regalo la tira de bacon por sí echabas en falta el crisma sacramental de la grasaza. No resucitamos por probar este pincho. Casi acabamos en el infierno.

Hotel Santemar: Gyoza de verduras

(Paseo Marítimo)

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Lo que podría parecer un harakiri culinario en una ciudad tradicional como Santander se ha convertido probablemente y sin haber probado todos, en el mejor pincho de la feria. Para el que no lo sepa la gyoza es una especie de empanadilla al vapor de origen japones y que puede ser rellenada de multitud de cosas, en este caso de verduras. La pasta está muy bien y correctamente marcada con un relleno de verduras sabroso y acompañada de salsa de soja. El pincho de feria incluye dos unidades.

Hotel Escuela “Las Carolinas”: Empanada de carne

(Paseo Marítimo)

Una grata sorpresa en la que para algunos peroleros es de momento la zona de mayor calidad. Debéis probar la empanada de carne de Las Carolinas, no solo por la carne, que también, sino por el hojaldre que tanto en caliente como en recalentado (hemos repetido dos días) por sabores y texturas marida perfectamente con el relleno. De lo visto hasta ahora es de lo poco que podemos situar al nivel (alto) en el que se ha situado por méritos propios “El Santemar”.

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Por cierto, en esta zona de casetas, situada sobre al lado del Club Marítimo, nos sorprendió que a media tarde con todas las demás casetas abiertas y a pleno rendimiento nos encontramos “chapada” la caseta del Hotel Bahía, nuestras felicitaciones, les debe ir tan bien que no necesitan abrir el fin de semana completo.

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“El Riojano”: Castañeta Ibérica

(Plaza del Cuadro)

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No es una zona que nos haya entusiasmado demasiado la de la plaza del Cuadro. Fuimos a seguro, al Riojano, que nos parece un restaurante recomendable. En su caseta probamos su castañeta ibérica (dos mollejas) que nos pareció pasable. Mejor la salsa que lo acompaña que la propia carne, poco sabrosa y con una textura que no nos acabó de convencer. Claro que en esta caseta hubo alguna sorpresa aún más desagradable, el “Sputnik”, dos medias sardinillas de lata, resecas y camufladas bajo una cucharada de salsa picante de tomate; El Riojano solía ponerla como tapa con los vinos en la barra, pero decir que son un pincho y cobrarlas es un intento de tomar el pelo.

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También probamos el bacalao con tomate, probablemente el mejor pincho de los tres sobre todo por su salsa de tomate natural y bien elaborada.

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“La Mulata”: Barquita de rejos de calamar

(Plaza de Puertochico)

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Un pinchazo de libro. Esperábamos algo más de un sitio con la categoría y el nivel de La Mulata. No es que el rejo en sí esté mal, pues no estaba duro y era razonablemente sabroso -sin decir que estaba espectacular- pero todo lo que rodea al pincho es de traca, desde el alioli de bote, tan innecesario como insulso, hasta el nombre, ‘barqueta de rejos’, barqueta que consistía en una rodaja de pan cualquiera. Mucho mejor si hubiesen dejado de lado tanta floritura y hubiesen puesto dos o tres rejos más y más recientes.

 

Arrabal 11: no ponemos ni el nombre que nos da la risa

(Plaza de Pombo)

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Lo del arrabal 11 es el brindis al sol de la semana grande. Solo a un iluminado se le ocurre poner de pincho de feria un “Cucurucho de verduras deshidratadas con salsas”. Como el nombre ya nos escamaba, preguntamos a uno de los camareros que nos dejo probarlo sin compromiso…. y devuelto al instante que lo probamos. Como ya habíamos pedido bebidas, no nos quedo más remedio que pedir un cucurucho de croquetas, como no podía ser de otra forma, otro de morcilla y otro de patatas fritas. Señalar que los tres, tenían más grasa que Falete después de las comidas navideñas, además las croquetas dejaban bastante que desear, las patatas fritas eran congeladas que no siendo esto un crimen, teniendo en cuenta que es una caseta, sí lo es que estuviesen mal fritas. De los tres solo salvaríamos de la eliminación a la morcilla. Destacar además el rejonazo que nos pegaron al no ser ninguno de ellos el pincho de feria.

La Cátedra”: Chorizo Criollo  y Pincho Moruno con Mojo Picón

(Plaza de Pombo)

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Sin sorpresas. Es lo que se anuncia y lo que se pide. La contundencia de manual. Una parrilla incesante y kilos y kilos de género que se venden a ritmo sostenido (es lo que vimos). El chorizo estaba correcto y el mojo picón para nuestro gusto un pelín suave. No pasará a la historia de los pinchos pero es que una feria de día sin chorizo criollo es como un discurso de Floriano sin una gilipollez, inconcebible.

