La vida sigue igual en La Hérmida

Sí, La Hérmida con tilde en la “e”. Y sí, hemos vuelto a pasarnos por allí. No os vamos a insistir demasiado en su filosofía, porque ya os la explicamos con detalle en este post de 2013. Menú cerrado, sitio acogedor, ideal para una comida con amigos, calidad y calidez.

Aprovechamos la visita para charlar con el alma mater de este curioso enclave gastronómico. Como es norma de este blog no nos identificamos, aunque deslizamos aquello de “pues es que leímos en El Perolo una crónica sobre este sitio y por eso nos hemos animado”. Nos gustó oír de sus labios que nos habíamos ajustado a lo que  este lugar pretende ser.

No nos gustó tanto, y esto no es responsabilidad del restaurante, que 5 años después el estado de la carretera de acceso sea tan lamentable. “¿Pero qué le has hecho a Revilla para tener la carretera así?”. Aunque contrariado porque a pesar de las promesas recibidas el estado de la carretera siga siendo pésimo, no cargó las tintas contra nadie y mostró su esperanza de que pronto se arregle la situación. Otra cosa no, pero a este hombre le sobra paciencia.

Sí, si queréis llegar a La Hérmida tendréis que venir muy despacito desde Herrera de Ibio, y atravesar dos kilómetros, en especial el último, de una suerte de travesía lunar (por los cráteres en la calzada), que os harán acordaros del perolo y del consejero  Mazón. Hacednos caso, merece la pena. Hay que apoyar a quienes dignifican la hostelería y en este sitio, lo hacen.

Fiel a su estilo La Hérmida nos recibió con unos entrantes basados en productos de la huerta, de temporada, y cocinados al momento. 

Croquetas de carne perfectas por fuera y algo más espesas por dentro de lo que le gusta al perolero que suscribe estas líneas. El sabor, de diez. Champiñones rellenos de queso picón, perfectos, y unos sorprendentes puerros al horno con su bacon crujiente simplemente deliciosos.

Para plato principal había cuatro posibilidades, entre ellas el cocido montañés. Sí, lo sabemos, la otra vez también lo comimos y lo suyo era probar otras cosas. Sin embargo en un día frío y lluvioso la líbido nos pedía cocido, y allá que fuimos.

De agradecer, porque no es habitual en el caso del cocido montañés, poder servirte el ‘compango’ por separado. La alubia en su punto, morcilla, costilla, chorizo, tocino… todo de llorar. No podemos ponerle un pero. Es un cocido que está en el podio de los mejores que puedes probar en esta nuestra región. Lo acompañamos con una copa de Protos, que se cobra aparte. El resto de todo lo que comimos va dentro del precio del menú que no llega a 20 euros.

Para cerrar cuatro postres para elegir. Ante nuestras tremendas dudas, porque era muy difícil decantarse, nos ofrecieron la posibilidad de probar una degustación de los cuatro. Y de propina otra copa de vino, que no habíamos pedido, que no pagamos, pero que agradecimos.De izquierda a derecha, un excelso flan de queso, un solvente hojaldre con compota de frutas, y una sorprendente (en positivo) tarta de almendras.Y para el final el que más nos gustó. Un bizcocho bañado en zumo de naranja y rematado con una “sopa de canela”. Nos gustó y nos sorprendió, ya que lejos de ser empalagoso o pesado, nos pareció un postre muy ligero y taaaaan sabroso.

Si tenéis la suerte de que lo tiene el día que vayáis, no dudéis en pedirlo.

Y en nuestra ficha técnica no cambiamos ni una coma de lo que dejó escrito el perolista que nos precedió. La vida sigue igual en La Hérmida.

Cantidad: El summun de un perolero. Paseo obligatorio para bajar la comida.
Calidad: éxito seguro.
Presentación: Cuidada.
Servicio: Ágil y rápido.Gente muy maja.
Precio:sobre 20€ por persona.

 

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La Vetusta: Parada y Fonda

Volvemos a publicar una entrada en nuestro blog, será cosa de que el bellisimo tiempo invernal nos impide desperdiciar nuestro tiempo en coger vitamina C del sol y podemos rompernos a escribir con más pausa sobre restaurantes nuevos para nosotros y esperamos que para vosotros también.

