La Rana Verde: Parque natural de las patatas con Salsas

Galería de "Ranas"
Galería de “Ranas”

“La Rana Verde” no es una tienda de mascotas, y tampoco es que ofrezcan pienso para comer; es un bar en el centro de Santander, con bastantes años de historia en el que se decidieron por especializarse en un plato “Typical Spanish”, las bravas, que fuera de Cantabria es  uno de los más populares y famosos (vamos, cómo Revilla).

Reconozcámoslo, Cantabria no es una plaza fácil para degustar unas buenas bravas. Por ello, probamos suerte en este clásico local (no hay zona de comedor salvo las barras del local y los taburetes con altura “Torres Petronas”, notablemente incomodos para los bajitos) y, para intentar tener una opinión fundamentada,  pedimos un plato degustación de patatas con todas sus salsas y dos coca-colas. Ojo, porque el tamaño de las bebidas es de 35 cl;  horrenda moda esta de ofrecer botellas más grandes a costa de que acabes cómo una “burbuja freixenet” de hinchado. El resultado fue el siguiente:

Plato degustación de "La Rana Verde"
Plato degustación de “La Rana Verde”

Una buena ración de patatas para dos personas acompañadas de salsa brava, salsa brava más picante, mostaza, mayonesa y ali oli.

Entre las salsas hay de todo. Siguiendo el orden de la foto, la primera es una brava auténtica, de verdad, a la madrileña, de caldo y pimentón, suave pero muy sabrosa. La mostaza, bien, pero quizá demasiado aguada. La mayonesa es correcta (poco margen aquí por los temas sanitarios). La brava de tomate y tabasco tampoco te hace enloquecer. Y el alioli, muy sosito. Las patatas, aprueban sin problemas, aunque creemos que tras confitarlas les falta una fritura un poco más intensa.

Además se acompaña de cesta de pan para poder rebañar al finalizar el plato: un punto a favor del triperismo. No obviamos para los “patatofobos” que ofrecen sandwiches, hamburguesas y perritos calientes. Por ello, los precio no son excesivos (plato degustación más dos coca-colas fueron 7,80€).

Eso si, el servicio fue más que lento. Sinceramente,  para 8 comensales y dos camareros, tenían menos ritmo que un concierto de Bjork. Incluso para cobrar la cuenta estuvieron parados: les debe ir bien el negocio y no tenían ganas de que les pagasemos.  A veces parece que la hostelería cree que el dinero cae del cielo, y no, sólo Botín lo ve asi.

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Dirección: Calle Daoiz y Velarde, 30; Santander

Cantidad: Bastante, para comer dos de cada ración
Calidad: normal, no esperes delicatessen
Presentación: Pioneros del plato cuadrado
Servicio: "La tortuga verde"
Precio: No te arruinaras.
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