El pincho moruno por su parte parecía más bien subsahariano a juzgar por el color con el que nos llegó, un poco más de atención a la plancha habría evitado el carbonizado.

La Taberna del Herrero: Aquí no hay cuchillo de Palo

Había una vez en una pequeña ciudad del norte un restaurante que nada más abrir tenía elogios y buenos comentarios, contaba sus noches por llenos absolutos y ofrecía una carta de buenos productos a un precio competitivo. Este local se llamaba la “Taberna del Herrero” y nuestro blog quería conocer si este cuento tenía final feliz o acabamos cómo en una película de Tarantino, a guantazo limpio.

Por ello, decidimos ir a cenar a este restaurante en pleno “Prime Time”: un sábado a las 22:00. Así comprobaríamos si en plena hora punta este negocio soportaría tan bien las demandas de sus clientes cómo el servidor de hacienda el último día  de pagar la declaración de la renta. Cuando llegamos al punto de destino (Para los de la logse se encuentra en el antiguo “Limonar de Soano”, para los que hicieron COU al lado del mítico restaurante mexicano “Antonio”) nos encontramos que el sitio estaba hasta la bandera. Llegamos a las 21:55, y el gerente (En otras temporadas gastronómicas conocido por ser el jefe de sala del Riojano) nos indicó si podíamos esperar unos minutos para poder preparar la mesa. Ocasión perfecta para nosotros de acudir a la barra a saciar la garganta.

Unos 5 minutos después (sobre las 22:00, hora de nuestra reserva) para compensar la espera nos ofrecieron una tapa de cecina por cortesía de la casa.  Este detalle nos “sulibella”.  Ojalá el trato a todos los clientes fuera así en todos los lados. A las 22:10, sin haber terminado la ración del delicioso embutido, nos indicaron que podíamos sentarnos en nuestra mesa, donde nos trajeron el resto de la cecina para poder terminarla.  De 10.

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La carta no es muy extensa pero lo compensa que tienen varias sugerencias fuera del menu, por tanto el abanico de opciones a degustar es más amplio que los candidatos a las primarias del PSOE. Los cuatros comensales de la mesa decidimos ir picando de varias raciones y acompañarlo de una frasca de vino de litro. Porque aquí puedes tomar el vino a granel, a la vieja usanza; los camareros tienen a su disposición una serie de grifos que parece San Sebastián en Reinosa.

Para empezar, en un homenaje al sector vegano de nuestra audiencia pedimos los trigueros a la plancha pero sin olvidarnos de nuestro sector carnívoro, acompañados de jamón serrano. Los espárragos estaban tersos, triscones, con la sal gorda por encima que los hacía un manjar muy rico. El acompañamiento del jamón, cortado muy fino lo convertía una elección acertada. A continuación catamos el pulpo a la brasa con verduras, que estaba rico y en el punto justo. Para nada tenía esa textura de chicle de Boomer que hacen algunos locales con el cefalópodo.

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Después nos metimos en harina, o más bien nos la comimos; pasamos a la sección fritanga. Pedimos media ración de rabas (a un nivel muy alto para no ser un bar especializado en ello) y el plato estrella de “El Perolo”: las croquetas. Y señores, “La Taberna del Herrero” dio el do de pecho: Una croqueta irregular, rellena de tiras de jamón, una bechamel ligera y una fritura al punto. Nos supieron tan bien que repetimos.

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Para finalizar, pedimos las albóndigas de merluza con almejas y la morcilla de burgos encebollada. Las albóndigas bastante buenas, no era un “puré” de pescado al desmenuzarlas, si no que se podían distinguir las “lascas” de la merluza, mientras que la salsa española de acompañamiento con su picante, las hacían para poder mojar y mojar pan hasta que inauguren el Centro Botín. La morcilla que pedimos inmediatamente nos llevó a pensar que todavía Sotopalacios existe a pesar de la autovía. Una morcilla con sabor, con poco arroz y algo picantona. Las patatas fritas de acompañamiento, artesanas, se agradecen.

albondigas_merluza_Taberna_herrero Morcilla_taberna_herrero

Para finalizar un festín que casi nos pone en pie a bailar cómo en “la Bella y la Bestia”,  rematamos probando de su carrusel (deportivo) de postres la tarta de trufa negra. Muy apropiada para cerrar la velada.

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El servicio fue muy profesional y experimentado, simpáticos (sí, hay que decirlo, que parece que en Santander a veces sólo se mira el color de la tarjeta de credito y no la cara del cliente) nos repusieron el pan sin pedirlo y llevaron el ritmo de la comanda muy ágil pero sin agobiar a la mesa. El precio fue lo mejor de todo. Cenar 4 personas todo lo que os hemos relatado más cafés y chupito por 21 € por cabeza nos parece una bicoca. Así es normal que esté siempre lleno. En definitiva, aunque no somos Tripadvisor, nosotros pegaríamos nuestro “sello” a la entrada.

