Chuletón en Las Portillonas

Si hay una palabra que ponga en marcha las glándulas salivales de un buen grupo de triperos es “chuletón”. Así que, tarde o temprano, nuestros pasos tenían que encaminarnos a Las Portillonas, atraídos por todos los excelentes comentarios que oíamos y leíamos sobre las viandas del lugar. Allí nos plantamos, en un local con suficiente aparcamiento y una pequeña barra, por la que se accede a un comedor de tamaño decente con una decoración un tanto pasada. Pero, vaya, no estábamos allí por los manteles sino por un chuletón de primera.

Siguiendo los consejos del servicio, amable, pedimos unos entrantes para compartir: tabla de embutidos y queso, morcilla frita y croquetas (¿de cocido?). Buena tamaño en las raciones aunque disparidad en las calidades: los embutidos, correctos, sin más; las croquetas, división de opiniones en la mesa, pero decentes, aunque quizá algo blandurrias; la morcilla, paredón para su creador, vulgar, sin gracia, cubierta de una cebolla frita insulsa.

croquetas-las-portillonas

Pasamos al combate principal de la velada, chuletones a la piedra . La calidad de la carne era excelente, pura mantequilla, madurada en su punto justo, aunque de cada chuletón resultaba demasiada grasa sobrante. Servido a la piedra, el camarero esparce un poco de cristal de sal y y separaba los trozos de carne sobre la piedra caliente, luego cada uno se cogía lo suyo, en el punto que quisiese -problema aquí para los que no aman la carne sangrante, que es facil que no vean ni una tajada- para acompañarlo con unas patatas que, aunque no eran congeladas, te dejaban frío y pimientos rojos de lata. Desfilaron varios chuletones, de forma que no se te acumulan en la mesa y se pasan de punto mientras están en las piedras, pero tampoco una cantidad como para quedar saturados. Todo ello regado por un Beronia baratito.

chuleton-las-portillonas

De postre, una tarta de queso de aprobado raspado por una base de bizcocho (imperdonable) más flojo que el último disco de Extremoduro . Y los chupitos, ideales para una chupitería de quinceañeros.

La sorpresa, en la cuenta: 35 euros por cabeza, incluyendo más carne de la que comimos (debieron pesar las piedras, también) y unos chupitos a los que, por la palabras de los camareros, pensabamos estar invitados. Excesivo precio, a todas luces, para lo que comimos y bebimos.

Dirección: Calle de los Heroes del 2 de Mayo,48; Muriedas

Cantidad: Bien, pero sin locuras.
Calidad: media, con altos y bajos
Presentación: ¿presentaqué?.
Servicio: entre majos y os la clavamos
Precio: nos dieron el palo
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Un comentario en “Chuletón en Las Portillonas”

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