“MUSLI: Alta Copeteria”: Me comí un hipster

A pesar del entorno negativo, (y no es para menos) que parece que ofrece la capital de la comarca del Besaya, Torrelavega, acudimos un sábado para ver cual es el pulso de la ciudad a  nivel tripero, y de paso, conocer si encontrábamos algo diferente y original, que no fuese muy tradicional, y evitar los estereotipos de “en Torre, hojaldre y nada más”.

Entre trapos cenamos.
Entre trapos cenamos.

Sin rumbo fijo y con menos pretensiones que una moción de censura en su ayuntamiento, descubrimos por casualidad un local en la avenida de España, que ya desde fuera llamó nuestra atención: cómo terraza, habían sustituido las típicas mesas de (ponga aquí su marca de cerveza favorita; no Cruzcampo) por unas mesas de cocina de los años 70, y cuando digo “de” digo fabricadas en ese año, nada de chorradas postmodernistas de Ikea; con sus patas metálicas, su tabla de madera forrada de plástico y sus bisagras al medio para ampliar. Así que pensamos “Hemos venido a jugar” y preguntamos dentro si había sitio. Amablemente, el servicio nos indicó que si podíamos esperar media hora, y nos colocaría en una mesa.

La espera mereció la pena. Nos prepararon una mesa en el piso superior dentro de una habitación aparte del comedor, totalmente privada para nosotros. Pero no era un comedor “al uso”. Todo el espacio estaba compuesto por mobiliario “old fashioned” (o cómo definimos por estas tierras “muebles de la casa del pueblo”) y además de tener dos percheros con ropa  y complementos que estaban a la venta. Así que además de saciado, podrías salir del bar vestido, eso sí, nadie te asegura que parezcas o un guitarrista de Nirvana o un mamarracho.

Pero vamos a meternos en harina, o más bien a zambullirnos en su carta, no muy larga en productos, aunque prolija en sus descripciones. Para ahorraros tiempo, decidimos ir a por el plato fuerte del menú: sus hamburguesas. En este caso hay múltiple variedad, desde las más tradicionales hasta para vegetarianos, todas ellas acompañadas de su ración de patatas fritas o verduras en tempura (punto a favor, ya que en la mayoría de locales si no quieres lo primero te dan una ensalada más sosa que un recital Juan Pardo) y con su correspondiente pan para cada tipo de plato.

Solicite en mi caso una hamburguesa americana. Es de las clásicas e incorpora lechuga, bacón,queso cheddar y salsa barbacoa. Para innovar fuí el único que probé de la mesa las verduras en tempura, y no me arrepentí para nada, a pesar de que nuestros comensales de alrededor pensasen que era un “converso” y me había pasado al lado oscuro del brocoli y las judías hervidas. La hamburguesa estaba tierna, jugosa, el resto de ingredientes no desentonaba y además ya venía servida con la cantidad justa de salsa, para que nadie se atreva a “animaladas” cómo “es que si no le echo más salsa no me sabe a nada”. Coño, es una hamburguesa, no un arroz hervido, no hace falta echarle mas.

Hamburguesa "Yankee"
Hamburguesa “Yankee”

Si el local ya era original por su mobiliario y su carta, además tuvieron unos detalles de los que estamos muy a favor. El primero fue que para compensar la espera hasta que fuésemos servidos nos trajeron un plato de loza (si, amigos, loza de la buena, de la que se saca en casa sólo en nochebuena para presumir ante el cuñado)lleno de nachos con salsa picante, para así poder untar y mojar; nada de dippear ni cosas por el estilo, que aquí todavía Matutano no nos ha dado publicidad.

El segundo detalle fue el recipiente donde se sirven las bebidas. Nos trajeron una coca cola en un bote de cristal, reciclado, que seguramente hubiese pertenecido antes a unos espárragos o unos pimientos en conserva, con su correspondiente pajita para no tirarte el líquido a la cara cuando lo bebieras y que la escena pareciese sacada de “garganta profunda”.

Ponme un "bote"
Ponme un “bote”

El resultado final fue satisfactorio ya que comimos una hamburguesa de calidad, en un restaurante muy original, que además si te pasas de la hora, como nos pasó a nosotros, cuando salimos ya no era un restaurante; había puesto a un Dj (con su correspondiente camisa de cuadros y barba “hipster” para no desentonar en en lugar) y estaban sirviendo copas. Vamos, como el frypsia pero cambiando a banda sonora de “Radio Mix” por la de “Radio 3” y los escotes por faldas y camisas de florecillas.

Así que ya sabéis, Torrelavega no es ya sólo la ciudad de los bolos, de Sniace o del hojaldre, sino que hay otro ambiente, menos cargado de “pijoterismo”  de la capital y alejado de los prejuicios que podríamos tener desde la “pozona”.

Dirección: Avenida de España, 3; Torrelavega

Cantidad:Para no tener que abrir la nevera al llegar a casa.
Calidad: Al nivel de un concierto de los Rolling
Presentación: Original y cuidada
Servicio: Muy amables y nos atendieron perfectamente.
Precio: No es el “euroahorro” del Macdonalds porque la calidad se paga.
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