Dirección: Calle del Rubio, 4; Santander

Cantidad: Raciones ideales para picar
Calidad: "Lagrimones" de emoción
Servicio: Se merecen un buen sueldo
Precio:Cenas cómo Felipe VI y pagas cómo un mileurista.

La tartería de Hoz: Keep calm&Come tarta

Llevamos varios días viendo por twitter fotos de unas tartas muy apetecibles y todas provenientes de un mismo lugar, la Tartería de Hoz. Así que una de esas tardes maravillosas que nos está dejando julio en Cantabria nos encaminamos a Hoz de Anero con el único objetivo de comer tarta.  A Hoz imagino que todos sabéis llegar, pero a la tartería es más complicado, así que aquí va su mapa de localización, vosotros buscad una casa azul.

Tartería de Hoz

Lo primero que encontramos al llegar fue un jardín muy agradable y espacioso, aunque con pocas mesas, por lo que imaginamos que en días de mucha gente no sea fácil coger sitio. Nosotros tuvimos suerte y nos instalamos en una mesa del jardín. La carta, básicamente, es el paraíso del adicto al dulce: tartas, batidos, cookies,  y alguna cosilla salada. Para beber nos decidimos por una cerveza 942  Dougall´s, un té y un batido de chocolate, y para comer un trozo de tarta de chocolate, otro de red velvet, y otro de tarta Dougall´s, una adaptación local de la Guinness.

Tras pedir nos sentamos tranquilamente a charlar mientras esperábamos darnos ese subidón de azúcar que pusiese nuestro hematocrito al nivel del Tour de Francia. Y esperamos, esperamos, y esperamos mucho, y no salían ni las bebidas; a estas alturas ya habréis entendido el título del post, por lo menos algo que nos hubiese entretenido el paladar…. Por fin tras una larga espera llegó la merienda.

El batido de chocolate es natural, elaborado en el momento y de buen tamaño.

Batido de chocolate

La tarta de chocolate es tipo bizcocho, con dos texturas de chocolate y otra capa más de chocolate que la cubre. Estaba buena pero tampoco para tirar cohetes.

Tarta de chocolate

La red velvet, también es una tarta tipo bizcocho con sabor a chocolate con dos capas de frosting de queso. El bicocho estaba muy suave y muy rica de sabor aunque nosotros siempre fuimos más de “Blue velvet” e Isabella Rossellini.

Tarta Red Vellvet

Para cerrar la trilogía, llegó la Dougall´s, que al contrario de lo que ocurre con la de “el Padrino”, resultó ser la mejor. También es una tarta tipo bizcocho cubierta con un frosting de queso. La tarta estaba de muerte lenta. Un bizcocho suave con un frosting riquísimo que, al contrario que el final de “Amor a quemarropa”, potencia el resultado de una forma brutal.

Tarta dougall´s

En conclusión, la visita mereció muy mucho la pena, con el único pero de la lentitud en el servicio, algo que suponemos irán mejorando según el local coja rodaje.

Dirección: Barrio Solegrario, S/N; Hoz de Anero.

Cantidad: raciones generosas con las que incluso se pueden pedir dos cucharas.
Calidad: Buena. El nivel de las tartas es difícil de igualar en Cantabria.
Servicio: Lentos como tortugas.
Precio: Muy bueno, unos 5€ por cabeza. Lo más caro el batido de chocolate.

 

 

 

 

La Cava: Enterrados en la cocina chic

Últimamente parece que la “escenografía” de los restaurantes tiende a ser más importante que lo que probamos del plato, y ya sólo por comer en un edificio bonito, o ante un paisaje precioso, o incluso porque los platos son cuadrados o cuencos en los que haces un sondeo con taladradora para comer, es motivo para que te cobren mucho más que por lo que comes. Esto es lo que nos ocurrió en “La Cava”, un restaurante en el municipio de la La Cavada.

En “El Perolo” estamos empezando a comprobar un axioma que sospechábamos hace tiempo pero se está empezando a ratificar con nuestras críticas: si llamas con poca antelación para reservar y te indican que sin problemas, desconfía, puede que sea la última vez que vayas. Así ocurrió, llamamos para una reserva mediana (más de 4 personas) ya que queríamos cenar en la misma tarde  y nos tomaron nota sin problemas. Una vez  reservado, acudimos al citado local; un espacio muy amplio y restaurado en el que predominaba el gusto por la buena decoración. Indicar que el restaurante se identifica también como vinoteca, lo que hace que la sección de vinos destaque en la barra.