Una vez que desalojaron a la “Great Ball Of Fire” en homenaje a Jerry Lee Lewis en Torrelavega quedó más espacio libre para que circulasen personas por sus calles, y por ello fuimos tirando de historial (recordando nuestra agradable visita al Müsli) para acudir a “La Vetusta”, un local con ese nuevo estilo de decoración que seguro alguna bloguera habrá bautizado como “Rural Chic” aunque nosotros preferimos “reutilizar los trastos de la casa del pueblo”.

Acudimos a cenar y cómo su carta indica, todas las raciones son para compartir, así que pedimos varias opciones para ver cual era el nivel de sus platos. Empezamos la cata con unas rabas. Si, en Torrelavega, pero bueno también hay transfugas en sitios más importantes y a nadie le molesta. La verdad es que estaban muy buenas, creemos que lo mejor de la cena. Ración abundante con su ali-oli separado (no somos muy partidarios de esta opción pero no desentona en el plato) con una fritura exquisita.

A continuación viendo que la fritura se les daba bien votamos por unos buñuelos de bacalao, pero no mejoraron lo que habíamos probado, casí lo empeora, vamos, ni unas primarias en la calle Bonifaz .  Muchas harina, demasiado aceite y muy pesados para la digestión posterior. La idea era buena pero la ejecución torpe.

A continuación llegaron unas albondigas de vaca tudanca que cumplieron perfectamente con lo esperado pero no aportaron nada “extra” a lo que buscábamos pidiendolo por el hecho de la raza de la vaca. Además no sólo en este local, tambien en más sitios, se está poniendo de moda el plato “submarino” en el que debes ponerte  a veces el buzo para llegar hasta el fondo. Así rellenan de mucha salsa y poco condimento.

Por último terminamos la ronda pidiendo un guiso de setas, que más bien se acercaba a una sopa que a un salteado. La ración estaba buena y al que le deleiten los asuntos micológicos (excepto esquilmar el bosque para salir en “Equipo de investigación”) le gustará este plato.

A destacar la selección “panarra” que nos ofrecieron con una variedad de opciones más amplia que los miércoles en el ferial de ganados.

En conclusión, “La Vetusta” es una buena opción para cenar bueno, bonito y barato, aunque si se quiere pedir algo más igual no salis con la misma alegría que Revilla en El Hormiguero. Seguramente no os conveza y prefiráis marcharos (ahora que la lealtad a los negocios no es muy popular) y buscar otras opciones.

Para más información os dejamos su Facebook.

Dirección: C/ Consolación, núm. 8. 39300 Torrelavega.

Cantidad: Nivel medio. A una ración por persona cenáis todos los comensales.
Calidad: De más a menos. Tienen más posibilidad de remontar que el Real Madrid en la liga.
Presentación: Siguen la tendencia actual. Cuidada.
Servicio: Nos atendieron bien, incluso rectificando errores propios. No nos podemos quejar.
Precio: 15€/persona con agua y sin postres. El coste está adecuado a la calidad del lugar.

Tsunami en el Tatami

¿Qué es lo peor que te puede pasar en un restaurante?, ¿qué la comida sea mala, qué el servicio sea malo?… Pues todo esto se combina en el Tatami, un supuesto restaurante “japonés” situado en el Sardinero en el que hemos “disfrutado” una de las peores comidas que estos veteranos de Dunkerque recuerdan.

Ya sabemos que la comida japonesa de calidad, salvo casos excepcionales como el del Sumo, escasea tanto en Cantabria como la promoción del Año Jubilar. Aún así y con el recuerdo de una cena de hace unos años de la que salimos medianamente satisfechos decidimos volver al Tatami para saciar nuestras ansias de Sushi.

Ya instalados en nuestra mesa y tras revisar una carta más larga que el proceso de la Gurtel, decidimos pedir una tempura moriawase de verduras y langostinos, una fuente de sushi variado y unos fideos udon. Lo primero en llegar fue la tempura ( foto no disponible. No pensábamos hacer post hasta que la probamos). Su aspecto ya no auguraba nada bueno, pero fue probarla y se desató el tsunami. El rebozado era como comer arena directamente de la playa de Somo y la textura de las verduras era más gomosa que un chicle Cheiw. En pocas palabras, una auténtica mierda de plato.

El segundo plato en llegar fue el sushi…. con un aspecto que parecía recién sacado de las aguas de Fukushima, su sabor no era mucho mejor. Si le añadís salsa de soja a vuestras chanclas de playa y las dais un mordisco comprobaréis el sabor del sushi que nos sirvieron. La variedad del sushi también era impresionante, el salmón debía estar de oferta en congelados la Sirena. Y que decir del arroz, siendo lo mejor se podría haber usado para construir cualquiera de las infografias que el ministro pelazo nos dejó de archivo para su glorioso recuerdo.


