EL BARUCO: Edición especial “Hamburguesa Premium”

Actualización Abril 2016:  Por desgracia “El Baruco de San Martín” ha cerrado. Sus propietarios siguen ofreciendo sus platos en “El Cocinero”, a unos paso del anterior, muy cerca del Palacio de Festivales.

En esta web somos muy “fanérrimos” de conocer lo que pasa en la comunidad bloguera que hay alrededor nuestro, principalmente en Cantabria. Y no podía pasar desapercibido el blog de moda de “El Diario Montañes” llamado “Cantabria de Moda”. Es tan “chupiguay” que parece que te estás comiendo una tarta con fondant todo el rato.  Aparte de visitar comercios de ropa “fashion”,  buscar a la “it girl” local y hacer desfiles entre las pescaderías del Mercado de la Esperanza (el encantador perfume de los verdeles que llegan a puerto) sacaron un post sobre hamburguesas de moda.

Siento decirles si nos leen, que en “El Perolo” ya nos adelantamos y con gran éxito a esta tendencia: desde los locales más en alza cómo Musli o Nobrac hasta los más típicos cómo Casa Cabo. Aún así, nos dieron la idea para repetir (novedad en este blog) a uno de los bares seleccionados: El Baruco de San Martín, justo enfrente del Palacio de Festivales de Santander. La opción del menú especial de hamburguesa está disponible sólo los jueves, aunque el resto de la carta sigue disponible. En este enlace podréis comprobar nuestra opinión sobre el resto del menu.

Acudimos sin reserva, pero aun así el servicio nos buscó una mesa rápidamente para que pudiésemos cenar.  El gerente nos presentó toda la carta y además nos dio las recomendaciones de fuera de carta de una forma detallada, muy simpático y amable. Vamos, un “outsider” en la hostelería regional. Nosotros le preguntamos por la opción de la hamburguesa y rápidamente nos explicó en qué consistía:  Carne de buey del valle de Esla, acompañada de diversos ingredientes según elección del chef, acompañado de una ración de patatas panadera. Además dentro de la opción, una cerveza (tamaño media) de la marca local “La Grua” que además, cómo promoción, te invitan al segundo botellín si lo quieres tomar tras el plato.

En un plazo muy corto de tiempo nos sirvieron, ya que es sorprendente que para un local tan reducido dispongan de un número de camareros amplio (hoy en día se tiende a ahorrar en personal, provocando que esperes más en que te sirvan que en la cola de la cantina de la cárcel) incluyendo en primer lugar la cerveza. Es una cerveza artesanal, Pilsen para los críticos cerveceros (o rubia para los bebedores sin criterio) con un toque amargo, pero sin disgustar al bebedor medio, fresca y con poca burbuja. En definitiva, en un día caluroso puedes tomarte una caja de ellas sin ningún remordimiento. Además al presentarse en tamaño medio, puedes perfectamente acompañarla con la hamburguesa sin necesidad de pedir el segundo botellín que ofrece el local gratuitamente, aunque si deseas mantener tu barriga alejada de “six-packs” y tabletas varias, es obligatorio tomarte la segunda.

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Y llegamos al plato fuerte: La hamburguesa. Presentada con el pan típico de estos platos (lo siento “panarras”) que a la mitad de comerla se rompe, acompañada de tomate, lechuga, cebolla y bacon; además de incluir una salsa de kétchup, pero más suave, parecido a una agridulce más que a  una de tomate frito. Sólo podemos calificar de excelente y maravillosa la carne. Estaba jugosa, en su punto, con un nivel de picado medio, para que aprecies los tropezones de la carne y hecha a la plancha de forma homogénea por todas partes. Después de probarla estamos decididos a ir al valle del Esla y pillar un buey para comérnoslos a dentelladas. Y por este motivo también os podemos afirmar: muerte a la m… de la carne de Kobe.

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Para rematar unas de las mejores hamburguesas que hemos comido según unanimidad de los comensales, pedimos para rematar el postre. “Muerte por frutos rojos” se tenía que haber llamado, aunque el restaurante lo llamó “Consomé de fresas”. Básicamente es una compota con un helado de mango que está cómo para coger al cocinero, subirle a hombros y  dar la vuelta a ruedo. Delicioso, increíble, de vicio.