A continuación nos trasladaron al comedor, una habitación restaurada y con cuadros de arte abstracto, lo que te hace pensar que vas a comer en una galería de arte más que en un restaurante. La maître nos indicó las sugerencias fuera de carta, de forma muy amable, pero se le olvidó traer la carta de vinos, y autodenominándose vinoteca… Al final nadie de la mesa pidió vino. Optamos por pedir varios platos para compartir y así poder opinar toda la mesa sobre la comida. Además aceptamos la sugerencia de fuera de carta: ensalada de queso “burrata” (un queso similar a la mozzarella) importado por el restaurante. La ensalada estaba buena, aunque si se nos “vende” el queso cómo producto principal, no se puede “matar” el sabor con una vinagreta fuerte. Por cierto, la “ensalada” no era más que canónigos y tomate. Así que el “fuera de carta” se convirtió en una “caprese” un poco más elaborada.

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A continuación solicitamos una ración de rabas. Estaban buenas, había mezcla tanto de rabas de peludín cómo pulpo, y la fritura estaba en su punto. Además no añadieron limón para servir.  También pedimos una ración de croquetas (si, es nuestro producto estrella del blog) de… eh, bueno, si…  no sabemos a que sabían, pero ahí sólo había bechamel. Se habían quemado en la freidora y nos sirvieron en vez de un entrante, un surtido de pelotas negras con sabor a carboncillo. Cómo apunte, indicar que cuando se nos tomó nota se nos indicó que se nos servirían morcilla, ya que las que venían en la carta no había.  Además también tomamos una tempura de espárragos con salsa romesco (la salsa que se usa para untar los calçots) que no eran nada del otro jueves.

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Con esta selección se nos hacía difícil hacer un juicio positivo, ya que además no se nos sugirió solicitar más platos, error de primera categoría en cocina, ya que sólo con indicarnos que los que solicitábamos eran escasos, añadiríamos más opciones a nuestra comanda. Aparte, en un servicio de 2 mesas en el comedor, para cenar todo lo que os hemos comentado tardaron más de dos horas, interrumpidas periódicamente por el tintinear de los cubiertos caídos al suelo. Algún camarero necesita más horas “de vuelo” para evitar estos errores. También incluir, que se pidieron las raciones por pares, pero en cocina o en sala no estaban muy al loro, y servían individualmente, en vez de traerlas a la vez. Qué pena no haber traído un libro para entretenerme en las esperas.

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Si algo podemos salvar de nuestra experiencia fueron los postres. Solicitamos un “coulant” de chocolate, exquisito. Al desmontarlo, el chocolate fluía cómo catarata en el plato, aparte de la salsa que lo acompañaba muy fina. Además, algún comensal más de la mesa pidió helado artesanal y nos indicaron que estaba de lujo.

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En conclusión, es un restaurante con aspiraciones mayores a las que luego se reflejan. Errores puntuales en servicio, unos platos  con una calidad normal, y una cuenta excesiva (con agua y cervezas nos salió por 20€ por cabeza) aparte del esfuerzo del desplazamiento, hacen poco recomendable ir a este local. Cómo se decía en clase cuando dan las notas, “Insuficiente, necesita mejorar” para por lo menos ser atractivo.

Dirección: Avenida de Alisas, 33; Santander

Cantidad: Pelea de tenedores por las raciones.
Calidad: Discreta. Pasa desapercibidos
Servicio: Torpe e inexperto. Necesitan clases.
Precio: Regalarles una escalera para que se bajen de la parra.

Casimira, el desayuno de los campeones

Hace unos días me toco ir a hacerme unos análisis rutinarios. Como todos sabéis se hacen a hora intempestivas, las 8 de la mañana, y hay que ir sin desayunar. Pues tras pasar el trance mi cerebro pedía un café y mi estómago rugía como nunca. Ya que andaba cerca de Puertochico me acordé de que me habían hablado bien del Casimira y allí que me fui.

El Casimira es un local agradable que tiene zona de barra y un pequeño comedor. Me acerque a la barra y pedi un café y un pincho de tortilla de patata de bonito.

Tortilla de patata del Casimira

Una tortilla poco cuajada, como nos gusta a los peroleros, con una capa generosa de mayonesa y un buen bonito del que se percibía su sabor. A esto hay que añadir el plus de que todavía estaba caliente como el cadáver político de Rubalcaba, beneficio del madrugón que me había pegado. En su conjunto el pincho estaba bastante bien aunque sin llegar a la excelencia del Catavinos o el Stylo. Ahora es cuando alguno diréis, pues entonces pa que ir, pues porque en general el conjunto del café + el pincho tiene un bien alto, pero si a eso le añades que le precio del desayuno es de 2 €, pues pasa a rozar el sobresaliente.

Dirección: Calle Casimiro Sainz, 8; Santander

Cantidad: El tamaño justo para un pincho de media mañana.
Calidad: Más que aceptable.
Servicio:Bastante amables.
Precio: Chollo. Pocos desayunos de pincho y café a 2€ quedan pocos