Por último llegarón los fideos udon… Imaginando ya la catástrofe absoluta no resultaron ni tan decepcionantes. Bien de sabor aunque excesivamente grasientos, casi como el pelo de la Cospedal.


Ante tal derroche de sabor y calidad nos acochinamos en tablas y decidimos no arriesgarnos con el postre. Pedimos la cuenta y corrimos como corrupto perseguido por la justicia para no volver más.

PD: no podíamos despedir este post sin destacar la  amabilidad y simpatía… por mis coj… de la camarera que nos atendió.

Cantidad: como el verano en Cantabria

Calidad: solo decir que jamás volveremos

Presentación: ¿qué es eso?

Servicio: Un pitbull es más simpático

Precio: 25€ / persona

 

Pánico en la Feria

Si cada año íbamos más acojonaos ante cada festival del pincho rancio y grasiento, pensando que ante el desencanto general los empresarios hosteleros iban a cambiar el modo de hacer las cosas en la Feria de Día, nos encontramos este año con una edición más cara, con poca originalidad y sin ganas de repetir. Esto en Santander lo llamamos “un Enrique Iglesias”.

Gracias al trabajo de Juan Carlos Flores-Gispert en su artículo de El Diario Montañes (no lo enlazamos porque a estas alturas de mes estaréis el 95% sin poder ver esta y otras noticias de interés general cómo “Qué bonito es El Centro Botín” o “Santo Toribio planta cara a Santiago de Compostela en peregrinaciones”) sabemos un hecho que se puede ver a simple vista. El 40% de las casetas están en manos de 5 empresarios. Vamos, que en el sector hostelero pasan del asunto más que Rosa Eva de la presidencia de su partido. 

Si este dato es ya malo de por sí, echando un ojo al pincho de cada caseta piensas que en vez del programa de fiestas te han dado el folleto del Medimarkt y su slogan “Yo no soy Tonto” te lo han puesto en la frente. Repasemos:

Cachopines o San Jacobos: 7 puestos.

Brochetas varias: 6 puestos.

Hamburguesitas y Criollos: 4 puestos.

Y esto suman 17 casetas de un total de 46 que hay. Ni en el parlamento de Cantabria hay tanta unidad entre compañeros del mismo grupo.

Nosotros como jurado secreto de varios años, a pesar de que nos quieran imitar el modelo de concurso, intentaremos sacrificarnos. Igual no opinamos de todas, pues puede ser, pero contamos con vosotros para opinar y recomendarnos para bien y para mal. 

Alea Jacta Est! (Del latín opresor del estado que se cargó la lengua local) o mejor dicho “Ala y ponme otra caña”.

Guía de pinchos: https://santanderspain.info/wp-content/uploads/2017/07/feria-dia-2017.pdf

P.S.: Del cartel de la feria solo diremos que es muy adecuado por si Fraga vuelve y nos concede ser fiesta de interés turístico, ahora que no son ni la mitad de las que lo dicen ser, porque parece del año 1968.

Las Piscinas de Villacarriedo: Chapuzón de calidad.

Hemos vuelto de manera puntual a nuestro formato porque publicar todo lo que sentimos y probamos en nuestra última visita se quedaba más corto que las lista de los que votaron en contra de Rajoy en el último congreso del PP.  Y es que lo pasamos muy bien en nuestra excursión a los valles pasiegos y en concreto a comer (según lo que vimos antes de reservar)  en uno de los mejores restaurantes en calidad/precio de la región: Las Piscinas de Villacarriedo.

Su nombre viene de la piscina municipal que se encuentran pegada al local, además de contar con pista de “futbito” (prohibido pegar “punterón”) y columpios para que tus críos reboten en el suelo cual muelles tras tirarse por el tobogán boca abajo. Si lo haces con 6 años es una chiquillada y tu padre te castiga; si los haces con 22 lo grabas, viene Red Bull, te paga un millonada y lo llamarían “toboganing”. Cuestión de edad.