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Finalmente, llegó la “dolorosa” y tras un arduo debate entre los perolistas, consideramos que la cuenta está al nivel de lo que comimos. El menú hamburguesa + patatas + cerveza (2X1) son 14,50 €. El postre fueron 5 € más. Además cómo detalle se nos incluyó una coca-cola en vez de una cerveza sin coste alguno por petición de un comensal. Por tanto, por 20 € cenamos mucho mejor con un menú más básico que en muchos restaurantes de la región en el que con el mismo precio sales con el estomago (y la cartera) más vacíos.

Dirección: Avenida de la Reina Victoria, 39; Santander

Cantidad: No te quedas con ganas de repetir
Calidad: No recordamos una hamburguesa mejor.
Presentación: De lo mejor visto para servir "fast food"
Servicio: Saben muy bien atender al cliente
Precio: Pagas la calidad que obtienes. Nos parece justo.

QUEBEC: Referendum sobre el estado de su tortilla

En este blog seguimos en la búsqueda del Santo Grial de la patata, la cebolla y el huevo para localizar la tortilla perfecta, aquella que combine sabor, textura y precio para proclamar la mejor tortilla de la ciudad. Ya hemos estado en “Manila”, “Oporto” y otros más… la siguiente parada del viaje de “Bares con nombres de ciudades que no sabemos porque los bautizan así” es el “Quebec”. Una cadena de bares, porque ya hay más de dos y tres, especializado en las tortillas. Cuenta con gran fama y popularidad, causa y consecuencia de que tengan más bares y siga rellenando espacios en los vacíos locales de una ciudad que  parece que hace esfuerzos considerables para que “The Walking Dead” ruede su próxima temporada.

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La prueba la hicimos en las mismas condiciones que en los otros sitios donde hemos probado su tortilla: día laborable, 11 de la mañana y pasado el “chute” de la cafeína del desayuno. Vamos, con más hambre que Arias Cañete en el pasillo de refrigerados del super.

La variedad de tortillas que ofrecen es abusiva, te da miedo salirte de lo convencional . Por ello, solicitamos un pincho de tortilla con bonito y atún, más un mediano (para los que nos lean de fuera de Cantabria, un café con leche). El servicio fue rápido y eficaz, teniendo en cuenta que era hora punta y tanto en la terraza (fuimos al último bar de la cadena inaugurado en Amós de Escalante) cómo en barra estaban hasta arriba.

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Vamos al quid de la cuestión: la tortilla. Ración mediana, sin ser un mazacote ni tampoco una “pulguita” que te ofrecen ahora a precio de local “de lucecitas”. Pero el grosor de la tortilla dejaba mucho que desear. Era un pincho fino, cómo si le hubiese hecho la dieta Dunkan; estaba salado, cómo para pedirte un vaso de agua y pasar el trago; tenía la “tapa” de atún y mayonesa puesta de cualquier modo, sin mezclar una cosa y otra; las “lascas” de patata no eran de la mejor calidad; estaba sin cuajar, pero llegando a un punto de que parecía que comías sopa de “huevina”. En definitiva, unos se llevarán la fama, pero “Quebec” no es de los que carden la lana. Teniendo en cuenta el alto nivel de “tortillismo” local que hay, es increíble que siga gente picando en estos locales.  Para rematar, el precio fue de 2,90 €. Las vistas que tenía eran al parking del ayuntamiento, así que debí pagar una hora gratis para el coche o así, porque es excesivo a cualquier bolsillo.

Dirección: Amos de Escalante; Santander

Cantidad: Es un pincho mediano que te dejará con ganas de más si eres un tripero.
Calidad: más fama que la que en realidad tiene.
Presentación: A todo trapo. No hay que perder tiempo.
Servicio: Cortita y al pie. Muy profesional.
Precio: Más crecido que un madridista tras ganar la copa al Barça.

 

Pesadilla en el Museo

El Museo Marítimo de Cantabria es uno de esos lugares con encanto que, además, cuenta en su planta superior con un restaurante con las mejores vistas de la bahía de Santander.

Hace unos días pasamos por allí y vivimos un momento Chicote en vivo y en directo. Para empezar las vistas, su punto fuerte, quedan opacas ante unas ventanas que la última vez que fueron limpiadas la ballena emblema del museo todavía coleteaba.

vistas desde el restaurante del Museo Marítimo

Pero como no sólo de las vistas vive el hombre, nos dispusimos a disfrutar del menú, que por 18 €, constituye la única posibilidad de la carta. Como primer plato me decanté por unas alubias rojas que antes de que llegasen me parecieron de  un acierto  viendo las ensaladas con lechuga iceberg que circulaban ya por la mesa. Y entonces llegaron mis alubias……

Alibias rojas

La primera impresión nada más llegar no fue muy positiva; unas alubias con peor pinta que las próximas primarias del PSOE, y un único y minúsculo trozo de tocino que ya había dejado atrás sus mejores años. El sabor no mejoró el asunto: estaban más saladas que el agua de la bahía que veíamos por la ventana y más ásperas que el culo de un mandril…

Así que todas mis esperanzas de comer algo decente quedaron  depositadas en un valor seguro, el entrecot, ese plato cuyo mayor misterio es que la carne sea buena y que el cocinero lo deje en el punto solicitado.

Entrecot

 

 

 

 

 

 

 

La pieza de carne que me sirvieron había  arado muchos campos antes de llegar a mi plato. Más dura que una piedra y más pasada de punto que Ana Obregón se convirtió en una auténtica tortura para cualquier paladar.

Para rematar esta esplendorosa comida me decante por una supuesta mousse de limón, con aspecto de más bien unas natillas, si no fuera porque de verdad sabía a limón.

mouse de limón

En definitiva una comida que de no ser por la compañía y por la posibilidad de ver el museo que está incluido en el precio hubieses resultado una auténtica pesadilla.

Dirección: San Martin de Bajamar S/N; Santander

Cantidad:demasiado si el único motivo para comerlo era por educación.
Calidad: ¿que es eso?
Presentación: Ahí va que libra
Servicio: Muy amable.
Precio: un atraco teniendo en cuenta que nos debían de haber indemnizado por esa comida.

In Frutos We Trust

Si hay algo cercano al éxtasis culinario de un buen perolista Casa Frutos en la Vega de Pas es un buen ejemplo. El bueno, bonito, y barato existe.

No es menos cierto que todas las referencias que teníamos eran positivas, y en páginas como Tripadvisor apenas hemos podido encontrar un voto negativo entre un mar de loas y alabanzas sobre todo a la cocina. Si vas de cuchareo, buscas marco incomparable, mantel de cuadros y servicio eficiente sin estridencias, estás en el lugar adecuado.

Pero a lo que vamos porque este post empieza a ser tan empalagoso como un congreso social media, y tampoco es plan.

Nuestro planteamiento fue el de pedir dos entrantes y un plato principal (eramos cuatro personas), regado con Ramón Bilbao y agua (para disimular).

Empezamos con una exquisitas croquetas de jamón. Rebozado correcto, bechamel cremosa y sabrosa, con un tamaño tirando a pequeño pero sin pasarse. Recomendables.

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Para completar los entrantes apostamos por unas mollejitas rebozadas. La ración era generosa, la textura bastante buena aunque sin llegar a deshacerse en la boca, y quizás estaban un pelín sosas. Si tuvieramos que calificarlas le pondríamos un 7 sobre 10.

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Con el apetito en plena ebullición entramos en materia, y aquí es donde Casa Frutos empezó a escribir una página inolvidable de cocina tradicional cántabra en su máximo esplendor.

Cocido montañés como el de toda la vida, bien de berza, con la alubia en su punto, quizás corto de morcilla, aunque estaba tan sabrosa que era difícil concentrarse en esos detalles. Cayó el perolo.

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¿Quieres lechazo? Pues una pieza sabrosa, cocinada en su punto, generosa en su tamaño y nuevamente sin artificios, lo que pone en la carta y punto.

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El solomillo al queso picón y la pimienta, vuelta y vuelta (tal y como lo pedimos), se derretía en la boca en medio de una explosión de matices carnívoros que hicieron las delicias de los comensales.

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Y el plato fuerte, la chuleta. De esas que ocupan todo el plato, y de las que está prohibido dejar siquiera los huesos. Difícil elegir cual de los cuatro platos principales estaba mejor.

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Cuando uno va a estos sitios ya sales mentalizado de casa con que la digestión será larga y dura (como las películas de Nacho Vidal), así que no hay que escatimar calorías. No todos pensamos igual de todas formas, y una perolista se dió de baja en el festín final. Eso sí cayeron tres postres como tres soles. Caseros, potentes y generosos.

Tarta de queso

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Tarta de queso frito

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Arroz con leche

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Todo ello regado con un Ramón Bilbao que cumplió su papel de acompañante y facilitador de la deglución de tanta materia orgánica.

El precio nos pareció más que razonable (90 euros), con un servicio como decíamos al principio eficiente y sin adornos.

Casa Frutos mola.