Vamos al lío. Lo primero a destacar fue el impecable servicio desde el inicio hasta el final. Para empezar cambiaron una copa por no ser igual al resto, y nos atendieron correctamente, además de insistir por dos veces en la invitación al chupito, que renunciamos gustosamente ya que teníamos que conducir, y con tener a Miguel Ángel Rodríguez en este país, ya había suficientes peligros en la carretera. A continuación nos explicaron tanto la carta en los platos que no tenían así como las especialidades “fuera de carta”: esas manzanas de la tentación, que sabes que vas a degustar pero con riesgo de que te condene la cuenta.

Y como nosotros al cielo no vamos a ir, pedimos la sugerencia del revuelto de matanza como entrante. Un conjunto de huevo poco cuajado, con patata paja y trozos de chorizo, morcilla, tocino, etc. Miedo tenemos a encontrarnos un plato pesado, pero el sabor era bueno, la textura melosa pero sin llegar a ser sopa de yema, y los trozos de gorrino numerosos y jugosos.

las_piscinas_revuelto

A continuación cada uno de los tres comensales optó por opciones distintas pero siempre con el objetivo de comer de su propio plato  y coger del de los demás; Es lo que llamamos la teoría “Vistalegre II” o “déjame para mi todo Iñigo”. El primer comensal, carnívoro de cuna, pidió cabrito al horno. Con la ración que nos sirvieron podíamos luego segar todo el “verde” de la Braguía. Una ración generosa, con una carne tierna, jugosa, bien salseada y con una guarnición de patatas fritas buena. Habíamos elegido bien.

las_piscinas_cabrito

A continuación, uno de nuestros compañeros de mesa, con bastante menos hambre que el cavernícola del cabrito pidió los escalopines. Un plato que sorprende por estar rebozados, con un toque de sal en láminas por encima. La carne no estaba muy seca, y en la fritura no había exceso de grasa. Así que una elaboración sencilla que podría pasar sin pena ni gloria  (como una escalera mecánica más inaugurada por Gema Igual) acabó siendo un plato muy bueno y con ganas de repetir.

Las_piscinas_escalopines

Por último, la “tercera vía”, aquella que va a su bola, pidió el confit de pato. Un plato donde la carne y la salsa venía acompañada de piña. Y si, a pesar de oponernos  a las pizzas hawaianas cómo arquitectos a los edificios de Calatrava, en este caso quedó muy bien aderezada. El confit debía de ser un pato culturista porque la ración era bien grande. Recomendable para amantes de la pluma (no le busquen dobles sentidos).

las_piscinas_confit

Para acabar este banquete solicitamos 3 postres: Tarta de queso, flan de queso y crema de limón. A destacar la tarta por su base de sobao pasiego; si, el que tiene color amarillo radiactivo de la mantequilla que lleva. Los otros dos postres, cumplieron, tampoco eran el último descubrimiento de Zinc del mundo mundial.

Las_piscinas_tarta_de_queso

Finalmente, y aunque estábamos en el medio rural, se nos había  olvidado el carnet de consejero, así que pagamos muy gustosamente. El resultado fue acorde a lo que nos sirvieron. Se notaba que los alimentos eran buenos, que había sido cocinados con un resultado notable, el espacio era agradable y nos atendieron fenomenal. Aparte al salir vimos el particular “muro de celebridades” que han pasado por el lugar.  Con las fotos que tiene podrían hacer un especial del “Mondo Sonoro” con los músicos que han comido allí. Y si, no echamos en falta “Viento del Norte”.

Si queréis más información os dejamos su Facebook.

Dirección: Barrio La Pesquera s/n; Villacarriedo.

Cantidad: Hay que venir con más hambre que el Rockambole a las 6 de la mañana.
Calidad: Amor por cómo lo hacen. Fantástico.
Presentación: no hemos venido a perder el tiempo a que hagas fotos de los platos.
Servicio: Varios camareros distintos atendiendonos y organizados. El triple mortal conseguido.
Precio: 27€ / persona. Incluye una consumición en barra y una botella de Cuné. Así como la calidad está por encima de la media, el precio también. Depende de cada uno lo que quiera. No nos pareció caro para su calidad.

 

“Matices food and wine”: Amor por la cocina

Que si, que no nos hemos ido ni dado de baja (lo sentimos odiadores permanentes de esta web) sino que por varios motivos no hemos podido seguir visitando sitios NUEVOS, ya que para hacer diecisiete reportajes del mismo restaurante por lo menos nos tienen que haber invitado 15 veces o pagar publicidad. Y no nos va ni lo uno ni lo otro. Vamos, que nos abstenemos, de ahí una gestora de perolistas  mientras otro se iba a recorrer España para captar nuevos apoyos y bla bla bla…creo que sabéis la historia. Otro cuento será si seguiremos como hasta ahora….