Dirección: Plaza del Dr. Madrazo, 15; Vega de Pas

Cantidad: No desayunes. Y después date un paseo.
Calidad: Sí.
Presentación: De pueblo, como debe ser.
Servicio: Eficiente.
Precio:sobre 23€ por persona.

Casa Sampedro, el paraíso del congelado.

Andábamos un Viernes noche con cero expectativas de buscar algún sitio. Nuestro “buscador” particular de un sitio bueno, bonito y barato ofrecía menos resultados correctos que las previsiones del gobierno en economía. Al final  alguien pensó y propuso que fuesemos a “Casa Sampedro”, un local veterano de la hostelería cántabra situado en Peñacastillo, a las afueras de Santander.

El restaurante no hace reservas, algo lógico, ya que el bar tenía lleno hasta las terrazas; y eso que corría “la fresca” en el exterior: no hacía falta echar hielos a las bebidas; ya venían con escarcha incluida. Por ello, decidimos esperar cerveza en mano para que nos diesen mesa.  Una vez dentro, nos sentaron en una bonita estancia decorada con objetos vetustos o/y hipsters (un vinilo de Albano y Romina nos observaba cómo comíamos) teniendo que acceder cruzando la barra; el local se aprovecha hasta el último rincón para hacer caja.

La carta está llena de raciones y una pequeña selección de platos individuales. Cómo eramos un grupo numeroso, aunque tampoco muchos cómo para formar un equipo de fútbol, nos tiramos por seleccionar raciones varias.  No teníamos mucha idea de qué pedir, y el servicio ayudaba menos que “Clipo” en un documento en blanco de Word. En primer lugar pedimos los platos que consideramos básicos para calibrar el nivel de la cocina: rabas y croquetas.

rabas-croquetas-casa-sanpedro

Las rabas, las definiríamos cómo “chiclosas”. La fritura estaba buena, pero tampoco es que fueran una maravilla. Aunque veáis en la foto el limón, no se le echó ya que en caso contrario seriamos expulsados del club de puristas de la cocina regional. Las croquetas que pedimos eran de cecina y queso picón. Las de cecina, si las hubiesen puesto un par de minutos más en la freidora hubiese sido perfecto. Lo que ocurrió es que acabamos masticando una bechamel y unos trozos de cecina que parecían piedras. Trozos duros y fríos. Un error de libro en un restaurante. Por otra parte las de queso picón estaban bastante buenas.

Solicitamos luego jijas, tiras de pollo rebozadas y patatas con salsas. Las jijas, saladas (¡Qué noche la de aquel día! y no porque viésemos la pelicula de los Beatles; no paramos de beber agua); las tiras de pollo buenas, destacando la salsa de queso picón. Las patatas, bastas, grasientas y con un pegote de salsas. No tenían ninguna gana en presentar los platos.
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A continuación llegó una cecina bastante buena, para hacerte un bocadillo con ella,  y una morcilla de Burgos frita sin ninguna gracia, con una cebolla que más que pasada por la sarten estaba chamuscada. En serio, con la cantidad de comensales que van y la cola que había para sentarse, no les hace falta preparar para nada los platos.  Su idea parece que es la de “soltamos las raciones y que engullan cómo pavos”.

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Aunque las fotos que os mostramos están tomadas muy cerca de cada ración; no os engañéis: las raciones son enanas, minúsculas, infantiles. Presentado todo en cazuelitas, platos de postre y otros recipientes salidos de la cocina de “playskool”, tuvimos que pedir una ración extra de setas a la sartén y pimientos del Padrón (que no picó ni uno de los que comimos, sospechoso) para poder decir que habíamos cenado en unas mínimas condiciones.

Algunos nos lanzamos al postre, y cómo anécdota la foto inferior es de un Tiramisú. Si, pensamos lo mismo, que  suerte que  Toto Riina no ha pasado por aquí. Hubiese sido una carnicería.

tiramisu-casa-sanpedroPara resumir, un sitio con fama, siempre lleno y que pensábamos que íbamos a salir satisfechos, acabó convirtiéndose en un local que no recomendamos en absoluto si queréis ir a picar algo. Casi mejor que paréis en el Mc Auto y os llevéis la cena a casa.

Dirección: Calle Adarzo, 94; Santander

Cantidad: Han atomizado las raciones
Calidad: Pasarían el control de calidad de Findus
Presentación: Ganadores del lanzamiento de comida al plato, estilo libre. 
Servicio: No les preguntes sugerencias, no te las van a dar.
Precio: más inflado que la burburja inmobiliaria