Llegados a este punto os comentamos nuestra visita a “Matices food and wine”, un pequeño restaurante en Peña Herbosa, en lo que antes era el bar “Al Aire”, unos metros después de “La Tasca”, y en una calle muy disputada entre locales de restauración. La oferta que presenta Matices es cocina moderna pero sin extravagancias y con productos locales. Acudimos a probar su menú del día, recomendados por fuentes externas de total confianza de este blog. Su circunferencia estomacal dan prueba de ello. Hoy nos tiramos a los platos más saludables que hubiese, que no se diga que no valemos para la portada del Cosmopolitan (sin Photoshop).

De primero Ensalada César. Ya vendrá el listo que sube por 4 Caminos diciendo “para pedir eso me voy a Mcdonalds”. Pues no es lo mismo. Salsa la justa, sin que sobre nada para impregnar un mezclum de lechugas sabroso, fresco, sin esa sensación de acartonamiento como si estuvieras lamiendo la cara a Camilo Sesto. Perdón por la comparación pero es que en otros sitios puedes hacer tabiques con la lechuga. El pollo iba rebozado en tiras, sin exceso de grasa, y jugoso. Igual se echaba de menos algún otro ingrediente como queso o tomate pero el resultado no era nada malo.

A continuación siguiendo nuestro perfil “veggie” o “quiero mantener el tipín hasta verano” pedimos Provolone con Verduras. Un plato que podría pasar como primero pero se ofrece como segundo, lo que llamamos una receta a lo “Errejon”. Era más cantidad de la que pensamos y nos gustó. Queso sin quemarse, verduras frescas, con detalle de los trozos de coliflor. La comida iba en un nivel medio-alto que cerró una regular crema catalana que hubiese sido mucho más fiel a la receta si se ofrecía como natillas con caramelo.


Aún así la propuesta de Matices nos pareció bastante buena, con variedad de platos entre los tradicionales como el cocido lebniego o las almejas a la marinera y otros de factura más moderna como los que comimos. En “Matices” no hay divergencias y todo tiene un buen resultado. Ojalá aprendiese algún gobierno que trabaja en la misma calle…

Así terminamos nuestro última opinión ¿de momento?

Os dejamos su Facebook.

Dirección: Calle Peña Herbosa, 15. Santander

Cantidad: Raciones adecuadas para seguir trabajando.
Calidad: Han empezado muy alto, ojalá se mantengan.
Presentación: Comida que entra por los ojos.
Servicio: Agradables y empatizan con el cliente.
Precio: Menú del día con postre, café y vino o agua por 15 euros. En la media de la zona.

 

La Catedral y el pecado de la tortilla

Nueva temporada, viejos propósitos. En el Perolo no cedemos y permancemos firmes en nuestro empeño de probar todos los pinchos de tortilla posibles y seleccionar los mejores ejemplares.En esta nueva entrega de nuestra magna obra -Systema Tortillarum podríamos llamarla en honor a Linneo– tropeamos con un ejemplar particularmente pétreo en La Catedral.

Para los más despitados, La Catedral es la cafetería con terraza dela Plaza de las Atarazanas que extiende su terraza a la sombra de la sede episcopal. Nos figurábamos que tenía que ser buena plaza, estando rodeada de oficinas, dependencias oficiales y, como no, eclesíasticos. El encontrar un par de sotanas en el local nos parecía buena pista, dada la secular afición de aquellos por los placeres de la mesa.

torticat

Nada más lejos de la realidad, queridos lectores. La tortilla aunque de buen aspecto y punto adecuado de cuajado, presentaba la patata en cubos regulares. La maldición de la tortilla se encontraba en esos dados de patata -el juego siempre fue cosa del demonio- que seguían duros como piedras frente a la fritura. Una cosa es que la patata conserve cierta textura y otra es que cruja como si masticásemos arena.

Concluyendo, nos encontramos ante una tortilla que podía puntuar muy alto en nuestras listas pero arruinada por una patata cruda y pedregosa. Piedras que, en este caso, no servirán para edificar una iglesia del buen desayunar.

Cantidad: buen tamaño.
Calidad: excomunión.
Presentación: clásica.
Servicio: rápido.
Precio: 2'70 € con café.